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Unasur concluyó sin acuerdo sobre el pacto de bases militares de EU en Colombia

Unasur concluyó sin acuerdo sobre el pacto de bases militares de EU en Colombia

Los presidentes que integran la Unasur se reunieron en una cumbre extraordinaria en Bariloche, Argentina.

Fuertes debates

BARILOCHE, Argentina -  Sin avanzar en una definición sobre el pacto entre Colombia y Estados Unidos por el uso de bases militares, los presidentes de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) acordaron el viernes que sus cancilleres y ministros de Defensa se reúnan en septiembre para diseñar un acuerdo de cooperación que permitiría al Consejo Suramericano de Defensa inspeccionar las bases militares de cada país miembro de la unión.

La Cumbre extraordinaria concluyó en la patagónica ciudad argentina de Bariloche sin que se resolvieran las profundas divergencias entre los países de la región.

Recibe noticias de Argentina en tu móvilEl presidente colombiano Alvaro Uribe pareció aceptar la idea de la inspección, aunque los mandatarios comenzaron a abandonar la sala cuando aún se afinaba la declaración final, así que no hubo ceremonia para suscribir el documento.

"Vamos a esperar que funcione ese Consejo de Defensa, que supervise las bases... ¿qué más se puede hacer?", dijo el presidente ecuatoriano Rafael Correa, presidente pro témpore de la Unasur, en una conferencia de prensa posterior al cierre de la reunión.

Los jefes de Estado instruyeron a sus cancilleres y ministros de Defensa "a celebrar una reunión extraordinaria, durante la primera quincena de septiembre, para que... diseñen medidas de fomento de la confianza y de la seguridad de manera complementaria a los instrumentos existentes en el marco de la OEA".

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Las medidas deben incluir "mecanismos concretos de implementación y garantías para todos los países aplicables a los acuerdos existentes con países de la región y extrarregionales; así como al tráfico ilícito de armas, al narcotráfico y al terrorismo de conformidad con la legislación de cada país".

Uribe logró así impedir que la Unasur rechazara de cuajo el acuerdo con Washignton, como proponían los presidentes de Uruguay y Bolivia, y consiguió arrancarle a la unión una condena a medias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Durante una de sus alocuciones, en la que enfatizó que el acuerdo con Estados Unidos está destinado a poner freno al narcoterrorismo y subrayó que no implica la cesión de soberanía por parte de su país ni un avance de las tropas estadounidenses sobre el territorio de otras naciones, Uribe había manifestado su inquietud porque América Latina aún no hubiera reconocido "como terroristas, no algunos hechos, sino la actividad general del grupo".

Tras largas horas de debate, en las que abundaron las acusaciones cruzadas, los mandatarios de América del Sur suscribieron un documento final en el que reafirmaron "que la presencia de fuerzas militares extranjeras no puede... amenazar la soberanía e integridad de cualquier nación sudamericana y en consecuencia la paz y seguridad de la región", pero dejaron pendiente su posición sobre el acuerdo entre Bogotá y Washington que ha puesto bajo tensión a la región.

Moción de Correa

Tampoco hubo acuerdo sobre el pedido que hizo Correa de una reunión urgente con el mandatario de Estados Unidos Barack Obama para que explique los intereses de su país en la región.

La moción de Correa había sido respaldada por los presidentes de Argentina, Brasil y Venezuela pero objetada por el presidente colombiano Alvaro Uribe, y quedó finalmente fuera del documento.

Lucha contra el terrorismo

Sí se incluyó, en cambio, un apartado en el que los jefes de Estado reafirmaron su "compromiso de fortalecer la lucha y cooperación contra el terrorismo y la delincuencia transnacional organizada y sus delitos conexos: el narcotráfico, el tráfico de armas pequeñas y ligeras" y rechazaron "la presencia o acción de grupos armados al margen de la ley".

Tampoco hubo mención a un pedido de Correa y el presidente venezolano Hugo Chávez, que habían reclamado a Uribe que presente el documento del acuerdo con Estados Unidos para disipar los temores sobre un avance de ese país en la región.

"Ha habido informaciones muy difusas, vagas, ambiguas", dijo Chávez. "Que se nos haga llegar, en aras de la transparencia, el documento", añadió.

"Creo que, en síntesis, hemos arribado a un buen final", dijo la mandataria argentina Cristina Fernández en la conferencia de prensa junto a Correa.

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Uribe, que había llegado acorralado a la cumbre, logró evitar una condena como proponía Evo Morales y Chávez, quien detrás del pacto Bogotá-Washington veía una amenaza directa --llegó a firmar que "se ha venido configurando todo un imaginario creado por la dictadura mediática para justificar una agresión contra Venezuela... de invasión de Venezuela, de asesinato contra el presidente de Venezuela"-- se fue con las manos vacías.

"¿Para qué van a dominar el petróleo si usted se lo vende todo a los Estados Unidos?", le disparó el presidente peruano Alan García a Chávez al referirse al temor de Venezuela por la presencia de militares estadounidenses en Colombia.

"Es broma", dijo luego sobre la frase, que provocó sonrisas excepto en Chávez.

García también cuestionó la carrera armamentista en la región, al sostener que "es vergonzoso que presidentes que decimos actuar por el pueblo hayamos comprado el año pasado 38.000 millones de dólares en armas".

El cónclave, de hecho, terminó casi como empezó: sin acuerdo en torno al polémico tema de la operación de militares estadounidenses en siete bases colombianas y con diferencias incluso respecto a la forma de solucionar el conflicto armado interno en Colombia.

¿Carrera armamentista?

Las acusaciones entre los países de la región se dan en un contexto de aumento del gasto militar: la región invirtió en 2008 unos $51 mil millones en armas, un 30% más que en 2007, según la consultora argentina Nueva Mayoría.

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Eso es poco comparado con el resto del mundo, pero es una carga pesada para las democracias jóvenes en tiempos de paz que se esfuerzan por lidiar con problemas como la pobreza y la contracción económica.

Brasil está comprando en Francia cinco submarinos, uno de ellos nuclear, y está a punto de renovar su flota de aviones caza, mientras que Bolivia invertirá $100 millones en su seguridad y Venezuela gastó $4,400 millones en aviones, helicópteros y fusiles rusos.

Más armas que recursos

Ecuador ha comprado 24 aviones de guerra brasileños y seis aeronaves a control remoto de fabricación israelí. Bolivia ha abierto una línea de crédito con Rusia de $100 millones para la compra de armamento.

"Nada de esto es bueno. Lo último que la región necesita es una carrera armamentista. De ninguna reunión de Unasur debería surgir la frase 'usted se está armando, es por eso que nosotros debemos seguir armándonos'", dijo Markus Schultze-Kraft, analista en Bogotá del International Crisis Group, una organización de resolución de conflictos.

La Red Latinoamericana para la Seguridad y Defensa, un grupo investigador en Buenos Aires, sostiene que Ecuador es el país sudamericano con más gastos de defensa en proporción a su economía: el 10,7% de su presupuesto nacional.

Doctrina disuasiva

El jueves en Cartagena, Colombia, el ministro de Defensa colombiano Gabriel Silva aseguró que la doctrina militar colombiana es "disuasiva" y que la nación andina no está en una carrera armamentista."Vamos dispuestos a absolver las dudas sobre el acuerdo, (pero) llevamos una posición absolutamente vertical de pedir la opinión de los gobiernos de Unasur sobre temas que son muy preocupantes para nosotros como el armamentismo exagerado por parte de algunos gobiernos", dijo una alta fuente del gobierno colombiano, que pidió anonimato."

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¿Con qué objetivos se está armando Venezuela? ¿Cómo lo está haciendo?", se preguntó la fuente.

Fantasma de la dictadura

Otros sospechan de cualquier presencia militar extranjera en América Latina, donde aún está fresca la memoria de las dictaduras militares apoyadas por Estados Unidos.

El reciente golpe en Honduras -encabezado por unas fuerzas armadas con estrechos lazos con Estados Unidos- también preocupa a los diplomáticos de la región.

Las promesas verbales de Uribe no han atenuado las sospechas, especialmente desde que despachó a sus fuerzas militares a atacar a una base de las FARC en territorio ecuatoriano el año pasado para matar a un comandante rebelde, y le expresó tanto a Chávez como al presidente ecuatoriano Rafael Correa que estaría dispuesto a volverlo a hacer.

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