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Asesinato de Jovenel Moise

'Santo' para algunos, 'pecador' para otros: el magnicidio de Moïse en Haití revive las tensiones raciales

La viuda del presidente asesinado de Haití, Jovenel Moïse, dice que fue un hombre valiente que se enfrentó a la oligarquía corrupta del país. Pero sus críticos dicen que él tuvo gran parte de la culpa. (Read this article in English)
24 Jul 2021 – 03:35 PM EDT
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Mientras los haitianos enterraban a su presidente asesinado este viernes, las pancartas colgaban de los edificios a lo largo de las estrechas calles de la ciudad norteña de Cabo Haitiano, proclamando en criollo ' Jovenel Moïse —'defensor de los pobres'.

Las tensiones en Haití están en un punto álgido después de que sus partidarios alegaron que su muerte fue un complot de la élite mulato empresarial del país —de piel más clara— contra la mayoría negra pobre de la nación, reviviendo una división social histórica que ha plagado el país desde su nacimiento cuando una revolución de esclavos derrocó el dominio colonial francés.

Sin embargo, este relato es ampliamente cuestionado por analistas políticos y activistas de los derechos humanos, que afirman que el legado de Moïse se beneficia de una fuerte dosis de simpatía revisionista, comprensible quizás para un hombre que fue abatido sin piedad el 7 de julio en su habitación.

Los analistas señalan que Moïse forjó su carrera política con el respaldo de algunos de los políticos y empresarios más poderosos del país y que, antes de su muerte, su gobierno estaba siendo atacado salvajemente por supuesta corrupción y atrocidades contra los derechos humanos.

Moïse fue víctima de su propio gobierno, un líder que "murió por la inseguridad que creó su partido", según Pierre Esperance, director de la Red Nacional de Defensa de los Derechos Humanos de Haití.


El partido gobernante de Moïse, Tèt Kale de Haití (PHTK), "ha pasado años desmantelando nuestras instituciones democráticas y proporcionando protección, dinero y armas a las pandillas a cambio de aterrorizar a nuestra población para sofocar la disidencia política", escribió Esperance esta semana en un ensayo para Just Security, un foro online de análisis de la seguridad nacional e internacional.

Moïse, de 53 años, había perdido también el apoyo del Caucus Negro del Congreso de Estados Unidos, que emitió una carta apenas unos días antes de su muerte, denunciando "los asesinatos a gran escala cometidos por fuerzas vinculadas al gobierno de Haití y la documentación del robo generalizado de recursos del Estado".

Ninguno de los seis expresidentes vivos de Haití asistieron al funeral, incluido Jean-Bertrand Aristide, un antiguo defensor de los pobres que se salvó por poco de ser asesinado.

"La guerra no ha terminado", advierte su viuda

En el funeral, la primera dama viuda, Martine Moïse, elogió a su marido como un líder progresista que construyó carreteras e instaló electricidad, pero que fue "abandonado y traicionado" por sus esfuerzos por derribar el sistema político y desafiar los intereses económicos creados por los oligarcas del país.

"Su asesinato ha dejado al descubierto su odio, su fealdad y su cobardía", dijo. "Los oligarcas han ganado una batalla, pero no se han dado cuenta de que el pueblo empieza a ver con claridad", dijo su viuda. "La guerra no ha terminado. Tenemos que encontrar justicia para nosotros", advirtió.

Un asesinato rodeado de misterio

Quiénes fueron los cabecillas del asesinato sigue siendo un misterio. La Policía Nacional de Haití, que trabaja con investigadores del FBI y de Colombia, ha detenido hasta ahora a más de 23 personas, pero aún no ha descubierto quién financió la conspiración.

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Pero las palabras de Martine Moïse se hicieron eco de las amenazas de algunos dolientes que advirtieron a los miembros ricos de la élite de la capital de Puerto Príncipe que no acudieron a los funerales. "Si vienen, les cortaremos la cabeza. Sacaremos nuestras armas de su escondite. Queremos justicia para Moïse", dijo a la AP un hombre que se identificó como John Jovie.

Las manifestaciones se tornaron violentas este jueves por la tarde en Cabo Haitiano: manifestantes dispararon al aire, lanzaron piedras y bloquearon calles con neumáticos en llamas.

Una delegación oficial de Estados Unidos tuvo que retirarse antes de tiempo debido al clima hostil en el funeral, informó The Miami Herald. "Ustedes son los responsables, ustedes mataron a Jovenel y hoy vamos a hacer justicia", dijo un hombre a la delegación estadounidense, que incluía al embajador de Estados Unidos y al congresista negro de Nueva York Gregory Meeks.

En la búsqueda de respuestas a la muerte de Moïse, "siempre va a haber lugar para un argumento racial. Es un reflejo de la animosidad que siempre existe", dijo Robert Maguire, estudioso de Haití en la Universidad George Washington y coautor del libro Who Owns Haiti? People, Power, and Sovereignty.

Es difícil ignorar las fallas raciales en la historia política de Haití. Durante muchos años, la élite mulata de Haití se contentó con apoyar a presidentes negros 'sumisos', para mantener al menos una apariencia de equilibrio de poder, lo que se conoce como 'politique de doublure', o política por delegación o suplencia, confiando en que no intentarían alterar el statu quo económico.

Hijo de una costurera

Maguire y otros señalan que Moïse encaja en esa imagen, sacado del anonimato en la ciudad norteña de Port-de-Paix en 2015 por su mentor, el presidente saliente Michel Martelly, un popular cantante folclórico conocido por su nombre artístico Sweet Micky.

"Era definitivamente un forastero, lo que los haitianos llaman 'moun andeyò'", dijo Maguire. "Martelly lo sacó de un sombrero y lo convirtió en candidato", añadió.

De hecho, Moïse debe su carrera empresarial y política a las mismas élites que ahora ataca su esposa. Hijo de un comerciante y una costurera de una pequeña ciudad haitiana del norte del país, comenzó su actividad como distribuidor de agua embotellada y de piezas de automóvil gracias a los préstamos de ricos benefactores de Puerto Príncipe.

También fue beneficiario de lucrativos contratos gubernamentales antes de llegar a la presidencia. Puso en marcha una empresa conjunta de exportación de plátanos con la ayuda de un préstamo de 6 millones de dólares aprobado por la administración de Martelly. En su campaña presidencial le pusieron el apodo de 'el hombre de las bananas', o ' Neg Bannan Nan', en criollo haitiano.


Las empresas en las que participó también fueron nombradas en dos informes, realizados por un auditor federal y por el Senado de Haití, sobre el gasto de los fondos de Petrocaribe, un programa multimillonario del gobierno venezolano que proporcionaba petróleo subvencionado a las naciones del Caribe.

En el informe de 600 páginas se describía que una de las empresas había recibido pagos potencialmente indebidos como contratista privado en "un esquema de malversación" para construir un tramo de carretera rural de un millón de dólares en el norte de Haití. Moïse negó cualquier implicación en la corrupción y la empresa impugnó las conclusiones del informe.

Los críticos de Moïse dicen que jugó mal su mano, sobreestimando el poder de la presidencia, y terminando políticamente aislado con pocos aliados.

Su elección en 2016 se vio empañada por la controversia y una participación históricamente baja, de apenas el 20%. Obtuvo solo 590,000 votos en un país de 11 millones.

Promesas de cambio

Tras asumir el cargo, anunció una "caravana del cambio", prometiendo el envío de equipos de movimiento de tierras a todos los rincones del país. Pero carecía de carisma, pronunciando pocos discursos públicos.

Aunque se construyeron algunas carreteras e infraestructuras, su gobierno se quedó sin dinero y el país se vio sumido en la oscuridad por los cortes de electricidad después de que cancelara un lucrativo contrato con uno de los grupos empresariales de élite del país.

"Los intereses especiales haitianos se opusieron a sus reformas", dijo Damian Merlo, un consultor político de Miami que trabajó con Moïse y Martelly en sus campañas. "Muchos en Haití no apoyaban su visión o sus políticas, pero Jovenel estaba decidido. Impulsó su programa de revitalización del sector agrícola, agua corriente y 24 horas de energía ininterrumpida", escribió Merlo en una columna de opinión publicada por The Miami Herald.

"El pueblo haitiano, incluso aquellos que no le apoyaron, se darán cuenta de lo mucho que se preocupaba por ellos", añadió.

Sin embargo, los críticos dicen que Moïse eligió sus objetivos de manera selectiva, yendo tras aquellos intereses empresariales con vínculos con sus rivales políticos. Un informe de 2019 de la Fundación Ojos Claros, un grupo de derechos humanos haitiano, reveló la falta de transparencia del gobierno, ya que pocos funcionarios públicos revelan sus activos financieros como lo exige la ley.

A medida que el país se hundió más en la violencia política en los últimos meses, los críticos dicen que Moïse se apoyó en las pandillas de los barrios marginados para infundir miedo político. Se hizo más vocal en sus ataques a la élite, pero para entonces había alienado a tantos sectores que no pudo reunir el apoyo público.

Don Quijote

"El era como Don Quijote", dijo un experto en seguridad estadounidense familiarizado con Haití que pidió no ser identificado. "Estaba peleando demasiadas batallas y no se dio cuenta del monstruo al que se enfrentaba", agregó.

"Se siente cierta empatía por el tipo. Se enfrentó a los oligarcas. Pisó muchos dedos de los pies", dijo Maguire. "Hablaba, pero no podía hacer lo que tenía que hacer. Mientras se enfrentaba a los oligarcas, el resto de los haitianos seguían siendo pisoteados", dijo Maguire.


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