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Por Ella Soy Eva Capítulo 29

Univision2 Dic 2019 – 12:00 AM EST

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[tema musical]

antonia: ahora lo único que

me falta es desenmascarar

a la roba maridos de helena.

juan carlos: ay, ¿qué le pasa?

¿sabe qué?

la cosa no va por ahí.

yo le firmo donde quiera

que mi jefe y don pluti

no tiene en sus queveres,

mire, que me par--

aquí enfrente de chuchito

le digo, que me parta un rayo

si le estoy mintiendo.

antonia: discúlpeme, pero es que

yo vi pruebas contundentes.

esa licenciada moreno

es una lángana, una lagartona.

juan carlos: oiga, ¿qué le pasa?

tampoco le diga así, ¿verdad?

y en todo caso,

¿por qué le reclama a ella?

a ver, ¿por qué a ella?

a ver.

a ver, ¿por qué no a su esposo?

a ver, ¿quién le juró fidelidad

eterna frente al altar?

a ver, ¿quién fue?

él, no ella, ¿verdad?

entonces, ¿qué pasa?

¿por qué siempre nos vamos

en contra de las mujeres?

¿por qué?

antonia: pues por cuzcas,

por resbalosas.

juan carlos: ah, qué caray.

¿y qué pasó con la solidaridad

del género, tonita?

entienda, ella no quiere nada

con su marido.

antonia: pero es que yo solo

quiero que mi plutarco me ame.

juan carlos: ah.

entonces, ¿por qué no se ama

usted misma primero?

a ver, ¿por qué no?

a ver, ¿por qué no?

vea qué guapísima quedó,

qué cosa.

arriba el ánimo, por favor.

arréglese, pues, ¿cómo no?

arréglese todos los días,

apapáchese todos los días.

quiérase todos los días.

mire, antes que cualquier

persona, ¿quién está?

a ver, ¿quién está?

dígame, pues usted.

si usted no se ama, pues,

quién la va a querer.

ay, por dios, pues nadie.

ay, de veras.

si usted se valora,

la vamos a valorar todas.

qué bárbaro.

qué bonito hablo.

debería ser yo oradora,

estimuladora de personas.

vamos, todas juntas.

sí, se puede.

tú, al fondo.

eugenia: yo siempre le enseñé

a mi juan carlos a hacerle honor

a su apellido.

oh, siempre ha sido un encanto

mi hijo.

hasta se sienta a ver

mis películas conmigo.

bueno, eso no lo hace nadie.

[ríe]

modesto: discúlpela,

mi esposa no acepta

que juan carlos está muerto.

eugenia: ya te dije mil veces

que juan carlos está bien.

es la primera vez que falta

a la casa en su cumpleaños.

y no vino por su pastel,

bueno, sí, eso sí es cierto,

pero es porque anda de viaje.

modesto: como se habrá dado

cuenta, ella no está bien

de salud.

es que todavía no encuentro

la forma de hacerle entender

que nuestro hijo murió.

eugenia: bueno, modesto,

eres de un maleducado,

hablas de mí como si yo

no estuviera presente.

es que así son los hombres, ¿eh?

las mujeres no existimos

para ellos.

mira, si vas a hacer

tus groserías, mejor vete

y déjanos a solas

porque nosotras tenemos mucho

de qué hablar.

modesto: eugenia.

eugenia: vete.

vete, vete.

modesto: con permiso.

eugenia: ven, ven, ven,

ven, siéntate conmigo, ven.

juan carlos: bueno, pues lea

y estudie mucho

y haga ejercicio.

¿y sabe qué?

no por lo estético,

es lo de menos,

sino por salud.

acuérdese que mente sana

en cuerpo sano.

[ríe]

antonia: muchas gracias

por todo, eva.

juan carlos: no, hombre,

de nada, ¿sabe qué?

yo creo que ya nos vamos,

porque ya como que las visitas

empiezan a oler mal

después de un rato, ¿va, tonita?

vaya.

antonia: ay, mi amor.

plutarco: vida mía.

en plena tertulia

por lo que veo.

antonia: eva me trajo

a su prima mimí.

mi amor, ¿qué me notas?

¿no me notas nada...

diferente?

plutarco: te pusiste el collar.

antonia: ay, no, plutarco,

mimí me maquilló y me peinó,

veme bien.

juan carlos: ay, no le haga

caso, a veces los hombres

no se fijan en esas sutilezas

que nosotras, como mujeres

frágiles, pequeñas y bellas,

sí lo hacemos.

no lo tome a mal.

mimí: yo diría, primita,

que ahuecando el ala tú y yo,

como que ya nos fuéramos, ¿no?

juan carlos: sí.

plutarco: por cierto, doña eva,

por cierto.

estuve viendo su currículum.

juan carlos: ¿y eso?

plutarco: pensaba asignarle

otras tareas

dentro de la empresa.

juan carlos: ay.

qué lindo es usted, don pluti.

plutarco: por eso me gustaría

que me platicara de los lugares

donde ha trabajado,

qué agencias de viajes,

quiénes fueron sus jefes.

quiero saberlo todo

acerca de usted.

helena: señora, yo necesito

preguntarle.

¿usted cree que--

que juan carlos me quiso?

¿que de verdad, de verdad

me quiso?

eugenia: no lo creo.

estoy segura que te amó

con todo su corazón.

helena: ¿alguna vez se lo dijo?

eugenia: no solo me lo dijo,

también me lo escribió.

[ríe]

juan carlos.

[suspira]

esta es una carta

que él escribió.

me la dejó escondida

por travieso.

y creo que es muy importante

que tú la leas.

helena: "querida mamá,

tengo que irme de viaje.

cometí un gran error

y estoy muy arrepentido

de muchas cosas que hice".

juan carlos: de lo que no me

arrepiento es de haber amado

como nunca lo hice antes.

me enamoré de la mujer

más maravillosa del mundo,

de helena moreno,

el único amor de mi vida.

antonia: mi amor,

yo creo que no son horas

para estar hablando

de la experiencia laboral

de eva.

ya mañana lo arreglan

en la oficina, ¿sí?

plutarco: sí, sí, ya mañana

lo arreglamos en la oficina.

antonia: eva, mimí,

no tengo cómo agradecerles

todo lo que han hecho por mí.

ay, vengan más seguido,

esta es su casa, ¿sí?

vengan cuando quieran.

mimí: muchas gracias, gracias,

ya nos vamos.

ahí nos mensajeamos.

agarro mi bolsa, mi bolsa.

juan carlos: quiero agradecer

que le dé oportunidad

a estas mujeres.

[gime]

mimí: ándale.

antonia: mi amor, entonces,

¿qué te pareció mi nuevo

maquillaje?

plutarco: no te lo quise decir

delante de ellas, mi vida,

pero me parece

un poquito vulgar.

me parece que esta señora

o señorita maquillista

no tiene idea de la estética

de nosotros, de la gente bien.

antonia: ay, pues a mí

me encanta.

y no creo que tenga

nada de vulgar.

y vete acostumbrando, mi amor,

porque así voy a estar

de ahora en adelante.

plutarco: ¿ves? eso es lo que

pasa cuando se juntan

las mujeres.

quién sabe qué tanto hablan

que terminan conspirando

contra uno.

si yo solamente te estaba

expresando mi humilde opinión,

mi amor.

antonia: ay, está bien, amor.

tal vez estoy un poquito

pasadita, pero en cuanto aprenda

lo voy a hacer mejor.

[música]

eugenia: no tengas miedo,

helena.

sigue, sigue leyendo.

juan carlos: es la primera vez

que sonrío como un idiota

estando solo.

es la primera vez que

experimento los suspiros

y que el corazón se me sale

del pecho por un beso.

es la primera vez que siento

mi casa y mi vida vacías,

y que nada es igual

si no está ella.

pude tener sexo

cientos de veces,

pero el amor,

el amor únicamente

lo hice con helena.

a veces me da miedo

sentir tantas cosas.

pero quererla

me da fuerzas para todo.

ella es mi vida,

su hijo es el mío

y quiero verla de nuevo

a los ojos,

sin culpas que lamentar

ni secretos que esconder.

te prometo limpiar mi nombre

y regresar para decirle a helena

que la amo como nunca

amé a nadie,

que es mi vida entera,

y que le agradezco eternamente

por el simple hecho de existir.

tu hijo, que te recuerda

siempre, juan carlos.

eugenia: ¿ya no tienes dudas?

helena: muchas gracias.

eugenia: qué bueno que ya estás

segura de mi hijo.

él es un hombre

que tiene palabra,

y si prometió volver,

va a volver.

y cuando regrese

va a poner este anillo

en tu dedo.

y se va a casar contigo.

yo se lo di a mi hijo

para el día que fuera

a pedir tu mano.

¿sabes?

lo usé en una de mis películas

más queridas, pero yo no sé

por qué no llegó a dártelo.

juan carlos: ahí voy con

mi madre, tengo que resolverlo

de inmediato.

perdoname, pero me tengo que ir.

helena: pero ¿tu mamá está aquí

en méxico?

juan carlos: te prometo que

te cuento todos los detalles,

regreso, y si no puedo hoy,

te llamo mañana temprano, ¿sí?

helena: sí, juan, pero--

helena: helena, vos no te

preocupes, quiero que sepas

que soy el hombre más feliz

del mundo ahora que sé

que vas a ser mi esposa.

te amo, helena.

helena: yo te amo a ti, juan.

sí, ese día él tuvo que irse

por una emergencia.

y--

y ya no me lo dio.

eugenia: consérvalo tú.

helena: [ríe]

marcela: jenny, háblale a tu

hermano, por favor, dile que

ya vamos a cenar.

jennifer: no está,

salió hace rato.

marcela: ¿cómo que no está?

¿adónde se fue?

jennifer: no, pues yo como que

vi que iba a hacer así

como la tarea con un amigo,

pero no sé con quién.

digo, no me creas,

yo pensé que tú sabías.

marcela: no.

está muy raro, siempre me dice,

no me comentó nada.

fernando: flaca,

¿hay algo para picar?

marcela: oye, fer.

¿kevin te pidió permiso

para salir?

fernando: no, ¿qué?

¿andas tan ocupada en el trabajo

que ya no sabes ni en dónde

está tu hijo o qué?

marcela: fernando, siempre me

sales con que en esta casa

tú tienes la última palabra,

tú das los permisos,

y cuando te conviene

yo soy la única responsable,

qué padre, ¿no?

jenni, pásame el teléfono,

por favor.

voy a ver si está en casa

de su amigo raúl.

ya es muy tarde

para que no llegue, ¿no?

jennifer: aquí tienes, mamá.

marcela: gracias.

kevin: ¿qué onda?

marcela: ¿dónde estabas, eh?

¿que no ves que me tienes aquí

con el alma en un hilo

sin saber dónde estás?

¿por qué no me pides permiso?

kevin: yo les dije a los dos,

pero mi papá estaba viendo

la tele en su cuarto

y tú estabas en la cocina

y ninguno me peló.

fernando: ¿ves?

¿ves cómo tienes la cabeza

en todo menos en tu casa?

a ver, ¿qué te está diciendo

tu hijo?

que tienes la cabeza en todo

menos en tu casa.

marcela: a ver, fernando,

yo llegué del trabajo

derechito a la cocina

para darles de cenar a todos.

¿no podías tú dejar tu descanso

cinco minutos para atender

a tu hijo?

fernando: mira, nomás eso

me faltaba,

con tal de no reconocer que

estás descuidando a tus hijos

por andar de ejecutiva

eres capaz hasta de echarme

la culpa, flaca.

marcela: yo no te estoy echando

la culpa, fernando,

nomás estoy diciendo

que no pasaría nada

si me ayudaras, un poquito,

por lo menos a atender

a los niños.

fernando: ¿y a mí quién

me atiende, flaquita, eh?

porque para ti todo se trata

de ayudarte, pero de ayudarme,

de atenderme, de comprenderme,

¿qué?

o sea, yo me mato todo el día

trabajando, ¿y para qué?

para que me salgas con esto.

juan carlos: ay, esto de ser eva

me está matando.

mira, el maquillaje me queda--

mira cómo me deja la cara,

toda creaquelada, así, horrible,

y luego los malditos tacones,

¿cómo se trepan las mujeres

por gusto todos los días

a esa tortura?

no entiendo.

mimí: pues a todo se acostumbra

uno, mi hijo.

ser bella de tiempo completo

cuesta un buen,

no son enchiladas.

juan carlos: pues sí,

pero diario ruego por quitarme

este disfraz lo más pronto

posible, pues está acabado,

me estoy atorando,

tengo puntos negros,

no me llega oxígeno a la piel,

ve cómo me tien--

¿qué? ¿qué? ¿qué?

me urge decirle al mundo

que soy juan carlos caballero,

el hombre más hombre,

ven para acá, vas a ver.

mimí: ey, mi hijo,

estate tranquilo.

pues mientras no tengas pruebas,

vas a seguir siendo eva, ¿eh?

porque si no, acabarías

en la cárcel como juan carlos,

así que ármate, ármate,

de paciencia porque esto

va para rato.

juan carlos: oh,

sabes que para colmo de males,

helena está dudando

de que alguna vez yo la amé.

mimí: no te desesperes,

no ganas nada.

oye, ¿no se te hizo raro

que el esposo de antonia

te preguntara

por tus antiguas chambas?

juan carlos: pues claro que

se me hizo raro, hombre.

yo no entiendo por qué está

indagando ahí sobre eva, pues,

qué le importa.

¿será que sospecha algo?

mimí: pues no, pensemos que no,

no te vayas a poner paranoico.

nada más ten cuidado,

ese señor a mí no me gustó

ni tantito,

se ve que no es buena gente.

juan carlos: es que no es gente,

es que es buitre.

[grita]

ataca así.

¿y sí sabes qué fue

la desgracia?

que no pude buscar en el estudio

de su casa.

tengo que averiguar

dónde tiene la caja fuerte,

porque seguramente ahí hay algo

que puede ayudarme

a demostrar mi inocencia.

mimí: hay que aprovechar

que a la señora le caemos bien,

en un chancecito

yo te la distraigo,

tú te metes y buscas

dentro de la casa.

juan carlos: por suerte tú y eva

le caen de perlas, ¿no?

porque lo que es juan carlos...

hijo.

¿te digo algo?

le estoy agarrando mucho cariño

a antonia, es una gran mujer.

mimí: ¿te digo algo?

ven, ven.

siéntate, siéntate, siéntate.

ahí quédate, cierra los ojos.

cierra los ojos.

¡cierra los ojos, mi hijo!

juan carlos: ¿ya?

mimí: no.

juan carlos: tú sabes

que me da miedo el payaso

que está en la pared ese,

que se vaya a materializar,

¿y luego qué?

mimí: ♪ estas son las mañanitas

que cantaba para ti

hoy por ser día de tu santos

yo te las canto, mimí ♪

yo soy mimí y te las canto a ti.

felicidades, hermoso.

[ríe]

[música]

[música]

chucho: salud por nuestros 45.

[risas]

mujer: bueno, ahorita venimos.

chucho: no te tardes.

ambos: [ríen]

adriano: no cambias.

sabes que siempre pensé

que ibas a ser un hombre

de esos que están casados

de por vida.

muchos, incluyéndome,

te teníamos envidia

por haberte casado con sofía.

chucho: no, no, a ver,

detrás de cada mujer bella

hay un hombre cansado

de hacerle el amor.

adriano: [ríe]

chucho: en serio, te rías.

si tú vieras cómo está ahorita

mi exmujer, no la reconocerías,

¿y sabes por qué?

cirugía tras cirugía

tras cirugía, se deformó,

hombre.

adriano: no, tampoco,

no seas tan ingrato, chucho,

por favor.

digo, sofía te dio una familia,

una bonita familia.

chucho: sí, de acuerdo,

pero yo también le cumplí

todos sus caprichos, ¿o no?

la verdad de las cosas, adriano,

es que nunca nos amamos.

cuando se le acabó a ella

la belleza y la juventud

se acabó todo, todo, todo.

seguimos juntos,

pero nada más por los hijos,

¿eh?

nada más por los hijos.

adriano: ¿hace cuánto

te separaste?

chucho: tres años.

¿qué? ¿qué?

sí, ya, ya sé.

ya sé que aguanté mucho,

pero ¿qué te puedo decir?

¿sabes qué?

la costumbre, la maldita

costumbre, adri, la costumbre.

antonia: perdóname por lo que

voy a preguntarte, plutarco,

pero necesito que seas

totalmente honesto conmigo.

plutarco: ¿alguna vez

me has sido infiel?

plutarco: ¿yo? jamás.

mi amor, yo soy hombre

de una sola mujer.

antonia: ¿ni una sola vez, amor?

plutarco: ni siquiera

con el pensamiento.

además, ¿a qué horas, mi vida?

si me la paso de la casa

a la oficina y de la oficina

a la casa.

antonia: pues no sé,

es que de repente te salen

tantas reuniones de emergencia

y juntas del corporativo.

plutarco: ¿crees que

son pretextos?

hagamos una cosa,

un día te voy a invitar

a una de esas reuniones

para que veas lo tediosas

y aburridas que son.

me vas a compadecer.

antonia: bueno,

voy a creer en ti.

¿puedo pedirte algo?

plutarco: mi amor,

estoy cansadísimo de más,

recuerda lo que dijo el doctor,

abstinencia total

para que te recuperes.

ya habrá tiempo,

ya habrá tiempo

y nos desquitaremos.

antonia: es que no me refería

a eso.

quiero que me disculpes

porque ando muy cansada

y me quiero ir a acostar.

buenas noches.

adriano: ¿y no hubiera sido

mejor seguir casado?

digo, estar casado,

y todos lo sabíamos,

no te evitó tener por ahí

una que otra aventurilla,

lo sé, lo sé todo, chucho.

chucho: bueno, sí, sí,

pero cómo se ve que tú

nunca has pasado

por el matrimonio.

adriano: no me menciones eso.

¿dónde está--?

chucho: por ahí anda, hombre.

yo soy de los hombres

que no puede vivir

si no tiene una mujer

en su casa.

no puedo.

adriano: perro maldito, chucho,

¿te estás consiguiendo otra ya?

adriano: oh.

ambos: [ríen]

chucho: y exactamente

de las que nos gustan, fíjate.

a ver, ahí te va.

cierra ojos.

veintitrés años.

un olorcito, ya sabes de cuál,

¿verdad?

niña bien.

adriano: no.

chucho: sí.

yo sé que no lo va a ser,

no lo va a ser, pero si alguna

vez, por ahí, de casualidad

te llegas a casar,

alguna vez...

adriano: no, señor, no, señor.

ya sabes cuál es mi lema.

matrimonio y familia

no existen para adriano.

chucho: pues lo sé, y mira,

bravo, felicidades,

pero a ver, si alguna vez

llegas a cometer ese error,

búscate una mujer joven,

bella, de las que...

vas, porque después esas

se vuelven feas, viejas

y argüenderas.

adriano: no me digas.

ambos: [ríen]

helena: "y el emperador

no perdió la compostura

y orgulloso siguió caminando

más estirado que nunca,

ayudado por sus pajes

que le cargaban una capa larga,

muy larga, que en realidad

nunca existió".

y colorín, colorado, se acabó.

lalito: ese cuento me gusta

mucho porque es chistoso

imaginarse un emperador

encuerado.

helena: sí, un emperador

encuerado, encuerado.

round de besos, round de besos.

una, dos, tres, va.

lalito: no.

helena: ¿viste cómo te gané?

te gané, te gané.

lalito: no te veía tan feliz

desde que juan se murió.

helena: no, pues es que no me

río mucho porque lo extraño

y porque me duele

que no esté aquí, pero--

pero hoy estoy contenta

porque he pensado cosas

muy bonitas justo sobre juan.

lalito: entonces, ya no estás

enojada con él.

helena: no, ya no.

ya no porque ahora estoy segura

de que él nos quería mucho

a los dos y eso me pone

muy feliz.

lalito: ¿ves?

tú que no me creías.

helena: pues sí, pero tú

siempre tienes la razón,

porque eres muy listillo.

pero es como en el cuento este

del traje del emperador.

lalito: ¿cómo?

helena: que a veces los adultos

creemos cosas solo porque

otros las dicen, pero por suerte

hay niños así como tú

que saben perfectamente

cuando alguien es sincero

o cuando alguien no lo es.

lalito: eva dice que juan

me está cuidando desde el cielo.

¿tú crees eso, mamá?

helena: sí, mi vida.

sí, yo también creo.

eso.

[música]

[música]

juan carlos: pues ¿se puede

saber a qué se debe

tanta felicidad,

tantas flores lloviendo?

¿o me estoy metiendo

donde no me importa?

porque si me estoy metiendo

donde no me importa,

pues yo nada más--

helena: si no se calla,

¿cómo le digo?

juan carlos: sí, verdad.

mejor me callo pues.

helena: esta alegría

se debe a un hombre.

juan carlos: ah.

¿y se puede saber quién es?

juan carlos: juan carlos

caballero.

juan carlos: ah.

bueno, pero, pues, ¿cómo?

cuénteme, pues, ábrase.

helena: siéntese, pues.

investigué.

investigué como usted

me recomendó

y ahora estoy segura,

segura de que sí me amó.

me amó de verdad.

a pesar de haber sido

el peor de los mujeriegos.

me di cuenta que me engañó

y se equivocó, pero--

pero de todas formas,

eva, me quiso.

y era un hombre

de un gran corazón.

juan carlos: pues que bueno

saber, ¿no?

que le innombrable la amó.

por lo menos ya no tiene dudas.

helena: no, ya no.

ahora de lo que me arrepiento

es de--

de no haberlo escuchado y...

y ahora es demasiado tarde

porque él ya no está

entre nosotros.

ay, pero tendría tantas cosas

que decirle.

juan carlos: dígalas,

yo estoy segura

de que él la va a escuchar.

esté donde esté.

helena: no, no tiene caso,

a mí me gustaría decírselo

a él, así, frente a frente,

así como estamos usted y yo.

juan carlos: hágalo, helena.

dígamelo a mí.

frente a frente.

diga todo lo que guarda

en su corazón.

yo soy juan carlos.

marcela: apúrate, mi cielo,

por favor, todos los días

lo mismo, acábate la leche ya.

kevin: oigan, hoy también

voy a salir tarde

porque tengo entrenamiento

de fut, ¿eh?

que conste que sí avisé.

marcela: ¿cómo que

entrenamiento?

¿que no me dijiste

que ya te habías salido

del equipo y que ibas a buscar

algo artístico?

kevin: sí, pero lo pensé mejor

y siempre sí voy a seguir

jugando.

fernando: ese es mi hijo.

machín y bambolero

como su padre.

jennifer: mamá, tengo examen

en la primera hora,

así que no quiero llegar tarde,

vámonos, ya.

marcela: oye, amor, ¿me traes,

por favor, mi bolsa?

le echas el cepillito de dientes

que me llevo a la oficina.

amor, ¿quieres algo más

o ya nos podemos ir?

fernando: no, ya vámonos.

los espero en el coche.

entre, mi bambolero,

tu mamá es la que siempre

se tarda.

tardada.

marcela: tardada.

como los trastes se recogen

solos.

par de marranos,

no se lavaron los dientes.

¡mi bolsa, mi amor, apúrate!

jennifer: ya voy.

helena: ¿cómo que usted

es juan carlos?

¿qué quiere decir eso?

juan carlos: mire, helenita,

yo...

helena: ¿qué? ¿qué, eva?

es que no la entiendo, ¿qué?

juan carlos: es como un

ejercicio de psicoterapia

hágase de cuenta, ¿no?

una persona, en este caso yo,

representa a alguien, ¿no?

en este caso al innomb--

bueno, a juan carlos, ¿no?

y usted, en este caso,

representa a usted,

usted no juega prácticamente,

¿no?

y así puede decirle

a ese alguien, en este caso

a juan carlos, ¿verdad?

lo que siente y piensa.

helena: ah.

juan carlos: hágalo,

viera qué aliviada

se sienta una cuando lo hace.

yo puedo ser juan carlos

y usted puede ser mi difunto

belisario, por ejemplo.

y así podemos decirle al otro

lo que sentimos por ellos.

te amo, belisario, ¿ya vio?

es fácil.

helena: [ríe] no.

[llaman a la puerta]

lucía: mi--

amiguis.

te tengo que decir algo

bien importante.

helena: ¿qué pasó?

lucía: es que es bien

importante,

te lo quisiera decir ahorita.

juan carlos: esta cree que no me

doy cuenta, ¿verdad?

seguro quiere que me vaya.

ambas: no.

juan carlos: mire, ya me voy.

voy a seguir con las cosas

que me encargó de playa majagua.

lucía: ay.

juan carlos: ay, qué chulita

la pequeñita, ¿se puso lentes?

por más que intente

no se va a parecer a mí.

lucía: gracias a dios.

juan carlos: sí la escuché.

helena: ¿qué? ¿qué?

lucía: oye, mauricio.

mauricio el de recursos humanos

quiere todo conmigo.

antonia: [gime]

[jadea]

plutarco: [carraspea]

antonia: ahora sí, corazoncito,

me voy a disciplinar

y voy a hacer ejercicio

todos los días.

ya estuvo suave de no poner

atención en mí misma, ¿eh?

plutarco: me parece muy bien,

mi amor.

yesenia: buenos días, señor.

plutarco: buenos días, yesenia.

yesenia: su desayuno.

plutarco: gracias.

oye, mi amor,

¿y qué te parecería

para amanecer con más energía

un pancito dulce?

antonia: bueno, ¿no quedó claro

eso que voy a cuidarme?

nada de azúcares,

ni carbohidratos,

ni comida chatarra, plu.

plutarco: yesenia, por favor,

¿sabe qué?

prepárele a la señora

unos hot cakes con tocino

y con mucha miel de maple.

yesenia: sí, señor.

antonia: no, yesenia.

no, plutarco, no debo.

por favor, un jugo de piña

con opal y un platito de frutas

y avena, por favor, ¿sí?

yesenia: sí, señora.

antonia: ya sé que no me quieres

creer porque siempre rompo

mis promesas de hacer ejercicio

y las dietas, pero esta vez

es diferente.

plutarco: no, está bien,

mi amor, me parece muy bien,

pero ¿sabes qué?

mídete.

porque luego te descompensas

y sale peor el remedio

que la enfermedad.

aparte ya te dije, vidita,

a mí me encanta así como estás.

antonia: ay, pues es que

eres un lindo, plutarco,

pero es que no lo hago por ti,

lo hago por mí, por mi salud,

ni siquiera es por estética,

a nadie le hace bien

la obesidad.

plutarco: como que te veo

más segura, más determinada.

antonia: así es,

estoy empezando de nuevo,

y espero que también adores

a esta nueva antonia.

plutarco: sí, claro, mi amor,

pero no exageres,

porque luego bajar de peso

de golpe y porrazo

es contraproducente

y hasta mortal.

antonia: sí, pero solamente

voy a seguir las instrucciones

que me dio la nutrióloga

la última vez que fui

a consulta.

pero esta vez va a ser al pie

de la letra.

plutarco: mi amorcito,

yo ya me tengo que ir,

pero cuídate mucho

porque yo te adoro

y no podría vivir sin ti.

antonia: ay, mi amor.

plutarco: qué tonto.

tenía un regalo para ti anoche

y me olvidé de dártelo.

espera.

aquí está.

disfrútalo.

antonia: gracias.

ay, plutarco.

ay, ¿qué hago?

mm.

ay, antonia,

¿qué estás haciendo?

bueno, no importa,

luego lo bajo.

[música]

[música]

helena: ¿y por eso los lentes?

lucía: ay, claro, claro,

es mi modelito intelectual.

es mi new look

para impresionar a mau.

porque a él le gusta mucho

el cine de arte

y lee unos librotes, mira,

así de gruesos

y quiero que se dé cuenta

de todo en lo que nos parecemos.

helena: pero ¿tú para qué

quieres cambiar si eres

encantadora así como eres?

lucía: ay, no, dile adiós

a tu amiga encantadora

y saluda a tu amiga intelectual.

helena: no, eso de querer

cambiar para ser la pareja ideal

del hombre que te gusta

nunca ha funcionado, nunca.

ya te has dado bastantes

descalabros.

lucía: no, pero es que esta vez

es diferente, amiguis,

te lo juro porque este,

este, sí, mira, lo siento,

es el bueno.

helena: ah.

¿te puedo pedir un favor?

si no lo quieres asustar,

a este no lo acorrales, por fa.

lucía: claro que no,

si él es el que está perdido

por mí, babea por mí,

muere por mí, te lo juro.

es más, en menos de lo que

te estoy contando todo esto,

me vas a empezar a cantar...

[tararea marcha nupcial]

helena: [ríe]

lucía: ¿te gusta, te gusta?

ay, qué intelectual soy.

helena: [ríe]

onésimo: mira, mi plu.

esta es la lista de todas

las empresas en las que

ha trabajado la tal eva.

y todas cerraron hace un buen.

plutarco: ¿ves?

aquí hay gato encerrado.

onésimo: pues sí.

¿y qué? ¿quieres que me dedique

a seguir a la ñora o qué?

¿qué transa?

plutarco: me parece que sí.

onésimo: órale.

nomás ahí tú hablas

con la rebequita, ¿eh?

porque ya ves que me trae

de aquí para allá todo el día.

luego no me da chance

ni de echarme un taco.

nada más [...].

plutarco: yo hablo con ella.

onésimo: pues ya, así en corto,

pues yo creo que ya no es

muy necesario que yo me dedique

a trabajar con la rebeca, ¿no?

plutarco: ¿por qué?

onésimo: pues ¿cómo por qué?

me pusiste con la rebequita

nomás para vigilarla,

para saber a dónde iba,

con quién, qué hacía,

ahorita ya no tiene mucho caso.

rebeca: con que pusiste a este

para que me vigilara.

plutarco: pues sí, onésimo,

vete.

rebeca: pero ya.

onésimo: permiso.

rebeca: así que me pusiste

a este naco para tenerme

bien checada, ¿no es así?

plutarco: que sí, y ni comiences

con tus gritos

que hoy no estoy de humor.

¿qué te pasa?

pensé que ibas a empezar

con tu cantaleta, ¿qué tienes?

rebeca: ay, si me pusiste

un espía, es porque te importo,

cachis.

yo sabía

que me amabas como yo a ti.

plutarco: sí, sí,

pero contrólate, nos pueden ver.

rebeca: [aúlla]

ay, loquito, qué feliz has hecho

a caperucita.

ya nada más te falta [...]

para tenerme bien contenta.

[...].

santiago: por favor, angélica,

entiende que ahorita no puedo.

pues trabajo.

no, no te ofendas.

lucía: yo lo conozco.

onésimo: ¿a mí?

no, yo creo que se ha de estar

confundiendo.

lucía: tiene razón,

nunca lo había visto,

tal vez no.

onésimo: es lo que yo digo.

a veces la gente se confunde.

lucía: oiga, ¿adónde iba yo?

ay, no.

pe--pe--

[música]

juan carlos: estuve a punto

de decirle toda la verdad

a helena, ¡toda!

y luego me quedé paralizado.

pero era la oportunidad de oro

para decirle quién es eva

realmente, mimí, y la dejé ir.

mimí: pues qué bueno que metiste

el freno de mano, mi hijo,

porque si no, lo hubieras echado

todo a perder mínimo del susto.

la huelga es diabética.

juan carlos: no, no, no,

me moría por decirle que la amo,

que podemos ser felices,

que no conocí el amor

hasta que la conocí,

que podemos ser una familia

con lalito, o sea,

todo eso que le tengo

que decir, pues.

mimí: guárdate todo eso

para el momento oportuno.

ahorita, si lo haces,

la vas a dejar en shock.

tú no sabes cómo puede

reaccionar.

todavía no está el terreno

preparado como para semejante

notición.

plutarco: no, es que es ahora

o nunca, mimí.

mimí: no me asuste, jc,

tú no te puedes presentar

así nomás.

además, necesitas pruebas

para demostrar

que no eres culpable.

juan carlos: pues hoy mismo

le digo toda la verdad y ya.

y me presento como juan carlos

y le aclaro todos

los malos entendidos.

o sea.

mimí: ay, diosito, por favor,

ilumina a este ingrato

que no entiende razones.

mimí: piénsalo bien, mi chulo,

no puedes dar paso en falso.

espérate tantito.

juan carlos: no tengo nada que

pensar, mimí.

está decidido.

o sea.

mimí: ¿tienes claro que después

es esto vas derechito al bote?

te acusan de un fraude

no de tres pesos

sino de tres millones

de dólares.

juan carlos: bueno, pues,

después de que le cuente todo

a helena, pues, ¿qué hago?

le pido que me espere,

trato de buscar pruebas,

pues me voy al bote un ratito,

pero en cuanto salga del bote,

pues, ya, cumpliremos nuestro

sueño, todo el mundo feliz.

mimí: mi hijo, estás a punto

de cometer un error gravísimo.

serénate, por favor, inhala,

exhala, inhala, exhala.

piénsalo bien.

vuélvete a poner el disfraz

de eva y no cometas

esa barbajada.

juan carlos: no, no, mimí,

ya está decidido,

eva tiene que morir.

[celular]

helena: ¿bueno?

juan carlos: ay, licenciada,

soy eva maría.

helena: eva, pues, ¿dónde está?

le he preguntado a todos aquí

y nadie me sabe decir

dónde anda.

juan carlos: ay, yo no le pude

explicar bien, ¿verdad?

pero es que ando metida

en un tramiterío de miedo.

oiga, ¿podemos comer juntas?

helena: sí, está bien,

¿en dónde?

sí, conozco el restaurante.

ahí la veo al rato, ¿va?

juan carlos: [chasquea la

lengua]

plutarco: ¿estás segura que

no ha vuelto a tener problemas

con eva?

porque de ser así,

podemos reconsiderar

el cambio de puesto

que usted había pedido.

helena: no, no, al contrario,

usted tenía toda la razón

en decirme que merecía

otra oportunidad.

eva es una excelente persona.

ha sabido ganarse

toda mi confianza.

plutarco: qué bien.

lo que pasa es que como

yo apoyé su recontratación,

me siento de alguna manera

responsable de ella,

pero si ustedes hicieron

amistad, supongo que no habrá

ningún problema.

helena: sí, en realidad

yo traté de no involucrarme

a un nivel así, tan personal,

con ella, pero, pues es que eva

es encantadora.

es difícil no ser su amiga.

aunque sí tengo que reconocer

que todavía no sé mucho de ella.

plutarco: o sea que ella

nunca le ha hablado a usted

de su vida privada,

no sabe si tiene familia,

dónde vive, cosas de esas.

helena: bueno, sé que es

del norte, obviamente...

[ríe]

enviudó hace años,

no tiene hijos,

vive en una pensión,

pero no, pues, no, qué raro,

no sé nada más, no.

¿necesita usted saber algo

en especial de eva?

plutarco: en realidad

es curiosidad,

resulta que me enteré

por las secretarias

que ella anda buscando

un hombre con el que tuvo

un romance.

helena: no me diga, ¿ella?

ay, eso sí no me lo hubiera

imaginado de eva.

plutarco: yo tampoco,

pero da la casualidad

que yo conozco a ese señor

que ella busca

y la quiero ayudar

a encontrarse con él.

helena: ¿quiere usted hacerla

de cupido?

plutarco: [ríe] así soy yo.

tal vez no lo parezca,

pero me gusta sorprender

a la gente, y pensé que si

le daba a eva el teléfono

donde lo pudiera encontrar,

ella se iba a poner muy feliz.

helena: qué lindo.

precisamente voy a comer

con eva, si quiere, me acompaña

y le damos la sorpresa juntos.

plutarco: si para usted

no es molestia...

helena: no, claro que no,

encantada.

ay, además nada me va a dar

más gusto que ver contenta

a eva.

gracias.

plutarco: ahí está.

discúlpeme que se lo diga,

pero desde que llegamos

la he notado un poco ausente,

¿está bien?

helena: ¿ausente?

ah, no, no, estoy bien,

todo bien, gracias.

plutarco: enseguida vengo.

helena: sí.

juan carlos: helena, mi amor.

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