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Por Ella Soy Eva Capítulo 109

Univision4 Ene 2020 – 12:00 AM EST

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locutor: televisa presenta...

helena: yo revisé el informe

de la empresa

sobre las acusaciones

que le hicieron a juan.

hubo un testigo que lo acusó

a él de haberle vendido

información confidencial.

eva: sí, algo supe,

¿verdad?

helena: pues, ese testigo fue

ni más ni menos que

maximiliano montes, ¿le suena?

el famoso enamorado

que tuvo usted,

el que usted anduvo buscando

cuando entró a trabajar

a grupo imperio,

¿se acuerda o no se acuerda?

a ver, a ver, ahora dígame,

dígame si se atreve,

como usted dice,

¿qué hay detrás de esa

supuesta relación?

eva: ay, qué flojera da

cuando empieza a ver cosas

que no son.

helena: no, no, no,

no son cosas que no son, eva.

además, alguien sacó una cuenta

bancaria a nombre de la mamá

de juan para transferir

el dinero del desfalco.

eva: ah, ¿y eso qué?

helena: ¿cómo que eso qué?

ahora resulta, misteriosamente,

verdad, que usted es amiga muy

cercana de doña eugenia mistral,

la mamá de juan.

eva, o me da una explicación

a mí, ahorita,

o se la va a dar a la policía.

eugenia: yo puedo explicarte

perfectamente

lo que está sucediendo.

helena, no tienes nada

que sospechar de eva,

la señora es amiga mía

de toda la vida.

tanto ella como yo

siempre hemos puesto

en tela de juicio el penosísimo

asunto del desfalco

que le achacaron a mi hijo.

cuando eva entró a trabajar

en grupo imperio,

se dedicó a tratar de limpiar

el nombre de juan carlos

para ayudarme

y tratar de calmar mi dolor

ante la pérdida de mi hijo.

helena: pero usted siempre

me dijo que no conoció a juan.

eva: sí, es verdad,

nunca tuve el gusto.

el gran afecto y admiración

que le tengo a la señora

mistral

me inspiraron a querer dar

con la verdad de ese fraude,

eso es todo, helenita.

helena: entonces, ustedes dos,

¿están seguras que juan

es inocente?

eugenia: ay, pero por supuesto.

helena: ay, qué pena con usted,

señora, además,

sabiendo que está ahora

saliendo de su enfermedad--

eugenia: no, no, no, ya,

ya estoy mucho mejor.

aunque hubo alguien

que se aprovechó

de mi debilidad

para sacar una cuenta

a mi nombre.

y aunque no recuerdo quién fue,

yo estoy segura que fue

un hombre.

por eso sé que eva

no tuvo nada que ver

con eso de la cuenta, nada.

helena: claro, todo va

encajando.

ahora entiendo su interés

por querer saber la verdad

sobre juan carlos caballero.

eva: ya ve, helenita,

eva maría león jaramillo,

viuda de zuloaga, solo está aquí

para hacer justicia.

yo me enteré del asunto

del difuntito, verdad,

y se me hace que fue el destino

que me llevó a grupo imperio.

yo creo en las señales divinas,

de los santos, de los apóstoles

y ustedes, hermanos.

por algo cristo

me puso en este lugar--

eugenia: eva...

helena: sí, y todo para limpiar

el nombre del hijo de su amiga.

eva: exactamente.

era lo menos que podía hacer

por mi queridísima amiga.

eugenia: ay, helena,

tengo tanto que agradecerle

a eva.

eva: ay, ¿cómo cree?

ya ni diga, pero si se va

a soltar, suelte--

helena: solamente me falta

una cosita, eva,

aclarar una duda.

¿qué tuvo que ver usted

con maximiliano montes,

el supuesto testigo falso?

¿si--sí tuvo una relación

con él? ¿o no?

¿o qué? ¿qué pasó?

eva: mire, aquí entre nos,

inventé todo eso para seguirle

la pista a ese hombre,

qué usted cree, qué bárbaro.

lo que hace una,

andarse inventando amoríos

para seguir pistas.

[ríe]

pero ¿qué cree?

di con otro que no era,

esto está más enredado

que una madeja de estambre.

¿sabe cómo?

mire, présteme su mano,

entrelácela aquí,

présteme la otra,

entrelácela aquí.

ahora entrelace todas y así,

pero faltan 19.

ponga su mano, doña eugenia.

helena: sí, ya entendí perfecto

el enredo, ya, sí.

eva, perdóneme, por favor,

y ustedes también,

señora mistral.

eugenia: no, no,

ni te preocupes, hija,

no, no.

bueno, yo tengo que irme.

eva, ¿me acompaña al auto?

eva: desde luego,

mi bella dama,

ahorita regreso.

helena: sí.

eugenia: con permiso.

helena: adiós, doña eugenia.

ay, qué tonta soy.

¿cómo?

eugenia: ni creas que te voy

a perdonar tan fácilmente

que me hayas hecho mentir,

hijo, eso no me gusta.

eva: no, si no quería

que mintieras, ma.

nada más que actuaras,

que lo haces también.

eugenia: son dos cosas muy

diferentes.

en el escenario se dicen

mentiras para revelar

grandes verdades.

en la vida real siempre

hay que hablar con la verdad.

¿hasta cuándo le vas a decir

todo a helena?

eva: pues, estoy buscando

el mejor momento

y eso será cuando ya esté

convencida al 100%

de que soy inocente.

y sobre todo cuando haya

recuperado su amor.

eugenia: ay, hijo, por dios.

eva: mamá, entiéndeme.

es que tengo miedo que justo

ahora que helena me está dando

chance de comprobar mi inocencia

yo le salga con que soy eva.

y entonces, ¿sabe qué?

me manda al infierno

de una vez y para siempre.

eugenia: pero entre más tiempo

pase, va a ser peor.

bueno, ahora te suplico

que no me vuelvas a poner

en una situación similar, eh.

ya te dije que una cosa

es interpretar un papel

y otra muy diferente es mentir.

eva: sí, te prometo

que no lo vuelvo a hacer,

pero gracias, ma, buena onda.

eugenia: una madre es capaz

de todo por sus hijos.

ay...

solo me da miedo

que cada vez te metes

en más y más problemas.

eva: no, no, no,

ya saldré de este lío, mamá,

te lo prometo.

te amo tanto.

eugenia: ay, no me acostumbro.

eva: no, pues, yo tampoco,

ma, pues,

¿cómo me voy a acostumbrar

yo también? por favor.

[música]

[música]

helena: eva, de verdad,

discúlpame por haber sido

tan desconfiada.

me dejé llevar y yo sola

me di cuerda.

ay, perdóname, nunca,

nunca debí dudar de usted.

eva: ay, nuestra amistad

está a prueba de balas.

¿sabe cómo?

helena: sí, ya sé cómo,

ya sé cómo, perfecto.

eva: olvídese de esa

nimiedad, hombre,

borrón y cuenta nueva.

helena: va...

oiga, y usted,

¿ya le dijo la señora mistral

que su hijo está vivo?

eva: ay, ¿cómo cree?

no, si yo no soy chismosa.

aparte, ella tampoco

me ha comentado nada, no.

así que supongo que

juan carlos no se lo ha dicho,

pero yo creo que lo mejor

es dejar que sea él

quien hable con su madre,

¿no cree?

helena: eva, una última duda.

eva: la última, ya,

porque lleva 100.

helena: no, bueno, ya,

es que tengo que saber.

¿por qué no me dijo nada

de todo esto

cuando yo le conté

que juan estaba vivo?

eva: ¿qué?

helena: ¿que por qué no me dijo

nada de esto cuando le conté

lo de juan carlos, que vivía,

de juan?

eva: ¿qué?

helena: ay, ¿ve cómo empieza?

¿qué? ¿qué? ¿qué?

eva: ay, sí, cierto,

sí le hago así, ¿verdad?

helena: pues, sí.

eva: pero es totalmente

subconsciente, ay,

qué vergüenza.

helena: entonces, explíqueme,

explíqueme, a ver,

¿por qué no me había dicho?

eva: ah, ah, sí.

es que mi bella dama,

la señora eugenia,

me pidió discreción.

además, yo también necesitaba

saber, pues,

qué iba a hacer juan carlos,

¿verdad?

helena: pues, yo creo que usted

y yo podemos sacar a flote

la verdad.

ahora sí me urge

que juan carlos y usted

se conozcan.

eva: no, usted siempre

quiere apresurar y forzar todo,

es como un zapato que se pone,

que le entra, le duele el pie,

¿verdad?

ya habrá tiempo, hombre.

helena: bueno.

bueno, yo ya me tengo que ir.

antes me gustaría ofrecerle

una disculpa a su prima,

porque me porté muy mal

con ella,

casi fui grosera y me da pena.

eva: ay, despreocúpese,

yo luego le doy sus disculpas

a mi primita, créame,

ella es de todo

menos rencorosa.

y cuando le digo de todo

tengo una lista que ahí le va--

helena: bueno, ya me imagino,

pero ya ni me cuente--

ambas: [hablan a la vez]

marcela: no, pues, ¿sabes qué?

yo ya no puedo más,

voy habla al locatel

para reportar que mi hijo,

desapareció mi hijo.

fernando: flaquita, espérate,

ya, no, espérate.

si en una hora no llega,

ya le llamas.

marcela: ¿cómo una hora?

¿tú sabes lo que puede pasar

en una hora, fernando?

una criatura sola en la calle.

fernando: es que no hay que

preocuparse de más, flaquita.

marcela: no, ¿cómo que no

hay que preocuparse de más,

fernando?

fernando: ahí está.

marcela: ¡kevin!

kevin: ¿qué onda, ma?

marcela: ¿que no podías echar

una llamada

y avisar dónde estabas, caramba?

que nos tienes con el jesús

en la boca.

bueno, a mí, porque tu papá

estaba muy despreocupado.

kevin: pero, mamá, no te azotes,

perdón, se me olvidó poner el

timbre al celular

porque en la clase de música

lo pongo en vibrador.

marcela: bueno, y cuando

te diste cuenta de eso,

¿por qué no nos llamaste?

tu clase terminó hace mucho,

¿dónde estabas, kevin josé?

kevin: es que fui a la casa

de la ahijada de doña eugenia

y se nos pasó el tiempo

escuchando rock.

fernando: ay, ya, déjalo,

déjalo, flaca, es hombre,

puede andar en la calle

el tiempo que se le pegue

la gana, pues,

para eso es hombre, ¿no?

nomás, sí, la próxima

avísale a tu mamá para

que no la tengas ahí rezando

la magnífica.

mira, esta te la voy

a perdonar,

¿por qué?

pues, porque es la primera vez.

porque entiendo que, pues,

andando con una chamacona,

pues, se te va el tiempo, ¿no?

es lo que pasa, vieja, pues,

si no lo voy a saber yo.

órale, mi hijo,

váyase a su cuarto,

kevin josé alfredo.

kevin: está bien, pa.

ma, ¿me perdonas?

fernando: eso, qué bonito,

muy bien.

eva: yo no creo

que haya sido fácil

para doña chivis

volver con él,

después de haber estado

tan tranquila aquí con ustedes,

pero lo que queda ahorita

es comprenderla

y darle todo el amor que ella

se merece.

helena: sí, por mi parte,

siempre lo va a tener.

pero sigo pensando que mi papá

es el que no merece

una segunda oportunidad.

después de todo lo que hizo,

yo estoy segura

que yo no hubiera podido

regresar con un hombre como él.

eva: bueno, y hablando

de las segundas oportunidades,

¿qué piensa usted?

¿cree que juan carlos sea

un hombre que se merezca una?

helena: pues, todo apunta

a que juan carlos

puede ser inocente del fraude.

eva: ¿verdad?

pero, oiga, ¿cómo puede?

¿quiere decir que usted

todavía piensa que él

sí puede ser culpable?

helena: no sé, aún no hay

pruebas suficiente de nada

y yo tengo que investigar

más todavía.

eva: bueno, como sea,

yo no me refería a eso.

yo lo que pregunto es,

si juan carlos le demostrara

por completo su inocencia

y le pidiera

una segunda oportunidad

en el amor, pues,

usted, ¿qué le diría?

jennifer: a ver, no estoy

exagerando.

o sea, por una cosita

a mí me dejan sin permiso,

sin salir una semana,

pero a kevin no le dicen nada.

¿saben qué?

me chocan por injustos.

fernando: ay, mi hijita,

él es hombre, es distinto.

jennifer: mira, papá,

ni empieces con esa cantaleta

de que es hombre

porque me pongo peor, eh.

marcela: oye, oye, oye,

bájale dos rayitas,

no le hables así a tu papá,

no le faltes el respeto

y menos enfrente de la gente.

daniel, ¿será posible que nos

disculpes y te vayas a tu casa,

por favor?

daniel: sí, sí, yo, no, no,

yo ya me iba.

sí, este, con permiso.

marcela: muy prudente

de tu parte.

fernanda: pues, sí, cierto,

tu mamá tiene razón,

no seas malcriada,

no me hables en ese tono,

no faltes el respeto, ¿o qué?

pues, te castigo.

jennifer: ¿ves?

conmigo siempre se ensañan

los dos.

fernando: ¿y esta?

ahora no me vayas a salir con

que todo es mi culpa, flaca, eh.

marcela: ¿yo qué dije?

yo no dije nada,

no es culpa de nadie.

fernando: ¿cómo no va a ser

culpa de nadie?

de alguien tiene que ser

la culpa,

ahora resulta que la culpa

es del viento, ¿no?

eva: ¿no le daría otra

oportunidad a juan carlos?

helena: no, no, no sé, no sé,

es que no sé qué pensar.

son demasiadas cosas

las que nos han pasado

en todo este tiempo

y, además, yo ya decidí

que lo mejor para mí

es estar al lado de un hombre

responsable que me ama,

que está dispuesto

a comprometerse,

a formar una familia

con mi hijo, conmigo.

alguien en que yo pueda confiar

ciegamente, como plutarco.

eva: ay, a poco,

de verdad, confía tanto en él.

helena: sí.

en realidad, de lo que tengo

miedo es que con todo esto

de juan,

yo esté haciendo conjeturas

equivocadas,

como me acaba de pasar

con usted.

eva: a ver, ¿y qué tipo

de conjeturas equivocadas

ha tenido con plutarco?

helena: no fue nada,

lo que pasa es que lo oí

diciendo algo que

evidentemente yo malentendí--

eva: ah, pues, quién sabe,

¿no?

helena: cuando me lo aclaró,

pues, me dio mucha pena.

pero, ya, ya no quiero hablar

de eso ahorita, a ver, ya.

eva: bueno, está bien,

ya no hablemos más de don pluti.

mejor dígame, aquí entre nos,

entre mujercitas bellas,

ahora que juan carlos está vivo,

porque estaba muerto,

pero ya revivió,

y ahora que usted sabe

que puede ser inocente,

¿no se le mueve su corazoncito

ni tantito?

helena: bueno...

la verdad--

[timbre]

eva: ¡ay!

qué tal las visitas, oiga,

una está aquí platicando

con el corazón abierto y tómele.

plutarco: buenas noches,

mi amor.

helena: ay, hola, ¿cómo estás?

qué sorpresa, no te esperaba.

marcela: hija, yo lo que te pido

es que hagas un esfuerzo

por comprender a tu papá.

puede que a veces esté

equivocado,

yo también me equivoco,

pero tienes que entender,

es el hombre de la casa,

es tu padre y le debes respeto.

jennifer: mira, el problema

no es ese, ma.

yo sé que ya no soy

la muñequita de mi papá

y que me ve como un bicho raro,

que le encanta juzgarme y así,

pero eso no es lo que me duele

ahorita.

lo que me saca mucho de onda

es tu actitud, no la de él.

marcela: pero la mía, ¿por qué?

jennifer: ay, mamá,

porque tienes años quejándote

de él,

pero cuando hace esos

comentarios machistas

y hace diferencias entre

kevin y yo,

tú lo sigues apoyando.

además, yo veo cómo te partes en

mil para encargarte de la casa,

de nosotros, del trabajo,

tu tesis,

pero ahora que él

no tiene trabajo,

en lugar de exigirle

que te eche la mano,

lo proteges más que nosotros,

eso no se vale, mamá.

marcela: pero yo te expliqué,

si no les dije ni a ti

ni a tu hermano lo que pasó

fue para no preocuparlos, hija.

jennifer: mami, no me trates

como si fuera una niña

porque ya no lo soy.

mira, en buena onda,

yo sé que si no dijiste nada

fue para no hacer quedar mal

a mi papá,

ni siquiera por mí, por kevin.

[teléfono]

silvia: ¿bueno?

ah, sí, sí, sí,

eduardo, es bulmaro.

¿cómo está, bulmaro?

bulmaro: muy bien,

muy contento de oírla.

es que si usted ya está

en la casa,

eso quiere decir que las cosas

ya se arreglaron entre mi amigo

eduardo y usted.

silvia: ay, dios quiera que sí,

eso es lo que yo espero,

aunque no se crea,

todavía no estoy tan segura.

como eduardo nunca me dice

nada.

bulmaro: bueno, es que ese

hombre es medio terco,

usted lo conoce mejor que yo.

pero, mire, yo le puedo asegurar

que la extrañó muchísimo.

es más, le diría que hasta

estuvo deprimido mientras

usted no estuvo en la casa.

silvia: ¿usted cree?

bulmaro: sí, claro,

¿no vio cómo dejó todo tirado,

cómo tenía todo revuelto

en la casa?

él que es tan ordenado,

no podría ni con su alma

mientras usted no estuvo.

pero, mire, qué bueno que las

cosas vuelvan a ser como antes.

silvia: en eso estamos.

ay, ojalá que sí, ¿verdad?

bulmaro: ustedes son

una gran pareja

y mi amigo eduardo la necesita,

yo les deseo lo mejor a los dos

de todo corazón.

silvia: muchas gracias,

le paso a eduardo,

gusto en saludarlo.

eduardo: ¿qué hay, bulmaro?

¿cómo andas?

no, hombre, claro.

marcela: mi vida, entiéndeme,

para tu papá es muy importante

que ustedes lo vean como

el jefe de la familia,

como el hombre que aporta.

jennifer: a ver, mamá, mamá,

los tiempos han cambiado,

los jefes de la familia

deberían de ser los dos,

no solo él.

por eso se pone así,

porque se siente más importante

que tú y lo peor

es que tú se lo permites.

mamá, ya entiende.

marcela: hija, yo sé que para ti

los tiempos han cambiado,

pero tu papá y yo

fuimos educados de otra forma,

donde los papeles

dentro de la familia

funcionan de otra manera,

mi amor.

cuando crezcas y te cases

me vas a entender mejor.

jennifer: de hecho, yo creí

que todo lo que tú hacías

de desarrollarte en trabajo

y la tesis y todo lo demás

era precisamente

para demostrarle que las cosas

son diferentes.

pero veo que siempre no.

marcela: no seas injusta

conmigo, hija,

lo he intentado,

pero es difícil cambiar

la manera de pensar

de alguien como tu papá, hija.

jennifer: bueno, perdón,

pero quien tiene que cambiar

primero no es él, eres tú.

plutarco: yo venía a darle

las buenas noches a helena

y a lalito,

pero como veo que están

ocupados con doña eva,

tal vez sea mejor que me vaya

de una vez.

eva: me parece

muy prudente que nos deje

platicar a gusto a

dos mujercitas bellas

y a este jovencito que,

además, ya se va a dormir,

¿verdad, lalito?

helena: sí estábamos platicando,

pero, bueno,

tampoco es para que plutarco

se vaya, ¿verdad, eva?

plutarco: doña eva tiene razón,

por eso mismo creo que

deberíamos irnos los dos para

que helena y lalito descansen.

aunque, si no te importa,

me encantaría quedarme

un rato más contigo, amor.

[teléfono]

eva: oiga, contesta,

a lo mejor es una llamada

importante.

use su manita derecha

y conteste del celular.

plutarco: no es llamada,

es un mensaje de texto,

luego lo veo.

eva: ah, bueno.

plutarco: ¿usted no está

cansada, doña eva?

porque a lo mejor

quisiera ir a ver a don adriano

y la estamos entreteniendo.

eva: ay, ¿cómo cree?

fíjese, véanos bien.

helenita y yo somos unas damas

y las damas estamos hechas

para ser visitadas

y no para andar de empalagosas.

pero ya que me están corriendo,

porque sí entiendo los mensajes,

pues, ¿qué me queda?

¡irme!

[ríe]

dame un abrazo, chaparro,

qué bárbaro, cómo has crecido.

escúchame bien,

no te separes de tu mamá

hasta que se vaya el novio,

tienes que ser un buen

chaperoncito,

no se te olvide.

tú como lata, como rémora,

como uña y mugre con tu mamá,

no la sueltes nunca, ¿ok?

lalito: sí, voy a cuidar a mi

mamá, eva, buenas noches.

eva: buenas noches,

ya me voy, hasta luego.

santiago: ¿vas a salir otra vez?

de lunes a domingo

estás agarrando la fiesta

por tu cuenta.

angélica: pues, claro que yes,

soy una chava independiente

y moderna,

no tengo por qué depender de ti.

yo sola me pago mi reven

y mis drinks,

para eso tengo mi chamba, ¿no?

santiago: si no lo estoy

diciendo por eso,

sino porque no puedes andar

de antro en antro

y de desvelada en desvelada.

angélica: mira, para acabar

pronto,

desde que te volviste un

aburrido...

prefiero pachangueármela

por mi cuenta.

santiago: ay, sí, ¿ahora sí?

muy independiente, ¿no?

y muy autosuficiente.

angélica, ¿que no te das cuenta

que nuestra relación

se la está llevando el demonio?

angélica: ay, ya, no manches,

no exageres.

santiago: ¿o te vas a ver con

alguien?

a ver, dime, ¿con quién?

angélica: obvio que me voy a ver

con alguien,

ni modo que vaya sola como dedo.

me voy a ver con mi amigocha

rebeca.

santiago: esa alacrana.

angélica: ay, ¿sabes qué?

ahí nos vemos porque ya

se me hizo tarde.

santiago: a ver,

¿a qué horas piensas regresar?

¿o te molesta también que te

pregunte eso?

angélica: vas a ver que estoy

aquí antes de la...

de la una.

santiago: ¿la una?

espero que ya se terminen

ese tipo de cosas.

angélica: ya se me hizo muy

tarde.

santiago: ¡no me dejes

con la palabra en la boca,

angélica!

no puede ser.

modesto: a fin de cuentas,

te saliste con la tuya.

eugenia: ¿tanto te molesta

que yo recupere mi carrera?

¿en qué te afecta?

ya me sacrifiqué por mi hijo,

por ti,

llegó la hora de dedicarme a mí.

modesto: yo creí que era amor.

no un sacrificio.

eugenia: un sacrificio.

¿cómo que no?

¿por qué no puedes aceptar

que la actuación es mi pasión

y que quiero retomar mi vida?

modesto: porque nunca

me ha gustado ese medio,

los sabes perfectamente.

eugenia: y por querer

hacer de mí

una mujer normal,

ama de casa,

madre ejemplar

acabé casi loca, modesto.

modesto: extrajeras,

como siempre.

eugenia: cada vez me convenzo

más de que esa es la razón

por la que me traicionaste

con carmen.

no porque fueras un hombre

insatisfecho como macho,

sino porque yo fui

demasiada mujer para ti.

a fin de cuentas,

tú eres un hombre simple,

con necesidades simples,

expectativas simples,

como carmen.

ustedes dos son seres comunes,

que quieren que todos seamos

tan comunes

y simples

y vulgares

como ustedes.

[música]

[música]

silvia: eduardo...

eduardo, ¿puedes venir

por favor?

fernando: ah...

ahora sí,

hasta que voy a descansar

como dios... ¿qué?

¡manda!

marcela: ¡ay, fernando!

fernando: ya estaba harto

del frío.

ay, te lo debo, flaquita.

ya hasta me dolía acá,

pero pues esto...

no, hombre,

esto sí es vida, ¿eh?

marcela: oye, ya,

bájale a tu emoción, ¿eh?

si vas a dormir aquí,

no es porque te haya perdonado.

es porque no quiero

que los niños se den cuenta

de lo mal que andamos.

fernando: ay, flaca,

estamos mal, ¿por qué?

pues porque quieres, flaquita.

yo ya te perdoné.

si tú no me has perdonado,

pues es tu problema, la verdad.

marcela: ¿qué?

no, bueno, nomás eso me faltaba.

¿de qué se supone que tú tienes

que perdonarme a mí?

fernando: uh...

pues de todo, flaca.

mira, de haber descuidado

la casa.

de no atenderme

como tu maridito que soy.

de no estar al pendiente

de los chamacos--

marcela: ya, ya, ya, ya...

ya estoy harta de este tema.

no quiero discutir más.

fernando: ¿entonces qué quieres

hacer?

marcela: lo he estado pensando

mucho.

yo creo que mientras

consigues trabajo,

me debes ayudar

con el quehacer de la casa.

fernando: [ríe]

espérate, no...

[ríe]

no estás hablando en serio,

¿verdad?

no, no, no, espérate.

no, ni creas, no, no...

marcela: digo, por dignidad,

¿no?

por lo menos estarías haciendo

algo útil.

fernando: ¿o sea que me estás

diciendo inútil, flaca?

marcela: tómalo como quieras,

es tu problema.

fernando: ay...

flaquita, voy a hacer

lo que quieras, ¿eh?

¿sabes para qué?

para que te vayas para atrás

cuando veas todo

bien limpio, ¿eh?

y para que sepas que a mí

el quehacer de la casa

pues me hace los mandados,

flaca, pues...

pues nada más eso me faltaba.

[ríe]

¿qué difícil va a ser?

uy, no, pues sí, uy...

pues me salió una ampollita

por tanto barrer.

no, y trapeé, ¿eh?

no, no, ahí sí estuvo

fuertísimo.

no, y además, para colmo,

pasé el plumero...

[música]

[música]

eduardo: ¿y ahora?

¿por qué está tan oscuro?

silvia: ay, apaga la luz.

eduardo: ¿te duele la cabeza

o qué?

¿qué quieres?

¿para qué me hablaste?

silvia: es que, bueno,

ay, estuve pensando

que has trabajado muy duro

este fin de semana

y, bueno,

te has acostado muy tarde

y ni siquiera has podido

descansar bien.

eduardo: espérate.

es que el coronel

me pidió otras cosas

y pues no le quiero quedar mal.

como cuando tú le perdiste

sus camisas.

silvia: bueno, ¿ya para qué

hablamos de eso?

siéntate, a ver, siéntate--

eduardo: pero ¿qué traes, mujer?

silvia: ponte cómodo,

siéntate, siéntate.

te serví este vinito

para que te relajes.

a lo mejor, bueno,

pues te quieres acostar,

no sé, descansar un poquito.

te lo mereces.

eduardo: ya sé

que me lo merezco.

y por eso mismo voy a salir

a jugar dominó con bulmaro,

con otros cuates.

así que no me esperes despierta.

silvia: ¿cómo que te vas a ir?

ya es noche.

eduardo,

yo quería estar contigo.

no sé, digo, un ratito.

[ríe]

que conviviéramos.

eduardo: pero ya me voy, mujer.

mira, eso es lo bonito

de que té estés aquí otra vez.

que todo vuelve a ser

como antes,

que tú y yo volvemos

a la normalidad.

silvia: a la normalidad...

eduardo: oye, esa piyama

que traes está muy rarita.

es como para jovencitas

de carne firme

que aguantan el frío

porque tienen la piel gruesa.

tú ya no estás en edad

de andarte exponiendo

a que te dé un aire.

ah, no se te olvide

apagar todo esto, ¿eh?

además de que es peligroso,

huele mucho a perfume.

ya sabes que a mí

eso no me gusta.

y cámbiate, silvia,

no te vaya a dar una pulmonía.

cámbiate, anda.

silvia: [ríe]

[llora]

plutarco: no te lo quise decir

delante de lalito,

pero la verdad es que vine

porque me quedé pensando

en lo que hablamos esta tarde

y te confieso

que estoy preocupado.

helena: ¿preocupado por qué?

plutarco: porque no quiero

competir contra un muerto,

helena.

encima de todo,

todavía no sé qué hice mal,

pero siento que estoy

perdiendo tu confianza.

helena: ni estás compitiendo

contra nadie

ni estás perdiendo mi confianza.

al contrario.

tú me has demostrado

que puedo confiar en ti.

plutarco: absolutamente.

ten por seguro que nunca

te voy a defraudar.

helena: lo sé.

por eso mismo,

yo quiero aprovechar

para preguntarte algo

que me tiene un tanto inquieta.

plutarco: pregúntame

lo que quieras.

no te guardo ningún secreto.

helena: alguna vez te oí

hablando con alguien

acerca de que ibas a implicar

a una persona en un asunto.

estoy segura de que

estoy pensando mal,

pero yo quiero

ser honesta contigo

y quiero preguntártelo,

precisamente

para que no se preste

a confusiones después.

así que, ¿me puedes decir

quién te referías

con eso de "implicar alguien"?

plutarco: [ríe]

félix: para acceder

a otras cuentas

o a otras computadoras

sin que nadie se dé cuenta,

hay que meter

lo que viene siendo este cd.

rebecca: ¿y meterlo,

puedo hacer y deshacer

sin dejar rastro?

félix: así es.

rebecca: ay, eres un genio,

félix.

aquí tienes tu paga

con todo y propina.

aunque me quedé sin renovar

mi guardarropa por tu culpa,

pero bien vale el precio

por tener este disquito mágico.

solamente te recuerdo

que tienes que ser discreto,

¿eh?

[chista]

ahora esfúmate

que no es conveniente

que nos vean juntos.

ándale.

félix: [chista]

rebecca: ay...

ay, virgencita, eres lo máximo.

ahora si voy a poder

entrar a la compu

del infeliz de plutarco.

[teléfono]

ay, aquí no hay nada

que llame la atención.

bla, bla, bla, bla...

[suspira]

sus mails son igual de aburridos

que él en la cama.

a ver,

plutarco le mandó un mail

a un tal licenciado

raúl mendoza.

a ver.

"urge que te comuniques conmigo

para vernos pronto.

fuera de la ciudad para mayor

seguridad y discreción".

me late que aquí hay algo.

agarrate, plutarco,

porque te voy a hacer cachitos.

[música]

[música]

helena: no entiendo de qué

te ríes, plutarco.

plutarco: perdón, amor,

lo que pasa es que me parece

tan gracioso

que tengas ese tipo de dudas

y que saques unas conjeturas

tan extrañas.

helena: lo siento, pero

sigo sin saber

por qué te causa gracia.

además no me has contestado

la pregunta.

plutarco: lo que oíste

era una llamada de negocios

de un amigo empresario.

y a la que quiero implicar

es a una persona

que está bastante renuente

a hacer negocios

con grupo imperio

porque no les gusta

arriesgar nada.

helena: ¿una empresa?

plutarco: sí, sí.

lo que pasa es que

es una negociación

que estoy haciendo

por mi cuenta

para el grupo imperio.

pero no le quiero decir nada

a adriano

hasta que no tenga algo firme.

helena: ¿y por qué?

¿no sería mejor

que él lo supiera?

plutarco: es que el mismo

adriano ha estado interesado

en este convenio por años.

por eso quiero darle la sorpresa

hasta que se concrete.

te contaría más,

pero no quiero desvelarte

con plática de negocios.

helena: [ríe]

plutarco: pero si quieres,

mañana te cuento

todos los detalles

que quieras saber.

¿estás más tranquila

o todavía tienes dudas?

helena: muy tranquila.

y de verdad discúlpame

por tantas dudas.

lo menos que quiero

es molestarte con esto.

plutarco: no te preocupes, amor.

descansa, buenas noches.

te quiero mucho.

helena: [ríe]

plutarco: vaya, mendoza,

hasta que te apareces.

estoy en ixtapa.

busca un pretexto

para vernos aquí

y hablemos de los negocios.

antes de este fin de semana

nos vemos en ixtapa.

luego te llamo

para ponernos de acuerdo.

urge empezar el trámite

para adelantar el plan.

después de leerlo,

borra este mensaje.

rebecca: así que plutarco

y el tal licenciado mendoza

se traen algo chueco.

ay, mendoza, mendoza,

raúl mendoza,

me suena, me suena,

¿de dónde me suena?

lo voy a googlear.

sí.

ándale.

con razón me sonaba

el nombre de este abogado.

si es uno de

los del grupo imperio.

el que llevó todo el asunto

del fraude de juan carlos.

ahora sí ando cerca

de un peso gordo.

plutarco, te vas a acordar

de mí, cachito.

renato: rebe.

oye, me sorprendes.

últimamente andas

muy trabajadora.

vienes los sábados,

trabajas hasta altas horas

de la noche

y seguro debes de...

pues de estar haciendo méritos,

¿verdad?

rebecca: justo era lo mismo

que te iba a decir,

pero fíjate que no.

se me olvida

que es algo habitual en ti

por tu enorme espíritu

de cenicienta que tienes

tan arraigado.

renato: sí, sí, claro.

bueno, si yo soy la cenicienta,

¿tú quién será?

debes de ser una amante

de lo ajeno.

tipo robin hood,

pero en malo, ¿no?

cruella de vil.

claro.

rebecca: piensa lo que quieras,

ceni.

nunca se comprobó

que yo fuera amante de lo ajeno.

en cambio a ti,

lo gato se te ve desde la luna

y sin binoculares.

y si quieres, vele con el chisme

a tu jefecito, ándale.

renato: ¿de qué?

rebecca: de que me viste aquí

hasta tarde haciendo

quién sabe qué.

ándale, córrele, chismocita.

renato: yo lo único que espero

es que se te acaben

tus ínfulas de aristócrata

porque ya verás,

te voy a ver pidiendo limosna

en la calle.

>> hola.

rebecca: otra asalariada

que anda haciendo méritos

para ganarse unos centavos más.

¡elevador!

elevador, ¿qué pasa?

[suspira]

helena: juan,

¿estará bien si te hablo?

¿o no?

¿o sí, o no?

[puerta se abre]

ay, ¿mamita?

¿qué pasó?

¿qué pasó, estás bien?

entre.

¿mi papá te hizo algo?

silvia: no, nada, no, no--

helena: no me digas que te pegó.

silvia: no, no, no.

helena: mamá, por favor,

dime la verdad.

silvia: nunca, helena.

yo nunca debí regresar

a esa casa.

eduardo: ya vine, vieja.

si vieras la cara

que puso bulmaro

cuando le gané todas las...

¿y esto?

silvia: eduardo,

volví a esta casa ilusionada,

esperanzada en mantener viva

esa gota de amor

que nos quedaba.

quería reencontrar a ese hombre

del que me enamoré

hace más de treinta años,

pero solamente me reencontré

con los insultos,

los desplantes

y las humillaciones

que es lo único

que no ha cambiado en ti

durante estos treinta años.

en un solo día,

mataste cualquier esperanza

para nosotros.

finalmente entendí

que tú nunca vas a cambiar.

vas a vivir siendo

el mismo hombre

insensible, hosco, egoísta

que no quiere entender.

eduardo, no quiero pasar

los últimos días

de mi vida contigo.

eso también lo comprendí.

quiera dios que por el bien

de los seres que tú y yo amamos,

puedas ser un mejor padre,

un mejor abuelo

para que en algo compenses

el fracaso que fuiste

como marido.

entiende que esto

es una despedida, eduardo.

así que no me busques.

que la virgen te acompañe

y que dios te bendiga.

adiós para siempre.

silvia.

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