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Nunca antes en la historia de Brasil hubo un presidente como Lula

Nunca antes en la historia de Brasil hubo un presidente como Lula

Luiz Inácio Lula da Silva acapara la escena política brasileña con una popularidad como nunca antes tuvo un presidente en este país.

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Roussef se enfila a sucederlo

RÍO DE JANEIRO - Luiz Inácio Lula da Silva, un obrero metalúrgico de origen humilde que fue líder sindical y de la oposición durante dos décadas antes de llegar al poder, acapara la escena política brasileña con una popularidad como nunca antes tuvo un presidente en este país.

Su influencia puede continuar tras ocho años de Gobierno ya que este tornero mecánico nacido el 27 de octubre de 1945 en Garanhuns, municipio del pobre estado de Pernambuco (nordeste), probablemente será sucedido por su apadrinada, la ex ministra Dilma Rousseff, si se confirman las encuestas para las elecciones del domingo.

Lula, que suele restarle méritos a sus antecesores al subrayar hasta el cansancio en sus discursos que "nunca antes en la historia de este país..." alguien hizo tanto por Brasil como él, ha sido realmente, y descontadas sus exageraciones, un presidente sin par.

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Nadie antes de Lula

Pese a que, como le recuerdan sus opositores y la prensa, no fue él quien descubrió Brasil, nunca antes el mayor país latinoamericano fue gobernado por un obrero procedente de esta región paupérrima, que ni terminó la escuela primaria.

Tampoco nunca antes un presidente había concluido dos mandatos con una popularidad tan alta, cercana al 80 por ciento y con su candidata como favorita a sucederle con cerca del 50 por ciento de las intenciones de voto.

Igualmente, nunca un jefe de Estado salió ileso políticamente de sonados escándalos de corrupción que derribaron a los principales líderes de su partido y le costaron el cargo a sus dos hombres de confianza, los entonces ministros José Dirceu (Presidencia) y Antonio Palocci (Hacienda).

Tampoco nunca un presidente brasileño gobernó con el apoyo de aliados a los que en el pasado calificaba de corruptos, como los ex mandatarios José Sarney y Fernando Collor, y de partidos que consideraba como lo peor de la política nacional.

Brasileños agradecidos

De la misma manera, ningún Gobierno había conseguido que 30 millones de brasileños ascendieran de la clase baja a la media ni generar 15 millones de nuevos empleos formales en ocho años, según las cuentas oficiales.

Tampoco ningún presidente había amenazado con expulsar a un corresponsal extranjero que le atribuyó problemas con el alcohol ni ningún Gobierno democrático había debatido tanto medidas para intentar controlar a los medios de comunicación.

Por la coyuntura internacional que le ha tocado, ningún gobernante consiguió darle tanto peso a Brasil en el exterior y ponerlo como líder de los emergentes, hasta el punto de que el presidente estadounidense, Barack Obama, le dijo en la cumbre del G-20 en Londres el año pasado: "T hat's my man" (Este es mi hombre) y lo definió como "el político más popular de la tierra".

El año pasado, Lula fue elegido "personaje iberoamericano del año" por el diario español El País y "personalidad del año" por el francés Le Monde, y fue incluido en la lista de las 50 personalidades de la década por el británico Financial Times.

El reconocimiento a Lula

Ello pese a su firme defensa, también inédita para mandatarios brasileños, de gobiernos cuestionados internacionalmente como el cubano de Raul Castro, el del venezolano Hugo Chávez o el del iraní Mahmud Ahmadineyad.

Lula debe ese reconocimiento interno y externo a su pragmatismo, a su capacidad conciliadora y a una habilidad política que le ha permitido dejar atrás la imagen de radical que él mismo se había forjado como un barbudo sindicalista.

Con esa misma habilidad ascendió socialmente tras establecerse en su infancia en Sao Paulo, huyendo de la miseria en el nordeste, donde lo crió su madre junto con siete hermanos.

Después de trabajar como limpiabotas, mensajero y bodeguero, Lula hizo un curso de tornero mecánico que le permitió trabajar como metalúrgico.

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Lula 'multihabilidades'

Demostró su habilidad política como sindicalista desde 1969 y, diez años después, como presidente del Sindicato de Metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo, lideró una huelga que puso en jaque al régimen militar (1964-1985) y que le costó 31 días de cárcel.

En 1980 participó en la fundación de la Central Única de Trabajadores (CUT) y del Partido de los Trabajadores (PT), con los que consolidó su imagen radical, opuesto al FMI y al pago de la deuda externa, postura que hizo temblar a los mercados antes de su primera elección.

Tres veces derrotado en las presidenciales (1989, 1994 y 1998), Lula dejó de lado su radicalismo para prometer la continuidad de la política económica del entonces presidente Fernando Henrique Cardoso y así ganó las elecciones de 2002.

Reelegido en 2006, mostró el mismo pragmatismo para montar una variopinta alianza de partidos también nunca antes vista en el país, que le permitió garantizar la gobernabilidad y que ha repetido este año para tratar de imponer en las urnas a su sucesora.

¿Una mujer lo sucederá?

Si como lo anticipan las encuestas, la candidata oficialista Dilma Rousseff gana las elecciones del domingo, será la primera vez que una mujer alcance la presidencia de Brasil.

Sería toda una hazaña para esta economista de 62 años, hija de un inmigrante búlgaro y una brasileña, que lograría así su primera victoria la primera vez que disputa un cargo electoral.

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Apoyada por el presidente, Rousseff se benefició de la popularidad histórica del mandatario y de su gobierno para consolidarse en la preferencia del electorado.

Con méritos propios

Sin embargo, analistas reconocen que ella tuvo méritos propios para llevar esta campaña a sobreponerse a las adversidades de escándalos que afloraron en la prensa y que amenazaron su postulación.

Demostró a lo largo de la campaña el espíritu de lucha que la llevó en su juventud a tomar las armas y unirse a un movimiento guerrillero para combatir a la dictadura militar que gobernó Brasil de 1964 a 1985. Ese mismo espíritu le permitió superar un cáncer linfático un año atrás.

Pese a su falta de experiencia electoral, Rousseff aparece posicionada para ganar la elección en el primer turno, el 3 de octubre, algo que ni Lula, el presidente más popular de la historia reciente de Brasil, pudo alcanzar.

"El voto de Dilma está muy vinculado a Lula y su gobierno, que tiene casi 80 por ciento de aprobación", comentó la analista política Helcimara Telles, del Grupo de Pesquisa Opinión Pública, Marketing Político y Comportamiento Electoral.

Sin embargo, consideró que Rousseff logró captar votantes más allá del electorado "lulista", en particular aquel que desconfiaba del actual presidente por su origen sindical y su falta de formación académica.

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Atrae a nuevos sectores

"Dilma viene de un gobierno bien evaluado y atrae a sectores que no votarían por Lula por ser un líder de origen popular, obrero, pero que sí votarían por ella. Eso explica su crecimiento en las encuestas", opinó Telles.

Rousseff fungió como ministra de Minas y Energía en el primer mandato de Lula (2003-2006), y en el segundo período (2006-2010) fue secretaria general del gobierno, el puesto más cercano al presidente y de más poder.

Su desempeño en ese cargo convenció a Lula de su capacidad como administradora, pero también le hizo ganar fama de mujer dura y de mal carácter, capaz de gritarle a subalternos e incluso a otros ministros si estaba disconforme con su labor.

El analista político Carlos Ranulfo, de la Universidad Federal de Minas Gerais, consideró que Rousseff ha crecido a lo largo de la campaña, al punto que hasta aparece más simpática y ha logrado mejorar su desempeño en los debates contra rivales más curtidos en las lides políticas.

Antes de la campaña, la aspirante se sometió a una renovación total de su imagen, que incluyó una cirugía plástica y un nuevo peinado, con lo que suavizó su imagen dura.

Su inicio político

Su primeros pasos como militante política los dio con organizaciones de orientación comunista y trotskista, y en 1967, cuando estudiaba economía en su estado natal de Minas Gerais, se incorporó al guerrillero Comando de Liberación Nacional (Colina), que buscó derrocar a la dictadura militar.

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Capturada en 1970, fue torturada y permaneció en detención durante tres años. Tras ser liberada, se trasladó al estado sureño de Rio Grande do Sul, donde inició una nueva carrera política en el Partido Democrático Trabalhista (PDT).

Durante su militancia guerrillera conoció a Carlos Araújo, quien sería su compañero durante 30 años, hasta su separación en el 2000. Con él tuvo su única hija, Paula, quien dos semanas atrás dio a luz al primer nieto de la candidata, Gabriel.

En Rio Grande do Sul Rousseff comenzó su carrera como funcionaria pública, primero como secretaria de Hacienda de la alcaldía de Porto Alegre, y luego como secretaria estatal de Energía, Minas y Comunicaciones.

En el 2001 se incorporó al Partido de los Trabajadores (PT), fundado por Lula y que la postula a la actual elección.

Trabajó en la formulación del programa de gobierno del PT en la elección del 2002, que ganó Lula, y se incorporó como ministra del actual gobierno, que abandonó en abril para asumir la candidatura presidencial de su partido.

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