Salud Mental

Por qué los abrazos pueden salvar vidas (y no solo en San Valentín)

Es un gesto tan sencillo como efectivo para hacernos sentir bien, pero sus beneficios van más allá: alivian miedos, reducen la presión arterial y hasta mejoran el sistema inmunológico.

Quizá hayas oído hablar de Amma, la gurú india famosa por sus abrazos. Se estima que Amma, que dedica su jornada completa a esta actividad, ya ha abrazado a más de 30 millones de personas de todo el planeta haciéndolas (se supone) sentirse bien. Pero no hace falta encarnarse en Amma para disfrutar de los beneficios de una práctica muy simple que, desafortunadamente, cae en desuso cuando alcanzamos la madurez.

Los científicos sociales han probado en numerosos estudios que el contacto físico puede resultar muy positivo en diferentes campos, incluso a pequeña escala (no solo un largo abrazo de nuestra pareja o familiar). A continuación te contamos algunos de los beneficios de los abrazos para tu salud física y mental.

Los abrazos reducen el cortisol e incrementan la oxitocina

¿Qué es lo que ocurre en nuestro cuerpo para que se produzca esta 'magia', que además es universal? Matt Hertenstein, psicólogo experimental de la DePauw University en Indiana, dice que con el acto de abrazar se reduce la producción de cortisol, la hormona que segregamos ante situaciones de estrés y, en cambio, se propicia la de oxitocina, la llamada 'hormona del amor', que nos hace sentir bien. “La oxitocina promueve los sentimientos de devoción, confianza y unión”, señala Hertenstein. Sus niveles suben cuando nos damos la mano, nos abrazamos o recibimos un masaje terapéutico. ¿Por qué nos agrada tanto? Hertenstein se refiere a estudios que muestran que una zona del cerebro, justo encima de los ojos, se activa en repuesta al contacto físico amistoso. Esta es la misma área que responde a los sabores dulces y a los olores agradables, por ejemplo. “El contacto es un estímulo de recompensa muy poderoso”, aclara Herstenstein.

¿Clave para la felicidad?

Abrazar sin pudor podría ser una de las cuatro acciones clave para nuestra felicidad. Así lo asegura, al menos, el neurocientífico de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) Alex Korb, autor del libro The Upward Spiral, donde aborda el problema de la depresión desde un punto de vista diferente al habitual. Korb se refiere a la posibilidad de crear una 'espiral ascendente' (el título de su libro) que nos aleje de actitudes negativas y de la tristeza o el malestar. La construcción de esta espiral, sostiene Korb, pasa por abrazar sin pudor. Las otras acciones clave, de acuerdo con el neurocientífico, son hacer una lista de cosas por las que nos sentimos agradecidos; identificar la emoción (dar nombre a lo que sentimos) y tomar decisiones (para cerrar episodios de posibles angustias e incertidumbres).

Mejoran el sistema inmunológico

No hace falta ser neurocientífico para experimentar la sensación de pertenencia y seguridad que infunde un abrazo. Pero sus ventajas van más allá de lo que sentimos en el cuerpo de forma inmediata. Sheldon Cohen, profesor de psicología y director del laboratorio del estudio de Estrés, Inmunidad y Enfermedad de la Carnegie Mellon, comprobó empíricamente que los abrazos ayudan a mejorar el sistema inmunológico. Cohen analizó el efecto de las muestras de afecto en más de 400 personas. Sus investigaciones sugieren que sentir un abrazo de alguien en quien confiamos “es una manera efectiva de reducir el estrés. Aquellos que reciben más abrazos están de algún modo más protegidos frente a las infecciones”.

Alivian los miedos

Los abrazos y el contacto físico reducen de forma significativa las angustias existenciales. Nos lo imaginábamos, pero lo prueba una investigación publicada en el diario Psychological Science. Sirve hasta abrazar a un osito de peluche, pero mucho mejor con un humano. “Incluso momentos triviales y pasajeros de roce interpersonal pueden ayudar a la gente a lidiar de forma más efectiva con problemas existenciales”, escribe el investigador Sander Koole en el estudio.

Medicina para el corazón

Abrazar a alguien es bueno para el corazón, y no solo de forma figurada, según un estudio de la Universidad de Carolina del Norte que comparó los latidos del corazón de personas que recibieron o no un abrazo de sus parejas. El latido del primer grupo se ralentizó considerablemente con respecto al segundo (los que no lo habían recibido).

¿A quién abrazar? Mejor a un finlandés que a un británico

Los primates no humanos pasan entre el 10% y el 20% del día tocándose los unos a los otros; a partir de ahí, las nacionalidades determinan en gran medida la resistencia a recibir un largo abrazo -o un simple toque en el brazo- de personas a las que no conocen.

Los británicos son, en este punto, fieles a su fama de fríos y los más reticentes a recibir contacto físico, según un estudio de la Universidad de Oxford que compara las reacciones al contacto físico de 1,300 personas de Finlandia, Francia, Italia, Rusia y Reino Unido. El estudio, que destacaba la importancia de tocarse a la hora de comunicar emociones positivas, también demostró que los hombres son mucho más reacios al abrazo que las mujeres. También nos lo imaginábamos.

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