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AMLO se proyectó en la cumbre sin altura de CELAC

"Por desgracia, la patética cumbre que presidió el presidente mexicano no fue intrascendente del todo. Envió el triste mensaje de que, para algunos latinoamericanos influyentes, sigue dando lo mismo ser demócrata que ser autócrata. AMLO enlodó valores y principios democráticos, la dignidad de su gobierno y la suya como gobernante electo".
Opinión
Miembro del equipo de política de Univision.
2021-09-20T16:27:53-04:00
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Andrés Manuel López Obrador, presidente de México. Crédito: Yuri Cortez/AFP/Getty Images

Por si quedaba alguna duda, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, demostró el pasado fin de semana que es un líder del siglo XIX. Durante la conferencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, se rodeó de caudillos y convirtió el encuentro en una cumbre sin altura. Su galanteo con dictadores de la calaña del cubano Miguel Díaz-Canel y el venezolano Nicolás Maduro opacó la agenda de problemas reales que encaran los países de nuestro hemisferio, desde la crisis por la pandemia de coronavirus hasta la corrupción pública, y la fragilidad de la democracia y el respeto a los derechos humanos.

Con razón, ahora solo se habla de lo que podría significar el contubernio de AMLO con tiranuelos. ¿Por qué se siente tan orondo y tan a gusto entre ellos?, se preguntan incluso los que no se lo habían preguntado y quienes fingían no darse cuenta. El propio AMLO declara, para la galería, que solo busca la integración latinoamericana y caribeña; y la posible creación de un organismo independiente de Estados Unidos que represente a la región sin “interferir” en los asuntos internos de cada país. Algo así como una entidad sin dientes ni conciencia que avale sin chistar cualquiera de las barbaries a las que nos han acostumbrado nuestros gobernantes prepotentes y abusadores. La OEA anterior a la que dirige el uruguayo Luis Almagro, vamos.

AMLO pudo haber tenido diversas motivaciones para su decisión de hacer manitas con algunos de los personajes más siniestros de la historia contemporánea latinoamericana. Y ninguna es buena. Yo hago mi propia selección. Creo que, como llevo sugerido, tiene mentalidad de gendarme decimonónico y se quedó ideológicamente en los comienzos del marxismo en Europa y del caudillismo en América Latina.

Creo, además, que AMLO pela la pava con tiranuelos como un guiño a su colega estadounidense, Joe Biden. No es un secreto que Biden no ha demostrado predilección alguna por el mandatario mexicano, al que en privado le afea su flirteo con otro caudillo, Donald Trump. Ocho meses después de haber ocupado la Casa Blanca, el presidente estadounidense no ha aceptado invitación a visitar a su importante vecino del sur. Ni mucho menos ha invitado a AMLO a visitarle en Washington. A mi juicio, no es una decisión práctica o constructiva. Hay demasiado en juego para demasiadas personas en las relaciones entre ambos países como para darle más peso a los resquemores y reservas. Pero sé, por experiencia propia, que tampoco es fácil convidar a casa a un visitante que se considera indeseable.

También pienso que, cuando un gobernante electo democráticamente coquetea con dictadores se proyecta, como dicen los psicólogos. Envía a su propio pueblo el mensaje truculento de que le gustaría hacerle lo mismo que les están haciendo los dictadores a sus infelices pueblos; y de que, si lo dejan, sin duda se lo hará. Es un patrón. Lo mismo hacía Trump durante los catastróficos días en que ocupó la Casa Blanca. Y por motivos similares. Entre sus gobernantes afines no figuró ni un solo demócrata. Solo energúmenos como Putin, Kim Jong-Un, Duterte y otros por el estilo.

Por desgracia, la patética cumbre que presidió el presidente mexicano no fue intrascendente del todo. Envió el triste mensaje de que, para algunos latinoamericanos influyentes, sigue dando lo mismo ser demócrata que ser autócrata. AMLO enlodó valores y principios democráticos, la dignidad de su gobierno y la suya como gobernante electo.

Por fortuna, no todos sus invitados le hicieron el juego. El paraguayo Mario Abdo Benítez miró de frente a Maduro y le espetó: “No hay otro camino que no sea la democracia”. Y su colega uruguayo, Luis Lacalle Pou, fue aún más lejos al afirmar: “Cuando uno ve que en determinados países no hay democracia plena, cuando no se respeta la separación de poderes, cuando desde el poder se usa el aparato represor para callar las protestas, cuando se encarcelan opositores, cuando no se respetan los derechos humanos, nosotros en voz tranquila, pero firme debemos decir con preocupación que vemos gravemente lo que ocurre en Cuba, en Nicaragua y en Venezuela”.

Las oportunas intervenciones de Benítez y Lacalle evocan las memorables palabras de José Martí de que “cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres”. Frente al relativismo nihilista de AMLO, frente a su anacrónico “todo da igual siempre y cuando no estén los yanquis”, el paraguayo y el uruguayo reafirmaron los valores democráticos por los que han luchado y luchan sin tregua generaciones enteras de latinoamericanos y caribeños. Quiero pensar que el futuro les pertenece a ellos.

Nota : La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.


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