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Por Ella Soy Eva Capítulo 54

Univision2 Dic 2019 – 12:00 AM EST

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santiago: mmm.

patricia: ¿ya estás

sorprendido, pollo?

santiago: mira cómo me tienes,

mira.

patricia: ¿cómo, dime cómo,

excitado, emocionado,

ilusionado?

santiago: todo eso, bebé--

patricia: oye, eh, mañana nos

tenemos que ir a ver

el departamento nuevo donde

nos vamos a cambiar.

hay muchos acabados que no

me gustan, por ejemplo el

material del piso no me gusta,

amor, y los muebles del baño

están muy chafas, va a haber

que invertir mucho--

santiago: sí, lo que tú quieras,

pero para eso quedémonos aquí.

patricia: ya hablamos de eso,

acuérdate que dijimos vida

nueva, depa nuevo, y de

superlujo, digo, este está

muy nice, pero aquel estaba

supernice.

santiago: está bien, lo que

digas--

patricia: ay, pollo, ya, ya me

tengo que ir, amor, ya.

ve nada más cómo estás, pollo.

ya.

eva: tú también.

¿qué viene?

es marcela, ella...

ay, marce, por dios,

pero ¿qué hiciste?

estabas casi semiencuerada.

mimí: tápese bien, hija--

marcela: quisiera que la tierra

me tragara ahora mismo.

mimí: pues, a mí lo que sea

de cada quien, el modelito sí

me gustó--

eva: respeto, por dios, respeto.

cuéntanos que te pasó, ¿por qué

en la calle así tan ligerita de

ropa, marce, qué fue?

marcela: es que le quería dar

una sorpresa a mi marido,

pero todo salió mal.

seguí sus consejos,

mimí, compré velitas y puse

pétalos de rosa y me compré

esta cosa, pero luego se me

cerró la puerta de mi casa

y me quedé afuera.

claro, ríanse,

como no eran ustedes las que

estaban ahí semidesnudas

en la calle...

eva: no, la verdad, mira,

con todo respeto, pónganse

serios, pero la situación sí

da risa, la verdad.

marcela: por favor vámonos,

se los suplico, siento las

miradas de los policías,

me están viendo muy feo,

ya vámonos, han de pensar que

soy una teibolera.

mimí: no, marcelita, no diga

eso, teibolera no,

a lo mejor prostituta.

eva: oye, ¿y en lo que cobras

está el cuarto incluido?

fernando: ¿qué pasó, flaca,

dónde andabas,

y ahora tú,

qué te pasó, flaquita?

con qué fachas me recibes,

quedaste avisar para venir

a la casa y nunca hablaste,

te hablé a tu celular y no me

contestaste.

¿dónde te metiste o qué?

marcela: sabes qué, buenas

noches.

fernando: espérate, qué te pasó,

traes cara como si te hubiera

arrastrado el metrobus,

¿quiúbole?

marcela: solo quiero estar en

mi recámara.

helena: lalito, vete a cepillar

los dientes.

silvia: tómate tu café.

plutarco: helena, buenos días,

¿cómo le va?

helena: bien, gracias,

plutarco, buen día.

pase, por favor.

plutarco: ¿cómo están,

mi familia consentida?

eduardo: licenciado, bienvenido

a esta, su casa.

plutarco: favor que me hace,

teniente, señora, ¿cómo le va?

buenos días, un placer

saludarla.

algo no está bien, ¿verdad?

helena: es que llamó mario,

quiere ver a lalito en la tarde.

eduardo: yo ya le dije que no

tiene por qué dejar que lalito

vea a ese tipo.

helena: el problema es que

tiene derecho a verlo si quiere.

eduardo: pues, qué mal están

las leyes que le dan derecho a

un sinvergüenza bueno para nada.

silvia: siéntese, por favor,

le ofrezco un cafecito.

eva: buenos días, helenita.

helena: eva, disculpe que sea

tan directa, pero no tengo

ni las ganas ni el tiempo de

atenderla.

eva: disculpe usted, pero

tengo que decir una cosa

muy importante.

helena: a ver, dígame qué es

eso tan importante--

eva: plutarco se ha estado

viendo a escondidas con el papá

de lalito, ¿cómo la ve?

plutarco: esa mujer está loca--

eva: yo le juro que estoy

diciendo la verdad,

se lo juro.

helena: ¿eso es verdad--?

plutarco: por supuesto que no,

esta señora cada vez está peor

de la cabeza--

eva: muy bien, vamos a ver

quién está mal, checa esto,

mire.

yo misma las tomé anoche,

cuando plutarco le estaba dando

un dinero a mario.

helena: plutarco, ¿qué hacía

usted con el papá de mi hijo?

fernando: flaca, ¿ahora sí me

vas a contar dónde estuviste

anoche y qué te pasó?

marcela: salí con eva y amigas.

fernando: ¿y por eso regresaste

como regresaste, toda

desgreñada?

a ver, ¿para qué mandaste

a los chamacos con los abuelos,

y para qué pediste que me fuera?

andas muy misteriosa, algo

escondes.

sabes, allá tú, te voy a

avisando que me voy a echar una

cascarita con los cuates.

¿qué, una cascarita, no me

la vas a armar como siempre?

marcela: no, haz lo que quieras,

fer.

fernando: es que andas muy

rara, flaca.

helena: plutarco, ¿qué hacía

usted con el papá de mi hijo?

plutarco: helena, yo no quería--

helena: es que no entiendo por

qué me dice mentiras, plutarco,

usted dice que no lo vio y aquí

está la prueba, sea lo que sea

quiero saberlo, ¿qué pasa?

plutarco: no pensaba decírselo

porque no me gusta meterme en

su vida privada, como hacen

otras, pero sí me atreví a

hablar de usted con mario,

porque yo, helena,

fui a rogarle,

a tratar de convencerlo como

fuera posible de que se fuera

lejos, que la dejara en paz

a usted, a lalito, y a toda su

familia.

helena: ¿usted hizo eso por

nosotros--?

eva: ¿ah, sí, fue a rogarle,

y por qué está entregando una

gran cantidad de dinero, por

qué?

plutarco: cuando vi que rogarle

no funcionaba intenté negociar.

le ofrecí dinero para que se

fuera, sé que no fue

lo correcto, pero solo quería

que la dejara vivir en paz,

helena, se lo juro.

helena: ay, plutarco, lo que

hizo fue muy noble y no sé

cómo agradecérselo.

eduardo: este hombre sí vale

la pena, no como los inútiles

que te gustan--

helena: papá, no es el momento--

eva: sí, con todo respeto,

don eduardo, usted no sabe nada

de hombres--

helena: sabe qué, eva,

no quiero escuchar un solo

comentario más de su parte.

basta, eva, ya, no voy a

tolerar una palabra en contra de

plutarco.

entiéndame usted que se tiene

que ir de esta casa.

mañana hablamos en la oficina,

váyase, porque no la quiero

tratar con la grosería que en

este momento se está mereciendo,

váyase.

ay, plutarco, qué pena--

silvia: ¿quiere tomar un

cafecito?

venga, siéntese.

eva: ay, marceluca, ¿cómo te va?

ay, claro que no me molesta,

santita, por dios.

¿en qué te puedo ayudar?

marcela: ay, eva, es que ando

agüitada por lo de anoche,

todo me salió mal, y eso no

es lo peor.

eva: ay, ya sé, seguro no has

podido arreglar tus problemas

íntimos con tu señor esposo,

¿verdad?

marcela: exacto, no sé qué

hacer.

eva: pues, habla con él de

frente sobre estos asuntitos.

siéntalo y platica así a calzón

quitada como decimos.

marcela: es que por más que

trato no me atrevo.

no, claro que quiero,

volver a ser amantes, intenso,

pero ¿qué va a decir mi marido?

pues, lo intentaré, pero no

es tan simple, menos después

de tantos años de casada,

para mí implica un paso muy

difícil.

eva: santita, es hora que

apechugues, aprieta,

enfrenta la situación,

es la única forma de recuperar

tu matrimonio y la pasión entre

los dos.

marcela: pues, sí, pues,

no prometo nada, pero trataré.

muchas gracias, hasta luego.

fernando: flaca.

¿qué onda?

marcela: ya está casi

el desayuno listo, voy a hablar

a casa de mis papás a ver si

mandan a los niños para acá.

¿puedes sacar tú la basura,

por favor?

mamita, buen día.

fernando: ¿y esto?

tiene un amante.

lalito: pero ¿por qué no puedo

ir al parque con mi papá?

helena: porque no, así es,

si quieres verlo tiene que ser

aquí y punto.

silvia: tu mamá tiene razón--

lalito: yo solo quiero jugar

a la pelota, que me compre un

helado, ¿por qué no?

eduardo: si te están diciendo

que no es no, ¿no entiendes?

helena: después pueden cambiar

las reglas, pero hoy las cosas

son así, ¿quieres ver a tu papá

hoy aquí o prefieres esperarte

otro día en otro lado?

mario: lalito, ¿qué tal si mejor

me enseñas tu recámara?

podremos platicar y jugar.

claro, si tu mamá está de

acuerdo.

plutarco: tal vez deberían

quedarse aquí en la sala frente

a usted, helena.

helena: por mí está bien,

ve y enséñale tu recámara a tu

papá.

lalito: sí, ma, ven, vamos

arriba.

eduardo: apenas va conociendo

al bueno para nada de su padre

y ya se está volviendo un

grosero lalo.

buena influencia trajo ese

inútil.

helena: papá, lalito es un niño

y las críticas no le sirven de

nada, los límites sí, por eso

trato de ponérselos,

no compares a lalito con mario.

eduardo: si no quieres oírme,

allá tu, pero luego que tu hijo

se te suba a las barbas a mí no

me voltees a ver.

silvia: voy a preparar café,

acompáñame, hija.

helena: esta situación no se

puede sostener, si seguimos

así lalito va a acabar

confundido y lastimado.

plutarco: helena, te prometo

pronto voy a encontrar una

solución a este asunto,

no se preocupe.

helena: yo le agradezco

infinitamente todo, pero no

quiero abusar de su generosidad.

plutarco: no es nada, solo hago

lo que puedo para verla feliz.

si quiere podemos consultar uno

de mis abogados para que

la asesore y ver la forma de

proteger a lalito de este tipo.

helena: yo había pensado

consultar un abogado que

conozco, otra vez le agradezco,

pero no se preocupe, es un

problema mío y lo tengo que

resolver yo.

eduardo: no te digo, helena,

el licenciado aquí de buena

gente tratando de cuidarte,

y tú ni siquiera sabes apreciar

el gesto.

las mujeres son tontas, pero tú

te pasas, helena.

helena: hay días que no sé

cómo soporto a mi papá, no sé.

plutarco: no se preocupe por

eso, en lo que a mí respecta

le prometo que no me voy a

meter, pero siempre voy a estar

al pendiente para lo que

necesite, siempre.

fernando: entonces, ¿no tienes

nada que contarme, flaca?

marcela: no, nada.

¿les gustó el desayuno, chicos?

>> los molletes te quedaron

riquísimos, mamá.

la verdad es que la abuela no

cocina tan bien como tú.

marcela: no digas eso, más bien

ustedes son muy quisquillosos

con lo que cocina tu abuelita,

por eso me los trajeron de

volada para que desayunaran

aquí.

fernando: ya se lo llevó el

diablo.

>> ¿no te gustó, pa?

fernando: no es eso.

a ver, flaca, ¿no quieres que

hablemos tú y yo a solas?

marcela: no.

fernando: me voy al gimnasio,

cuando regrese quiero la casa

limpiecita, y ojalá cuando

vuelva estés aquí y no te hayas

ido quién sabe adónde con quién

sabe quién a hacer quién sabe

qué cosas.

>> ¿qué le pasa a mi papá,

qué onda--?

marcela: francamente no tengo

idea, pero no se preocupen,

tiene días así, ya conocen a su

padre.

mario: tú recámara es muy

bonita, y tus juguetes están

padrísimos.

¿cuál es tu favorito?

lalito: este.

mario: ¿y quién te lo compró?

lalito: mi mamá.

mario: tu mamá te compra todo

lo que quieres.

lalito: no, dice que no está

bien comprar todo, pero estoy

bien con lo que tengo.

mario: a ver, ven, siéntate

conmigo, dime una cosa,

¿el día que yo llegué se iban

a vivir a otro lugar?

lalito: sí, a una casa para ella

y para mí.

oye, ¿tú cuándo me vas a llevar

a conocer tu casa?

mario: yo tengo tantos años en

ee.uu. que aquí no tengo casa

ni familia.

lalito: entonces, ¿cómo voy a

hacer para verte?

mario: no sé, supongo que voy a

tener que buscar solución a

esas cosas, ¿no crees?

oye, pero deja que yo me

preocupe por eso, ¿qué te

parece si nos echamos un

partido?

lalito: pero te voy a ganar.

mario: a ver si es cierto.

oye, eres bueno...

eva: mimí.

ay, hola, hola,

prima, hola, vecinos.

>> quería preguntarle,

el muchacho ese, su sobrino,

¿anda por aquí?

eva: ay, fíjese que no,

es que se va y luego regresa

cuando se le da la gana,

se me hace que va a buscar

unas mujeres por ahí.

no, no es cierto.

pero ¿por qué--?

>> es que quería ver si podía

ayudarme a mover unos muebles

en mi cuarto.

eva: ay, pero claro, con

muchísimo gusto, cuando regrese

se lo mando, claro.

>> gracias, hasta luego.

mimí: tienes que tener más

cuidado, menso.

eva: es que a veces se me

olvida.

mimí: pues, que no se te

olvide, más aquí en la pensión,

que todos creen que de vez en

cuando viene el sobrino de

eva y que hasta se queda a

dormir.

bueno, ¿qué me ibas a decir?

eva: ah, ya sé en qué hotel se

está quedando el papá de lalito.

mimí: bueno, ¿y eso qué,

qué piensas hacer?

eva: tengo un plan.

tengo un plan.

tengo un plan.

mimí: no vayas a hacer una

estupidez, menso.

eva: tengo un plan.

santiago: la verdad que ahorita

sí te amolaste, marcela sería

incapaz de tener un amate.

fernando: es lo que yo pensaba,

pero hace ratito la escuché con

alguien que estaba

convenciéndola de dar el gran

paso.

santiago: pues, escuchaste mal

o te confundiste, nando.

fernando: la flaca me está

engañando, anoche llegó toda

desgreñada y se fue derechito

a la recámara sin querer hablar

conmigo.

ambos: [hablan a la vez]

fernando: hoy en la mañana

encontré en la basura una bolsa

con lencería sexy, ¿cómo no va

a significar nada?

está escondiendo evidencia,

la está tirando.

ambos: [hablan a la vez]

fernando: yo sí, yo soy hombre,

y yo sí puedo, porque yo me

puedo ligar a la que quiera, en

acapulco estuve a punto de

ligarme una, ¿sabes por qué no

lo hice?

por respeto a la flaca.

santiago: ahí ves, típico,

perro que ladra no muerde.

ustedes serían incapaces de

ponerse el cuerno, ninguno de

los dos.

fernando: ella sí es muy capaz,

ella me es infiel.

ella es una adúltera y yo soy

un cornudo.

cornudo, cornudo...

cornudo, cornudo...

juan: mario, ¿podemos hablar?

santiago: marce, marcela.

fernando: deja acá.

ay.

santiago: perdón, perdón.

marcela: mira nomás cómo

viene mi marido--

santiago: se le pasaron un

poquito las copas.

marcela: ya se le está haciendo

costumbre, gracias por traerlo--

fernando: a ver, cántame el

precio, dime aquí por qué ya no

te intereso.

marcela: te voy a hacer un

cafecito a ver si se te baja.

fernando: no quiero, trae unas

chelas.

marcela: ponlo en el sillón,

por favor, santi.

ambos: [hablan a la vez]

marcela: está desvariando, así

se pone cuando se le pasan las

cucharadas.

santiago: ¿crees que vas a poder

con él?

marcela: sí, no es la primera

vez, lamentablemente.

muchas gracias por todo, eres

muy buen amigo.

santiago: vas, suerte.

juan: yo soy un amigo que

quiere mucho a helena y siempre

estoy al pendiente de ella.

mario: ¿y eso qué?

no entiendo qué tenemos que

hablar, ni siquiera sé cómo

te llamas.

juan: eso es lo de menos,

yo sé que quieres tener un

acercamiento con tu hijo lalito.

mario: sí, así es.

juan: déjame decirte que estoy

pasando algo similar, perdí a

la gente que más amaba y muero

por volver a estar--

mario: perdona, pero eso a mí

qué, yo también perdí a gente

que amaba, y la perdí para

siempre.

juan: ¿cómo, das a lalito por

perdido?

mario: no me refiero a lalito,

a mi mujer y al hijo que

esperábamos, los dos murieron.

perdón, no sé por qué te estoy

contando--

juan: es que a veces

desahogarse con un desconocido

hace bien, no tienes que dar

explicaciones, te sueltas y ya.

mario: sí, sí, puede ser.

mira, la verdad es que después

que ellos murieron ya no me

importó nada, llegué a pensar

que me lo merecía.

lo que pasa es que siempre fui

un grandísimo patán,

y por ellos cambié,

y luego la vida me los arrebató.

juan: ¿y creíste que lo más

fácil era volver a ser el mismo

patán de siempre, no?

sabes qué, también era así.

bueno, no.

no, sí, cómo no, fui un patán,

patán, pero es que siempre hay

algo en el fondo que nos dice

que no somos tan patanes como

creemos.

fernando: flaca, por qué me

haces esto, si yo te quiero a

la buena.

marcela: yo también te quiero,

ahí quédate, te voy a hacer un

cafecito.

fernando: no, dame un beso.

hazme de lengüita.

marcela: ay, lávate los dientes.

fernando: no seas así, dame un

besito.

marcela: así no, no te puedo

dar un besito así, si te dan

ganas de vomitar me dices para

llevarte al baño.

te hago el café.

ay, nando.

mario: ahora que vi a lalito

pensé que si lo recupero puedo

ser el que era antes,

sí me entiendes, ¿no?

recuperar algo de lo que

alguna vez tuve, una familia,

un hijo.

juan: sabes qué, creo que

el camino es al revés,

o sea, antes de querer

recuperar a lalito te tienes

que recuperar a ti mismo.

yo también cometí errores,

es que no es tan fácil como

"ya regresé", pido perdón

y ya, la familia feliz, no,

hay que cambiar desde

adentro, hay que cambiar desde

adentro, es algo profundo,

hay que convertirnos en

mejores hombres, mejores

seres humanos.

mario: yo pienso buscar

un trabajo, hacer las cosas

bien, empezar de cero por

mi hijo.

juan: es importante que

tengas un lugar estable donde

convivir con lalito, no un

hotel de paso.

pero lo más importante es

que seas mejor persona

para que seas un buen padre.

mario: eso quiero, de verdad,

y créeme, no es mi intención

arrebatarle el niño a helena.

sabes, apenas vi a lalo y se

me metió aquí en el corazón.

y eso que creía que ya no

tenía corazón.

lo que pasa que todo estos

años fui un imbécil.

juan: yo también, pero nunca

es tarde para cambiar,

y aparte puedes reparar

el daño que hiciste, que hemos

hecho, nada más que lleva

su tiempo--

mario: sí, estoy de acuerdo.

yo voy a cambiar por lalito.

sabes, a helena la quise,

pero ya no siento lo mismo,

es la madre de mi hijo y ya.

juan: qué bueno, no,

que haya ese deseo de tu parte

por recuperar esa relación

con lalito, se me hace muy

buena onda...

mario: oye, no sé por qué estás

haciendo todo esto,

pero muchas gracias.

juan: no, hombre, nada

que agradecer, es lo menos

que puedo hacer por helena,

por lalito, por ti,

por mí.

ya me voy, porque me pongo

melancólico y de repente

siento la necesidad de un

abrazo.

creo que ya me voy, bueno.

mario: hasta pronto.

juan: qué bonita frase.

¿de dónde la sacaste?

me gustó.

mimí: se me ocurrió así nada

más, no creas que nada más me

sé la vida es color de rosa,

la vida es felicidad--

juan: qué bonitas palabras,

en serio.

a ver, cómo es,

el arrepentimiento...

mimí: no basta para resarcir

nuestros errores.

sí, no es por nada, pero

soy un estuchito de monerías.

algunos no me valoran, pero

como yo, pocas.

juan: no, yo sí te valoro.

ambos: [hablan a la vez]

mimí: cállate y ya--

juan: ¿lista?

mimí: yo ya más lista que una

media de nylon.

juan: no, te falta algo todavía.

¿quiúbole?

mimí: ¿para mí, mi uniforme?

ay.

¿cómo supiste mi medida?

eva: chicuelas, buenos días.

todas: oh.

>> ya vino a vendernos sus

productos otra vez.

>> ¿y qué hace con el uniforme

de la empresa?

eva: no hablen así, parecen

urracas.

chicuelas, les presento con

mucho orgullo a mi nueva

asistente, la mismísima mimí.

todas: bienvenida.

>> oiga, doña eva, ¿usted cree

que don adriano esté de acuerdo?

eva: ay, por favor, santa, don

adriano, yo no le pido permiso

a don adriano, mira,

no, hasta...

ay, don adriano, por favor.

adriano: de ninguna manera.

una cosa es que usted sea

socia, y otra muy distinta que

se tome esas atribuciones sin

consultármelo.

eva: oiga, perdóneme, pero

discúlpeme, usted me dijo que

podía escoger a la asistente--

adriano: efectivamente, eso

dije, está bien, pero con el

perdón de la srta. mimí, que

tiene unas botas muy bien

puestas,

¿qué experiencia tiene en el

ramo del turismo?

a ver.

mimí: oiga, perdóneme, pero

discúlpeme, yo manejo una

pensión, modesta, pero

limpiecita, confortable,

sobre todo discretísima.

adriano: una pensioncita,

o sea, ninguna experiencia.

perdón, no es nada en contra

suyo, pero no está capacitada

para un puesto de esta

naturaleza.

eva: ay, don adri, ya, no sea

enfadoso, hombre.

mire, yo creo que puede ser mi

asistente, y si yo lo creo,

ella puede ser mi asistente.

es más, yo respondo por mi

primita, ¿cómo la ve?

mimí: a usted le parecerá poco

atender una pensión, pero

déjeme decirle que es así como

un hotelito.

además yo tengo don de gente,

sé tratar a las personas.

eva: los inquilinos la adoran--

mimí: y soy capaz de lidiar con

los artistas y capotear a las

estrellas, écheme el toro

que quiera--

adriano: no es lo mismo el

mundo de la farándula, donde

hay puro payaso,

que el mundo turístico, por el

amor de dios.

mimí: pues, lo dirá, pero usted

no sabe lo que es tratar con

una diva, mire, una diva

recién levantada, cruda,

y que quiere aparentar

veintitantos cuando ya está

arañando el tostón.

eva: mire, sabe qué, ni usted

ni yo, pongamos a prueba,

qué le parece, si no funciona,

ella misma, qué hace ella

misma, bien, agarra las

cositas...

y se va.

adriano: que conste, a prueba,

y si no rinde...

mimí: ay, me ofusqué.

helena: ni pude llevarme a mi

hijo a mi casa ni quise irme

yo sola.

al final los dos nos quedamos

en casa de mis papás todo el

fin de semana.

lucía: imagino que aguantar el

genio de don eduardo no estuvo

fácil, porque guapo sí es,

pero geniudo más.

¿y qué, te vas a seguir

quedando allá o qué?

helena: no, yo ya no me

quiero esperar más para hacer

el cambio, yo espero poder

llevarme a lalito hoy mismo

a mi casa.

lucía: ¿y con mario cómo está

la cosa, mejor o peor?

helena: difícil, porque siente

que mi hijo necesita de su

papá, y tengo miedo se

aproveche de eso para

quitármelo--

lucía: no, no, no,

ni te apures, porque después de

tantos años de abandono no creo

que ningún juez que esté cuerdo

le vaya a dejar que se lleve al

niño.

hasta yo que no sé de leyes,

mira, yo sé que tiene todas

las de perder.

helena: es lo que espero,

aunque nunca se sabe.

el que se ha portado muy bien

en todo esto es plutarco,

ha sido un gran amigo,

ha manejado las cosas con

mucho tacto.

lucía: igualito que doña eva.

helena: bueno, no puedo ni

siquiera decirte lo difícil que

es en este momento hablar

de eva.

lucía: ay, tampoco seas tan

duro con ella, agarra la onda.

es media atrabancada, sí,

pero sabes que es buena

persona, además su intención

siempre es ayudarte.

helena: ¿qué tal si no quisiera

ayudarme?

yo sé que tengo que tomar una

decisión sobre qué hacer con

nuestra relación de amistad

y la de trabajo, pero cada día

es más difícil tener que lidiar

con eva, a veces la quiero

ahorcar, ay.

santiago: te tomas el agua,

te doy la pastillita en la boca,

¿o quieres que te dé un abrazo,

o mejor le hablo a tu mami para

que te venga--?

fernando: hablando de mi mami,

te juro por ella que no vuelvo

a tomar.

santiago: eso siempre dices

cuando te entra la cruda.

ah, pero el otro día te tomaste

toda la botella hasta perderte.

fernando: no, no, me duele

todo, con decirte que no

aguanto ni la luz ni el ruido

ni tus miradas, deja de verme.

marcela: oigan, quería saber--

fernando: ahorita no, me duele

mucho la cabeza, vuelve al rato.

marcela: olvídalo, yo puedo

buscar sola las carpetas,

con permiso.

santiago: oye, qué feo

la tratas, te pasas--

fernando: cómo quieres que

la trate, si la mustia me está

poniendo los cuernos.

ay, ay, adúltera,

disoluta.

¿qué me miras?

no me mires, me duele más,

órale.

mario: ¿otra vez?

voy.

¿ahora qué quieres?

plutarco: ¿qué querré?

quiero darte otra oportunidad

para que medites las cosas,

y ya que lo hayas pensado

te largues de aquí, justo

como habíamos quedado.

mario: pues, de una vez

le aviso que pienso quedarme,

quiero estar cerca de lalito.

quiero recuperar el tiempo

perdido con mi hijo.

plutarco: ¿en qué idioma

quieres que te diga que tu

presencia me estorba?

porque si ella se empieza a

preocupar por su hijo,

menos va a voltear a verme.

así que no vengas ahora a

dártelas de santo cuando siempre

fuiste un patán.

mario: a mí helena no me

interesa, lo único que quiero

es estar con mi hijo.

plutarco: ay, caray,

no entiendes.

si andas merodeando por aquí

ella va a estar al tanto del

bodoque y no va a querer darse

una nueva oportunidad en el

amor conmigo, ¿sí entiendes?

>> no entiende.

plutarco: sí, entiende.

>> no, creo que no entiende,

pero mira, a ver si con esto se

le aclara la mente.

mario: mire, su problema no es

mi problema.

plutarco: sí, claro que lo es.

te traje de ee.uu. y te pagué

una muy buena cantidad para que

me hicieras quedar como héroe,

no para recuperar el cariño de

tu hijito.

así que ahora te largas--

mario: ya le dije que se

las arregle como pueda.

plutarco: mira, infeliz, yo no

estoy jugando, y lo que menos

me interesa es tu amor por

el escuincle.

entiende, imbécil, no creo que

a helena le parezca extraño que

vuelvas a desaparecer como el

cobarde que eres, y ni tú ni

nadie van a estorbarme para que

helena sea mi esposa.

así que tú decides,

te largas o te mueres.

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