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Agentes de ICE buscan a un inmigrante indocumentado en Los Ángeles

El día que 'la migra' tocó la puerta

El día que 'la migra' tocó la puerta

Los agentes de ICE fueron a buscarla y escapó, ahora su presente es aún más clandestino para evitar que la capturen.

Agentes de ICE buscan a un inmigrante indocumentado en Los Ángeles
Agentes de ICE buscan a un inmigrante indocumentado en Los Ángeles

LOS ÁNGELES, California.- Las recientes redadas migratorias hacen revivir el temor y la angustia que padecen las familias indocumentadas, como la que experimentó en carne propia Casimira, una mujer mexicana que escapó de los agentes de ICE (Agencia para el Control de Inmigración y Aduanas) que llegaron a su casa para deportarla hace ocho años. Ella accedió ahora a contar su historia a Univision Noticias a cambio de usar un nombre falso. Desde aquel encuentro con 'la migra' ha adoptado una compleja estrategia vital para evadir a las autoridades.

La redada


Una fría y oscura mañana, en el otoño de 2007, Casimira despertó por el escándalo con el que tocaron la puerta de su casa en Riverside, en el sur de California.

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Supo que iban por ella cuando por la ventana alcanzó a ver el destello de las linternas con las que unos desconocidos hombres de negro parecían comunicarse.

“Son ellos. Es 'la migra'”, le dijo muy quedito a su esposo para alertarlo.

Casimira sabía que llegaría ese momento. Años atrás, un juez de inmigración había ordenado deportala, a ella y a su esposo, ambos en situación irregular en EEUU. En aquella época ya habían sido víctimas de estafa de un notario público que les prometió la green card.

Lo tenía tan claro que desde hacía tiempo había pedido a una de sus hermanas que el día que 'la migra' tocara la puerta de su casa se hiciera cargo de sus tres hijos, que en ese entonces tenían 11, 13 y 14 años.

Lo que no sabía, y que ni siquiera tenía planeado, era la forma como escaparía de aquellos hombres de negro que a sus espaldas llevaban la insignia de ICE.

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La huida

“Fue de película”, recordó Casimira. “Yo tenía 50 años y no sé ni cómo le hice para brincar una barda, luego mi esposo también la brincó y nos escondimos en la casa de la vecina”.

Los agentes de ICE llegaron a la vivienda de Casimira a las 5:00 de la mañana, pero como nadie les abrió la puerta, no pudieron entrar.

“Había un montón de patrullas por todos lados, mis hijos estaban aterrorizados, todos estábamos temblando, de nervios, fue algo terrorífico”, comentó.

La vecina de enfrente, que desde su segundo piso alcanzaba a ver los movimientos de los agentes de ICE, por teléfono mantenía informada a Casimira sobre lo que pasaba en la calle.

Después de cinco horas los agentes de inmigración desconectaron la electricidad de la vivienda y se retiraron de la casa. Medio año después regresaron para tratar de cumplir la orden de deportación, pero Casimira ya no vivía en esa residencia que había empezado a comprar en 2003 con un enganche de 100,000 dólares y que después perdió en un embargo hipotecario.

“Cuando a los seis meses regresaron, los agentes de 'la migra' le dijeron a la persona a la que le rentaba mi casa que mi esposo y yo éramos unos fugitivos, que no nos íbamos a escapar y que nos encontrarían”, mencionó Casimira.

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Nueva vida clandestina

Ocho años han pasado de aquella madrugada y Casimira continúa viviendo en el área de Riverside con sus tres hijos y su esposo. Logró escapar de los agentes, pero a partir de entonces tuvo que cambiar muchas cosas para evitar ser detectada.

“Desde aquel día que ‘la migra’ tocó a mi puerta, nos cambió la vida, fue una experiencia muy traumatizante para mis hijos, se retrasaron en la escuela, y a partir de ahí perdimos nuestra casa”, mencionó Casimira.

Desde entonces utilizan un P.O. Box para correspondencia, tienen 'prestanombres' -individuos que les dejan usar sus nombres- para rentar y contratar servicios públicos, desecharon sus tarjetas de crédito para no ser rastreados, piden a otras personas que les cambien los cheques del trabajo y para declarar impuestos lo hacen a través de una dirección postal en Nevada.

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“Ahora con eso de que otra vez hay redadas vuelve la intranquilidad, el miedo, volvemos a revivir aquello”, agregó. “La única esperanza que tenemos como indocumentados, es que se reabra el DAPA”, dijo.

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