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Raul Benoit, columnista de UNivisionNoticias.com.

Racismo cómplice y colectivo

Racismo cómplice y colectivo

Columna de Raúl Benoit sobre la hipocresía de los líderes latinoamericanos sobre Nelson Mandela tras el fallecimiento del expresidente sudafricano.

Raul Benoit, columnista de UNivisionNoticias.com.
Raul Benoit, columnista de UNivisionNoticias.com.

Por Raúl Benoit. @RaulBenoit

Es fastidioso leer las reflexiones por la muerte de Nelson Mandela, y no por el hecho en sí, porque se merece muchos homenajes y más, sino por los comentarios hipócritas de cierta gente.

Me molestan nuestros líderes latinoamericanos, casi al borde de verter lágrimas, elogiándolo y diciendo que él era un ejemplo a seguir, pero nunca lo han imitado. Se dan un baño de popularidad a costa del hombre que dicen admirar.

Son una camada de farsantes que sin dolerles el corazón y con el hígado bilioso le harían el quite, cambiándose de andén si es posible, si se lo hubiesen encontrado caminando en un mercado popular en Guatemala, Colombia, Honduras, El Salvador o cualquiera de nuestros países racistas. Si no fuera Mandela, lo despreciarían como lo hacen con sus paisanos morenos e indígenas.

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Más que un luchador contra el apartheid y defensor de la libertad de su pueblo africano, Mandela fue un hombre bueno, sencillo y honesto. Una persona que por designios cósmicos se convirtió en lo que fue: la conciencia de la humanidad. Fue un espíritu enviado del cielo, aunque les duela a los racistas. Dios también es de los negros, los indígenas y los pobres.

Mandela fue la antítesis de lo que son los políticos del mundo y más nuestros dirigentes en Latinoamérica, donde la intransigencia y el clasismo son sentimientos que se heredan con odio de generación a generación. Están en la memoria genética como un legado familiar, cultural y social.

La discriminación se hace de manera cómplice y colectiva. Se cuentan chistes en contra de negros e indígenas, ignorando que todos, aunque seamos de piel blanca, tenemos en nuestra sangre la raza que repudiamos.

Hay discriminación en el hogar cuando contratan a la mujer de raza indígena o negra y la tratan como animal. En ciertos casos cuidan más a las mascotas y se gastan más dinero en comida en los perros y gatos, que en compartir los alimentos con quien les sirve.

En los colegios de élite donde cualquiera no puede acceder a la educación, por ejemplo, la segregación es descarada. Para obtener un cupo escolar, tiene que ser recomendado por alguien importante, y por lo general es blanco.

Viajando por Centroamérica he escuchado muchas veces a personas incultas, refiriéndose al nuevo amiguito de su hijo o hija: “Pero, está como negrito, ¿no?” “Es muy indio para que sea tu esposo”. Muchos padres le exigen a sus “hembritas” que se busquen novios blancos y de lo posible con ojos zarcos, porque no aceptarán un hijo de color en la familia. Lo irónico es que se ofenden a sí mismos.

No vengan a llorar a Mandela, si no aplican sus ideales. No digan que es un ejemplo, si tratan mal al prójimo. Ni vayan a misa o al culto el domingo, para que el lunes desprecien a sus colegas por su color de piel o condición social.

Mandela, más allá de cambiar el rumbo de Sudáfrica, dejó un legado para revaluar los valores morales y éticos de las personas. Fue un pacifista, valiente y libertador, uno de los humanistas de nuestros tiempos y era negro, como el vecino que seguramente no invitarán a sus fiestas navideñas o el que acusan abusivamente de que si no lo hace a la entrada, lo hará a la salida.

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