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“Tomó su pistola y le disparó”: el último testigo de la Fiscalía describe brutales asesinatos atribuidos a ‘El Chapo’

Estas anécdotas, las más crueles atribuidas directamente a Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, cierran la semana diez del juicio. En la recta final, la Fiscalía federal ha decidido exponer cómo el acusado usó la violencia para dirigir su empresa criminal, el cartel de Sinaloa, durante más de tres décadas.
24 Ene 2019 – 6:52 PM EST

El último testigo presentado por la Fiscalía federal en el juicio contra Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, quien era su guardaespaldas cercano, ha dejado boquiabierto al jurado este jueves al contar detalladamente tres asesinados a sangre fría que habría cometido el propio narcotraficante hace una década.

A cada una de sus víctimas, miembros de carteles rivales, les quitó la vida dándoles un tiro en la cabeza, después de interrogarles y someterles a salvajes torturas, afirmó Isaías Valdez Ríos, alias ‘Memín’, quien durante diez años estuvo en el círculo de seguridad del mafioso en las montañas, tras desertar de las fuerzas especiales del Ejército mexicano.

“El señor Joaquín no dijo mucho. Simplemente se acercó, le puso el rifle en la cabeza y dijo: chinga tu madre. Y le disparó”, contó sobre el crimen de un integrante del cartel de Los Zetas en 2006 o 2007.

Valdez Ríos aseguró que su expatrón asesinó con la misma saña a otro ‘zeta’ que tenían secuestrado en las montañas de Sinaloa. Guzmán ya los había cuestionado sobre su organización delictiva y los golpeó tan duro con un madero durante dos o tres horas que casi los mató. “La gente era como muñecas harapientas. Los huesos de sus cuerpos estaban fracturados. No podían moverse”, afirmó el testigo.


La agonía terminó con un disparo en la cabeza. Al ver los cadáveres tendidos, Guzmán les pidió a sus trabajadores que cavaran un hoyo, que prendieran fuego dentro y que lanzaran los cuerpos para borrar las evidencias. “No quiero que queden huesos”, ordenó el mafioso, según Valdez Ríos, quien afirmó que ardieron durante varias horas hasta que solo quedaron cenizas.

Estas anécdotas, las más brutales atribuidas directamente a ‘El Chapo’, cierran la semana diez del juicio. En la recta final, la Fiscalía federal ha decidido exponer cómo el acusado usó la violencia para dirigir su empresa criminal durante más de tres décadas. Aunque se alega que Guzmán ordenó la muerte y personalmente ejecutó a más de 30 personas, esto no es parte central del proceso penal en su contra.


Otro crimen en la sierra

El primer asesinato que supuestamente observó ‘Memín’ ocurrió en las montañas del estado de Durango en 2006 o 2007. La víctima era un integrante del cartel de los hermanos Arellano Félix. Se lo entregaron cuando el hombre agonizaba debido a tantas torturas.

“Lo habían quemado con una plancha, una plancha que se usaba para planchar la ropa. Le habían quemado todo el cuerpo”, contó el testigo, asegurando que la camisa se fundió en la piel de la víctima. También tenía quemaduras en las plantas de sus pies y marcas que le quedaron tras pegarle el encendedor de un auto.

Tres días después de que llegó el prisionero, Guzmán comenzó a interrogarlo sobre los Arellano Félix. Pidió nombres y ubicaciones de sus enemigos. Veinte minutos más tarde, el capo atendió a personas que llegaron a su escondite. Cuando se trasladaron a otra guarida en la sierra, se llevaron a la víctima. Al llegar la pusieron en una especie de gallinero, donde permaneció durante tres días.


Por las condiciones en las que se encontraba, el prisionero comenzó a expedir un olor a podrido, contó ‘Memín’. Al enterarse, ‘El Chapo’ pidió a sus pistoleros que cavaran un agujero en un panteón cercano. Era la tumba del capturado. Con los ojos vendados y atado de manos, lo pararon frente al hoyo. Ahí continuó el interrogatorio mientras Guzmán le puso una pistola pequeña en su espalda.

“En una de esas ocasiones en que estaba respondiendo, tomó su arma y le disparó. Le dijo: 'Hijo de puta'. Luego nos ordenó que le quitáramos las esposas”, continuó Valdez Ríos.

El hombre no murió inmediatamente. “Todavía la persona estaba jadeando por aire. Así es que lo tiramos al agujero y lo enterramos”, contó el exguardaespaldas de Guzmán.

Un militar de élite en el cartel

Valdez Ríos, de 39 años, se integró en 2004 al equipo de seguridad del entonces jefe del cartel de Sinaloa. Se quedó a pesar de que su primer pago fue bastante bajo: 105 dólares (unos 2,000 pesos) a la semana. Más tarde, al ganarse la inestable confianza del capo, su salario fue mejor: de unos 736 dólares a la semana (14,000 pesos).

Así fue su primer día de trabajo. Lo trasladaron en una avioneta Cessna hasta una pista clandestina en la sierra de Sinaloa, cercana a un campamento al que le decían ‘El Cielo’. Llegando conoció a sus compañeros de trabajo, unos 30 hombres con uniforme estilo militar y quienes portaban un arsenal, incluyendo rifles de guerra, granadas y lanza cohetes.

Inmediatamente le entregaron su “equipo”: un chaleco antibalas, cargadores y un ‘cuerno de chivo’, como popularmente les dicen a los rifles AK-47. Sabía que se estaba uniendo a la organización criminal más poderosa del mundo, pero no sabía que lo habían reclutado para cuidar a Guzmán.

No habló con él inmediatamente. La advertencia que le hicieron otros pistoleros fue: "Ni siquiera te acerques porque aún no confía en ti".


Su primera conversación con ‘El Chapo’ ocurrió dos semanas después. “Amigo, ¿cómo estás?”, fue el primer saludo de Guzmán, quien le cuestionó sobre los siete años en los que estuvo en las fuerzas especiales del Ejército. “Aquí tienes que estar atento”, le recomendó a su nuevo guardaespaldas.

Este cooperante afirmó que su expatrón solía portar un par de pistolas en cuyas cachas había incrustaciones de diamante y los diseños de una pantera negra y otra blanca. También usaba un rifle AR-15 camuflado y con cañón corto. Dijo que ese armamento “no era nada especial”.

‘El Chapo’ traía fajada una de esas pistolas con el diseño de la pantera cuando fue fotografiado mientras bailaba con una mujer. Era una fiesta a la cual Valdez Ríos también asistió para cuidarle las espaldas.

Mientras ‘El Chapo’ descansaba en su casa, los guardaespaldas solían dormir “en el suelo", según ‘Memín’, cuya labor como vigilante en las montañas fue de 2004 a 2007. Posteriormente fue asistente personal de Guzmán y piloto del cartel.

Jamás se enfrentó a tiros contra militares en la sierra, porque el enfoque de estos era destruir plantíos de marihuana, mencionó él. “Cuando estábamos en las montañas, siempre, el gobierno estaba luchando contra el narcotráfico, es decir, la marihuana”, explicó.

Además, algunos pobladores en esa región les advertían a través de radios cuando los efectivos del Ejército andaban en sus territorios, evitando así las balaceras. “Te decían constantemente, los vigilantes, ‘El ejército va en camino'”, contó.

El último testigo del gobierno estadounidense en este juicio fue arrestado en 2014 en el aeropuerto de Bogotá, en Colombia, y extraditado para enfrentar cargos por narcotráfico. Ya se declaró culpable de conspirar para traficar drogas desde Centro y Sudamérica hacia México, para luego importarlas a EEUU. Su sentencia está pendiente.

Traiciones, corrupción y muerte: las claves del juicio a 'El Chapo' Guzmán (fotos)

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