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Un cartel de recompensa por Nisa Mickens y Kayla Cuevas. La secundaria de Brentwood, al fondo.

Salió de El Salvador huyendo de las pandillas y se las encontró en la escuela en Nueva York

Salió de El Salvador huyendo de las pandillas y se las encontró en la escuela en Nueva York

La joven salvadoreña que pasó un mes detenida acusada de pertenecer a MS-13 por hablar con un pandillero en su secundaria emigró a EEUU escapando de ese grupo. Ahora no quiere volver a las aulas por miedo. Esta es su historia.

Un cartel de recompensa por Nisa Mickens y Kayla Cuevas. La secundaria d...
Un cartel de recompensa por Nisa Mickens y Kayla Cuevas. La secundaria de Brentwood, al fondo.

LONG ISLAND, Nueva York.- Con 16 años, la joven Vanessa (nombre ficticio) huyó de San Salvador a Long Island. En su país, vivía en un barrio dominado por pandilleros de la MS-13, que ya no le permitían ir a su escuela, en territorio de la banda rival Barrio 18. Nunca pensó que en Nueva York la misma pandilla volvería a meterla en problemas, esta vez en una escuela distinta.

"Me quedé asombrada, no pensé que viniera a ver esto en Estados Unidos", cuenta esta joven de 19 años, que por su seguridad no puede ser identificada.

A pesar de su anonimato, su historia salió a la luz pública cuando la estación de radio WNYC desveló que había pasado un mes detenida en una cárcel de Nueva Jersey después de que ICE la hubiera arrestado por presunta pertenencia a MS-13. ¿La evidencia? Alguien la había visto hablando con un pandillero en la secundaria de Brentwood, en Suffolk, un condado donde la organización ha asesinado a 17 personas desde enero de 2016, atrayendo la atención de Donald Trump y Jeff Sessions, que han prometido erradicarla.

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Una juez la dejó en libertad por considerar que la evidencia de su pertenencia a MS-13 era insuficiente.

"Es muy importante que identifiquemos a los pandilleros de acuerdo a unos criterios muy estrictos", dijo a Univision Noticias Timothy Sini, el comisionado de la policía del condado Suffolk, que declinó hacer comentarios sobre el caso de Vanessa en específico.

Una pesadilla que se repite: "Me tenían chequeada"

Según cuenta Vanessa, su interacción con la MS-13 en Long Island comenzó cuando un miembro le pidió que introdujera marihuana en el centro escolar. "Me amenazó: me dijo dónde vivía, dónde trabajaba mi mamá... me tenían chequeada", cuenta. "Yo tuve miedo y, como sé todo lo que pasa en El Salvador, dije: 'Estos han de ser igual'".

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La joven accedió a llevar la droga, que las autoridades escolares descubrieron. Tuvo que ir a corte, pero los cargos fueron desestimados.

Un día de verano, ICE vino a buscarla a casa. "Me sacaron y allá afuera me pusieron las esposas. Me dijeron: 'Por respeto a tu mamá no te las ponemos frente a ella'", dice. Vanessa cuenta que había estado saliendo unos meses con un joven que la policía considera miembro activo de la MS-13 y que los agentes le hicieron varias preguntas sobre su paradero. Vanessa asegura que ya no tenía contacto con él y que nunca supo que era pandillero. "Él no me dijo", relata Vanessa desde el sótano reconvertido en hogar donde hoy vive junto a su madre, sus hermanas y su sobrino.

La secundaria de Brentwood.
La secundaria de Brentwood.


Hasta aquí viajó sola cuando tenía 16 años en compañía de su sobrino, que entonces tenía diez años, en una travesía por tierra que duró un mes y medio, durante los cuales pasó por las hieleras y por un centro de menores en Texas. Su madre emigró a Estados Unidos desde El Salvador cuando ella era solo un bebé. Cuando la joven llegó a Long Island a reencontrarse con ella, dice que en realidad fue como verla por primera vez.

"Yo le digo a mi mamá: 'Nunca pensé que me iba a pasar todo esto'. Y ella me dice: 'Uno nunca sabe con quién se relaciona'".

Sin evidencia sustancial

El abogado de la joven, Bryan Johnson, dice que el caso de esta salvadoreña forma parte de una preocupante tendencia. Según denuncia, las autoridades están valiéndose de pruebas que no indican necesariamente la pertenencia a la pandilla para arrestar a jóvenes latinos. Otro abogado de la zona, Peter Brill, ha denunciado un escrutinio similar hacia alumnos hispanos de la secundaria Bellport High School después de que tres jóvenes fueran suspendidos por presunta vinculación con MS-13.

En agosto, la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) presentó una demanda contra el gobierno de Estados Unidos por estar empleando "evidencias vagas de presunta pertenencia a una pandilla" para detener a jóvenes inmigrantes.

Johnson dice que tiene más casos como el de Vanessa. Uno de ellos es el del joven que la demanda de ACLU identifica como F.E.

Según el texto, el 9 de junio este adolescente volvía caminando a casa tras un partido de fútbol, peleándose en broma con un amigo. La policía del condado de Suffolk lo arrestó por desorden público. Fue liberado cinco días después, y nuevamente arrestado dos días más tarde por agentes que le dijeron que iba a ser entregado a las autoridades de inmigración para su deportación. Desde entonces, ha estado detenido por alegaciones no sustanciadas por ICE de "pertenencia a las pandillas", según denuncia ACLU.

"Hay que recordar que es una persona sin antecedentes criminales", dice Johnson.

¿Escuelas cómplices?

Para Johnson, una incógnita crucial que el caso de Vanessa deja es si las escuelas de la zona están filtrando información sobre los alumnos a la policía y, de ahí, está llegando a ICE.

Según el abogado, datos sobre la conducta de los estudiantes, información sobre sus suspensiones escolares o incluso sobre ropa y complementos relacionados con pandillas que lleven a clase pueden ser motivo suficiente para que inmigración lleve a cabo un arresto.

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"Todos los (estudiantes) que son suspendidos por cualquier cosa que tenga que ver con pandillas están llegando a manos de inmigración y es la base que están usando (para iniciar casos de deportación)", dice el abogado. "Es ilegal, porque esa información es confidencial", añade.

En efecto, la ley federal ampara la privacidad de la información personal de los estudiantes. Félix Adeyeye, portavoz del distrito escolar de Brentwood, niega rotundamente que los centros estén compartiendo información con autoridades. Sin embargo, señala que hay oficiales de policía local destinados a las escuelas y que estos obtienen su propia información observando a los alumnos. "Cuando están en campus, siguen siendo policías", dice a Univision Noticias.

Vanessa, por su parte, dice que ya no quiere volver a la escuela: no se siente segura. "Me da miedo tener redes sociales, no vaya a ser que me tengan chequeada". Como ha alcanzado la mayoría de edad, la joven, que se encuentra en espera de un fallo para la obtención de una visa juvenil, dice que el año que viene tratará de asistir a un college de la zona.

A pesar de haber pasado un mes en prisión, el balance de su vida en Estados Unidos es positivo por ahora. "Estoy contenta, allá ni se podía salir, los de la Mara ponían que a tal hora ya no podías salir de la casa, porque a veces llegaban los contrarios a tirar balazos: las popuserías, todo cerrado... acá se siente un poquito menos, allá no sabías si al salir de tu casa te podían matar".

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Carmen Graciela Díaz, Patricia Vélez y Carlos Serrano contribuyeron al reporteo de esta historia.

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