Hace un año el huracán María devastó Puerto Rico y el sistema de salud colapsó. Algunos se aferraron a los pocos servicios disponibles, otros inventaron sus propias soluciones para seguir con vida en una isla que se siente discriminada y olvidada por el gobierno de Estados Unidos.
La isla quedó a oscuras y sin comunicaciones.

Y cuando los enfermos crónicos y los heridos buscaron tratamiento se encontraron con que los hospitales no prestaban muchos de los servicios.
El gobernador Ricardo Rosselló admitió que los protocolos de atención de desastres de Puerto Rico eran “insuficientes” y dijo que los médicos no estaban preparados para documentar las muertes con precisión en medio de una catástrofe.
FEMA reconoció en 2018 las fallas en su asistencia a la isla: admitió la poca preparación del personal local para responder a un huracán de categoría 4, como María.
Puerto Rico cuenta con 69 hospitales, públicos y privados. Algunos serán demolidos, como el de la isla de Vieques. Otros ya prepararon a sus médicos con nuevos protocolos para responder a otro gran huracán, como el hospital Dr. Federico Trilla, ubicado a 11 millas de San Juan.
La escasez de médicos agrava la crisis de la salud: solo quedan 9,000 en toda la isla; 5,000 menos que en 2006.


“Aunque había vivido otros huracanes, nunca había vivido una experiencia tan ardua como la de María. Ahora nos hemos preparado en cuestión de los radios. Hemos ido cambiando a lo análogo, porque ya vimos que lo digital se fue todo al piso durante María”.


“Yo diría que todo el país va a estar más preparado de lo que estuvimos con María. Te puedo decir que muchas de las clínicas tienen ahora dos o tres generadores de energía, tienen paneles solares para al menos energizar el área de emergencia o el área de medicamentos o de vacunas”.

“Yo no puedo olvidar un ciudadano de mi pueblo que se suicidó una mañana, y por la tarde le llegó la luz al área donde él vivía. Esa fue una cosa que realmente a todos nos conmocionó”.

“Ya han anunciado varios huracanes en el Atlántico y emocionalmente uno no está al 100%. No veo las noticias, las evito por eso mismo. Me da miedo perder lo poco que he ido teniendo. Uno puede sentir que está bien, pero no lo está. Se me hace bien difícil hablar del tema”.

“Un día, una tormenta pasó lejísimo, y estuvimos más de 24 horas sin luz. O sea, que la ventaja es que ya estamos preparados con la planta. Pero sabemos que si hace una tormenta de viento considerable, el sistema no va a resistir”.


“Si Puerto Rico volviese a sufrir la situación de María, no sé lo que haría porque yo sufrí mucho con las consecuencias de ese huracán. Esta casita temblaba y yo decía: ‘Esto en cualquier momento se derrumba también’. No había nada, no había otro refugio.