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Sin Tu Mirada Capítulo 2

Univision21 Mar 2019 – 12:00 AM EDT

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locutor: televisa presenta... marina: por favor, díganme

cómo está, dónde está el doctor, necesito saber de él,

¿dónde está? >> el doctor está adentro,

pero ahorita lo sacan. marina: entonces, ¿por qué--

>> no, tranquila, tranquila, por favor, espéreme.

[gritos] marina: por favor,

saquen al doctor, sáquenlo.

>> ya, tranquila, tranquila. >> ¿y ahora qué van a hacer?

se quedaron sin techo. damiana: pues no sé,

voy a ver si me alcanza para rentar un cuartito

aunque sea, mientras. marina: perdóname, por favor,

mamá. damiana: mi hijita,

no te preocupes. marina: si yo no me hubiera

quedado dormida, no hubiera-- paulino: fue un accidente,

no digas eso. >> hay que prender velas nada

más cuando las puedes atender. >> ¿y si van

a la casa abandonada, la que están los linderos

del rancho? paulino: sí, sí, esa casa tiene

años que no se ocupa. >> es cosa de arreglarla,

nosotros te ayudamos. damiana: bueno, pues sí,

sí les aceptó el ofrecimiento, muchas gracias,

aunque no me gustaría que tengas problemas.

>> no, hombre, si ellos ni vienen casi nunca,

nomás don luis y siempre deprisa y corre.

damiana: hija, con cuidado. >> no.

damiana: perdón, no quise molestar.

[sirenas distantes] qué bueno que está vivo.

isauro: vivo... vivo,

¿qué puedes sentir cuando las llamas te envuelven

todo el cuerpo? cómo se me quemó toda la mano,

la cara, todo.

jamás voy a volver a ser el mismo de antes.

damiana: no diga eso. isauro: ¿y marina cómo está?

damiana: está bien. está angustiada por usted,

pero está bien. isauro: damiana,

no quiero que lo que marina siente por mí se convierta

en lástima. damiana: no, no, claro que no.

isauro: tampoco quiero la compasión de nadie.

[puerta] alberto: voy, voy, voy.

vanesa: hola. ay, hace una semana que no sé

nada de ti, ¿qué ha pasado? alberto: ay, ya sabes,

estudiando, preparándome para los exámenes.

vanesa: ya. ven.

¿qué vamos a hacer hoy? alberto: ok.

primero quiero que me digas qué es lo que sientes por mí.

vanesa: ¿no se nota? mi amor, si me traes loca.

alberto: es que no he hecho nada para conquistarte.

vanesa: sí, ya sé, pero-- qué tonta, ¿verdad?

alberto: no, no. ¿tú quieres ser mi novia?

vanesa: sí. alberto: ¿sí?

vanesa: sí, sí, mil veces sí.

ramona: mire, doctor, le compré flores y le hice

su molito de olla que tanto le gusta.

isauro: tira las flores y tira la comida

porque no tengo hambre. ramona: pero, doctor, tendría

que comer algo. isauro: haz lo que te dije

y deja de fastidiar. ramona: yo entiendo que esté

molesto por lo que le pasó, pero tiene que entender

que el tiempo todo lo cura. isauro: ¿qué te pasa?

el tiempo no cura nada. ramona: no exagere,

permítame quitarle la venda y verlo, por favor.

isauro: nadie me va a volver a ver el rostro.

ramona: ¿qué va a pasar con sus pacientes?

isauro: yo ya no tengo pacientes, así que

se busquen otro doctor. marina: buenos días,

¿hay alguien en casa? alberto: [resuella]

vanesa: mi amor, ¿no quieres salir a comer algo?

santiago: ay, amor, ¿por qué no vas tú?,

tengo mucho que estudiar. marina: qué bueno que ya está

de regreso, doctor, lo extrañé mucho.

isauro: ¿de veras? si hubiera muerto,

¿hubieras llorado mi muerte? marina: no, no me diga eso,

doctor, usted ya sabe lo mucho que lo quiero

y lo agradecida que estoy con usted por todo

lo que me ha enseñado. y ahora, además también le debo

la vida. ramona: les traje un poquito

de agua de tamarindo. marina: gracias.

ramona: ojalá lo puedas convencer de que vuelva

a atender a sus pacientes. marina: ¿por qué ya

no quiere atender a sus pacientes, doctor?

si muchos aquí en el pueblo dependen de usted.

isauro: ya no tengo ganas de hacer nada,

solamente de seguir enseñándote a ti.

marina: bueno, si usted no se siente bien,

yo le puedo ayudar. nada más dígame qué tengo

que hacer. isauro: ¿quisieras ser

mi asistente? marina: sí,

si usted me enseña cómo porque yo quiero seguir aprendiendo

de usted, doctor y así poder devolverle todo el bien

que me ha hecho. zacarías: pues tuvo suerte

el doctorcito de salir vivo del incendio, a lo mejor no

lo volvemos a ver. >> ¿ya de regreso?

yo pensé que te ibas a quedar en los yenates.

zacarías: no regresé, me regresaron.

>> con razón estás atrasado en noticias.

el doctor ya está en su casa de vuelta.

>> ¿a poco? >> dice que le cortaron

un brazo, que le quedó todo chamuscado.

>> yo oí que fue la pierna. zacarías: ya ven, cojo y manco

ni modo que vuelva a abrir su consultorio.

marina: oigan, no hablen así del doctor, muy pronto va

a recibir a sus pacientes, solo... sólo tiene que

descansar un poco. >> ¿tú sabes cómo quedó?

zacarías: ¿qué le andas preguntando?, ¿qué no ves que

no ve? marina: dijo el zorro:

"he aquí mi secreto que no puede ser más simple,

sólo con el corazón se puede ver, lo esencial

es invisible a los ojos". oiga, doc,

¿usted cree que yo pueda ir a la universidad y estudiar

una carrera? isauro: ¿qué quieres estudiar?

marina: medicina. isauro: doctora.

marina: sí, bueno, no sé, sólo quiero dedicarme a algo

que ayude a los demás, como usted.

isauro: tú vas a lograr todo lo que quieras,

eres una muchacha muy linda, muy talentosa,

inteligente, de todo. marina: ay, doc, pasan los años

y usted sigue escuchándose muy triste y yo no sé

cómo alegrarlo. isauro: estar contigo

y enseñarte es la felicidad para mí, bonita.

sigue leyendo. marina: sí.

"sólo con el corazón se puede ver. lo esencial es

invisible para los ojos. lo que más hace importante

tu rosa, es el tiempo que has pasado con ella,

dijo el zorro". luis: salucita.

alberto: salud. luis: ese es mi hijo,

que no se note la miseria. vengan, foto, foto.

terminó la facultad de medicina en tiempo récord.

es un ocaranza, bravo, bravo. >> no te olvides que su novia

siempre estuvo a su lado para apoyarlo.

luis: ¿cómo no? >> has sido la mujer más

comprensiva del mundo, ¿verdad, mi amor?

vanesa: felicidades, mi amor. luis: eso, se ven chulos

los condenados. oigan, oigan,

¿para cuándo la boda?, pongámosle fecha ya.

alberto: no, tengo que hacer la especialidad,

cirugía plástica, ¿recuerdas? luis: ay, él quiere seguir

estudiando para ver a las chamaconas. es una broma,

vanesita. oigan, muchachos, hablando en serio,

yo me muero por tener muchos nietos, de verdad.

recuerden algo muy importante, una mujer entre más joven sea,

más hijos y más sanos van a ser. véanme a mí, nada más me dieron

uno. prudencia: ¿por qué no dejas que

decida él? le hace falta tomarse

unas vacaciones. alberto: justo había pensado ir

al rancho una temporada. luis: qué cosa,

quieres ir al rancho mi hijo, me haces muy feliz.

tu madre, creo que desde que naciste, no ha puesto

un pie allá. >> ¿por qué no hacemos todo

juntos un viaje a las islas griegas, así como una gran

familia? alberto: yo quiero ir

a la añoranza, quiero despejarme.

luis: venga, no se diga más, vamos para el rancho,

ni qué las griegas, ni qué nada. nuerita, consuegrita,

ustedes también están cordialmente invitadas.

foto, foto, venga, tómanos una foto, venga.

eso. venga, venga.

[música] [música]

marina: toribio. toribio: ah, sí.

marina: ¿soy bonita? toribio: la más bonita

que haya en el mundo. marina: ya, en serio.

toribio: tienes una carita de ángel

y caminas como una princesa. marina: pero si tú nunca visto

a una princesa. toribio: cómo que no,

te he visto a ti, tú eres mi princesa.

como en la historia es la que me contaste de tu libro.

marina: oye, tengo hambre.

toribio: tú no te preocupes, principita, te voy a conseguir

algo delicioso para ti. luis: [ríe]

ve a mi cachorrro convertido en todo un médico.

>> ya es todo un hombre. bienvenido, doctor.

alberto: alberto, deje el doctor a un lado.

vaya, sigue siendo una maravilla.

luis: no, hombre, mi hijo para maravillas,

tú que estas echo mano. [ríe]

oye, ¿sabes qué?, estoy bien resentido

con tu madre, nada más me dio un hijo, pero bueno,

tú eres mi orgullo, eres mi sangre.

margarito. margarito: señor.

luis: trae lo que te pedí. margarito: sí, claro.

luis: vente para acá, es sorpresa. no voltees.

no voltees, no voltees. ahí está.

uno, dos, tres, venga. mira nada más qué chulada,

mi hijo. mira nomás.

mira nomás. ¿eh?

automática, tiro por tiro. margarito: el instructivo está

en la bolsa. luis: no, hombre,

qué instructivo ni qué la manga del muerto.

yo te enseño a cazar. alberto: papá, esto no me gusta.

luis: no puedes decir que algo no te gusta cuando no

lo has intentado. >> con su permiso, don luis.

nada más vengo a avisarle que ya tenemos el embarque listo

de aguacates que vamos a mandar a canadá.

luis: arre. hijo, te veo en la huerta.

vámonos. margarito: sí, señor.

con su permiso, doctor. alberto: propio.

>> qué bueno que abriste, este cuarto huele a humedad.

prudencia: y ausencia, una ausencia de hace mucho

tiempo. angustias: han pasado muchos

años, sé que es difícil, pero tú tienes que curar ese dolor.

prudencia: ¿y cómo? si ni siquiera la conocí,

no la puedo enterrar. angustias: sé que te arrebaté

a una hija muerta, pero puse tus brazos a un hijo

sano, hermoso. prudencia: al cual amo con todo

mi corazón, pero nunca he podido dejar de pensar que va a haber

muchas consecuencias. ¿te imaginas que un día luis

se encontrara por ahí a damiana y le contara la verdad?

[puerta] damiana: ¿quién?

isauro: isauro sotero. damiana: bienvenido, doctor.

pase. isauro: estoy buscando

a marina. damiana: no está, la mandé

con toribio a buscar unas hierbas.

isauro: no debería permitir que marina pierda su valioso tiempo

andando con el loco ese. damiana: ¿la necesita

para algo, doctor? isauro: sí, quiero hablar

con ella sobre su futuro. alberto: ey,

ioiga, ey! ey.

toribio: marina, marina. marina: ¿qué pasó?

toribio: es que no estaba paulino en la añoranza

y te traje estos aguacates. toma, toma.

marina: los robaste. toribio: ino!

no, no, principita, toribio ya no roba, ya no roba.

[disparo] toribio: ah, ah,

es él, es él, viene por mí. marina: toribio, cálmate,

por favor, no es el diablo. toribio: iváyase!

me va a matar. marina: tranquilízate,

no te va a hacer nada. toribio: me va a matar.

vámonos, principita, vámonos, me va a matar.

marina: tranquilo, por favor. toribio: viene por mí.

marina: no, no viene por ti. espera. no te vayas,

no me dejes sola. alberto: ey, ey.

¿tú eres la que se roba los aguacates?

marina: oígame, no me confunda,

yo no soy un ladrona. alberto: ¿ah, no?

estas son mis tierras, esos son mis aguacates.

marina: estas no son sus tierras.

alberto: sí, sí lo son, soy hijo de don luis alberto.

marina: mentiroso. cuidado con acercarse

o le va a pesar. alberto: muy brava,

muy valiente. marina: pues sí lo soy.

alberto: deberías disculparte por sinverguenza y abusiva.

marina: ya le dije que no se acerque o sino, o sino

lo voy a morder. alberto: ¿cómo que me vas

a morder?, ¿por qué me atacarías así?

marina: porque usted es el que disparó,

usted huele a pólvora. ¿es un cazador?, ¿lastima y mata

por deporte, por diversión? alberto: sí disparé,

pero no me gustan las armas. fue un accidente.

marina: mentiroso. no se acerque.

alberto: voy a bajar el arma, fue un accidente.

marina: cínico, no lo niegue. alberto: nunca había

usado un arma antes, por eso se disparó.

marina: eso que se lo crea su abuela.

alberto: espera, no te vayas. iau!

¿qué te pasa? au.

me mordiste. damiana: doctor,

puede hablar con ella de sus intenciones,

pero nada más. isauro: ¿no quieres para ella

algo mejor que este pueblucho y estas cuatro paredes?

damiana: este pueblo, esta casa y sus alrededores,

son el paraíso de mi hija. isauro: damiana,

¿cómo no te das cuenta que yo lo único que quiero para marina

es lo mejor? y que ella sí cumpla

todos sus sueños. damiana: mire, doctor, usted

ya hizo demasiado por nosotras. muchas gracias.

isauro: dile, cuando regrese, que la espero en la casa.

[música] [música]

¿qué te pasó?, ¿y esa cara de espanto?

marina: mamá, me encontré con un cazador, de esos

a los que le gusta disparar a los animalitos por diversión.

damiana: ay, hija, ¿ya estás bien?

¿y toribio no te defendió? marina: no, ma, salió corriendo

bien espantado en cuanto escuchó el disparo.

damiana: ay, hija, ¿y pudiste reconocer al que

disparó? marina: nunca había escuchado

su voz. el muy hablador dijo que era

el hijo del dueño de la añoranza.

damiana: ¿regresaron? marina: no, no creo,

a mí se me hace que nomás lo dijo para espantarme.

y todo porque toribio se le ocurrió agarrar

unos aguacates sin el permiso de paulino.

damiana: ¿y tú qué le dijiste? marina: le advertí que no

se metiera conmigo, pero no me hizo caso y... lo mordí.

damiana: ay, marina. marina: pero no te preocupes,

no pasó nada. a ver si ese tipo ya no vuelve

por acá. prudencia: hola, amor.

¿tú disparaste? alberto: sí, pero la verdad es

que se me escapó un tiro. luis: [ríe]

abusado, mi hijo, porque las escopetas

son como las mujeres, primero hay que domarlas

y tenerles mucha paciencia. prudencia: ¿y dónde andabas?

alberto: fui a un lugar más allá del rancho donde hay

unas ruinas. luis: ¿unas ruinas?, pero eso

no es aquí en el rancho. alberto: sí, hay

una puerta vieja y unas ruinas, seguro lo has visto, papá.

luis: no, yo no las he visto, hijo.

prudencia: ¿y todo bien? alberto: sí, tuve un encuentro

bastante peculiar. luis: ah, caray.

¿y con quién tú? alberto: una muchacha

de por aquí, bastante bonita, por cierto.

prudencia: nancy, la hija de margarito.

alberto: tiene ojos de color. luis: bueno, pues entonces no es

la hija de margarito, ella no tiene esas

características, debió haber sido otra.

alberto: bueno, total, la descubrí robándonos

aguacates. luis: ¿robando? epale,

aquí en la añoranza nadie roba nada, le voy a mandar

sus jalonzotes de orejas. alberto: no exageres, sólo

fueron unos aguacates. además, se espantó tanto que

ni siquiera me podía ver a los ojos,

hasta me mordió la canija, mira. prudencia: ¿te mordió?

a ver. alberto: y fue una plática

bastante divertida, por cierto. damiana: por eso te he dicho

tantas veces que no me gusta que vayas para allá.

marina, qué susto, de veras. te vino a buscar el doctor.

marina: ¿aquí?, pero qué raro si él no sale

nunca de su casa. damiana: estuvimos hablando

sobre tu futuro. quiere llevarte la ciudad,

dice que para que realices todos tus sueños.

marina: ¿a la ciudad? damiana: ajá, yo le dije que

aquí es tu lugar, que aquí estás contenta.

en lo que sí tiene razón es en que allá podrías estudiar

una carrera. marina: oye, ma,

¿y tú te vendrías conmigo?, porque tú ya sabes que por nada

del mundo yo te dejaría sola. damiana: por favor, ¿yo, como

para qué? marina: pero es que cómo

me podría ir lejos sin ti, ¿y alejarme de toda la gente que

quiero? no.

[puerta] toribio: toribio.

damiana: toribio, mira nada más.

el hombre más valiente del pueblo regresa a mi casa.

¿me puedes decir por qué dejaste sola a mi hija

frente a un hombre armado? toribio: ¿cuál hombre armado,

mi principita? damiana: ay, ya,

no puedo con ustedes dos. toribio: principita,

discúlpame, es que... angustias: hortensia,

gracias por tener la casa tan, pero tan limpia y en tan buen

estado. hortensia: no tiene por qué

agradecerme, es mi obligación, mi deber.

angustias: bueno. margarito: ya te dejé afuera

una canasta llena de aguacates para el guacamole del señor.

hortensia: pues voy por varios de una vez. permiso.

margarito: ¿algo en que pueda servirle?

angustias: no, gracias. margarito: con permiso.

angustias: margarito. margarito: dígame, doña.

angustias: tengo una curiosidad, la partera esa que trajo para

que atendiera a la señora... margarito: damiana.

angustias: ¿vive? margarito: claro que sí,

¿por qué me lo pregunta? angustias: nada,

por saber de ella nada más. margarito: pues fíjese que se le

incendió su casa en el pueblo, ella no estaba ahí, por suerte,

pero por una cosita el fuego acaba con ella y con las hierbas

que tenía-- luis: hola.

¿no han visto a esta... sabes su nombre, se me olvida.

marito: hortensia. luis: hortensia, ¿dónde está?

marito: fue por los aguacates para su guacamole.

luis: ah, pues dile que traiga más, para todos, quiero

que no se note la miseria. marito: muy bien, patrón.

con permiso. luis: ¿y ahora tú que tienes?,

te veo así como acongojada. angustias: nada.

con permiso. luis: avísale a tu cara

porque no se ha dado cuenta. alberto: vámonos.

margarito: es cierto lo que dijo toribio,

don luis vino de vacaciones con su familia completa,

su mujer, su hijo que ya es todo un hombre.

bueno, hasta angustias vino con ellos.

estás preocupada porque ahora vives en la casita que era

de filemón y eulalia, que en paz descansen.

damiana: pues sí, la verdad sí. margarito: bueno, no te apures,

el patrón no tiene porqué enterarse de que alguien vive

ahí. mira, para don luis esa casa

no vale nada, en cambio para ti y para marina

es su único techo. damiana: pues sí,

pero si se enteran de que estamos ahí.

margarito: no va a pasar nada, yo le explico que te lo ofrecí

después de que te quedaste sin casa por el incendio.

damiana: no, yo creo que es mejor que ninguno

de los ocaranza sepa que estamos viviendo allá

en sus tierras, mucho menos la señora esa,

angustias. margarito: bueno,

si así lo prefieres, total no creo que se queden

muchos días por acá. [música]

[música] alberto: erasmo, la próxima vez

que me ensillen el caballo ¿por qué no usamos esta?

los estribos son más largos. erasmo: sí, patrón, lo que usted

mande. es más, ahorita me la llevo para que la tenga

ahí apartadita, ¿cómo ve? alberto: muy bien, gracias.

es una chulada, ve eso. erasmo: de hecho, es la más

bonita de todas. alberto: tengo buen ojo.

paulino: ey, ¿a dónde llevas esa silla o qué?

erasmo: ya cambió de dueño. paulino: cómo que cambió

de dueño ni que nada, hombre, esta para acá.

erasmo: te estoy diciendo que ya cambió de dueño, ya la aparté.

paulino: ¿cómo que está apartada? apartada qué, hombre.

paulino: esta silla se queda aquí, ¿de acuerdo?

alberto: perdón, no sabía que era tu silla, pensé que

las sillas eran del rancho. paulino: mire, joven,

usted podrá ser el hijo del dueño y disponer de todo

lo que hay aquí, cierto, pero de las cosas

de los empleados no. esta silla es mía.

margarito: ¿qué está pasando aquí?

alberto: nada, nada, este trabajador se enojó porque

le pedí su silla para montar. margarito: no hay problema,

joven alberto. aquí mi hijo, se la puede

prestar sin problema. ¿verdad, paulino?

alberto: ¿lino? no te reconocí,

qué gusto, hombre, caray. paulino: mira papá, esta silla

yo la compré con mis ahorros, no con los de rancho,

ese fue mi dinero. pero si a usted le gusta tanto

la silla... alberto: no, es tu silla,

es tuya. margarito: por favor, joven,

mi hijo se la está regalando con mucho gusto, no le vaya

a hacer ese desaire. alberto: bueno,

gracias por la silla. espero que podamos ir a montar

juntos. paulino: cuando guste, doctor.

alberto: beto. paulino: ahí me avisa, doctor.

alberto: bueno, con permiso. gracias por la silla.

margarito: adelante. ese fue un buen gesto

de tu parte, hijo. pero no tan bueno,

si se acompaña con una mala actitud.

nomás quiero recordarte que desde mi padre, los prieto

le hemos sido leales a los ocaranza.

paulino: ¿y a qué te refieres con eso, papá?

margarito: que no quisiera que esa lealtad se rompiera contigo.

está claro, ¿verdad? paulino: sí.

ramona: doctor, en el consultorio lo está

esperando don eustaquio para que lo reciba.

isauro: dile que se vaya, hoy no voy a atender a nadie.

ramona: si quiere, yo puedo ayudarlo como lo hace marina.

isauro: [ríe] ¿tú?

tú qué vas a saber, es mejor que se largue y dile

a todos los que vengan hoy que no voy a dar consulta.

ramona: pero, doctor. isauro: no me fastidies,

cállate y no te me acerques. [puerta]

ay, qué bueno que llegaste. el doctor está de un humor

de perros, no quiere recibir a sus pacientes.

marina: pero... pero si ya escuché que hay varios esperando

entrar a la consulta. ramona: sí, eso fue lo que

le dije, pero me dijo que los corriera a todos.

marina: tranquila, déjame hablar con él. a lo mejor,

yo lo puedo convencer. ramona: bueno,

espérate aquí, voy a decirle que ya llegaste.

marina: sí. [puerta]

isauro: marina, te estuve esperando ayer

todo el día. marina: ya lo sé, doctor.

una disculpa, lo que pasa es que tuve un contratiempo, pero aquí

estoy para decirle que, por favor, atienda los pacientes

que lo necesitan. isauro: ¿vienes

a pedirme un favor? ¿cómo te atreves a pedirme

que atienda a los pacientes que están ahí afuera,

cuando tú desperdicias todos tus estudios andando

todo el día en el campo con el loco ese toribio?

marina: no se enoje, doctor. isauro: iclaro que tengo

que enojarme! marina: no, porque usted sabe

todo lo que he aprendido en el campo.

he aprendido a distinguir el canto de cada pájaro,

a poder sentir el calor del sol y saber la hora del día,

a poder adivinar cuándo viene el viento,

cuándo va a venir la lluvia y también a distinguir las plantas

por su olor para poder ayudar a mi mamá.

isauro: perdóname, bonita, perdóname.

es que hoy no me he sentido bien.

marina: ¿por qué, doctor? ¿qué le pasa, está enfermo,

tiene fiebre? perdóneme, ya sé que a usted

no le gusta que lo toquen. de verdad, lo siento--

isauro: no, no es eso. tú sabes que yo uso algo

en la cara para taparme la cicatriz del rostro.

marina: usted está molesto conmigo, doctor.

isauro: no, bonita. yo jamás podría

enojarme contigo, eres lo único que

me alegra el día. marina: a mí me alegra venir

a ayudarlo y a visitarlo. supe que fue a buscarme

y platicó con mi mamá. isauro: sí.

quiero ofrecerte una vida distinta,

un futuro mejor. ven conmigo a la ciudad,

te lo ruego. alberto: perdón, me-- me--

me equivoqué de persona. marina: yo no podría

dejar a mi mamá sola. isauro: no, bonita,

no has entendido nada, eso no sería ningún problema.

por supuesto que ella vendría con nosotros.

marina: pero ella no podría ser feliz en otro lugar y lo más

seguro es que yo tampoco. además, el pobre toribio

se moriría de tristeza si yo me fuera lejos de aquí.

isauro: ese tipo no es nada tuyo.

marina: es mi amigo y me necesita.

isauro: es que tú no entiendes, en esta ciudad,

en este pueblo no vas a lograr nada, no vas a llegar a nada.

marina: doctor, pero usted ya sabe que todo lo que

he aprendido es por usted y sé que puedo aprender mucho más.

no necesito otra cosa, doctor, yo soy feliz aquí.

¿entonces qué dice?, ¿atenemos a los pacientes?

isauro: como siempre, tú ganas. sólo dime algo,

¿algún día vas a dejar de hablarme de usted?

marina: no puedo hablarle de otra manera, doctor, ya sabe

que le tengo mucho cariño y respeto,

además del inmenso agradecimiento.

por eso, yo voy a quererlo siempre.

siempre. [música]

[música] prudencia: ¿cómo estás?

alberto: bien, bien, pensé que se me había olvidado

montar a caballo, pero lo que bien se aprende, no se olvida.

prudencia: ¿y cómo vas con vanesa, estás enamorado?

alberto: ella a sido mi novia desde hace muchos años

y básicamente es mi primera relación.

prudencia: eso no es estar enamorado.

cuando uno está enamorado dice claro que sí,

me fascina, quiero casarme-- alberto: su manera de ser

también me ayuda mucho a salir y no estar tan clavado

en los libros, a divertirme. prudencia: eso

es lo que me preocupa, que sea más costumbre que amor.

alberto: pero es que hoy en día ya no son como antes las

relaciones, ya no es tan romántico, ya...

luis: ♪ necesito una flor, una flor...♪

ay, ay, prude, me vas a hacer llorar, hombre,

no le hagas caso a las tontas, absurdas ideas que está

diciendo tu madre. tú mejor que nadie, sabes

perfectamente, es más, lo hubieras podido conocer

una mujer más bonita como mi vanesita,

está chula la condenada. seguramente eres la envidia

de todos tus cuates. alberto: su caracter,

tiene mucho carácter, su porte. prudencia: porque se la pasa más

en el gimnasio de la escuela. luis: pues si se la pasa más

en el gimnasio, eso quiere decir que es una mujer que se ocupa

en ser sana, saludable. prudencia: claro, claro.

luis: a mí nada más me dieron un hijo, ¿qué te cuento?,

pero mi vanesita como es una mujer sana, me va a llenar esta

casa de muchos nietos. prudencia: ajá, igualito que tú.

alberto: mi mamá sólo tuvo un hijo y qué hijo tuvo.

luis: ni lo digas, eres un semental

igual que tu padre. prudencia: igualito.

luis: me siento muy orgulloso de ti, hijo,

vas por muy buen camino, pero como decimos aquí

en el pueblo, formaliza esa relación cuanto antes.

hazme caso. alberto: lo voy a pensar.

con permiso. luis: descansa, mi hijo.

alberto: sí, pa. luis: ay, prude, prude, prude,

prude... no le estés llenando de humo

la cabeza a nuestro hijo con tus absurdas dudas.

prudencia: gracias. no son dudas,

es que me preocupa que no esté lo suficientemente enamorado.

luis: otra vez. el amor

es una cosa esplendorosa hasta que te cae tu esposa y se acaban

todas las ilusiones. prude, ¿qué me estás diciendo?

el amor, solamente la gente pobre se casa por amor.

tú y yo, los de alcurnia nos casamos únicamente

por conveniencia, ¿o qué?, ¿ya se te olvidó?

que viva el amor, que viva el amor.

paulino: ♪ correríamos descalzo sin prisa,

sin escondernos mostraríamos al mundo

el amor que nos tenemos te que presumiría a mi lado

si no fueras secreto ♪ ♪ y si ignoramos

lo que dicen de los dos y si rompemos el silencio

de una vez y si arriesgamos--

alberto: no sabía que pudieras tocar la guitarra así de bien.

paulino: es solo para pasar el rato, joven.

alberto: no, no, gracias, yo no sé tocar

ningún instrumento, mucho menos cantar.

paulino: pero sabe salvar vidas y curar las dolencias, doctor.

alberto: bueno, todos aprendemos a hacer algo.

mi sueño frustrado es tocar un instrumento

y me gustaría aprender un poquito más de lo que se hace

aquí en el rancho. paulino: yo no creo que usted

sea persona de campo, doctor. alberto: tú has vivido aquí

toda la vida, ¿verdad? paulino: toda la vida,

sí. el aire puro, la naturaleza,

el campo es lo que me gusta. alberto: ¿qué tal te va

con las mujeres? ¿conoces a muchas?

paulino: ¿por qué lo pregunta? alberto: no, por nada.

yo conocí a una chica muy especial.

paulino: ¿cómo que especial? [música]

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