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Florida

Expulsados del paraíso

El huracán Irma dejó en Florida más de medio centenar de muertos, varias zonas del estado devastadas y puso al descubierto la falta vivienda asequible.

Por Lorena Arroyo, Nacho Corbella y Esther Poveda

Hay varias imágenes difíciles de olvidar relacionadas con Irma en Florida: las filas de millones de carros viajando hacia el norte, tratando de huir de la potencial trayectoria de la tormenta, las calles del barrio financiero de Miami, Brickell, como ríos, y después la destrucción de los Cayos y de algunas zonas de la costa oeste.

El huracán además intensificó varias crisis de vivienda que ya sufría Florida. En los Cayos, dejó sin sus casas a miles de personas, principalmente trabajadores del sector servicios que se plantean irse de esta cadena de islas porque ya no se pueden permitir una vivienda allí; en la costa oeste, los más afectados fueron los campesinos migrantes de Immokalee que vivían en tráilers y casas en mal estado que no aguantaron el huracán; en Miami, acrecentó el temor de la gentrificación climática.

Estas son sus historias, que también relatan cómo el cambio climático podría acelerar la expulsión de los más pobres de sus hogares.

Miami

“Esto será un patio de ricos”: El cambio climático acelerará la expulsión de los pobres

Miami respiró con alivio tras el paso de Irma. Pese a que la ciudad esquivó el peor escenario (el impacto directo de un huracán categoría 5), cientos de miles de personas dejaron sus casas cercanas a la costa y pusieron rumbo hacia el norte o a barrios del interior de la ciudad en un camino que se prevé que sigan millones de ciudadanos en las próximas décadas.

Videoreportaje

El cambio climático podría hacer este éxodo podría permanente. Los expertos advierten del surgimiento de la gentrificación climática: el desplazamiento de los residentes de los barrios más pobres de Miami, que también son los que están a mayor altura sobre el nivel del mar. Se prevé que el fenómeno reconfigure la costa del sur de Florida y transforme el mercado inmobiliario. Descubre más sobre el tema en este video.

Cayos de Florida

En el epicentro de la devastación: cómo Irma destruyó las casas de los trabajadores

Irma movió los cimientos de la potente industria turística de la cadena de islas más meridional de EEUU. Muchas de las viviendas destruidas por el huracán pertenecían a trabajadores. Sin casa para limpiadores, lavaplatos, cocineros, camareros, profesores o carpinteros, ¿hay lugar en el paraíso para los empleados?

Mientras millones de personas protegían sus casas con la esperanza de que sobrevivieran a Irma, a los teléfonos de los agentes inmobiliarios de los Cayos de Florida comenzaron a llegar mensajes y llamadas de compradores. Veían en el huracán una oportunidad para conseguir un espacio en la paradisiaca cadena de islas situadas en el extremo sur de Estados Unidos.

"Estoy interesado en Key West. No rechazaría una propiedad que necesite reparaciones con tal de que no esté completamente devastada", decía uno de esos mensajes el 5 de septiembre, cinco días antes de la llegada del huracán que estaba comenzando a barrer varias islas del Caribe. "Estoy deseando ver qué queda disponible en las dos próximas semanas :)”. “Desde el primer día, cuando ya se sabía que el huracán iba a pasar por aquí, tenía a gente llamándome buscando propiedades", dice Mila de Mier, una agente inmobiliaria que lleva 20 años trabajando en Key West, en uno de los mercados de vivienda más rentables de Florida.

Los destrozos de la tormenta revivieron el problema del poco espacio en un paraíso codiciado por turistas y visitantes

De Mier siguió recibiendo decenas de mensajes en los días posteriores al huracán, cuando las autoridades aún no permitían a los vecinos que evacuaron regresar a sus casas. Decían que tenían 'cash' para comprar de manera inmediata, que no les importaba si la vivienda era pérdida total: querían comprar algo en cualquier punto de la zona cero de la devastación de Irma en Estados Unidos.

De Mier siguió recibiendo decenas de mensajes en los días posteriores al huracán, cuando las autoridades aún no permitían a los vecinos que evacuaron regresar a sus casas. Decían que tenían 'cash' para comprar de manera inmediata, que no les importaba si la vivienda era pérdida total: querían comprar algo en cualquier punto de la zona cero de la devastación de Irma en Estados Unidos.

El 10 de septiembre Irma llegó a los Cayos como un huracán de categoría 4 con vientos de 130 millas por hora e inundaciones provocadas por la marea ciclónica. Los destrozos de la tormenta revivieron el fantasma de un viejo problema en la zona: el poco espacio en un paraíso codiciado por turistas y visitantes, que deja con pocas opciones de vivienda a los trabajadores de las islas.

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“El que quiera tirar la toalla, los buitres están volando”, dice una agente inmobiliaria de los Cayos

El área entre Cudjoe Key, a unas 20 millas al norte de Key West, y algunos cayos superiores como Big Pine, Marathon o Islamorada se llevaron la peor parte. Irma dejó un panorama de barcos y casas móviles destrozados, apartamentos inundados, tejados volados y árboles y líneas eléctricas por los suelos.

La tormenta hizo el trabajo de aplanadora que algunos especuladores esperaban. Según los primeros cálculos hechos por el condado de Monroe, al que pertenecen los Cayos, más de 10,000 viviendas (más del 18%) resultaron dañadas. Buena parte de los afectados son trabajadores que ahora no pueden encontrar opciones asequibles de vivienda y que se plantean dejar las islas. Si optan por salir, advierte De Mier, no faltará quien ocupe su lugar en ese paraíso. “El que quiera tirar la toalla, los buitres están volando”.

El huracán ha empeorado tanto la situación inmobiliaria de los trabajadores de la zona que el que era entonces el alcalde del condado de Monroe, George Neugent, estimó que podría expulsar a un 20% de los empleados de los que depende el potente sector turístico.

Para la agente inmobiliaria, Irma marca el inicio de una “epidemia” que va a dejar a mucha gente en la calle. Su compañía, Southern Most Reality, pasó de tener más de 200 propiedades en alquiler al mes a sólo una en octubre. “La demanda es increíble: tengo tantas y tantas llamadas diarias. Y todo el mundo tiene una historia: ‘Mira, que necesito una propiedad, que tengo hijos, que tengo perros, que tengo….’ Y ahora que la temporada está empezando, toda esta gente que se ha quedado sin propiedad tiene que competir con los turistas”, señala.

Un árbol cayó sobre el tráiler en el que vive Jorge, un nicaragüense residente en Key West. Ahora, una lona azul cubre su cuarto para evitar que entre el agua cuando llueveNacho Corbella / Univision

El área entre Cudjoe Key, a unas 20 millas al norte de Key West, y algunos cayos superiores como Big Pine, Marathon o Islamorada se llevaron la peor parte. Irma dejó un panorama de barcos y casas móviles destrozados, apartamentos inundados, tejados volados y árboles y líneas eléctricas por los suelos.

La tormenta hizo el trabajo de aplanadora que algunos especuladores esperaban. Según los primeros cálculos hechos por el condado de Monroe, al que pertenecen los Cayos, más de 10,000 viviendas (más del 18%) resultaron dañadas. Buena parte de los afectados son trabajadores que ahora no pueden encontrar opciones asequibles de vivienda y que se plantean dejar las islas. Si optan por salir, advierte De Mier, no faltará quien ocupe su lugar en ese paraíso. “El que quiera tirar la toalla, los buitres están volando”.

El huracán ha empeorado tanto la situación inmobiliaria de los trabajadores de la zona que el que era entonces el alcalde del condado de Monroe, George Neugent, estimó que podría expulsar a un 20% de los empleados de los que depende el potente sector turístico.

Para la agente inmobiliaria, Irma marca el inicio de una “epidemia” que va a dejar a mucha gente en la calle. Su compañía, Southern Most Reality, pasó de tener más de 200 propiedades en alquiler al mes a sólo una en octubre. “La demanda es increíble: tengo tantas y tantas llamadas diarias. Y todo el mundo tiene una historia: ‘Mira, que necesito una propiedad, que tengo hijos, que tengo perros, que tengo….’ Y ahora que la temporada está empezando, toda esta gente que se ha quedado sin propiedad tiene que competir con los turistas”, señala.

Sin lugar en el paraíso

Entre quienes están tratando de buscar un lugar asequible para rentar está Yoly Navamuel, una cubanoestadounidense delgada y enérgica que, hace ocho años, eligió un parque de tráilers en Plantation Key para disfrutar de su jubilación junto a su esposa.

Aunque todavía le faltaba tiempo para retirarse, Navamuel decidió dejar atrás las largas jornadas como agente hipotecaria en Miami para irse a vivir a los Cayos y trabajar como mesera. Se compró un tráiler antiguo por 20,000 dólares y, gracias a un dinero que sacó por adelantado de su plan de jubilación, lo rehabilitó y decoró a su gusto.

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De paraíso para el retiro a zona de desastre: el futuro incierto en un parque de tráilers de los Cayos

"Era una vida de lo más rica aquí. Tú sabes, en Miami trabajábamos 20 horas diarias. Aquí no. Aquí trabajas de 10:00 am a 4:00 pm; a las 5:00 pm estás en tu casa tomándote tu margarita, mirando al agua”, recuerda. “Teníamos un porche desde donde nos sentábamos a ver el mar. Venías del bote y te podías tomar un baño viendo las estrellas". Sí, a sus 55 años, a Yoly le tocaba seguir sonriendo a los clientes para sumar propinas decentes a su salario. Pero, con eso y con lo que ganaba su mujer como profesora en un colegio de la isla, emprendieron una nueva vida feliz y relajada en su tráiler con vistas al mar.

Hasta que llegó Irma y se lo llevó todo: el huracán inundó y golpeó el hogar que habían construido y el restaurante en el que trabajaba. En unas horas, se quedó sin casa y sin empleo. Ahora, del edén que recuerda sólo queda el mar. El resto es una explanada de la que, semanas después de la tormenta, ya habían sacado toneladas de escombros y donde aún se podían ver algunas casas móviles maltrechas.

"Ese tráiler estaba allá y mira, lo desplazó hasta aquí el mar", dice apuntando a un lado. "Aquí había un hombre que llevaba 40 años, un viejito, y el tráiler de él is gone (ya no está) … Pobrecito", añade intercambiando inglés y español, mientras pasea por el parque de tráilers Sea Breeze.

El huracán puso patas arriba su mundo y el de las más de 100 familias que vivían allí, la mayoría trabajadores o jubilados que lograron reunir lo suficiente para comprarse un tráiler y alquilar el terreno.

Pero Irma también sentenció a muerte a su barrio. Tras el huracán, la compañía que gestiona el parque de tráilers Sea Breeze cerró los accesos al mismo. Durante el día, una guardia de seguridad se asegura de que sólo entren los residentes que quieren recuperar las pocas pertenencias que quedaron en pie.

Después llegarán las excavadoras para llevarse todo. Al menos eso asegura Navamuel que le dijeron los administradores de Sun Communities, la empresa encargada del parque: "Nos dijeron que va a tomar sobre un año o un año y medio para volver. Que van a tumbar todos los tráilers. Nos están pidiendo los títulos para arrollarlo y llevárselo como chatarra", explica.

Univision Noticias ha contactado con Sun Communities para tratar de confirmar esta versión y no ha obtenido respuesta. Pero si cumplen con lo que prometieron a Navamuel, no sería la primera vez que en los Cayos se tira abajo un parque de tráilers de trabajadores para dejar paso a un desarrollo urbanístico de lujo, mucho más rentable para sus propietarios. Sustituir parques de tráilers por viviendas es una opción beneficiosa para los constructores, explica De Mier, pues el tiempo de espera para conseguir los permisos es menor.

Mientras Navamuel y su mujer siguen adelante con la difícil misión de buscar una renta asequible en los Cayos, muchos de sus vecinos han optado por marcharse. Ya lo hizo un matrimonio que, según cuenta, trabajaba en una planta nuclear cercana y decidió mudarse a Las Vegas después de perder dos tráilers (el suyo y el de un hijo), o una pareja de mujeres que puso rumbo unas millas al norte para comenzar de cero en Homestead.

"Nadie se puede permitir vivir aquí. ¿Quién puede pagar 2,000 pesos al mes?", se pregunta.

Durante décadas, parques de casas móviles como Sea Breeze han sido una de las pocas opciones de vivienda que se podían permitir los trabajadores de la zona. Pero los tráilers son de las construcciones más vulnerables a los huracanes y, con los destrozos causados por Irma, muchos de los afectados se preguntan ahora a dónde ir. La situación se agrava para los indocumentados. Temen pedir ayuda por su estatus migratorio y no les queda otra que vivir en tráilers semidestruidos o hacinados en viviendas de amigos.

Ese es el caso de María, como llamaremos para proteger su identidad a una hondureña de 35 años que lleva ocho viviendo en los Cayos. El tráiler que alquilaba por 1,200 dólares al mes se inundó dejando dos cuartos inhabitables, echando a perder sus pertenencias y buena parte del sistema eléctrico.

El huracán Irma dañó buena parte del trailer de esta hondureña en los Cayos. Ahora, la mujer duerme apiñada con su esposo y sus dos hijos de 8 y 12 años en la sala de estar. Nacho Corbella / Univision

Ahora, ella, su esposo y sus dos hijos de 8 y 12 años duermen apiñados en la sala de estar, donde, desde que regresaron a la isla, tienen siempre encendida una máquina para sacar la humedad.

Irma también ahuyentó a los turistas, así que, desde que pasó el huracán, el dueño del restaurante donde trabajaba María sólo abre algunos días. Entre eso y la falta de propinas, ahora dependen del salario de su esposo, que también es mesero. El arrendador del tráiler, una compañía con sede en Fort Lauderdale, no le responde si lo van a arreglar. Por eso anda buscando casa, pero sin papeles es aún más difícil, así que no descarta mudarse a tierra firme."No me gusta moverme, pero imagínese: debido a lo que está pasando, tal vez no encuentre aquí, tal vez me tenga que mudar para Homestead y no quiero", afirma.

Éxodo de trabajadores

Que Irma va a provocar un éxodo de trabajadores es algo que nadie ignora en los Cayos. Lo saben los dueños de restaurantes y negocios turísticos, que han visto cómo desde que pasó el huracán, varios empleados les anunciaron que se mudaban a otros lugares porque no tenían dónde vivir.

Lo saben también las autoridades: "Estamos muy preocupados y ya estamos viendo a trabajadores que dicen que no pueden permitirse reconstruir aquí o que su casero les ha dicho que va a subir la renta para hacer los arreglos y no lo pueden pagar", dice Heather Carruthers, la comisionada de Monroe asignada por el condado para atajar la crisis.

Pero este problema no es un nuevo aquí. Durante la crisis inmobiliaria de 2010, muchos trabajadores perdieron sus casas, que acabaron en manos de personas que deseaban una residencia para sus vacaciones en los Cayos. Según datos del condado, más del 40% de las construcciones de esa cadena de islas se usan como segundas viviendas.

Los estrictos códigos de construcción, que limitan las nuevas edificaciones, y la falta de espacio para levantar viviendas encarece los precios. Además, como sólo hay una carretera de entrada y salida (la US-1, que conecta a los Cayos con el resto de la península de Florida) las autoridades quieren limitar el crecimiento de población para asegurarse de que, en caso de un huracán, puedan evacuar a todos los residentes en 24 horas.

El equipo de Carruthers dice estar buscando soluciones para tratar de frenar la salida de los trabajadores del sector servicios, los profesores, las enfermeras, de la gente “que sostiene la comunidad”.

“Espero que podamos crear suficientes viviendas asequibles para que la gente que ama los Cayos y que ha hecho su vida en los Cayos pueda quedarse aquí. También nos gusta la gente que quiere tener segundas viviendas aquí, pero este es claramente un problema que tenemos que atajar”, reconoce.

El huracán revivió este dilema existencial que tiene los Cayos: encontrar un equilibrio entre las demandas del sector turístico y las de los trabajadores que lo sostienen.

“Querían deshacerse de los botes y los tráilers e Irma lo hizo”

Esa encrucijada quedó reflejada a mediados de octubre cuando las autoridades se apresuraban para poner todo a punto para el Fantasy Fest, una celebración que inaugura la temporada alta de turismo en Key West.

Mientras el periódico local Keynoter recomendaba “tomarse un descanso de Irma” por la llegada del festival y los equipos de limpieza hacían desaparecer las montañas de escombros en la carretera, muchos de los que perdieron sus casas por el huracán no sabían dónde irían a vivir la semana siguiente.

Algunos afectados temían que les sacaran de los hoteles donde los habían acomodado para dar paso a los visitantes, que en temporada alta pueden llegar a pagar el triple por una habitación.

“Veo que están limpiando las carreteras y que están más preocupados por el turismo que por si esta gente va a volver al trabajo”, se lamentaba Karen Carter, una mujer de 52 años originaria de Tennessee. A esta rubia con pelo ondulado hasta la cintura, aspecto juvenil y voz cascada, Irma le arrebató el barco en el que vivía con su novio en Ramrod Key, a poco más de 5 millas de donde el huracán tocó tierra. Planeaban recorrer el Caribe a bordo de la nave cuando ella se jubilara.

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Karen perdió el barco en el que vivía con Irma y dice que nunca ha estado tan perdida en su vida

Además, también perdió su trabajo en una empresa procesadora de pepinos de mar, un animal marino que cosechaban y enviaban a China, donde es muy valorado por sus propiedades gastronómicas y medicinales. Las instalaciones de su compañía quedaron totalmente devastadas: los contenedores de almacenaje apilados unos sobre otros y las líneas de electricidad “enredadas como si fueran espagueti”, según describe.

El huracán transformó completamente la visión del paraíso al que llegó hace ocho años: ahora se le asemeja más a un territorio arrasado por una bomba. Dice que nunca se ha sentido tan perdida en su vida.

“Antes las cosas eran más fáciles antes aquí. Pero las cosas son más fáciles para los ricos. Querían deshacerse de los botes y los tráilers e Irma lo hizo”, lamenta.

Eligió vivir en un barco porque era lo único que podía pagar. Si antes de Irma había pocas viviendas que se pudiera permitir, con las casas que se vinieron abajo tras el huracán, el problema del acceso a la vivienda se convirtió en una crisis para trabajadores como ella.

Ocho de sus amigos ya se han ido para no volver. “Esto es lo que va a hacer Irma con los Cayos. No se pueden permitir vivir aquí”, dice. Y si ella tuviera una oferta, también se marcharía. “Cuesta mucho vivir aquí. Lo tienes que querer mucho”.

Immolakee

Los tráilers de los campesinos migrantes, en primera línea de la destrucción

Después de pasar por los Cayos, el huracán Irma se dirigió a la costa oeste de Florida tocando tierra con categoría 3 en Marco Island. Ni en esa localidad ni en la vecina Naples, ciudades costeras conocidas por ser destino de jubilados con alto poder adquisitivo, se vieron grandes escenas de devastación.

A más de 50 millas del ojo del huracán, en Immokalee, Irma dejó decenas de casas destrozadas, principalmente tráilers de campesinos, que también sufrieron pérdidas en los campos donde trabajan. La crisis de vivienda desatada por Irma ha llevado a algunos grupos a mirar al futuro y pensar en soluciones para ofrecerles casas más resistentes a los trabajadores.

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Los trabajadores agrícolas de Immokalee a los que Irma dejó sin techo y sin trabajo.

El 4 y el 5 de septiembre, la víspera del huracán, la mayoría de los agricultores de Immokalee ha decidido evacuar sus casas y refugiarse en construcciones de concreto más seguras y albergues o viajar a otros estados como Georgia, las Carolinas o Tennessee. Para muchos, se trata un viaje familiar: migran por temporadas para trabajar en el campo en esos lugares. Ellos nos cuentan en sus propias palabras cómo vivieron esos días.

Rafaela, agricultora de 37 años nacida en Hidalgo (México). Tiene cuatro hijos y un quinto en camino:

“Cuando yo comencé a escuchar los rumores de que venía un huracán, yo no lo tome en serio, la verdad. Mi esposo me dijo que saliéramos de aquí, pero yo le dije que no porque no teníamos suficiente dinero para salir y la troca que teníamos no servía, no tenía aire acondicionado y mover a todos los niños no era fácil.

Pero, cuando se fue acercando más el huracán, mi miedo era por los pinos que están alrededor de la casa, que se fuera a caer alguno de ellos. En la noche, una amiga me habló y me dijo que mejor era su apartamento y nos fuimos para allá con ella. Nuestra sorpresa fue cuando regresamos”.

Beatriz Yago, profesora de Immokalee Community School, una escuela primaria que da prioridad a hijos de campesinos migrantes:

“Los niños sí estaban asustados porque ellos oyen lo que dicen sus papás y se imaginan lo peor. Pero, como maestra y como adulto, tú tienes que asegurarles que todo va a estar bien. Lo que yo les dije a mis estudiantes, porque muchos de sus papás no saben leer, que el trabajo de ellos era enseñarles a sus papas los papeles de la lista de albergues y decirles: ‘Estos son los lugares a donde nosotros podemos ir si no nos sentimos seguros’”.

Julia Perkins, Coalition of Immokalee Workers, organización que trabaja por los derechos de los trabajadores agrícolas y por salarios dignos.

“Dadas las condiciones de la vivienda, sabíamos que cualquier efecto de Irma iba a ser bastante grande para la comunidad trabajadora, porque no tenía que ser una categoría 4 ó 5 para hacer daños grandes a las viviendas en las condiciones en que están. Entonces, empezamos a comunicar a la gente la necesidad de cuidarse, cómo se tenían que preparar porque nadie debe de quedarse en un tráiler durante una tormenta así.

El 7 de septiembre, el día después del paso del huracán Irma, los trabajadores agrícolas comenzaron a regresar a sus casas. Muchos de los que vivían en tráilers se encontraron con techos volados, cuartos inundados o casas completamente destruidas. Los campos en los que trabajan también sufrieron daños. Según datos del condado de Collier, al que pertenece Immokalee, de las 1,196 viviendas que fueron destrozadas o sufrieron fuertes daños por Irma, 866 eran tráilers (más de un 72%).

Rafaela:

“Cuando regresé a mi casa fue algo muy triste. Cuando miré el cuarto ya no tenía nada, el mueble se destruyó, la tele se cayó, la ropa de los niños, la cama, estaba todo mojado… En la sala todo estaba todo destruido allí, liqueando (goteando) agua por todos lados. El techo de aquí nos fuimos a encontrar por allá, por la calle de allá fuimos a encontrar las láminas. Como pudimos las recolectamos de nuevo para atrás. Las pusimos, pero seguía liqueando agua.

Me quedé en la sala con mis hijos, en la cama que está ahí. Duermo yo, mi esposo y dos niños, y en el otro cuartito duermen las dos niñas”.

Héctor, estudiante de 7 años, hijo de Rafaela:

“El huracán le pegó al techo del cuarto de mi mamá y luego, cuando mi mamá fue al cuarto suyo, ella estaba llorando porque había cosas rotas. El cuarto se destruyó del huracán y luego mi papá lo tenía que construir con todas las cosas.

Todavía estamos en la misma casa, pero algún día, cuando tenga más dinero, ella va a comprar una y nos vamos a mover”.

Beatriz Yago:

La semana después del huracán trabajé de voluntaria dando comida y agua. Yo me encontraba a muchos de mis estudiantes y padres. Entonces, obviamentelos niños están muy chiquitos para saber lo que está pasando.Ellos no más pensaban que no había escuela porque no había escuela, pero a los padres sí se les veía en sus caras un poco de cansancio, de preocupación porque no iban a tener ni trabajo porque los campos estaban todos llenos de aguan.

Además, muchos papás tenían miedo y todavía tienen miedo y me pidieron ayuda porque son indocumentados”.

Florida es el estado con mayor número de tráilers de Estados Unidos. Irma demostró que, sin buenas medidas de seguridad, son las viviendas más vulnerables a este tipo de fenómenos.

En una ciudad como Immokalee donde, según el censo de 2010, el 75% de la población es de origen latino y el 43% vive bajo la línea de la pobreza, muchos agricultores hispanos que trabajan en los campos de tomate, chile o cítricos no se pueden permitir otro lugar para vivir.

Los trabajadores agrícolas indocumentados, además, no pueden solicitar ayudas cuando son golpeados por huracanes o no se atreven a hacerlo por miedo:

Zulaika Quintero, directora de Immokalee Community School:

“En el colegio, tenemos como unas 10 ó 15 familias con la mitad de sus tráilers dañados. Si no se destruyeron, entró mucha agua, porque los tráilers no están en las mejores condiciones que digamos. Son viviendas que ya ni se deben de ofrecer, pero es lo único que hay y es lo único que nuestros padres pueden pagar. Y por eso viven como dos familias por tráiler a veces, a veces hasta más porque (la vivienda) está cara y es lo único que se les renta, por no tener documentos”.

Julia Perkins:

“Aunque el pago (de los salarios en el campo) depende mucho de la semana, un trabajador puede ganar unos 200 ó 300 dólares en una semana regular. Para vivir, la gente paga, usualmente, por semana, unos 60 dólares por persona en tráilers donde hay hasta 12 personas viviendo. En algunos tráilers que pagan por familia son 300 dólares la semana. Eso es más de 1,200 ó 1,550 dólares al mes.

Los trabajadores que vienen aquí y no tienen familia son siempre son los últimos en la lista de las personas que van a recibir cualquier apoyo o ayuda. Pero son los que hacen que nosotros, todo el resto del país, comamos”.

Rafaela:

“El inspector de FEMA (la agencia federal del manejo de emergencias) que vino se conmovió y dijo: ‘¡Cómo es posible que estés viviendo aquí con los niños, si esto es inhabitable!’ Le dije: ‘No tengo a donde ir’. Y me dijo: ‘Yo te voy a mandar a un segundo inspector para que te ayude lo más pronto posible por los niños’. Y nunca mandaron al otro inspector y hasta la fecha nadie nos ha hablado ni nos ha venido a ver.

Encontrar renta aquí es demasiado difícil. Si se da cuenta, por casa hay hasta dos familias viviendo. Apenas se desocupa una casa, ya está ocupada por otra familia. Yo fui y pregunté dos veces a los apartamentos que tiene de asistencia el gobierno diciéndoles que el techo de mi casa se había volado, que no tenía donde meter a mis hijos y me piden talones de cheques de la labor. Yo gano cash (efectivo), lo que le puedo traer es una carta y me dicen que no. En el otro que no porque no era residente o no era ciudadana. Entonces, yo no entiendo cuál es la ayuda de gobierno que dan esos apartamentos. Era una emergencia, era una necesidad”.

El huracán agravó el problema de falta de acceso a la vivienda para los trabajadores agrícolas. Algunos en Immokalee han empezado a pensar en un futuro con mejores casas para los trabajadores:

Beatriz Yago:

“Yo creo que (el huracán) fue como una llamada de despierta para muchos adultos e incluso para los niños, para que ellos sepan. ‘Oh, esto pasó cuando yo estaba chiquito, ahora yo ya sé lo que tengo que hacer como adulto’.

Nosotros tenemos una unidad en segundo grado de huracanes. Decidimos leerlo en abril porque en Florida los huracanes son de junio a octubre para que los niños sepan cómo prepararse: con que sea una bolsita chiquita, una mochila que tengan con luz, con un cambio y algo así para que ellos estén listos para el futuro y para que sepan lo que tienen que llevar en su bolsita”.

Julia Perkins:

“Aquí en Immokalee, ya hay mucha gente tratando de pensar en formas de arreglar esta situación y también saben que debemos pensar más a largo plazo en un proyecto de vivienda decente y asequible para los trabajadores. Debemos pensar en cómo las casas pueden sostener vientos de huracán, pero eso es algo que va a tomar más tiempo.

Debemos tener más opciones para los trabajadores, opciones decentes, opciones donde no tengan que preocuparse que se va a volar el techo, que saben que está construido para sostener una tormenta. La gente trabajadora merece una casa decente, merece vivir en lugares donde no tienen que estar preocupándose por goteras en el techo, por estar demasiadas personas viviendo en un lugar, deben estar más tranquilos, en un lugar donde cualquier persona se sentiría cómodo en vivir”.

Un especial de Lorena Arroyo, Nacho Corbella y Esther Poveda
Todos los créditos

Proyecto: Univision Noticias

Textos: Lorena Arroyo, Elaine Díaz Rodríguez (Cuba)

Video: Nacho Corbella, Esther Poveda, Almudena Toral, Andrea Patiño, Laura Prieto, José Luis Osuna, Mauricio Rodríguez-Pons, Ricardo Weibezahn

Diseño y desarrollo: Juanje Gómez

Coordinación: Nathalie Alvaray, Selymar Colón, José López

Fotografía: Nacho Corbella, Esther Poveda, Lorena Arroyo

Edición de textos: María Sánchez Díez

Datos: Ronny Rojas, Dilia Márquez, Antonio Cucho

Redes sociales: María Carolina Hurtado, Esther Poveda, Nacho Corbella, Ricardo Weibezahn

Producto digital: Daniela Jaramillo

Traducción: Julie Schwietert Collazo, Melvin Félix

Edición de textos en inglés: David Adams, Jessica Weiss, Mónica Isola

Apoyo: Maye Primera, Inger Díaz, Alejandra Vargas, Patricia Clarembaux, Patricia Vélez, Carmen Graciela Díaz, Luis Velarde, David Maris, Angélica Gallón