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Aunque Misrata está aislada del resto del país por vía terrestre, sigue comunicada con el resto del mundo, y sobre todo con Bengasi, la capital de la insurrección.

Pese al sitio y los bombardeos, todavía no hay hambruna en Misrata

Pese al sitio y los bombardeos, todavía no hay hambruna en Misrata

La ciudad de Misrata, un bastión insurgente a 120 km al este de Trípoli, es un enclave asediado y bombardeado por las fuerzas del coronel Muamar Gadafi.

Aunque Misrata está aislada del resto del país por vía terrestre, sigue...
Aunque Misrata está aislada del resto del país por vía terrestre, sigue comunicada con el resto del mundo, y sobre todo con Bengasi, la capital de la insurrección.

Miles de habitantes permanecen escondidos en medio de los combates

MISRATA - La ciudad de Misrata, un bastión insurgente a 120 km al este de Trípoli, es un enclave asediado y bombardeado por las fuerzas del coronel Muamar Gadafi, pero en la zona del puerto la situación alimentaria, médica y humanitaria por el momento no es crítica, constató un periodista de la AFP.

Es imposible saber cuántos de los 500,000 habitantes que tenía la ciudad antes del comienzo de la insurrección, el 19 de febrero pasado, quedaron atrapados en este reducto a orillas del mar de unos 30 km de largo y 15 km de ancho cuando fue rodeada por las fuerzas leales al régimen.

Responsables de la rebelión afirman que nadie partió, pero en la ciudad hubo numerosos testimonios sobre la huida de muchas familias durante los primeros días de combates, antes de que el sitio fuera hermético.

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Zona peligrosa

Si bien los enfrentamientos con armas livianas y morteros son incesantes en la línea del frente, en particular a lo largo de la calle de Trípoli, que otrora fuera la gran arteria de Misrata, barrios enteros están a salvo de los disparos en los cuales se refugiaron las familias que vivían demasiado cerca de la zona peligrosa.

En la escuela "Jamil Fatá", Abdelhamid Abushaala y unos 60 miembros de su familia ocupan varias salas de clase. "Recibimos pan, arroz, huevos, leche. No es ideal, no hacemos dos comidas diarias, pero tenemos suficiente lugar", explicó.

A nivel alimentario, trozos de carne de vaca o de camello cuelgan en las vitrinas de las carnicerías. Las farmacias y los almacenes están abiertos y aprovisionados. En las encrucijadas, los granjeros de los alrededores venden zanahorias, zapallitos, lechugas, limones y perejil cuyos precios han aumentado poco o nada.

Alimentos racionados

Antes de la insurrección, Muftar Langa, de 57 años, era abogado. Actualmente, con otros voluntarios, hunde las manos en la harina de la panadería Abad cuyos empleados, en su mayoría egipcios, escaparon.

"Nosotros limitamos la distribución, que es gratuita, a 20 panecillos por persona", dijo. "Pero se puede volver varias veces", agregó. Ante su puerta, unas diez personas esperaban con sus canastas.

En el depósito hay cientos de bolsas de harina. "Todavía hay en los depósitos del puerto. Eso permitiría resistir al menos un mes, creo. O dos... Un comité de la ciudad está encargado de aprovisionarnos", explicó.

Comunicación marítima

Aunque Misrata está aislada del resto del país por vía terrestre, sigue comunicada con el resto del mundo, y sobre todo con Bengasi, la capital de la insurrección del otro lado del Golfo de Sirte, más al este, por vía marítima.

Los rebeldes controlan y defienden la inmensa zona portuaria con sus reservas de alimentos y gasolina. Cuatro estaciones de servicio están abiertas en la ciudad, y si bien hay que hacer cola, es posible llenar el tanque. Hay numerosos automóviles particulares que circulan. El agua es distribuida por camiones cisterna.

Uno o dos barcos atracan diariamente en el puerto. Algunos de ellos, procedentes de Malta y fletados por organizaciones humanitarias, llevan toneladas de ayuda y evacúan a los heridos graves. Otros, que partieron de Bengasi, transportan sobre todo armas y municiones.

En la clínica Al Hekman, un establecimiento privado transformado en hospital, 30 de las 60 camas están ocupadas. La urgencia de los primeros días fue resuelta gracias a la evacuación de los heridos más graves a Bengasi.

Las reservas de medicamentos cruciales, según los médicos italianos que llegaron el domingo, permitirán resistir unas dos semanas. Pero se espera la llegada en breve de barcos de las organizaciones humanitarias.

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