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Lo menos malo de la política migratoria de Estados Unidos

Lo menos malo de la política migratoria de Estados Unidos

¿Por qué conformarnos con lo menos malo? Esto se aplica a muchas cosas en la vida, pero en la política cobra especial importancia. Sobre todo cuando se trata de 12 millones de inmigrantes indocumentados.

'Dreamer' a Ciudad Juárez

WASHINGTON - ¿Por qué conformarnos con lo menos malo?

Esto se aplica a muchas cosas en la vida, pero en la política cobra especial importancia.

En materia migratoria, los pasados dos años y el que está en curso han sido una pesadilla para muchas familias separadas por las deportaciones. Escucho a menudo a algunos que dicen que dentro de todo, nos iría peor si un republicano gana la Casa Blanca en el 2012. ¿Se imaginan?

En días atrás me tocó trabajar el caso de un jovencito de Nuevo México traído por sus padres, indocumentado, a Estados Unidos cuando tenía cinco años de edad. Doce años después el joven fue uno de los daños colaterales de la política de deportaciones y de una Patrulla Fronteriza fuera de control en comunidades a través del país.

Las circunstancias de su deportación fueron cuestionables y más cuestionable todavía que lo deportaron, a un menor de edad, a la meca del crimen organizado, Ciudad Juárez, algo que de por sí debería considerarse criminal.

Los caza inmigrantes

La Patrulla Fronteriza se dedica a cazar inmigrantes lejos de la frontera. Inmigrantes que trabajan en granjas o plantas de los alrededores o inmigrantes como este joven que son estudiantes destacados, queridos en su comunidad y cuyo único sueño, como nos dijo, "es devolver a esa comunidad lo que me ha dado a mí".

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Al ver el dolor, la angustia y la incertidumbre en los rostros de los padres y hermanitos del joven, me cuestioné por qué familias humildes que dejan el lomo trabajando con el único fin de sacar adelante a los suyos tienen que experimentar una pesadilla como ésta.

Por qué hay familias viviendo en estado de sitio temerosos de abandonar sus hogares por el miedo de no volver, temerosos de llevar a sus hijos a la escuela o al doctor.

Falta de oportunidades

La respuesta fácil es decir que las leyes son las leyes y que lamentablemente así es la vida. Pero me pregunto qué sentirían algunos si uno de sus hijos menores de edad es detenido sin derecho a notificar a su familia y sacado en la oscuridad de la noche para soltarlo en Ciudad Juárez donde la muerte ronda en cada esquina.

¿Por qué la política migratoria está tan torcida que jóvenes que no tuvieron ni parte ni suerte en la decisión de llegar como indocumentados a este país tienen que pagar por las decisiones de otros y ser colocados en situaciones tan precarias donde incluso su vida corre peligro?

Y otra vez me pregunto, ¿es justo que jóvenes que ya pasaron por el sistema de escuelas del estado donde viven, a veces desde bebés, que quieren ser profesionales, sean desperdiciados de este modo?

En el caso de este joven, al final el gobierno lo retornó a Estados Unidos con un permiso humanitario. Pero ¿cuántos otros menores han sido deportados bajo similares circunstancias y sin que nadie se entere?

Se supone que...

Con las nuevas regulaciones del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) sobre las repatriaciones se supone que jóvenes como el deportado a Juárez no sean prioridad de las autoridades migratorias.

Pero en tanto la esquiva reforma migratoria se hace realidad, estos jóvenes deberían ser amparados como grupo porque la priorización es discrecional y nada garantiza que algunos agentes decidan ignorar las directrices de Washington. Recordemos también que los programas que han contribuido a disparar las deportaciones, Comunidades Seguras y 287(g), siguen vigentes.

Con las elecciones en puerta seguramente el presidente Barack Obama irá a Nuevo México, el estado del deportado a Juárez, y uno donde el voto latino lo ayudó a ganar la presidencia en el año 2008, entre otras cosas, por el voto inmigrante que se volcó a su favor por la promesa de una reforma migratoria que ayudaría a sus familiares o amigos.

Escenario complicado

Un estado gobernado por una republicana de origen hispano, Susana Martínez, que se ha convertido en el terror de los inmigrantes en Nuevo México. Ya veremos qué dicen los aspirantes a la nominación republicana y quien finalmente resulte el candidato cuando pasado el proceso primarista comience a buscar el voto latino.

En el 2012 esos votantes quizá tengan que escoger entre lo malo y lo menos malo.

Lo malo: republicanos que sólo aspiran a deportar a 11 millones de indocumentados; lo menos malo: algunos demócratas que han contribuido a que lo estén consiguiendo.

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