publicidad

Chrysler en manos árabes

Chrysler en manos árabes

El emblemático Edificio Chrysler, fue comprado por el Emirato Árabe más rico en petróleo, Abu Dhabi.

Chrysler en manos árabes 0857ac4735ed4065b0357748fbfbfd5e.jpg

En manos árabes

NUEVA YORK - La portavoz de Prudential Financial -propietaria hasta ahora del 75 por ciento del rascacielos a través de una filial-, Theresa Miller, confirmó que la compañía vendió el martes su participación en el edificio más emblemático de la ciudad, junto al Empire State Building.

El grupo neoyorquino Tishman Speyer Properties, dueño de 25% restante de esta joya arquitectónica art déco, se encargará de la gestión del edificio, de 319 metros de altura y 77 pisos, según adelantó ya hace un mes el diario New York Post.

Aunque las partes no han querido hacer público el monto de la operación, varios medios locales aseguran, citando fuentes cercanas a la transacción, que el fondo acordó el pago de $800 millones, cifra que también apuntó el citado diario el pasado 11 de junio. El fondo de inversión de Abu Dhabi, el emirato árabe más rico en petróleo, ya invirtió el pasado noviembre más de $7,500 millones en Citigroup, una de las mayores instituciones financieras de Estados Unidos.

publicidad

La compra conocida ahora llega tan sólo unas semanas después de que el fondo de inversiones inmobiliarias Boston Properties anunciara la adquisición del edificio de General Motors, también en Nueva York, así como otras propiedades de Macklowe Properties, por $3,949 millones. Boston Properties contó para esta operación con los fondos soberanos de Qatar y Kuwait como socios.

Historia de un coloso

Tras la I Guerra Mundial, la economía europea y la de Estados Unidos experimentó una gran expansión y de ahí la necesidad de crear nuevos edificios  y más altos. El promotor de este edificio fue William H. Reynolds, pero fue Walter Percy Chrysler, dueño de la empresa que lleva su nombre el que, en 1928, apadrinó la obra por la que costeó $15 millones del presupuesto y confió su construcción a William Van Allen.

El ambicioso Chrysler quiso que el edificio fuera el más alto del mundo y, con sus 319 metros de altura, se convirtió en 1930 en símbolo distintivo de la ciudad de Nueva York. Erigido en la intersección entre las calles 42 y la Avenida Lexington, su perfil es uno de los más utilizados por el cine en las películas y series de televisión que se ruedan en esta ciudad, entre ellas la exitosa serie y su secuela cinematográfica Sex in the City, donde aparecía en cada capítulo en su cabecera.

Pero para ser el más alto del mundo tuvo que competir con otros edificios, como el que se había comenzado a construir en 1928, en el número 40 de Wall Street para el Banco de Manhattan, diseñado por Craig Severance.

El proyecto inicial para el Banco de Manhattan constaba de  47 pisos, pero al anunciar Van Allen que el suyo tendría 68 plantas y 270 metros de altura, Severance añadió al suyo nuevas plantas hasta sumar 68 y lograr una altura de 270 metros. Ante esta nueva afrenta, Van Allen hizo crecer la cúpula del edificio hasta darla la particular forma de aguja que le ha caracterizado.

La aguja de acero inoxidable Nirosta fue colocada en la cima del edificio una tarde de noviembre de 1929, con ayuda de una grúa. Colocaron el pináculo de 27 toneladas en tan solo 90 minutos, haciendo del edificio Chrysler  no solo el edificio más alto del mundo sino también la estructura más alta, con 318 metros de altura.

La construcción del edificio Chrysler se hizo en un tiempo record de 18 meses sin que se produjera ningún accidente mortal. Este hecho sorprendió en aquella época en la que se calculaba que por cada piso que se construía por encima del piso 15 moría un trabajador. A pesar de sus 77 pisos nadie murió, debido a las fuertes medidas de seguridad sin precedentes que se tomaron.

Pero la gloria del edificio Chrysler no permaneció durante mucho tiempo. El título del "más alto" tan peleado fue efímero pues, 11 meses después, la construcción del Empire State Building le superó. Además, cuando Van Allen se dispuso a cobrar sus honorarios por el diseño del edificio, estimados en 6 % del costoe total de la obra, Chrysler se negó a pagarle, aduciendo que el constructor había cobrado comisiones de las constructoras.

publicidad

Van Allen denunció al hombre que le había encargado el proyecto y el edificio quedó embargado hasta que entre los dos llegaron a un acuerdo. Pero aquella denuncia supuso que no se reconociera la mejor de las obras de Allen, quien murió en 1954 a los 71 años.

En la década de los 70, el edificio llegó a clausurarse, pues las empresas desde hacía años preferían trasladarse a edificios más modernos.

Hasta que, en 1998, se realizó su reconstrucción completa gracias a una reforma fiscal que otorgaba ventajas tributarias a los propietarios de edificios comerciales históricos. Ahora el futuro de este edificio que nació con la ambición de rascar el cielo verá de nuevo transformado su esqueleto y, quizás, su corazón.

publicidad
Contenido Patrocinado
En alianza con:
publicidad
publicidad