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Medicamentos que nos enferman

Medicamentos que nos enferman

La industria farmacéutica está convirtiendo aspectos naturales de la vida en posibles enfermedades a tratar.

Lejos quedan los tiempos cuando la abuela, una toalla caliente o una reconfortante infusión de hierbas podían con todos los males. Sólo los enfermos "de verdad" hacían que los médicos tomaran la decisión de diagnosticar un tratamiento farmacológico, si había la suerte de que existiera el medicamento adecuado.Ahora sobran. Y si no hay suficientes enfermos para tal cantidad de fármacos no se trata de reducir la oferta, sino incrementar la demanda. Así lo ven las grandes compañías farmacéuticas, que han optado por "crear" enfermos a través de campañas publicitarias sin escrúpulos "que convierten la timidez o la presión alta en patologías graves", a juicio de los investigadores.Las promociones de las industrias farmacéuticas se basan en las "moldeadas ideas" que tenemos sobre la enfermedad, en esa línea finísima y elástica que separa lo que es enfermo de lo que es saludable, lo "normal" de lo "anómalo", de modo que las campañas publicitarias procuran estirar la línea de incertidumbre a favor de las "patologías" que prometen curar."Los problemas sexuales normales se ven como disfunciones sexuales, el cambio natural de la vida es una enfermedad de deficiencia hormonal llamada menopausia, y los empleados de oficina distraídos ahora sufren un trastorno por déficit de atención", señalan con cierta sorna Moynihan y Cassels.El miedo, un gran aliadoDe la gran variedad de estrategias publicitarias destaca la utilización del miedo como recurso indispensable, lo que los autores denominan "el marketing del miedo". Se trata de difundir el temor por padecer enfermedad. El mero hecho de "correr el riesgo" de sufrirla ya justifica la compra del fármaco que la curará."El miedo a sufrir ataques al corazón se utilizó para vender a las mujeres que la menopausia es una enfermedad que requiere una sustitución hormonal, y el miedo a una muerte prematura se utiliza para vender el colesterol alto como algo que automáticamente requiere una receta médica".Lo terriblemente curioso es que a veces los medicamentos promocionados provocan el mismo daño que aparentemente curan: la terapia de sustitución hormonal a largo plazo incremento los riesgos de infarto en las mujeres, y los antidepresivos parecen aumentar el riesgo de suicidio entre los jóvenes consumidores."Medicamentos que nos enferman" advierte de que si el principal objetivo fuera mejorar la salud humana, los miles de millones destinados a las promociones de las grandes compañías farmacéuticas deberían destinarse a campañas contra el tabaquismo, de fomento de la actividad física y la mejora de la alimentación para reducir, en este caso, el nivel de colesterol.

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La influencia "malsana" que ejerce la industria farmacéutica sobre el conjunto de la sociedad distorsiona la ciencia médica, corrompe el modo en que se practica la medicina y corroe la confianza pública en los médicos, según alertan los autores.No obstante, hay cierto optimismo por el creciente movimiento de médicos, científicos, defensores de la salud, políticos y editores de publicaciones médicas que intentan que retroceda dicha capacidad de influencia sobre las investigaciones científicas y los hábitos de prescripción de los médicos.Pero no todos los profesionales de la medicina se mueven. Moynihan y Cassels apuntan la existencia de algunos médicos financiados por grandes farmacéuticas que participan activamente en reuniones con los responsables de las campañas publicitarias de los medicamentos, donde debaten la definición de nuevas enfermedades.La industria farmacéutica y sus partidarios defienden sus campañas publicitarias alegando que se trata de acciones para "una mayor concienciación acerca de enfermedades malinterpretadas, y paras suministrar información de calidad sobre los últimos fármacos"."Un robo a mano armada""Este tipo de alimentación de enfermedades es un atentado contra nuestro espíritu colectivo por parte de aquéllos que desean sacar tajada de nuestros miedos. No se trata de ninguna sucia conspiración, sino simplemente de un robo a mano armada", aseguran los investigadores.Las duras y claras palabras de los autores responden a su propósito de promover un debate público "más racional y más informativo" sobre la salud humana, "en lugar de vender miedo para alcanzar las ventas de los productos farmacéuticos".Hace treinta años Henry Gadsen, entonces director ejecutivo de la gran compañía farmacéutica Merck, declaró en la revista Fortune que estaba disgustado porque los mercados potenciales de su empresa se habían limitado a personas enfermas.Durante mucho tiempo, Gadsen había soñado con fabricar medicamentos para gente sana, de modo que hubiera podido vender a todo el mundo. Tres décadas después, parece que su sueño se ha hecho realidad.


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