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Crispín Hernández defiende la importancia de que los trabajadores agrícolas como él se organicen para luchar colectivamente por sus derechos. "Aunque los dueños saben nuestros derechos, ellos no nos quieren decir, nos quieren tener en las sombras, no quieren que sepamos nuestros derechos", dice en entrevista con Univision.

"Me despidieron porque organicé a mis compañeros": La lucha por sus derechos de un trabajador hispano en una granja

"Me despidieron porque organicé a mis compañeros": La lucha por sus derechos de un trabajador hispano en una granja

Crispín Hernández denuncia que fue despedido por organizar a sus compañeros para discutir sus condiciones laborales en la granja donde trabajaba en Nueva York. Esta es la historia de la demanda que inspiró y que busca que los trabajadores agrícolas puedan negociar mayores beneficios.

Crispín Hernández defiende la importancia de que los trabajadores agríco...
Crispín Hernández defiende la importancia de que los trabajadores agrícolas como él se organicen para luchar colectivamente por sus derechos. "Aunque los dueños saben nuestros derechos, ellos no nos quieren decir, nos quieren tener en las sombras, no quieren que sepamos nuestros derechos", dice en entrevista con Univision.

NUEVA YORK. - Crispín Hernández comenzó a trabajar en una granja cuando todavía era adolescente no solo por él sino por esos ahorros que eran el sustento de una familia numerosa. Seis días a la semana, 12 horas al día, de 6:00 am a 6:00 pm, Crispín ordeñaba vacas en largas jornadas que lo dejaban extenuado. No tenía derecho a un día de descanso ni a paga por horas extra.

"Me tocaban dos turnos. Trabajaba sin parar. Incluso si tomaba un tiempo para ir al baño o descansar, el trabajo se atrasaba y el dueño se enojaba con nosotros", dice de su trabajo en Marks Farms LLC, una granja en el pueblo de Lowville, en el estado de Nueva York.

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Las molestias se le empezaron a acumular en los tres años que trabajó allí: cansancio, jornadas duras, un accidente con una vaca que le pisó su mano por el que los dueños no se ocuparon, que le tocara comprar los guantes largos que lo protegían de los químicos con los que debía trabajar.

"Vi muchas injusticias. Había muchos accidentes, no nos daban el entrenamiento necesario. No es justo porque el trabajo que hacíamos en el rancho era para el rancho, no era para nosotros", dijo a Univision Noticias.

Crispín sintió que debía discutir con otros sus condiciones laborales en esa granja y buscó el apoyo del Workers' Center of Central New York para crear un comité de trabajadores para abordar temas de salud y seguridad.

Una demanda presentada en la Corte Suprema del estado de Nueva York en mayo de 2016 por la Unión de Libertades Civiles de Nueva York (NYCLU, por sus siglas en inglés) desafía una ley estatal que prohíbe que trabajadores agrícolas como Crispín se organicen. La demanda -en nombre de este joven y del Workers' Center of Central New York y el Worker Justice Center of New York, dos organizaciones que respaldaron a Crispín-, sostiene que su despido de la granja donde trabajaba fue por convocar a sus compañeros para discutir sus condiciones laborales y reclamar mayores derechos.

El riesgo de organizarse

Una noche, después de salir de sus turnos, Crispín, el trabajador Saúl Pinto y otros compañeros se reunieron en la casa de uno de ellos con Rebeca Fuentes, una organizadora del Workers' Center of Central New York, para pensar en "un mejor futuro" para ellos en su trabajo, relata ella. En esa reunión abordaron desde su reclamo para que la empresa les proveyera los guantes largos que los trabajadores debían comprar hasta el deseo de tomar clases de inglés.

Comían pizza y conversaban cuando de pronto la reunión se vio interrumpida. El hijo de los dueños de la granja, Christopher Peck, se presentó y llamó a la policía, contó la abogada Aadhithi Padmanabhan de la NYCLU.

Una patrulla local y otra estatal llegaron al rato, relata Fuentes. "Se me hizo un nudo en el estómago y pensé en tantas cosas que pueden salir mal. Era un riesgo muy grande para ellos. Me sacaron y me interrogaron, y a todos los que estaban allí", cuenta la organizadora.

A juicio de la organizadora del Worker Justice Center of New York, Carly Fox, la granja usó a la policía para intimidar a la gente en esa reunión.

A pesar de lo ocurrido esa noche, los trabajadores programaron reunirse una semana después. Otros empleados temieron represalias -en el trabajo o con la policía- y no asistieron a esa reunión, pero Crispín y Saúl Pinto sí se presentaron.

"Decidimos hacer la junta otra vez, y con mi compañero Saúl, Rebeca (Fuentes) y Carly Fox, fuimos traila por traila ( sic) repartiendo boletines con nuestros derechos. Luego, al otro día, yo y otro de los trabajadores (Saúl Pinto) fuimos despedidos injustamente del rancho", relata Crispín de su despido en septiembre de 2015, cuando también perdió la habitación que rentaba de su empleador.

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Poco después de que se radicara la demanda que nombra al gobernador y al estado de Nueva York, Andrew Cuomo se expresó en favor de los derechos de los trabajadores agrícolas. Tanto Cuomo como el fiscal general de Nueva York, Eric Schneiderman, no defendieron la ley estatal en cuestión.

"Por un fallo en la ley estatal de relaciones laborales, los trabajadores agrícolas no tienen el derecho de organizarse sin miedo de represalias, lo cual es inaceptable", reconoció Cuomo en mayo de 2016 luego de que se radicara la demanda. De acuerdo con el gobernador, esa "clara injusticia" debía ser corregida. "No toleraremos el abuso ni la explotación de los trabajadores de cualquier industria", agregó.

La ley que esta demanda reta, la State Employment Relations Act (SERA), se remonta a los años treinta y, como producto de la segregación de la era Jim Crow, no protege a los trabajadores de organizarse sin represalias.

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Esa exclusión, como señala la Unión de Libertades Civiles de Nueva York, hoy día afecta a trabajadores agrícolas que son en su mayoría inmigrantes de México y América Central. La Constitución de Nueva York sí reconoce ese derecho de los trabajadores. Y en la demanda, la NYCLU sostiene que la falta de protección a los trabajadores para organizarse viola la Constitución.


Luego de que el Farm Bureau, una organización de lobby agrícola, presentara en febrero una moción para desestimar el caso, el caso ahora está pendiente en la Corte Suprema en Albany. Este jueves habrá una audiencia en torno a esta moción.


El Farm Bureau entiende que la exención de los trabajadores agrícolas de derechos de negociación colectiva es constitucional. "Si no podemos contar con nuestros líderes estatales para hacer lo correcto en este caso, estamos preparados para defender a nuestros miembros en corte y proteger sus derechos”, señaló Dean Norton, el entonces presidente del New York Farm Bureau, aludiendo a la falta de apoyo de Cuomo y el fiscal general.

Univision Noticias contactó a Marks Farms procurando una reacción a este caso y a sus razones para despedir a Crispín y a Pinto, pero las llamadas no tuvieron respuesta.

"Nos tratan peor que a las vacas"

En Nueva York, los aproximadamente 60,000 trabajadores que hacen parte de la industria de la agricultura son generalmente minorías que solo hablan español.

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Los salarios de estos trabajadores oscilan entre 20,000 y 28,000 dólares al año, según cifras del Departamento de Trabajo estatal: viven bajo el umbral de la pobreza pese a las ventas de 6,360 millones de dólares en 2014 de la agricultura de Nueva York, uno de los líderes a nivel nacional de productos lácteos y agrícolas.

El estado tiene alrededor de 5,300 ranchos de lecherías y en la mayoría trabajan mexicanos y centroamericanos, precisa Fuentes del Workers' Center of Central New York.

Muchos trabajadores agrícolas en el estado de Nueva York son indocumentados, hasta 75% de ellos, según el Instituto de Desarrollo Comunitario y Regional de la Universidad Cornell. Si estos trabajadores son indocumentados ello los hace todavía más vulnerables al abuso y la explotación de sus empleadores, explica Fuentes.

Crispín no discute detalles personales como su edad, país de origen o su estatus migratorio. Pinto, el otro trabajador despedido el mismo día que Crispín, recientemente fue deportado a México, aseguró Fuentes. Univision espera una respuesta en torno al caso de Pinto del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

Los trabajadores agrícolas son unos de los más explotados en Nueva York, de acuerdo con la abogada Padmanabhan, y por eso la demanda desafía esa añeja ley que no les viabiliza luchar por su derecho a condiciones de trabajo más seguras.

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"Mi responsabilidad era sacar el trabajo, hacer el trabajo como podía. No solo yo, sino todos mis compañeros en el rancho. Es una gran responsabilidad pero nos tratan como esclavos. Nos tratan peor que a las vacas", expresa Crispín con desánimo.

A pesar de lo sucedido, Crispín siente orgullo por el trabajo del campo y reivindica la labor de trabajadores agrícolas para alimentar a tantas a familias. "Nosotros estamos contribuyendo bastante a este país, no es justo lo que nos están haciendo", subraya . "Queremos que cambien estas injusticias".

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