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Republicanos debaten reforma

Republicanos debaten reforma

La reforma migratoria sigue dividiendo a los precandidatos republicanos que batallan por suceder al presidente George W. Bush.

La nota discordante

La reforma no estuvo en Iowa

La excepción es el senador John McCain (Arizona), quien en los últimos tres años respaldó abiertamente por permitir que los indocumentados que carecen de antecedentes criminales y pagan impuestos tengan la posibilidad de alcanzar la residencia por medio de una multa, y posteriormente la ciudadanía, un planteamiento compartido por un número importante de demócratas en el Congreso, pero no suficientes como para que la iniciativa se convierta en ley.

En enero de 2007 McCain bajó el perfil de apoyo a una reforma amplia en vista del lanzamiento de su pre-candidatura presidencial, pero no por ello adoptó un discurso antiinmigrante, como el resto de contrincantes por la nominación.

El sábado, tras un agrio debate los contendientes republicanos discreparon fuertemente sobre inmigración, incluyendo a McCain, quienes atacaron al ex gobernador de Massachussets, Mitt Romney, por su posición radical sobre el tema.

Polémica campaña

"No se trata de una amnistía. Usted puede describirlo cómo quiere en sus anuncios para atacarme y gastar toda su fortuna en esos ataques, pero seguirá siendo mentira", espetó McCain a las críticas de Romney contra la reforma migratoria que defendió en el Congreso en los últimos tres años, junto con varios demócratas.

McCain recordó que Romney había calificado de "razonable" el proyecto de reforma migratoria bipartidista que debatió el senado en 2007 y que habría regularizado a los indocumentados, y que había dicho incluso que no se trataba de una amnistía.

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La opinión de McCain, cuya candidatura está en juego este martes en New Hampshire -un estado mucho menos conservador que Iowa- coincidió con la del ex alcalde de Nueva Cork, Rudy Giuliani, que se declaró favorable a regularizar a los indocumentados que ya viven en Estados Unidos, a condición de que paguen una multa elevada y que no hayan cometido un delito, una postura un tanto distinta a la que mantuvo hasta la semana pasada, en la que la posibilidad de una legalización no había sido mencionada.

Nada de amnistías

Romney, en cambio, volvió a reiterar el sábado su posición radical que defendió durante la campaña: "No estoy para nada de acuerdo de que los 12 millones de personas que vinieron aquí ilegalmente sean autorizados a quedarse aquí permanentemente. Es una forma de amnistía y no es adecuado", afirmó.

Mike Huckabee, el sorpresivo vencedor de las primarias de Iowa la semana pasada, se mantuvo al margen de la pelea hasta que el moderador le pidió su opinión.

El ex pastor bautista y ex gobernador de Arkansas presentó entonces su plan que obliga a los indocumentados a dejar el país para tramitar su regularización desde afuera, una iniciativa que ya había sido propuesta en el Senado en 2007 dentro de un masivo paquete de enmiendas que el 28 de junio saboteó el debate.

Imposible echarlos a todos

A su vez, McCain y Giuliani destacaron que era imposible expulsar a los cerca de 12 millones de indocumentados que viven actualmente en Estados Unidos, mientras que Romney acabó reconociendo que era "impracticable" el arresto y la expulsión de todos ellos.

La inmigración indocumentada sigue siendo el tema dominante de la campaña electoral en el lado republicano, algunas veces más que la guerra en Irak, la guerra en Afganistán, la inestabilidad en el Medio Oriente, la economía nacional los problemas en el sistema educativo, el desempleo, los 47 millones de estadounidenses sin seguro médico o la crisis que azota al sector inmobiliario, entre otros temas.

En Iowa, el jueves de la semana pasada McCain se cologó en cuarta posición detrás de Huckabee, Romney y Thompson. Si vuelve a quedar rezagado en New Hampshite, es probable que su candidatura se vea comprometida.

Historia del debate

En los últimos tres años la reforma migratoria ha sufrido dos importantes derrotas en el Congreso estadounidense.

El primer fracaso ocurrió el 3 de junio de 2006, cuando el entonces liderazgo republicano canceló el nombramiento del Comité de Conferencia que debía armonizar dos leyes aprobadas, una por la Cámara de Representantes -el 16 de diciembre de 2005- y otra por el Senado -el 25 de mayo de 2006-.

El primer proyecto, patrocinado por los republicanos, proponía, entre otras medidas, criminalizar la estadía indocumentada, acelerar las deportaciones y un fuerte componente de seguridad nacional para poner fin a la inmigración indocumentada.

Propuesta bipartidista

El segundo proyecto, que contó con respaldo bipartidista, entre otras recomendaciones incluyó una vía de legalización para la mayoría de los 12 millones de indocumentados que viven en Estados Unidos y que no tuvieran antecedentes criminales.

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Los republicanos argumentaron que este plan no era congruente con la política de seguridad del gobierno federal y optaron por cancelar el debate.

Un mes después, ambas cámaras del Congreso aprobaron la ley del muro y dos meses más tarde los republicanos perdieron en control de ambas cámaras del Congreso.

El segundo debate

A mediados de mayo de 2007 una comisión tripartita integrada por representantes demócratas, republicanos y de la Casa Blanca anunciaron la elaboración de una nueva propuesta de reforma migratoria que incluía, entre otras recomendaciones, una compleja vía de legalización para indocumentados que se encontraban en Estados Unidos desde el 1 de enero de 2007 y carecieran de antecedentes criminales.

El Senado inició el debate el 21 de mayo, pero el 7 de junio el liderazgo demócrata canceló la iniciativa bajo el argumento que los republicanos no estaban dispuestos a fijar un número limitado de enmiendas y que ninguna de ellas anulara la vía de legalización.

Una semana después, el día 14, los líderes de ambos partidos en la Cámara Alta acordaron reanudar el debate, pero el día 28 la propuesta tripartita sucumbió ante la falta de apoyo de ambos partidos.

El plan tripartita, basado también en un fuerte componente de seguridad nacional para poner fin al tráfico ilegal por la frontera, recomendaba una vía de legalización a cambio de, primero, una residencia temporal de tres años, verificación de identidad, una multa de $13,500 por persona y un trámite consular en el país de origen para recibir la residencia permanente.

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Leyes locales

El fracaso de ambos debates originó que gobiernos estatales -bajo el argumento de que el gobierno federal no hace mucho por controlar la inmigración ilegal- lancen sus propias iniciativas para solucionar el problema.

En los últimos dos años más de 1,400 proyectos de ley antiinmigrantes han sido discutidos en varios estados.

Las prohibiciones

En resumen, las ordenanzas prohíben a los propietarios alquilar casas y negocios a indocumentados, y otorgan poderes extraordinarios a policías locales para ejercer funciones como agentes de inmigración.

Autorizar a las policías municipales y estatales para que su personal ejerza funciones como agentes de inmigración es un plan ideado por el departamento de Justicia tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

La ley de inmigración de 1996 permite que el servicio de inmigración llegue a acuerdos con autoridades estatales y locales para que la policía realice este tipo de funciones.

El entonces secretario de Justicia, John Ashcroft, explicó en 2003 que el plan formaba parte de la lucha antiterrorista dirigida por el gobierno de Washington.

Cuestión de votos

Poco después del fracaso del debate de la reforma migratoria en el Senado el analista Sergio Bendixen dijo a Univision.com que la decisión del legislativo impactará en el voto latino durante las elecciones presidenciales de noviembre de 2008, "pero todavía es muy pronto para saber cómo y cuanto".

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"Debemos esperar un tiempo más todavía para poderlo medir. Mientras tanto, quien tenga la oportunidad de hacerse ciudadano que lo haga, porque el próximo año todos los votos contarán", agregó.

Datos de la oficina del Censo de Estados Unidos revelan que los hispanos representan el 14 por ciento de la población y entre el 6 por ciento y el 7 por ciento del electorado.

"No es suficiente"

"Es una cifra interesante", acotó Bendixen, "pero no suficiente. Todavía no tenemos el número de votos necesarios" como para impactar a la clase política y determinar el curso de una elección.

Respecto a las causas que incidieron en la decisión del Senado para rechazar el debate sobre la reforma migratoria, Bendixen señaló que, simplemente, se trató de una cuestión de cifras.

"Aquí (en Estados Unidos) hay 25 millones de votos antiinmigrantes y 10 millones de votos que favorecen una reforma migratoria amplia y comprensiva. Los senadores se inclinaron por el mayor número de votos".

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