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Ortega provoca un nuevo éxodo masivo de Nicaragua

"El Departamento de Seguridad Nacional estima que más de 33,000 nicaragüenses han llegado a Estados Unidos por la frontera de México entre octubre de 2020 y julio de este año. Y cree que la estampida se está acelerando".
Opinión
Miembro del equipo de política de Univision.
2021-09-13T14:54:45-04:00
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Refugiados nicaragüenses en Costa Rica. Crédito: Carlos Herrera

Madrid-. En España acaba de publicarse “Tongolele no sabía bailar”, la más reciente novela del escritor nicaragüense Sergio Ramírez. Se basa en sucesos de la brutal represión con la que el régimen de su excompañero de luchas antisomocistas, Daniel Ortega, asfixió las protestas cívicas de 2018, cuando fuerzas de seguridad y paramilitares orteguistas asesinaron a más de 300 personas. No bien llegaban a Managua los primeros ejemplares de la obra, el régimen de Ortega emitió una orden de arresto del Premio Cervantes de Literatura 2017. La orden pilló a Ramírez en el vecino país de Costa Rica, donde a partir de ahora vuelve a ser un exiliado político, como lo fuera durante los aciagos años del somocismo.

Y no está solo. El restablecimiento de la dictadura, la ola de arrestos de opositores y periodistas y la represión indiscriminada han desatado un éxodo masivo que, de repente, ha convertido a Nicaragua en el tercer país centroamericano que más refugiados y migrantes produce, después de Honduras y Guatemala. Este fenómeno había amainado desde 1990, cuando doña Violeta Barrios de Chamorro derrotó a Ortega en las urnas y restauró la esperanza democrática en el infortunado país.

El Departamento de Seguridad Nacional estima que más de 33,000 nicaragüenses han llegado a Estados Unidos por la frontera de México entre octubre de 2020 y julio de este año. Y cree que la estampida se está acelerando. Durante los 31 días de julio, me dice, los recién llegados de Nicaragua sumaron 13,391, prácticamente el doble de los que vinieron en junio y más del triple que en mayo. Todavía no ha compilado las cifras de agosto.

Muchos nicaragüenses también están llegando a Estados Unidos por vía regular, especialmente aquellos que ya tenían residencia legal e incluso ciudadanía estadounidense, pero habían regresado a su país de origen a contribuir a su desarrollo económico y social. Empresarios. Profesionales. Trabajadores. Todos encaran los retos de un nuevo comienzo. Pero es entre los protagonistas del éxodo hacia la frontera sur de Estados Unidos donde está surgiendo un drama humano que se suma al que ya vivían miles de refugiados de otros países. “Con tristeza vemos otra vez la migración de nicaragüenses, la mayoría jóvenes que huyen de la persecución política”, dijo recientemente la Arquidiócesis de Managua. La activista Anita Wells, reconocida protectora de refugiados, advierte que hay “montones de (nicaragüenses), de jóvenes, en los centros de detención”. Y agrega: “algunos están lesionados, algunos son expresos políticos y aun así no les permiten ingresar a Estados Unidos”.

Ortega y su segunda al mando, su esposa Rosario Murillo, han apostado con cinismo y desvergüenza por restablecer una férrea dictadura en Nicaragua al estilo de la cubana. Su propósito es evitar cualquier competencia legítima por el poder a medida que se acercan las elecciones de noviembre. Con ese objetivo, han decretado leyes y ordenado investigaciones arbitrarias de decenas de opositores, incluyendo excompañeros de la lucha antisomocista, como Ramírez, aspirantes presidenciales, activistas humanitarios, periodistas y empresarios. Estados Unidos, la Unión Europea e incluso las tradicionalmente tímidas democracias latinoamericanas han protestado por esta histórica regresión en Nicaragua. Pero eso le resbala al siniestro dúo Ortega-Murillo. Más bien confía en la inconsecuencia y la corta memoria de los demócratas.

El restablecimiento de una dictadura implacable en Nicaragua es, entre otras cosas, una consecuencia de la contemporización de las democracias occidentales con la madre de todas las dictaduras latinoamericanas: la que estableció la familia Castro en Cuba hace más de seis décadas. El mal ejemplo castrista está inspirando el resurgimiento de tiranías que aprovechan los métodos y recursos de la democracia para destruirla. Algunas usan como pretexto alguna versión cutre de la ideología marxista. Otras ni siquiera eso. Pero el verdadero objetivo de todas es adueñarse del poder para quedárselo indefinidamente, sin importarles las consecuencias para sus sufridos pueblos.

Frente a esta alarmante tendencia, un Estados Unidos internamente desgarrado en lo político y diezmado por la pandemia de coronavirus se muestra impotente. La Unión Europea, que sufre sus propias divisiones, deserciones y crisis sanitaria y económica, tampoco parece capaz de ir más allá de las declaraciones de buenas intenciones. Las simbolizan estas recientemente emitidas por el español Josep Borrell Fontelles, Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y de Seguridad: Ortega y Murillo, dijo, “deben detener esta espiral, cambiar de rumbo, liberar a todos los presos políticos y abrirse al diálogo”. No son exactamente palabras que pongan a temblar al dúo represor.

Solo una acción coordinada de las democracias influyentes para aislar y castigar con sanciones puntuales al régimen orteguista podría frenar su caída libre hacia el despotismo y la represión. Debería complementarse con medidas concretas que protejan y ofrezcan asilo a los nuevos fugitivos de la triste historia nicaragüense.

Nota : La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.


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