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La política migratoria del presidente francés Nicolas Sarkozy es comparada con los procedimientos nazis de la Segunda Guerra Mundial.

Expulsión de gitanos cobra factura a Francia

Expulsión de gitanos cobra factura a Francia

La política migratoria antigitana del gobierno de París es comparada con los procedimientos nazis de la Segunda Guerra Mundial.

La política migratoria del presidente francés Nicolas Sarkozy es compara...
La política migratoria del presidente francés Nicolas Sarkozy es comparada con los procedimientos nazis de la Segunda Guerra Mundial.

Europa ajusta cuentas con Sarkozy

PARIS - Francia está recibiendo ataques como nunca antes de sus vecinos europeos por la expulsión de gitanos, que algunos expertos interpretan como un ajuste de cuentas frente a la "arrogancia" de este país, cuna de la declaración universal de los derechos humanos.

En Bruselas y en Bucarest, Francia ha repetido que respeta "escrupulosamente" el derecho europeo, pero su política de desmantelamiento de decenas de campamentos ilegales de gitanos y la expulsión de cientos de ellos acompañados de una ayuda financiera hacia sus países de origen, esencialmente Rumania, ha generado duras críticas.

Al estimar que es "injusto que Francia sea puesta en la picota", el secretario de Estado francés para Asuntos Europeos, Pierre Lellouche, confió a la AFP tener "la impresión" de que Francia está recibiendo "una paliza".

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¿Política racista?

Después de la ONU, que en agosto exhortó a París a "evitar" los discursos políticos discriminatorios", el Parlamento Europeo y el Consejo de Europa salieron al cruce de las expulsiones impulsadas por Francia.

El jefe de los liberales en la Eurocámara, el ex primer ministro belga Guy Verhofstadt, no dudo en referirse el martes a una "tentación populista y a veces racista".

Según el jefe del bloque socialista, el alemán Martin Schulz, es ni más ni menos una "caza de brujas". El comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, el sueco Thomas Hammarberg, comparó esta semana "la retórica política actual contra los gitanos" con la utilizada por "los nazis y los regímenes fascistas", provocando una cierta tensión diplomática.

Arrogancia y decepción

Para el sociólogo Michel Wieviorka, las expresiones antes citadas ponen en evidencia un cierto nerviosismo hacia Francia "considerada arrogante" en el escenario internacional y al mismo tiempo muestran una cierta "decepción" hacia el país que es símbolo de valores universales.

"El país que reivindica ser el de los derechos humanos y que da lecciones a todos el mundo oponiéndose en la tribuna de la ONU a la guerra de Irak (2003), es atrapado en flagrante delito y en contradicción con su propio discurso", afirma ese experto.

El jueves, los eurodiputados hicieron un llamado de atención a Francia al pedirle la suspensión inmediata de las expulsiones de gitanos (un millar desde julio).

La postura francesa

Pero para los responsables franceses esos ataques buscan minimizar la responsabilidad de la Unión Europea y de los países de origen de los gitanos, que según París no aplican las políticas necesarias para facilitar su integración.

"Estos ataques son para la UE y para Rumania una manera de intentar culpabilizar a Francia aún cuando ellos tienen responsabilidades", declaró a la AFP Arno Klarsfeld, consejero del primer ministro francés, Francois Fillon.

"Molesta porque ponemos en evidencia lo no dicho", opinó el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Asamblea Nacional (cámara Baja), Axel Poniatowski.

En la mirilla

El endurecimiento de la política migratoria y de la expulsión de gitanos centraron a fines de julio un discurso del presidente francés Nicolas Sarkozy, blanco, en los últimos meses, de ataques en la prensa extranjera.

Así, la edición de julio de Courrier International se refería a una "Francia desplumada" por un presidente que "imparte lecciones" a nivel internacional, sacudido en su país por escándalos político-financieros.

"The Incredible Shrinking President" ("El increíble presidente que se reduce") es el título de portada en The Economist al referirse a las promesas de Sarkozy cuando llegó a la presidencia en 2007 y la "versión reducida" en que se convirtió según esa revista británica de esta semana.

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