La batalla cuesta arriba de EEUU para detener el flujo migratorio desde el Triángulo Norte

La administración Trump y los gobiernos de América Central se han reunido varias veces en los últimos meses para discutir planes para acabar con la migración indocumentada, pero aparentemente no han tenido éxito. Los números lo confirman.
17 Oct 2018 – 8:23 AM EDT

Una nueva caravana de más de 1,500 migrantes hondureños que se dirige a la frontera suroeste de Estados Unidos sorprendió a las autoridades por su rápido avance a pesar de las recientes presiones por parte del gobierno de Donald Trump para que los países de América Central hagan más para combatir la inmigración indocumentada.

El martes, la caravana continuó a pie y con la ayuda de transporte voluntario a través de Guatemala después de cruzar la frontera de Honduras, creando otro dolor de cabeza para las autoridades en México y más al norte, al gobierno estadounidense.

En una reunión en Washington el jueves pasado, el vicepresidente Mike Pence le dijo a los líderes de los llamados países del Triángulo Norte, conformado por Honduras, Guatemala y El Salvador, que Estados Unidos está listo para hacer más para ayudar a sus economías, pero solo si hacen un mayor esfuerzo para imponer controles de inmigración más estrictos.

"Si hacen más... haremos más", dijo Pence cuando abrió la conferencia en la sede del Departamento de Estado. "Vamos a seguir reforzando nuestras fronteras, fortaleciendo la seguridad pública y promoviendo el crecimiento económico en toda la región, todo lo cual está diseñado para detener el flujo de la migración ilegal".


Sin embargo, el lunes, los migrantes superaron fácilmente el número de la policía guatemalteca enviada para detenerlos en la frontera.

"La reducción de la migración irregular va a requerir más que advertencias y demandas", dijo Adriana Beltrán, de la Oficina de Washington en América Latina (WOLA). "Un enfoque sobre cómo abordar las condiciones que impulsan la migración, incluida la corrupción endémica, sería más efectivo", agregó.

La caravana de migrantes es la segunda migración grupal en los últimos seis meses de centroamericanos que huyen de la violencia de pandillas, el crimen, la corrupción gubernamental y la pobreza en sus países. En abril, alrededor de 1,000 migrantes llegaron a la frontera de Estados Unidos, aunque se cree que solo unos pocos pudieron presentar solicitudes de asilo luego de ser entrevistados por funcionarios de inmigración.

El presidente Trump ha hecho de la detención del flujo de la inmigración ilegal a Estados Unidos una prioridad absoluta. Ha presionado por un nuevo muro fronterizo, ha agregado agentes de la Patrulla Fronteriza y ha intensificado la aplicación de las leyes de inmigración.

Trump amenazó el martes con cortar la ayuda a Honduras si no detiene la improvisada caravana de migrantes.

"Estados Unidos ha informado enérgicamente al presidente de Honduras que, si la gran caravana de personas que se dirigen a Estados Unidos no se detiene y se regresa a Honduras, no se dará más dinero ni ayuda a Honduras, con efecto inmediato", escribió Trump en Twitter.


Números decepcionantes

Los funcionarios de Estados Unidos están decepcionados con los recientes números. Pence les dijo a los líderes centroamericanos que 225,000 personas del Triángulo Norte hicieron el viaje peligroso a la frontera sur de Estados Unidos el año pasado. Representaron más de la mitad de todos los inmigrantes indocumentados detenidos allí.

Pence repitió un mensaje a los inmigrantes potenciales. "Si no pueden venir a Estados Unidos legalmente, no deberían venir en absoluto", dijo.

Pero parece haber pocas señales de que el mensaje de Pence está funcionando. Tampoco el gobierno centroamericano parece capaz de detener el flujo migratorio.

La caravana comenzó con aproximadamente 160 personas que se reunieron por primera vez el viernes para partir de San Pedro Sula, la segunda ciudad más grande de Honduras. Según informes, se unieron para hacerlos menos vulnerables al robo y asalto en el viaje hacia el norte. La cobertura de los medios locales y la agitación por políticos de la oposición hondureña hizo que cientos de personas más se unieran durante el fin de semana mientras el grupo avanzaba hacia Guatemala.

Autoridades fronterizas en Honduras solo pudieron evitar que 37 menores salieran del país el martes, interceptados por la falta de documentos adecuados. La caravana fue recibida en la frontera por unos 100 policías guatemaltecos. Después de una separación de aproximadamente dos horas, los migrantes comenzaron a caminar de nuevo. Los oficiales no hicieron nada para detenerlos, pero los acompañaron varias millas al territorio guatemalteco.

Luego establecieron un control de carretera a una milla a las afueras de Esquipulas. Unos 250 policías les impidieron avanzar durante tres horas, diciéndoles que tenían que regresar a la frontera para pasar por inmigración. Los migrantes se negaron a ceder y finalmente los oficiales los dejaron pasar.

Los países centroamericanos se encuentran entre los más pobres, corruptos e infestados de criminales y pandillas del mundo. Las promesas hechas a Estados Unidos para reforzar la aplicación de la ley de inmigración se están moviendo a " velocidad burocrática de los glaciares", según un diplomático, y la policía local está notoriamente mal pagada.

A México o EEUU: más de 1,000 hondureños se aventuran en una nueva caravana de migrantes (fotos)

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Fronteras abiertas

El control fronterizo más difícil no es fácil de hacer cumplir en Centroamérica debido a un acuerdo regional de libre movilidad que permite a los ciudadanos de El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua viajar entre los cuatro países.

La historiadora Dana Frank, experta en derechos humanos y política de Estados Unidos en Honduras, dijo que este reciente grupo de migrantes podría tener un impacto en la política de Estados Unidos de cara a las próximas elecciones de mitad de período. "Algunos en Estados Unidos se activarán rápidamente para alertar sobre una supuesta peligrosa invasión de inmigrantes", dijo. Mientras que "otros verán a estos migrantes con compasión y como una evidencia más de la necesidad de una reforma migratoria integral".

Frank dijo que el rápido crecimiento de la caravana subraya "lo desesperado que está el pueblo hondureño: comenzar a caminar hacia Estados Unidos con solo un paquete lleno de pertenencias".

En cambio, los funcionarios de Estados Unidos ahora podrán contar con la ayuda de México, un país que cuenta con mayores recursos y un historial de deportación de inmigrantes indocumentados.

Familias y niños

Parte del problema para el gobierno de Trump es que si bien el número total de migrantes que llegan a la frontera se ha mantenido bastante estable en los últimos años, casi la mitad de todos los migrantes detenidos en los últimos años son niños o grupos familiares, en lugar de adultos que viajan solos, lo que restringe las opciones de detención.

"Estas cifras muestran que la crueldad del gobierno de Trump en la separación familiar y su detención no está haciendo nada para cambiar el problema subyacente", dijo WOLA en un comentario publicado en internet. "Las personas que huyen de la violencia en Centroamérica no son disuadidas por esta política estadounidense amenazadora", agregó.

El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) culpa al mayor número de migrantes que cruzan la frontera a la débil aplicación de las leyes de inmigración en América Central, así como a las leyes en Estados Unidos que impiden que la administración de Trump tome medidas más estrictas para disuadir a las personas.

"Los contrabandistas y los traficantes entienden mejor nuestras leyes de inmigración que la mayoría y saben que si una unidad familiar ingresa ilegalmente a Estados Unidos es probable que sea liberada una vez que cruza", dijo el secretario de Prensa del DHS, Tyler Houlton, en una declaración el 12 de septiembre.

"Específicamente, al DHS se le pide que libere a las familias que ingresen ilegalmente al país dentro de los 20 días después de la detención. Sabemos que la gran mayoría de las unidades familiares que han sido liberadas, a pesar de no tener derecho a permanecer en ningún estado legalmente, nunca salen o son expulsadas", agregó.

Menos ayuda económica

La semana pasada en Washington, los presidentes de América Central también plantearon cuestiones económicas, como los efectos del cambio climático y los bajos precios del café, que impulsan la migración. En los últimos días, las fuertes lluvias causaron inundaciones y deslaves en Honduras, matando a nueve personas y dejando a miles de personas sin hogar.

También en junio, un desastre natural sacudió Guatemala cuando el volcán del Fuego entró en erupción y mató a 159 personas, dejando además decenas de desaparecidos y miles de personas sin hogar.

El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, cuestionó el apoyo económico de Estados Unidos a la región y señaló que la asistencia extranjera había disminuido constantemente en los últimos años. La administración de Trump propuso 460 millones de dólares en asistencia el año pasado, un 30% menos de lo que el Congreso aprobó en 2016 bajo el presidente Barack Obama.

"Esto no debería llevarnos a concluir que ha perdido interés en su relación conmigo, pero nos preocupa", dijo.


Si bien Estados Unidos han proporcionado más de 2,600 millones de dólares en asistencia extranjera a los países centroamericanos para el período 2015-2018, según el Departamento de Estado, gran parte de eso es para combatir el narcotráfico.

Estados Unidos también apoya los esfuerzos anticorrupción del Triángulo Norte ayudando a financiar una iniciativa dirigida por Naciones Unidas para fortalecer el estado de derecho a través de una Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y la Misión de Apoyo a la Lucha contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH).

En comparación, Estados Unidos ha gastado una cantidad mucho mayor en refugios para niños migrantes.


Hernández dijo que 90,000 familias de pequeños productores de café en su país también estaban siendo obligadas a caer en la pobreza debido a los "precios injustos del café". "Tenemos que subrayar la necesidad de igualdad y equidad en la industria del café desde el grano hasta la taza", dijo.

Además, destacó que la decisión del gobierno de Trump de deportar a 57,000 hondureños que actualmente residen en Estados Unidos que están protegidos por el Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) complicó más las cosas.

Como si eso no fuera suficiente, Hernández también le recordó a Pence la política del gobierno de Trump de separar a las familias inmigrantes en la frontera, señalando que 119 niños hondureños permanecían en un limbo a consecuencia de esa política.

"Imagínese si un niño de su país se encontrara en esa situación, usted podría entender el rechazo que esto ha causado en mi país, la enorme presión que enfrentamos".

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