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Sin Tu Mirada Capítulo 4

Univision23 Mar 2019 – 12:00 AM EDT

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locutor: televisa presenta... angustias: iprudencia!

iprudencia! ¿dónde estás, prudencia?

iprudencia! iprudencia!

prudencia. prudencia.

prudencia, ¿qué te pasa? prudencia.

prudencia, ¿qué tienes? ¿qué haces a estas horas

sola aquí? prudencia, ¿qué te pasa?

prudencia: la vieja. angustias: ay, qué pálida está.

¿qué tienes? ¿qué tienes? ¿qué te pasa? a ver.

a ver, a ver, dé--déjame ver. vente, vámonos a la casa.

prudencia, vámonos a la casa. vámonos, córrele.

¿qué tienes? ¿qué tienes? ¿qué te pasó? ¿qué te pasó?

prudencia: [llora] angustias: te fui a buscar

porque me preocupó que te fueras de la casa.

contéstame, prudencia. ¿qué tienes? ¿qué te pasa?

estás pálida, parece que viste un fantasma.

prudencia: sí. un fantasma.

angustias: tranquila, tranquila--

prudencia: fue una visión. una mujer con una trenza,

vestida como la mujer que me atendió esa noche.

[llora] angustias: no, no, no puede ser,

te lo estás imaginando. prudencia: no, iera ella!

¿cómo me puedo olvidar de su cara? a ver, ¿cómo era?

[llora] era la mujer que me atendió el día que--

angustias: por favor, prudencia, baja la voz.

prudencia: yo ten... yo... yo tengo su cara en mi cabeza.

era ella. tú me dijiste que murió,

pero era ella. marina: oigame, no me confunda,

yo no soy una ladrona. luis alberto: estas son

mis tierras, esos son mis aguacates.

marina: estas no son sus tierras.

luis alberto: sí, sí lo son, soy hijo de don luis alberto.

angustias: busqué alrededor de la casa

y no encontré a nadie, prudencia.

¿no será que la imaginaste? prudencia: no imaginé nada.

era la partera y estaba frente a mí.

angustias: confundir a esa mujer es el resultado

de atormentarte todo el tiempo con lo mismo.

prudencia: bueno, ¿y cómo no quieres que me acuerde?

si desde que entré a esta casa, no lo puedo evitar.

claro que vi a esa mujer, eran sus ojos.

angustias: ay, estás dejando que los remordimientos

se apoderen de ti. prudencia: ¿y no debería

de tenerlos? negué la existencia de mi hija.

y mi niña tal vez no tenga una tumba.

y si la tiene, ni siquiera sé dónde está

para ir a verla. angustias: te voy a buscar

una pastilla para que puedas dormir.

prudencia: ¿y si vuelve esa mujer durante la noche?

¿o mañana? angustias: esa mujer

ni siquiera está en el pueblo. prudencia: me dijiste

que estaba muerta. angustias: prudencia...

prudencia, por favor. perdóname.

de verdad, yo te lo dije para que--

para que te olvidaras de este asunto.

perdóname, perdóname, perdóname. sí, damiana vive.

damiana: por favor, haz algo para que el destino de mi hija

cambie. prudencia: entonces, sí es ella,

¿verdad? tal vez se enteró

que estoy en el rancho y me quiere ver.

o tal vez... saber del niñito que me dio.

o ver a mi marido. [llora]

angustias: prudencia, prudencia, esto es

lo que yo te quería evitar. que te preocuparas más

de lo que ya estás. prudencia: sí,

y ahora menos que antes me puedo quedar tranquila.

angustias: ay, no sabes cómo me duele verte sufrir.

si alguien debería tener remordimientos,

soy yo, prudencia, soy yo. a mí, a mí fue a quien

se le ocurrió esa locura. prudencia,

sin consultarlo contigo, perdóname, perdóname.

prudencia: pero me diste un hijo al que amo con todo mi corazón.

angustias: ah, porque tu marido así lo pedía.

deseaba tener un varón y tuviste una niña,

que, además, nació sin vida, prudencia.

prudencia: no. si no te estoy reprochando nada.

alberto es mi amor y sin él me hubiera muerto

de la tristeza. pero no me puedo olvidar

de esa niñita. angustias: una niña

que ni siquiera viste. ay, vírgenes,

todas las vírgenes, por favor... por favor, haz que se olvide.

perdóneme. perdóname, prudencia,

perdóname, hija. [golpe]

prudencia: [grita] don luis: ¿qué está pasando

aquí? prudencia: ay, nada.

don luis: contesta tú, angustias.

¿o qué? ¿mi mujer ya te pegó su melancolía, su depresión

y muy de ella los 365 días del año?

angustias: no, don luis, llorábamos de felicidad.

de la noche en que nació alberto.

don luis: mm, pues, entonces, dejen de estar como plañideras.

iy alégrense! que mi hijo nació

fuerte y sano, como su padre. es un ocaranza, ¿que no?

angustias: claro que sí, señor. don luis: eso.

angustias: tiene usted toda la razón.

don luis: eso. prude, a la cama.

vamos a dormir que mañana tengo que madrugar.

prudencia: buenas noches, angustias.

angustias: buenas noches. ¿a qué vino esa mujer?

marina: nunca más les van a faltar flores.

y también quiero que sepan que pueden estar tranquilos,

porque damiana, mi mamá, me ha cuidado y me ha protegido,

como si fuera de verdad su hija. baldomero: te adoró

desde que naciste, marina. marina: ya lo sé, baldo.

y aunque no tuve la fortuna de conocer a mis papás,

sí fui bendecida al ser cuidada con tanto amor por ella.

[suspira] ramona: idoctor, ya llegué!

¿doctor? ¿qué quiere

que le haga de comer? ¿doctor?

ay, idoctor! idoctor!

[llaman a la puerta] marina: ¿quién?

isauro: isauro. marina: no está mi mamá, doctor.

pásele. isauro: no vine a buscar

a tu mamá. ¿puedo pasar?

marina: sí, claro. isauro: me extrañó mucho

el recado que me envió tu mamá. marina: ¿por qué no mejor

vamos a platicar ahí afuera y así nos da el aire fresco?

isauro: por supuesto. marina: mi mamá me aconsejó

que no saliera para no encontrarme

con la gente de la casa grande. me tienen mala fe.

isauro: ¿y eso por qué? marina: ellos creen que tomo

los aguacates de su huerta, cuando usted sabe

que yo nunca robaría nada que no fuera mío.

isauro: por supuesto que no, pero, entonces,

¿por qué creen eso? marina: lo que pasó es

que toribio tomó los aguacates sin el permiso de paulino.

y ahora me dice yola que no me puedo aparecer por ahí

porque me meten a la cárcel. isauro: por supuesto

que no pueden hacer eso. en todo caso, diles la verdad,

diles que fue toribio quien tomó esos aguacates.

marina: ¿cómo cree que voy a echar de cabeza

a toribio, doctor? el tomó esos aguacates

para dármelos a mí. isauro: ¿tú no te das cuenta

que lo único que hace toribio es meterte en problemas?

y ahora por su culpa, tú no puedes salir de tu casa.

y yo te extraño en la mía. marina: pero eso es nada más

mientras están los patrones en la añoranza.

tenga paciencia, doctor. isauro: de todas formas,

bonita, ya no hay mucho que yo pueda seguir enseñándote.

y si quieres seguir avanzando, tienes que salir de este pueblo.

marina: pero ¿cómo cree que--? isauro: sí, no, no te preocupes,

yo sé, yo me voy a encargar de ti y de tu madre.

marina: doctor, pero usted no tiene dinero,

no le sobra el dinero y ahora menos, que no quiere

atender a sus pacientes, ¿cómo cree

que va a hacerse cargo de mi mamá y de mí?

isauro: yo voy a encontrar el modo.

lo único que quiero es que tú seas feliz.

que seas todo lo que puedes ser. marina: pero si ya soy feliz.

ya habrá tiempo para las demás cosas, doctor.

isauro: bonita, el tiempo se va y no regresa.

este es el momento de que tomes una decisión, ¿sí?

marina: todo lo que dice hace como si todo

fuera tan fácil. isauro: sí, lo es.

lo es, bonita. eres inteligente, eres hermosa,

todas las puertas se te abrirían, créeme.

angustias: ay. damiana: perdón.

angustias: no, no, está bien... es usted la partera.

damiana: no, no, no sé de qué me habla.

angustias: no, no, no, usted... iespere!

iespere que tenemos que hablar! prudencia: gracias, hortensia.

¿y angustias? hortensia: todavía no regresa

del pueblo. prudencia: todavía no.

bueno, gracias. hortensia: permiso.

angustias: anoche estuvo por la casa grande,

estoy segura que es usted. ¿qué hizo con la niña?

¿dónde la enterró? damiana: ¿de qué niña

me está hablando? angustias: usted sabe

perfectamente de lo que estoy hablando.

no me diga que... don luis: epale.

esa cara, esa cara... ¿dónde la he visto?

yo soy muy bueno para acordarme de una cara, tú eres esta...

tu nombre, este... bueno, ¿estás muda o qué?

damiana: damiana, señor. don luis: idamiana!

[música] sofía reyes: ♪ porque

en tus besos descubro matices

que llevan mi cuerpo a sentirlo más simple

guarda aquí mi corazón sé el guardián y mi dragón

siempre sé mi protector regálame

una vida que se encienda con tu luz

muéstrame una vida entera llena de bellos momentos

tómame con mucha fuerza que confiaré en tus besos

aquí me quedo

para ser parte de ti llévame a donde tú quieras

búscame un lugar perfecto cuida que jamás se rompa

este corazón que entrego hoy aquí

que desde ahora es solo para ti

abrázame sin tu mirada

no podré seguir ♪ don luis: [ríe]

es damiana, mi hijo, esta señora es la mujer

que te trajo al mundo. luis alberto: ¿en serio?

don luis: sí, en medio de un tormentón,

¿te acuerdas? ah, y por si fuera poco,

que se nos va la luz, ¿eh? ella fue la que te hizo

el milagro, ella. luis alberto: mucho gusto.

damiana: mucho gusto. bueno, milagro...

el único milagro es que seas parte de la familia ocaranza.

don luis: [ríe] oye, damiana,

después de tantos años, ¿qué serán, más de 20?

te veo un poco desmejoradita, ¿eh? ¿pues qué te ha pasado?

damiana: las penas, señor. luis alberto: ¿no crees

que la mujer que me trajo al mundo

merece nuestro apoyo, papá? don luis: ¿cómo no?

angustias: alberto, a la señora se le pagó muy bien.

¿verdad, damiana? don luis: ah, ¿cómo no?

sí, te lo mandé con margarito, mi capataz, ¿sí lo recibiste?

damiana: sí, señor, muchísimas gracias.

digo, ¿no? duró muy poco, pero aquí sigo,

trabajando en el pueblo. don luis: ay, damiana,

yo te voy a ser honesto, yo esa noche te odié.

sí, yo dudaba de tu capacidad, y mira, resultó ser

una gran partera. este es mi hijo, alberto,

chulo el condenado, ¿eh? vea nada más qué porte.

párese derecho. [ríe]

es muy inteligente, como su padre,

ies un ocaranza! damiana: está usted

muy orgulloso de su hijo, ¿verdad, señor?

don luis: ¿cómo no? ¿cómo no? angustias: la señora

lleva prisa, ¿ver--verdad, damiana?

don luis: [ríe] damiana: con permiso.

luis alberto: no, no, a ver, espere.

yo sí quiero ayudar con algo. que no se note

la--la miseria, ¿no? don luis: que no se note,

mi hijo, no faltaba más, una mujer que me dio

tantas satisfacciones. aquí tienes,

lo que necesites. ¿eh? luis alberto: tómelo, por favor.

cualquier cosa que necesite, ya sabe dónde estamos.

don luis: ya conoces mi casa, el caminito.

lo que necesites, ahí estamos. damiana: muchas gracias.

me dio mucho gusto conocer a su hijo.

don luis: sí. [ríe]

nos vemos, damiana. mira nomás, después

de tantos años, mi hijo. ¿eh?

ella fue, ella te recibió, ¿eh? [ríe]

isauro: sáquense. ¿qué ven?

isáquense! ia ver cuando se enfermen

quién los va a atender! angustias: don luis,

no debió darle dinero a esa mujer

y menos prometerle que le mandaría más.

luis alberto: ¿y por qué no? angustias: porque se le pagó

muy bien por su trabajo y tu padre fue

muy generoso con ella. >> don luis.

don luis: epale. angustias: si lo gastó,

es problema de ella. don luis: angustias, angustias--

>> don luis. don luis: epale.

ya deja de estar cuestionando mis decisiones, ¿qué eres?

la ayudé y la voy a ayudar siempre, punto.

angustias: a ver si a esa señora no se le hace costumbre

aparecerse por la casa grande y pedirle dinero

a cada rato, ¿eh? >> don luis.

don luis: mi hijo. angustias: ay, ¿por qué no pensó

en eso, don luis? don luis: mira, angustias,

ya llévale a mi mujer las medicinas, ¿sí?

andale, déjanos solos. andale, vámonos, vámonos.

mi hijo, ahí está la cantina, vamos a echarnos

unos tequilitas, ¿que no? ¿eh? arre, venga.

marina: ¿cómo te fue? damiana: bien.

marina: ¿sí? damiana: ajá, ¿a ti?

marina: bien. te oigo muy contenta, ¿qué pasó?

damiana: pues nada, que vendí todo lo que me llevé hoy.

marina: mamá, qué bueno, muchas felicidades.

oye, fíjate que vino el doctor isauro

a insistirme en que nos vayamos del pueblo.

el me dice que, a lo mejor, allá yo puedo encontrar

un trabajo y... y así no dependemos

de tus pomadas y de tus servicios que haces.

damiana: pues si es esa la razón, ahora menos, ¿mm?

y el dinero que gané hoy lo vamos a usar

para comprarte unas cosas. marina: no, mamá, ¿cómo crees?

ese dinero es tuyo, tú guárdalo para cualquier emergencia.

además, tú misma me dijiste que no saliera

mientras estuvieran los patrones en la añoranza.

damiana: eso era antes. marina: ¿antes de qué?

damiana: pues de que hiciera este negocio.

marina: ¿cuál negocio? damiana: el señor

que me compró todo quiere que le haga más producto

porque cree mucho en mi trabajo. marina: ¿de veras, mamá?

damiana: ajá. marina: qué bueno, oye, pero...

pero ¿quién es ese señor? no me digas que es don calixto,

el de la tienda, porque ese nunca te quiso ayudar

a vender tus pomadas. damiana: no, no, no, es un señor

de otro pueblo que conozco hace muchísimos años.

está muy agradecido conmigo porque le ayudé con su esposa.

marina: ay, qué bueno, mamá. ¿ya ves?

dios aprieta, pero no ahorca. siempre hay alguien allá arriba

que nos cuida siempre. bueno, voy a seguir leyendo.

prudencia: entonces, si vino a buscarme,

¿por qué no me dijo nada? ni una sola palabra.

angustias: para mí, que nada más te vino a meter miedo.

prudencia: no, no. si estaba igual de asustada

que yo, salió corriendo. angustias: me la encontré

ahorita que fui a la farmacia por tus pastillas.

prudencia: ¿y qué te dijo? angustias: primero, me quiso

negar que era ella. prudencia: ¿y después lo aceptó?

angustias: sí, porque para nuestra desgracia,

nos topamos con don luis y con alberto.

y en frente de ellos, esa mujer tuvo que admitir

que sí era damiana. prudencia: ¿y qué le dijo luis?

¿le comentó algo? ¿le--le dijo algo de la niña?

angustias: no mencionó nada de esa noche.

prudencia: ah. entonces, no tenemos nada

de qué preocuparnos. angustias: esa mujer,

escúchame bien lo que te digo, es una mujer de dos caras.

a mí me dio la vuelta, pero con tu marido,

enseguida dijo quién era. además, no le quitaba

la mirada de encima a alberto. prudencia: bueno, a lo mejor,

lo que pasó es que le dio gusto verlo, ella sabe quién es.

angustias: no, le vi el interés en sus ojos.

enseguida habló de lo mal que le había ido.

y alberto convenció a su papá de que le diera dinero.

prudencia: ay, mira, entonces, si lo que quiere es dinero,

a lo mejor, si le damos una buena cantidad, nos diga

dónde está enterrada mi hija. ¿mm?

angustias: no sé. prudencia: anda, ve y pregúntale

a margarito dónde vive damiana. andale, para que nos diga,

por favor. angustias: por favor,

ya deja a esa niña en el cielo. nos tenemos que ir de aquí,

por tu bien. por el bien de esta familia.

convence a tu esposo para que nos regresemos

inmediatamente a la ciudad. te lo suplico.

[música] margarito: ya nomás dale

una buena lavada con jabón de calabaza.

andale, alfredo. que quede bien, ¿eh?

angustias: margarito, venga para acá.

margarito: dígame, doña angustias.

angustias: usted me mintió. me dijo que la partera

se había ido lejos y resulta que me la encuentro

en el pueblo. margarito: de verdad,

doña angustias, hace años que damiana

no vive en el pueblo. sí he tenido contacto con ella.

si no se lo dije, fue porque, pues...

la verdad es que ella no quiere saber nada de usted.

angustias: ¿de mí? margarito: bueno, me platicó

que quedaron en malos términos, esa vez que vino

a ayudar a doña prudencia a tener a su hijo, ¿se acuerda?

angustias: en malos términos quedamos ahorita.

y si la ve, dígale que no se quiera pasar de lista,

que no se acerque a esta casa porque, entonces,

me va a conocer. ¿entendió, margarito?

margarito: sí, doña angustias. marina: muchas gracias

por haberle dado esta alegría a mi mamá.

y ahora yo voy a hacer todo para que esos pedidos

los entreguemos a tiempo. susana: ivanessa!

vanessa: [grita] oh, my god.

susana: out. ya supe que ayer

terminaste tus exámenes. y veo que estás empezando

a disfrutar de tus vacaciones. vanessa: pues sí,

tenía que disfrutar con mis amigas.

susana: pues ya festejaste lo suficiente, haz tu maleta

porque nos regresamos mañana mismo a méxico.

vanessa: no inventes, ma, yo ya tengo planes para mañana.

susana: ino me importa! los cancelas inmediatamente

porque ya no tienes nada que hacer aquí.

vanessa: pero, ma, yo-- susana: inada!

ya tengo los boletos de avión. paso por ti a las 07:00

de la mañana y no quiero oír ni una palabra más.

y báñate. apestas.

luis alberto: hola. >> [susurra]

yolanda: ay, hola, mucho gusto. yo soy yola, para servirle.

paulino: ¿qué haces aquí? yolanda: quedé

con doña prudencia de que iba a venir a visitarla.

paulino: pues yo no veo que la patrona esté

por ningún lado. luis alberto: está

en su recámara, pasa, estás en tu casa.

yolanda: ay, gracias. paulino: la señorita yola

no va a entrar a ninguna recámara

sin el permiso de la patrona, joven.

luis alberto: tiene mi permiso. yolanda: ¿seguro, joven?

luis alberto: a las muchachas bonitas y simpáticas

se les concede todo. hortensia: vente, yola,

yo te acompaño. yolanda: con permiso.

luis alberto: propio. paulino: solamente

vine a decirle que por órdenes del patrón

y de mi papá, voy a ayudarle con su fiestecita, ¿eh?

luis alberto: yo no tuve nada que ver con eso.

paulino: da igual. también quiero advertirle

que no se le acerque a yola, ándese con cuidadito.

luis alberto: ¿tú eres el cuidador de todas las mujeres

de por acá? paulino: solo de las

que me interesan y yola es mi hermana.

luis alberto: mm, ya veo. ¿y marina? ¿qué es tuyo?

porque según tu papá, la deberías de ver

como una hermana y por tu reacción,

yo creo que no. [celular]

paulino: ¿eh? ¿qué? ¿no va a contestar o qué?

[celular] luis alberto: bueno.

vanessa: hola, guapo, te quería contar que--

luis alberto: perdón, ¿te puedo devolver la llamada más tarde?

vanessa: sí. sí, no hay problema.

luis alberto: respóndeme. paulino: no entiendo

por qué le interesa saber de una muchacha que es

muy diferente a usted, joven. luis alberto: si supieras,

lo único que quiero es ayudarla. paulino: porque le gusta.

luis alberto: no te miento que es una muchacha

bastante bonita, pero yo solo quiero

ser su amigo. paulino: ¿y si ella no está

interesada en su amistad? luis alberto: ¿por qué

no dejamos que sea ella quien decida eso?

¿me podrías disculpar con... con ella por lo que pasó?

paulino: yo le digo, no se preocupe.

luis alberto: lino, deberíamos de llevar

la fiesta en paz. paulino: discúlpeme, joven,

pero tengo mucho trabajo que hacer,

yo no estoy de vacaciones como usted.

isauro: hoy te ves más hermosa que nunca.

marina: gracias, doctor. oiga, fíjese que mi mamá

va a empezar a vender muchísimas pomadas,

así que por ahora no me tengo que ir

a ninguna parte. isauro: ah, ¿sí?

¿y quién le habrá hecho semejante pedido

como para que decidan no irse a la ciudad?

marina: pues no sé, solo sé que van a ser

pedidos mensuales y que le va a ir muy bien.

isauro: marina, deja de hablar de tu madre

y piensa un momento en ti. ella ya hizo su vida.

y, por lo visto, con esto resolvió sus problemas.

marina: pero ella necesita de mí más que nunca, doctor.

además, lo siento, pero ahora no voy a poder venir

tanto a su consultorio, pero usted podría

enseñarle a ramona para que ella le pudiera ayudar

aquí con las consultas y-- isauro: ¿ramona?

¿cómo que ramona? iramona es una bruta!

y, además, es una pésima decisión no irte.

marina: oiga, ramona no es ninguna bruta

y ya decidí que me voy a quedar, doctor.

isauro: bonita, este... perdóname, está bien,

no te puedo obligar a ir conmigo si tú no quieres.

marina: ¿es cierto que usted ya no tiene nada más

que enseñarme? isauro: por supuesto que no.

eso te lo dije para convencerte de que te fueras conmigo

a la ciudad. por supuesto que a mi lado

puedes aprender mucho. marina: gracias, doctor,

porque yo quiero que usted siga siendo mi maestro.

y ya me tengo que ir porque voy a comprar unas cosas.

hasta luego, doctor, con permiso.

isauro: hasta luego, bonita. ramona: qué linda estás hoy,

marina. marina: gracias, ramona.

ramona: con lo linda que estaba despertará el interés

de todos los chamacos. isauro: ya deja de decir

estupideces. y ponte lista, voy a pedirte

que averigues algo en el pueblo. [música]

prudencia: y luis quiere hacer una fiesta para que venga

toda la gente de la región y conozcan a alberto.

yolanda: ay, qué padre, se ve que va a estar padrísima.

prudencia: sí, y quiere que vengan muchos jóvenes,

así que puedes invitar a quien tú quieras.

yolanda: ay, pues sí me gustaría invitar a una amiga,

pero no creo que pueda venir. prudencia: ¿no? a ver, ven,

siéntate, platícame. yolanda: [ríe] no, ¿cómo cree?

prudencia: andale, ven, siéntate y platícame.

a ver, dime, ¿por qué no? yolanda: pues es que...

es que no va a lugares que no conoce.

prudencia: ¿y eso por qué? yolanda: porque es ciega.

prudencia: ah... damiana: dale las gracias

al señor por el dinero. margarito: de tu parte.

y tenías razón, damiana. doña angustias te tiene mala fe

porque te manda a decir que no trates

de pasarte de lista y que ni te acerques al rancho.

¿por qué esa amenaza? damiana: no sé, nada, no sé.

lo único es que no quisiera que esto te perjudique a ti.

margarito: no, ni te apures. pero lo que me extraña

es que te tenga tan mala voluntad,

cuando tú lo único que hiciste fue ayudar a mi patrona

a que naciera su hijo. damiana: por eso, por eso,

no sé, no sé. nada más no se te vaya a ocurrir

decirles dónde vivo, por favor. margarito: no,

pero si el patrón me pregunta, no me va a quedar de otra.

no quiero que se entere por otro lado.

yolanda: pero no crea que por ser ciega

se la pasa sufriendo, ¿eh? paulino: ah, ¿no?

yolanda: no, ¿qué va? si yo creo que es

hasta más feliz que yo. con decirle que se la pasa

en el campo como si nada, con su bastón de aquí para allá.

paulino: ¿de aquí para allá? yolanda: ajá.

prudencia: ¿y eso cómo lo hace o qué?

yolanda: ah, es que se conoce de memoria la calle,

los senderos, toditito. bueno, si usted la ve,

ni cuenta se da que es ciega. prudencia: ¿de veras?

yolanda: ajá. prudencia: ¿y es bonita?

yolanda: muy bonita, por fuera y por dentro.

prudencia: me gustaría conocerla.

tráela, convéncela. yolanda: sí, le voy a decir.

prudencia: ojalá pueda venir. susana: ¿una chava?

vanessa: ajá, y por lo que escuché,

debe estar bastante mona, ¿eh? susana: esto lo tenemos

que parar de inmediato. vanessa: ay, ma, no alucines.

o sea, no hay nada que parar. alberto me ama

y no me va a cambiar por una chica equis.

susana: no me importa lo que digas.

nos vamos inmediatamente a la añoranza.

vanessa: ay, no, ma. o sea, ¿qué vamos a hacer allá?

susana: nos vamos a cuidar tus intereses, vanessa.

no vas a permitir que una chava equis

eche a perder tu boda con luis alberto.

empaca. ramona: ¿estás seguro

de que no le hiciste ningún pedido a damiana?

calixto: claro que no, ramona, esas cosas no tienen

registro de sanidad. si las vendo,

me cierran el changarro. prudencia: ni siquiera dejó

decirle nada. está feliz enseñándole a su hijo

todo lo que tiene que ver con el rancho.

angustias: y muy animado con lo de la fiesta.

prudencia: pues sí, pero así tenemos pretexto

para quedarnos un tiempo más y encontrar la tumba de mi hija.

angustias: esa criatura ya está en el cielo, por favor.

prudencia: damiana es la única que nos puede decir algo.

angustias: y también es la única que sabe nuestro secreto.

buscarla es un arma de dos filos y es mejor no remover el pasado.

yo sé lo que te estoy diciendo. prudencia: oye,

¿y si la enterró unos días después

y tiene otra fecha? ¿o está en otro panteón?

angustias: está bien, voy a ver qué puedo hacer.

prudencia: gracias. marina: toribio, ya llegué.

toribio, te escondiste, ¿verdad? [ríe]

toribio, ¿dónde estás? ¿toribio?

[ruido] ¿quién está ahí?

toribio: espérate, chiquito. espérate, chiquito.

espérate, chiquito, espérate. no--no me dejes, espérate.

espérame, espérame, espérame. espérame.

eh, ah... [suspira]

aquí está. ah. ay, chiquito.

angustias: buenas tardes, señor. toribio: buenas.

angustias: estoy buscando al encargado.

toribio: ¿y... asunto? angustias: necesito encontrar

una tumba. toribio: ah, bueno,

toribio le ayuda. yo encuentro

la tumba que usted quiera. luis alberto: ay, ay--

tranquila, no te voy a hacer nada.

tranquila, tranquila. marina: váyase.

luis alberto: a ver, solo quiero hablar contigo,

ser tu amigo, eso es todo. marina: ¿y por qué el hijo

del dueño de la añoranza quiere ser mi amigo?

luis alberto: eso es algo que ni siquiera yo...

logro entender. es--es como algo que me atrae

hacia ti, algo fuerte. ramona: fui a la tienda,

a las dos farmacias y a la botica de doña pancracia,

nadie le pidió nada a damiana. isauro: [niega]

no, marina me lo aseguró y ella no sabe mentir.

ramona: [resuella] pues ha de haber sido

en otro pueblo porque aquí no, ¿eh?

isauro: ah, ¿no? pues mañana te vas

a todos los pueblos vecinos a averiguar.

luis alberto: no tomes a mal mis palabras.

es... es como un impulso que no puedo contener.

marina: eso se llama instinto y a mí el mío

me dice que tengo que estar bien lejos de usted.

luis alberto: así como tú tienes un instinto por huir,

yo tengo uno por buscarte. marina: pues yo huyo

de los hombres que cazan. luis alberto: no soy un cazador

ni me gustan las armas. ya sabes que se me escapó un tiro.

fue por--porque nunca había usado un arma antes.

marina: no es cierto, mentiroso. luis alberto: ¿cambiaría

tu opinión de mí si te juro que no vuelvo a tocar un arma?

marina: ¿de verdad? luis alberto: te lo juro.

a cambio de eso, me tienes que hacer una promesa.

marina: ¿qué promesa? luis alberto: que no vas

a volver a huir de mí así como lo haces.

marina: está bien. si usted es bueno

y cumple con su palabra, yo voy a cumplir con la mía.

ambos: [ríen] luis alberto: qué bonita

sonrisa. marina: [ríe] sí.

luis alberto: sí, sí. marina: está bien, gracias.

[ríe] luis alberto: mira,

tienes que confiar en mí, en que... en que...

en que puedo ser un buen amigo y--y deja de hablarme de usted,

casi somos de la misma edad. marina: [ríe] está bien.

luis alberto: ay. ambos: [ríe]

marina: te voy a confesar algo. luis alberto: ¿sí?

marina: cuando escuché tu voz, yo... empecé a sen...

empecé a sentir algo muy raro en mi cuerpo, como...

como unos escalofríos, pero... ay, pero al mismo tiempo,

yo sentía como si... luis alberto: ¿qué? ¿qué?

¿qué--qué--qué sentías? ¿qué? ¿qué? ¿qué?

marina: no, nada. que sentí miedo,

pero no había ningún motivo. luis alberto: yo solo quería

conocer a la... a la dueña

de los ojos más hermosos que he visto.

y esa vez que te asusté con el caballo me sentí muy mal

porque yo no sabía que eras ciega o... invidente.

marina: [ríe] no te preocupes, se dice "ciega"

y no me molesta ni me duele que me lo digan.

yo veo la vida de manera distinta a los demás.

luis alberto: entonces... ¿amigos?

marina: amigos. [música]

toribio: aquí hay otra tumba. sí, déjeme decirle que hubo

una epidemia de sarampión. una niña se murió.

sí, ¿usted cree? en ese tiempo se nos murieron

varios chamaquitos. sí, sí.

angustias: señor. toribio: ¿eh?

angustias: por favor, la tumba que yo busco

es de una niña que murió hace 20 años.

no quiero ver todas las tumbas. busco una en especial.

toribio: eh... bueno... bueno, es que yo--yo tengo

que ver todas por las fechas, señora.

angustias: si encuentra alguna de una niña que se murió

en la fecha que yo le dije, le voy a pagar muy bien.

toribio: [ríe] toribio...

toribio quiere una bolsa de dulces,

pero una muy grandota, ¿eh? de los que tienen chilito.

aunque luego me duela la panza, no importa.

[ríe] baldomero: ¿qué tal, señora?

¿ya trae algún otro dato? angustias: no.

pero tal vez usted se equivocó al registrar a la niña

o escribió una fecha distinta. por eso, quiero ver su libro

otra vez, por favor. baldomero: ¿está diciendo

que hice mal mi trabajo o qué? toribio: [ríe]

baldomero también es tonto. también es tonto baldomero.

¿eh? angustias: no, yo no dije

eso, señor. solamente permítame checarlo,

por favor. baldomero: claro que no, señora.

nadie más que yo ve esos libros. a mí se me hace

que la que no sabe dónde está enterrada esa niña

es usted. ¿por qué no va a ver

los panteones de otros pueblos vecinos?

hay muchos. angustias: ¿me puede hacer usted

una lista de esos panteones? baldomero: [ríe]

no. claro que no, señora. yo estoy muy ocupado.

eso lo va a tener que averiguar usted misma.

y ahora, si me permite, ya voy a cerrar.

angustias: muchos panteones... con permiso.

muchos panteones... gracias.

gracias, señor. toribio: [susurra] sí...

[chista] ¿qué?

¿ya me puedo ir a ver a mi principita?

baldomero: sí, ya. toribio: ah.

toma, te presto mi conejo. anda.

baldomero: ya, toribio, hombre. toribio: ah, ¿qué...?

marina: [ríe] sí. muy pesada. [ríe]

luis alberto: oye, ya... ya que somos amigos,

te quiero invitar a una fiesta. marina: ¿a una fiesta?

luis alberto: ¿irías? es aquí, en el rancho.

marina: pues yo nunca he ido a una fiesta así de elegante.

luis alberto: pues, te voy a estar esperando.

más vale que vayas, ¿eh? marina: ajá, sí. ajá.

luis alberto: deja esa piedra, ya.

no, me das miedo, ime das miedo! marina: ya, ay, bueno,

me tenía que defender. [ríe]

[llaman a la puerta] don luis: adelante.

paulino: permiso, patrón. don luis: ¿sabes dónde está

mi hijo? paulino: salió a montar

el joven. don luis: [ríe]

me da gusto, me da gusto que esté disfrutando

de sus vacaciones aquí, en el rancho.

oye, ¿cómo van los preparativos de la fiesta tú?

paulino: bien. bien, patrón, ya está todo listo y organizado,

solamente que hay que pagar por adelantado--

don luis: que no se note la miseria.

con esa fiesta vamos a echar la casa

por la ventana. paulino: claro.

sí, permiso. damiana: hola.

marina: hola, ma. damiana: traje muchísimas cosas.

mira, compré... verdurita...

marina: ajá. damiana: traje también...

un pollo. marina: [ríe]

damiana: y... marina: ¿y qué?

ay. pan de elote. gracias, ma, me encanta.

damiana: recién hecho, ¿eh? marina: sí.

oye, ¿qué crees? damiana: dime.

marina: ya soy amiga de alberto. damiana: ¿alberto?

marina: sí. damiana: ¿y dónde viste

a ese muchacho? marina: en el columpio.

estuvimos platicando. y al final me invitó

a una fiesta que van a dar en la casa grande.

damiana: ¿a ti? marina: sí, a mí. me dijo

que me iba a estar esperando y no sé por qué, pero...

pero hasta sentí que me dio taquicardia.

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