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Especial La Fiesta del Chivo 7 Muerte

La muerte de Trujillo

Trujillo era un hombre de rutinas. Se levantaba a las cuatro de la mañana, leía y firmaba documentos, hacía ejercicio y a las nueve de la mañana se iba a su oficina. Los miércoles le pedía a su conductor que lo llevara a San Cristóbal, su ciudad natal. El 30 de mayo de 1961, un martes, Trujillo cambió su rutina.

Cansados de los abusos de poder de Trujillo, muchos de sus más cercanos colaboradores desertaron de sus filas y en secreto se unieron a la resistencia. Por eso, cuando un uniformado supo del cambio de planes del dictador se lo dejó saber a uno de los líderes de la conspiración que querían asesinar al dictador.

La cita era a las nueve de la noche. Esperarían al “chivo”, código que le asignaron a Trujillo para el operativo. Siete atacantes esperaron pacientemente en tres vehículos a que pasara el dictador.

El auto en el que viajaba Trujillo fue literalmente acribillado por los conspiradores que se encargaron de su ejecución.

Pasó media hora después del tiempo señalado. Hubo confusión y preocupación ante la posibilidad de que tuvieran que abortar la operación.

A las 9:40 Trujillo se despidió de su hija Angelita en Santo Domingo. Los empleados de su residencia de descanso lo esperaban en San Cristóbal. “El Jefe” llegaría en cualquier momento.

El primer vehículo de los opositores alcanzó el de Trujillo. Antonio de la Maza lanzó el primer ataque son su escopeta. Los vidrios explotaron, la cortina trasera se deshizo. Trujillo estaba herido y la inminencia de una nueva ráfaga obligó a su chofer a disminuir la velocidad.

Hubo un segundo ataque. Trujillo malherido repelió la embestida, pero fue ultimado por De la Maza. El tiro de gracia entró por la mandíbula de Trujillo, le tumbó el puente dental y se alojó en el oído izquierdo. El dictador dio varios pasos y se desplomó.

Al enterarse de su muerte, en las calles unos lloraron, mientras otros celebraban a ritmo de merengue. (Haga clic en las palabras subrayadas para escuchar uno de los merengues compuestos después de su muerte).

Su hijo Ramfis, quien se encontraba en París, fue informado de la noticia. De inmediato fletó un avión y regresó para ponerse al mando de la situación.

Los servicios de inteligencia se lanzaron a las calles a perseguir a los opositores. Lo que siguió fue una campaña de terror, sangre y muerte

Ramfis mismo torturó y asesinó con su propias manos a varios de los implicados en los hechos. La orgía de terror y sangre sucedió en la Hacienda María, uno de los lugares de recreo favoritos de su padre.

Uno no se lleva nada...

Después de su muerte, el cadáver de Trujillo permaneció guardado en el baúl de un Chevrolet Byscaine escondido en casa de unos de los autores del complot hasta que fue hallado por los servicios secretos del régimen.

Tres días después realizaron un funeral masivo. Los restos de Trujillo fueron enterrados en San Cristóbal. Aunque los ánimos estaban tan caldeados que la familia decidió sacar su cadáver embalsamado en un lujoso yate y llevarlo a París, Francia, para su sepultura. La embarcación fue detenida en las islas Canarias y sus restos fueron enviados por avión a la capital francesa donde fue enterrado en el cementerio de Pére-Lachaise.

En 1970 los restos fueron llevados al cementerio de El Pardo en Madrid, España, donde reposan en un mausoleo de mármol negro sin inscripción alguna para su protección.

En 1962, el gobierno confiscó y declaró bienes nacionales todas las propiedades, acciones y obligaciones que pertenecían al dictador, sus descendientes y sus familiares. Muchos de los descendientes de sus socios y testaferros todavía disfrutan de lo que les encomendó Trujillo en vida.