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Especial La Fiesta del Chivo 2 Culto

El culto a Trujillo

Rafael Leonidas Trujillo estaba al tanto de todo cuanto acontecía en su país. El dictador dependía de una corte de aduladores que le administraban sus caprichos y le alimentaban el ego con sus acciones, sus alabanzas y sus discursos.

En su cara lo llamaban “Generalísimo”, "El Jefe", "El Benefactor", mientras que en voz baja sus enemigos le decían “Chapitas” refiriéndose a su pasión por las condecoraciones y las medallas.

Trujillo siempre quiso ascender socialmente. Por eso cuando los socios del encumbrado Club Unión rechazaron su solicitud de ingreso, el dictador juró vengarse. Años más tarde, la tradicional institución se vio obligada a cerrar sus puertas.

Para Trujillo, su figura fue siempre importante. Hacía ejercicio con regularidad y siempre estaba impecablemente vestido. Sus uniformes se hicieron legendarios tanto como sus colecciones de corbatas.

Siempre tenía a mano talcos, perfumes, afeites y colonias.

El culto a su persona fue muy importante durante su régimen. En 1952 creó el Instituto Trujilloniano, cuya misión era la difusión de los logros de su gobierno.

Estatuas en cada plaza, placas en cada casa, avisos luminosos, retratos en oficinas, hacían de Trujillo una figura ominpresente.

La presencia de Trujillo se veía en todos los rincones de la isla. En cada parque y en cada plaza había una estatua de "El Jefe". En la puerta de cada casa debían colgar placas con su efigie. Había avisos luminosos que anunciaban: "Dios y Trujillo". En escuelas y oficinas públicas había retratos del presidente. En muchos templos se anunciaba el lema “Dios en el cielo, Trujillo en la tierra".

Los títulos de Trujillo

Durante su régimen, el generalísimo acumuló toda clase de títulos:
•Generalísimo invicto de los ejércitos dominicanos
•Benefactor de la patria
•Restaurador de la independencia financiera
•Padre de la patria nueva
•Primer maestro, agricultor, abogado, periodista y médico de la república
•Genio de la paz
•Primer anticomunista de América
•Héroe del trabajo
•Protector de todos los obreros
•Padre de los deportes
•Salvador de la patria
•Rector vitalicio de la Universidad Autónoma de Santo Domingo
•Paladín de la libertad
•Líder de la democracia continental
•Salvador de la dignidad nacional

En noviembre de 1932, Trujillo firmó una ley que lo reconocía como “Benefactor de la Patria”. Unos meses más tarde recibió el rango de Generalísimo a pesar de su escasa experiencia militar en combate.

La Universidad de Santo Domingo le concedió en 1934 el título de doctor en todas las facultades, a pesar de que nunca terminó la escuela primaria. Aunque no todo fue fácil para el gobernante. Sus allegados y aduladores propusieron su nombre para que recibiera el Premio Nobel de la paz, luego solicitaron al gobierno de España que le concediera el título de marqués y hasta le pidieron al Vaticano que lo designara “Benefactor de la iglesia”. Todas las peticiones fueron ignoradas.

Lo que sí era “pan de cada día” en la República Dominicana es que cada vez que se nombraba al presidente en las noticias debía citarse el siguiente rosario de títulos: “El ilustre generalísimo, doctor Rafael Leonidas Trujillo Molina, Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva.”

La Feria de la Paz

Trujillo quiso celebrar por lo alto sus 25 años en el poder. Para eso organizó en 1955 la “Feria de la Paz y la Confraternidad del Mundo Libre”.

Para la ocasión hizo construir edificaciones, hoteles y monumentos.

Uno de los eventos centrales fue la coronación de su hija como Angelita I, vistiendo un traje que costó cerca de 80,000 dólares y fue confeccionado en Roma, Italia, con encajes, gasa y 45 metros de armiño ruso. El toque final del costoso vestido era una toga idéntica a la que lució la reina Isabel II de Inglaterra en su coronación.

A los eventos, que duraron una semana, asistieron muchos presidentes y dignatarios internacionales. Se calcula que las festividades le costaron al país más de 30 millones de dólares, casi un tercio del presupuesto nacional de entonces.