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La no tan santa vida del padre Maciel

La no tan santa vida del padre Maciel

Según un reciente informe, el sacerdote mexicano, quien murió el año pasado, tuvo hace 22 años un hijo con su amante.

Según un reciente informe, el sacerdote mexicano, quien murió el año pasado a los 87 años de edad, tuvo hace 22 años un hijo con una mujer cuya identidad no ha sido revelada. También ha salido a la luz pública que el sacerdote aparentemente entregó grandes cantidades de dinero de su congregación a la familia de la mujer a quien supuestamente mantuvo como su amante. Pero esos habrían sido los menos graves de sus muchos supuestos pecados. El padre Maciel ha sido por décadas una figura polémica. Amigo personal del Papa Juan Pablo II, Maciel dirigió una congregación católica dedicada a propagar la palabra de Cristo y a apoyar a la Iglesia Católica. Y por ello logro un apoyo incondicional por parte de la jerarquía del Vaticano y ha sido venerado casi en un estatus de culto por sus seguidores. Pero hay quienes ven a Maciel de una manera muy diferente. En el seminario dirigido por el fundador de los Legionarios de Cristo hacia finales de los años 50 y comienzos de los 60 había cerca de 100 jóvenes seminaristas. José Barba, ahora profesor universitario, tenía 12 años en aquel entonces. Los años pasan pero no ha podido borrar de su memoria los horribles y vergonzosos episodios de aquellos días. Abusos sexualesBarba alega que el padre Maciel abusó de él sexualmente. Dice que su líder espiritual le dijo que sufría de dolores y que tenía autorización del Vaticano para que algunas monjas le hicieran masajes en sus genitales para aliviar ese dolor. El joven seguramente le podría hacer el favor. El sacerdote le mostraría cómo hacerlo. El cree que posiblemente hasta una tercera parte de los seminaristas pudieron haber sido víctimas en aquel entonces de los abusos de su líder. Para 1997, casi cuatro décadas después de los supuestos incidentes, Barba y otros 7 ex seminaristas ya no pudieron mantenerse callados. Enviaron una carta al Vaticano denunciando los abusos sexuales cometidos. Sin embargo, el Santo Padre no sólo no mostró disposición para escuchar su clamor de justicia, sino que apoyó públicamente al padre Maciel.

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No fue hasta el 2004 que la Congregación para la Doctrina de la Fe —dirigida por el entonces cardenal Joseph Ratzinger— abrió una investigación sobre las alegaciones en contra del padre Maciel. Dos años después, Ratzinger, ahora Papa Benedicto XVI anunció que la investigación había sido suspendida y que había invitado a Maciel para jubilarse en una vida de "oración y penitencia".La tibia condena del Vaticano y la muerte del líder de la Legión de Cristo no han eliminado la controversia que rodea sus supuestos pecados, considerados crímenes por algunos. Existen acusaciones adicionales de adicción a las drogas y posibles lazos con traficantes de drogas, entre otras cosas. Aunque las acusaciones en su contra quizás no puedan ser comprobadas, si dejan a los decenas de miles de miembros de Legión de Cristo y su organización laica Regnum Christi, con presencia en 22 países alrededor del mundo, con un difícil reto moral. Dimensión del dañoLos Legionarios siempre han defendido al padre Maciel, han negado las acusaciones en su contra, y sugieren además que si acaso hubiese algo de verdad en ellas, sus pecados pueden ser perdonados. Sin embargo, algunos líderes de la Iglesia se preocupan que esa reverencia hacia el padre Maciel continúe siendo la base de la orden religiosa. El arzobispo Edwin O'Brien de Baltimore, Maryland, la diócesis más antigua de Estados Unidos, advirtió recientemente a los católicos que no deben vincularse a La Legión de Cristo o en Regnum Christi. Expresó que no quisiera alentar el culto a Maciel dada la magnitud de las acusaciones en su contra. Mientras tanto, algunos líderes legionarios comienzan a insistir que la misión de la Legión y el trabajo que ha logrado desde sus comienzos en los años 20, no deben ser opacadas por los pecados o supuestos crímenes del padre Maciel. Es ahora una organización en busca de una nueva identidad que además necesita reconocer la dimensión del daño que le ha dejado la no tan santa vida de su fundador.


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