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"Ocean's Thirteen" Tercera aventura de Clooney y compañía
 |  WARNER BROS. Pictures Una carta ganadora |
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Llega otra tercera secuela de la temporada. La simpática banda de ladrones sofisticados se junta una vez más, con el noble y simple propósito de vengarse del daño causado a uno de los suyos. Esta vez el villano es el legendario Al Pacino, y para asestarle un duro golpe, George Clooney y compañía se ven obligados a recurrir a la ayuda de un viejo enemigo, Andy García, quien a su vez pone ciertas condiciones. Ocean's Thirteen se estrena el 8 de junio. Consigue aquí tus entradas. La venganza es dulce
La historia comienza con un encapuchado Rusty Ryan (Brad Pitt) en pleno robo, interrumpido por una llamada a su celular: es Danny Ocean (George Clooney) y es urgente. Uno de los once originales y mentor de Danny, Reuben Tishkoff (Elliott Gould) ha sido traicionado por el despiadado Willy Bank (Al Pacino), que se queda con su casino y hotel en Las Vegas y lo deja al borde del infarto. De hecho, el pobre va a dar al hospital.
Más rápido que volando, Danny organiza el gran golpe a Bank, inflitrándose en su organización de todas las maneras posibles. El villano no se imaginó lo que la banda le prepararía como dulce venganza. Ya no están allí por el dinero, sino por el honor y, sobre todo, por la salud del enfermo. No va a ser fácil, pues la casa siempre gana. Pero Danny sabe cuál es el punto débil de Bank: su enorme ego y su orgullo de haber ganado el premio real de cinco diamantes en cada uno de sus hoteles. Además faltó al código del "apretón de manos de Sinatra" (una referencia al original Danny Ocean de 1960).
Mientras que tanto Julia Roberts como Catherine Zeta-Jones han quedado fuera del panorama, la nueva fémina en integrarse al elenco es Ellen Barkin, como la implacable Abigail Sponder, mano derecha de Bank. Los demás son los de siempre, comenzando por el tercero en la jerarquía, Linus Caldwell (Matt Damon), quien a pesar de que no lo toman muy en serio, consigue una importante función al hacerse pasar por el asistente de un falso ricachón chino, con una ridícula prótesis en la nariz y una feromona que hace que Abigail se derrita, para robar los diamantes.
Don Cheadle es Basher Tarr, el genio de la mecánica, que mientras prepara un gigantesco taladro para derribar la torre Bank, le envía cartas de aliento a Reuben para sacarlo de su depresión y se hace pasar por un famoso motociclista para distraer al villano. Bernie Mac es Frank Catton, un maestro del dominó que se las arregla para ganar un puesto en el casino. Eddie Jamison es Livingston Dell, el mago de la electrónica que esta vez debe arreglar las barajadoras de cartas, pero no le va muy bien y tiene que pedir ayuda a Roman Cohort (el británico Eddie Izzard), también contactado por Ocean.
Los hermanos Virgil y Turk Malloy están encargados de los dados. Virgil (Casey Affleck) va a México -previo bigotazo postizo- para infiltrarse en la fábrica, pero se involucra en una huelga de los mal pagados obreros y de paso nos entrega algunas de las líneas más cómicas de la película, cuando se comunica con un pésimo español con los mexicanos. Turk (Scott Caan), después de trabajar en Las Vegas, va a buscar a Virgil y termina arrojando una bomba incendiaria en la fábrica.
El actor chino Shaobo Qin repite su papel como el acróbata Yen y se infiltra en el casino haciéndose pasar por el enigmático ricachón, Mr. Weng. Carl Reiner, por su parte, vuelve a ser Saul Bloom, pero entra al casino como Kensington Chubb, supuesto calificador del hotel para otorgarle las cinco estrellas, mientras que el verdadero inspector (David Paymer) es literalmente maltratado.
Finalmente, el viejo enemigo de Ocean y compañía, Terry Benedict (Andy García) se convierte en su improbable aliado: necesitan su dinero y él odia a Bank por haberle hecho sombra a su piscina. Pero a cambio exige los diamantes, que no eran parte del plan y ciertamente lo hacen más complicado.
Pero complicado no es el nombre de este juego. Es una película sin duda entretenida, aunque igualmente inconsecuente que las anteriores. Un desfile de estrellas a las que les cuesta trabajo obtener suficiente tiempo ante las cámaras y en el que no hay una situación de peligro evidente. Sólo una comedia de suspenso en la que uno más o menos se imagina cómo va a terminar, sin importar mucho los detalles y con pocas sorpresas.
Sin embargo, dudo que alguien se pueda hacer ilusiones a estas alturas. Ocean's Thirteen, nuevamente bajo la dirección de Steven Soderbergh, está clasificada PG-13 por una breve escena de sensualidad, para hacer juego con el título y para asegurarse que los adolescentes la vayan a ver y contribuyan al taquillazo.

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