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La historia de Jay Goppingen, el seudónimo que usó Jurgen Klinsmann para jugar fútbol amateur

La historia de Jay Goppingen, el seudónimo que usó Jurgen Klinsmann para jugar fútbol amateur

Cuando tenía 40 años, Jurgen Klinsmann utilizó un seudómino para jugar al fútbol amateur

Jürgen Klinsmann pateando una pelota

Por: Uri Stilman (@uristilman)

El Orange County Blue Star es un equipo amateur de California que compite en ligas de la cuarta categoría del fútbol estadounidense.


El Orange County Blue Star contó durante una temporada con un delantero alto, delgado y rubio que hablaba inglés con un acento alemán. El Orange County Blue Star tenía en ese delantero, alto, delgado y rubio a su figura, a pesar de que ya tenía casi 40 años de edad.

El nombre de ese alto, delgado, rubio y con acento alemán en la planilla era Jay Goppingen, quien hacía goles y pasaba un buen rato en la cancha. Ese alto, delgado, rubio y que hablaba inglés con un acento alemán había sido campeón del mundo y una década atrás había jugado el Mundial en Estados Unidos.

Jay Goppingen era en realidad el seudónimo que utilizaba Jürgen Klinsmann para no levantar la atención de la prensa local cuando decidió unirse al Orange County Blue Star y disfrutar de los partidos ya sin la presión del fútbol profesional.

“Nunca fue mi idea utilizar un nombre falso”, comentó el actual entrenador de la selección de Estados Unidos sobre aquella aventura en 2003, cuando llevaba ya cinco años en el retiro y se había instalado con su familia en Huntington Beach, California.


“Pienso que me pusieron Jay (es la pronunciación de la jota en inglés) por Jürgen y Goppingen es el pueblo donde nací en Alemania”, recordó el bávaro en una entrevista con Yahoo Sports. “En ese momento sólo quería mantenerme en forma, divertirme y tener un grupo de gente para patear la pelota. Fue divertido y el tema del nombre que me pusieron también fue divertido”.

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Klinsmann, que fue campeón con Alemania en el Mundial de Italia ’90 y jugó en equipos del calibre de Bayern de Múnich, Inter de Milán y Tottenham, no buscaba engañar a nadie, no se disfrazaba ni intentaba ocultar su identidad en la cancha. Era uno más en el grupo entre los que había algún otro exfutbolista profesional, algunos treintañeros que habían jugado en equipos universitarios y jóvenes con proyección.

Robbie Rogers, hoy lateral izquierdo del LA Galaxy, tenía 14 años de edad y compartió plantel con Klinsmann en el Orange County Blue Star.

“Era bastante increíble ser tan chico y tener la oportunidad de entrenar y jugar con él”, recordó Rogers en conversación telefónica con Yahoo Sports. “Al principio era un poco intimidante, pero después fue bastante divertido. Recuerdo el entusiasmo que le ponía”.


Según las planillas oficiales, “Goppingen” completó ocho partidos durante el año 2003 y, siguiendo sus registros de goleador serial, anotó cinco tantos para el club californiano.

Los Blue Stars jugaban ante no más de 200 espectadores en cada partido y muchos de los que se sentaban en las gradas no tenían ni idea quién era el rubio, alto y delgado que jugaba de nueve.

De hecho fue una de las razones por las que decidió establecerse en esa bonita zona de California.

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“Me gusta ser anónimo y hacer cosas como esas. No necesito verdaderamente usar un nombre falso, cuando estoy en Orange County puedo parar en un café o hacer las compras y más que un apretón de manos no recibo”, destacó el actual entrenador del equipo nacional.

El plan funcionó a la perfección hasta que un jugador del Southern California Seahorses lo identificó y con tal frustración por haber perdido por un gol de “Goppingen” le llevó la historia a un periodista amigo, en el San Diego Union Tribune. El periodista investigó, ató cabos y se dio cuenta que Goppingen era el pueblo cercano a Stuttgart donde había nacido Klinsmann.

Ya sin el anonimato y con la temporada finalizada, Klinsmann empezó con los trabajos como “Embajador del Mundial 2006” para EE.UU., sumado otros emprendimientos relacionados comerciales vinculados al fútbol, que finalmente fueron terminando con el tiempo para convertirse en “Goppingen” y seguir divirtiéndose adentro de la cancha.

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