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Sobrevivientes narran horror del tsunami en la costa chilena

Sobrevivientes narran horror del tsunami en la costa chilena

El horror que vivió Pelluhue muestra la destrucción que el sismo y el maremoto trajeron a la costa centro-sur chilena.

Sin tiempo de escapar

PELLUHUE, Chile - "Todo eso era lleno de casas. Más de cien", dice Silvia Aparicio, apuntando hacia el balneario chileno de Pelluhue, sepultado bajo la arena por el tsunami que siguió al terremoto de 8.8grados del pasado sábado.

"Esto es nada comparado a lo que pasó en el marisquero (otro barrio)", otra área bien conocida por sus habitantes por los mariscos, añade esta dirigente social de 50 años.

Sigue  aquí en vivo los sucesos en Chile.

Decenas de jubilados que vacacionaban en un campamento rodeado de pinos junto al mar se dieron cuenta de que tenían que actuar rápidamente luego del poderoso terremoto de la madrugada del sábado.Se arracimaron en un autobús para llegar a terrenos más altos, pero el maremoto desatado por el sismo llegó en tres olas, avanzó 200 metros sobre el pueblo balneario y arrastró el vehículo.

El lunes sólo se habían encontrado cinco cuerpos de las víctimas, dijeron bomberos y residentes locales.El horror que vivió Pelluhue muestra la destrucción que el sismo de magnitud 8,8 y el maremoto trajeron a la costa centro-sur chilena, la zona más cercana al epicentro del temblor. La cifra de muertos llegaba a 723, la mayoría de ellos en la región vinícola del Maule, donde esta Pelluhue. Cadáveres y restos

Los sobrevivientes del pueblo han encontrado hasta ahora 20 cadáveres y calculan que 300 viviendas quedaron destruidas. Restos de casas, televisores, ropas, lavavajillas y peces muertos cubren las playas de arena negra."Corrimos por la parte más alta del pueblo, gritando: 'Salgan de sus casas'", dijo Claudio Escalona, de 43 años, que huyó de su casa junto al campamento con su esposa e hijas de 4 y 6 años. "Unos 20 minutos después vinieron tres olas: dos de ellas enormes, de unos seis metros (18 pies) cada una, y la tercera aún mayor. Esa entró en todas partes"."Se oían los gritos de niños, mujeres, de todo el mundo", dijo Escalona. "Hubo gritos primero y luego un silencio tremendo".

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La destrucción es amplia y la comida escasea en la costa, en pueblos como Talca y Cauquenes, Curicó y San Javier. En Curanipe, la iglesia se convirtió en morgue. En Cauquenes, la gente enterró a sus muertos con rapidez porque la funeraria no tenía electricidad. Envían ayuda

La presidenta Michelle Bachelet dijo que el gobierno estaba enviando cientos de toneladas de comida, agua y otras provisiones a la región.

Luego del sismo, Marioli Gatica y su familia escuchaban la radio a la luz de una linterna en su casa de madera junto al mar en el puerto de Talcahuano. Oyeron a los bomberos que pedían calma y que la gente permaneciera en sus casas. Nadie advirtió sobre un tsunami. Pero éste llegó y la casa se llenó de agua con un bramido que barrió a toda la familia.

"Un momento estábamos sentados ahí y al siguiente veía cables y muebles que flotaban en el agua", dijo Gatica.

Quedaron atrapados

Dos contenedores portuarios aplastaron la casa. Un tercero, que encalló entre el mar y la familia, evitó que las aguas se llevaran a todos en su retirada. La hija de 11 años de Gatica se aferró a un árbol. Su madre de 76 años desapareció. "Creo que mi mamá está atrapada debajo" de la casa, dijo.

Un 80% de los 180 mil habitantes de Talcahuano perdieron sus hogares, 10 mil casas no están habitables y cientos fueron destruidas, dijo el alcalde Gastón Saavedra.

"El puerto está destruido. Las calles, derrumbadas. Los edificios, destruidos", dijo.

El ministro de Defensa ha dicho que la Marina cometió un error al no emitir de inmediato una alerta de tsunami. Agregó que los capitanes de puerto que las lanzaron salvaron cientos de vidas en la costa.

Cadáveres por doquier

Los servicios de socorro estiman que 57 personas murieron en Pelluhue y 28 en Curenipe, dos aldeas ubicadas a 300 km al sur de Santiago, y cerca del epicentro del terremoto que dejó más de 700 muertos, según un balance oficial preliminar.

Wagner Alvear Flores, del cuerpo de bomberos de la región de Santiago, que viajó a la zona, habla de un aproximado de "46 cadáveres hallados a nivel regional" y un "número indeterminado de desaparecidos".

La mayoría de ellos son turistas chilenos que venían a pasar sus vacaciones de verano en esta aldea de pescadores y agricultores en el sur del país.

Soprendidos por tsunami

Las víctimas fueron sorprendidas por el maremoto mientras dormían en la madrugada.

"Aquí, no hubo alarma. Las olas vinieron 40 minutos después del terremoto, que tuvo lugar a las 3:25 de la madrugada. Hubo dos y a continuación una más grande. El ruido era ensordecedor", recuerda Silvia Aparicio, que vive en una zona alta de lo que fue este colorido pueblo.

Un poco más tarde cuatro hombres cargan una camioneta con unas cuantas sillas, un cochecito de bebé, una estructura de cama: todo lo que quedó de su casa de vacaciones, una de las pocas que quedó en pie al frente de la playa tras el tsunami.

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Regeso a casa

"Volvemos a Curicó (a unos 150 kilómetros). No podemos quedarnos", dijo Oscar Henríquez, un jubilado.

Detrás de él, pasa un coche de policía. Las fuerzas del orden previenen a los habitantes a través de un altavoz: "!A las 21 horas, toque de queda!"

"Los militares llegaron ayer para resguardar porque hubo muchos saqueos", explicó Aparicio.

Días y noches largas

Un primer envío de ayuda llegó el lunes, pero la zona seguía sin electricidad ni agua y el supermercado mantenía cerradas sus puertas por falta de mercancías.

Y la noche promete ser todavía mucho más larga para los residentes, algunos de los cuales han preferido acampar en el pueblo.

"Estoy asustadísima, porque las réplicas se intensifican más durante la noche", señala Aparicio.

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