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A pesar de que los republicanos buscan imponer su voluntad en el Congreso, reconocen que hay aspectos en los que deben trabajar con los demócratas.

Republicanos, entre obstaculizar y trabajar en equipo

Republicanos, entre obstaculizar y trabajar en equipo

A pesar de que los republicanos buscan imponer su voluntad en el Congreso, reconocen que hay aspectos en los que deben trabajar con los demócratas.

A pesar de que los republicanos buscan imponer su voluntad en el Congres...
A pesar de que los republicanos buscan imponer su voluntad en el Congreso, reconocen que hay aspectos en los que deben trabajar con los demócratas.

Los republicanos, que ahora dominan el congreso, buscan una estrategia viable para imponer a Barack Obama su programa en 2015, sin embargo, las diferencias que existen entre ellos mismos podrían representar una dificultad para lograrlo, especialmente en lo referente al tema migratorio, una de sus prioridades.

Por primera vez en diez años, los grupos republicanos de la Cámara y del Senado, que no forzosamente se llevan bien, se reunieron en un seminario conjunto que conclye este viernes en Hershey, Pensilvania, a dos horas de Washington.

Fue "una conversación fuerte y franca", comentaba el senador John Thune en referencia a las numerosas sesiones a puertas cerradas en el complejo hotelero, lejos de los periodistas.

Los más conservadores del partido militan a favor de una línea más dura para impedir que Obama lleve a cabo su plan de regularizar de manera provisoria a los inmigrantes ilegales, anunciado en noviembre.

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La Cámara ya actuó adjuntando a una ley de finanzas un paquete de medidas muy severas, que prohiben en la practica cualquier regularización adicional. Pero en el Senado esta técnica no tiene posibilidad de ser aprobada porque los republicanos no cuentan con la mayoría calificada de 60% de los votos y será necesario que pacten con los demócratas.

Como señal de que hay desacuerdos en el partido del Elefante, 26 de los 246 republicanos de la Cámara votaron incluso contra la suspensión de un programa de regularización creado en 2012 para los jóvenes indocumentados. Uno de ellos no dudó en manifestar su desacuerdo ante periodistas en un restaurante que hace las veces de sala de prensa.

"Se pasaron", dijo el representante Jeff Denham, hablando de sus colegas. "Esto altera nuestro mensaje, y vamos a tener que salir a aclararlo".

"Encontraremos una forma de resolver nuestras diferencias", aseguró el presidente de la Cámara John Boehner, en uno de sus tradicionales ejercicios diplomáticos, antes de añadir: "No es fácil llegar a un acuerdo".

No todo es obstaculizar...

Pero para no caer en la trampa política de la obstrucción, los republicanos también plantean hacer valer sus propias prioridades, que son el crecimiento y el empleo.

"El presidente no dicta su programa en el Senado; nos urge avanzar (...) en todos los ámbitos en los que hallemos un consenso", dijo Mitch McConnell, jefe de la mayoría republicana en el Senado.

Los temas no escasean; como por ejemplo, la ciberseguridad, que volvió a encabezar las prioridades después del ataque a los estudios Sony Pictures.

La simplificación del sistema fiscal no termina de concretarse. Los dos bandos parecen de acuerdo con la idea de una reforma por el lado empresarial, pero no para los particulares: Obama mantiene su voluntad de alivianar la carga fiscal para los hogares más modestos.

La financiación de las infraestructuras, ampliamente obsoletas en Estados Unidos, también es tema de discusión.

Pero los tratados de libre intercambio que se negocian con países asiáticos (Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica, por su sigla en inglés) y la Unión Europea (TTIP) representan la mejor oportunidad política.

"El comercio es algo bueno para Estados Unidos", dijo Paul Ryan, candidato a la vicepresidencia en 2012, y muy influyente en la Cámara. "Evidentemente somos un partido a favor del comercio", dijo a periodistas, al promocionar los beneficios de los acuerdos existentes para los exportados estadounidenses.

Los legisladores demócratas, cercanos a los sindicatos, suelen no mostrarse muy a favor de los tratados de libre intercambio, pero Obama sí los apoya y buscará hacer aprobar estos acuerdos durante los dos últimos años de su segundo mandato.

Para los republicanos, es una buena oportunidad para subrayar los desacuerdos entre el presidente y sus aliados en el Congreso.

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Obama necesita que el Congreso lo faculte a aprobar o rechazar en bloque las dos iniciativas. Los republicanos ironizan con que será la primera vez en que se alegren de conceder más poder a Obama.

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