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Mujeres y niños afectados por el huracán reciben comida y agua de voluntarios y policías municipales en Toa Baja, Puerto Rico.

El huracán María no termina: estas historias muestran que en Puerto Rico sí hay crisis humanitaria

El huracán María no termina: estas historias muestran que en Puerto Rico sí hay crisis humanitaria

Basta con un breve recorrido para descubrir otro país que no era éste. Estas son las escenas de lo que ocurre en la isla, a más de una semana del paso del ciclón.

Puerto Rico: La isla incomunicada Univision

SAN JUAN, Puerto Rico.- Ha pasado más de una semana desde el azote del huracán María y en Puerto Rico su impacto no mengua. Por el contrario, crece: falta comida, agua y combustible, hay familias sin vivienda; es una crisis humanitaria difícil de medir que ya, sin embargo, nos deja sus primeros números: se estiman entre 40,000 a 85,000 millones las pérdidas, infraestructura eléctrica devastada a un costo de 1,000 millones de dólares, 60% de la población sin agua, y 16 muertos, según cálculos oficiales, aunque se teme que sean decenas. Un escenario desolador, sobre todo en los pueblos del interior donde, hasta la fecha, el acceso y la comunicación son un problema mayor.

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Un viejo dormita en un catre. Como él, hay cerca de 40 refugiados. Aquí, en el Coliseíto Pedrín Zorrilla en San Juan, el calor es demoledor y, dormir, una proeza. Las graderías permanecen recogidas a ambos lados del recinto, los adultos miran el techo y una bandada de niños persigue una bola de baloncesto. Edelmira Ojeda, capellán, niega con la cabeza y suelta: “El país colapsó. Esto es un caos”. Desde el paso de María, esta mujer mulata peregrina los refugios de la capital con la poca gasolina que le queda. Antes pasó por Barrio Obrero, suburbio pobre de Santurce. Toma aire y diagnostica: “El huracán dejó al aire nuestras desigualdades”. En seguida se saca los espejuelos y los limpia.

El coliseíto fue habilitado porque el contiguo Coliseo Roberto Clemente se llenó a capacidad con más de 500 refugiados cuando el huracán arreciaba: su techo colapsó y hubo que relocalizarlos.

Cerca de Edelmira un hombre dominicano lee la biblia y asegura que cada letra le habla, un niño se divierte mientras maneja la silla de ruedas mecánica de su madre drogadicta y Adriana, una adolescente de 13 años, le teme al futuro. Antes del huracán emigraría con su familia a Springfield, Illinois, y ahora, con la casa de su abuelo a punto de ceder, ya nada se sabe.

Un hombre camina frente a una casa afectada por el huracán en San Juan,...
Un hombre camina frente a una casa afectada por el huracán en San Juan, Puerto Rico.

Basta con un breve recorrido para descubrir otro país que no era éste. Tendido eléctrico en el suelo, olor a podredumbre, calles obstruidas, basura acumulada, esqueletos que fueron árboles: una foto sepia en pleno Caribe. “Se llevaron los colores, bródel”, dirá un hombre secándose el sudor en una gasolinera.

A un paso excesivamente lento, algunos hábitos, muy pocos, se normalizan. La conectividad celular apenas alcanza un 30.5%, el servicio postal opera de manera limitada, y la mayoría de los pequeños comercios permanecen cerrados. Al escaso movimiento habría que añadir el toque de queda indefinido decretado por el gobernador Ricardo Rosselló que al momento se ha flexibilizado de 9:00 pm a 5:00 am. Con un cuerpo policiaco que no da abasto, reina el miedo y se multiplican los saqueos. Por si fuera poco, tras el huracán, una certeza: Puerto Rico es una larga fila de espera.

Lydia Tirado, del pueblo de Río Grande, cejas tatuadas y pelo al ras, se disculpa: “Tengo los ojos muertos, muchacho”. Lydia es trabajadora social de una égida en Hato Rey. Para llegar a su trabajo hizo una fila de 20 horas en una gasolinera. “Esto es demasiado, chico”. Tanto para llegar a su trabajo como para poder manejar el centro de envejecientes, el mayor escollo es y sigue siendo el combustible. Cerca, en la égida del Maestro, su administradora Mildred Valentín concuerda.

–¿Qué necesitan?

–Diésel.

A pesar de que el gobierno insiste en que los abastos y la distribución de combustible, comida y agua son suficientes, la realidad se aleja del cuadro que pintan.

En video: "Nos están matando", dice la alcaldesa de San Juan al gobierno de Trump Univision

El jueves había 5,400 contenedores repletos de provisiones en los muelles, declaró el director de la Autoridad de Puertos, Omar Marrero. Sin embargo, el panorama en la zona metropolitana se repite: góndolas de supermercados con poca o ninguna mercancía, farmacias inoperantes y gasolineras atestadas de ciudadanos a los que ya no les queda paciencia. En los pueblos del resto del país la escasez es aún peor. El problema, insiste el Estado, es de distribución y señalan la poca accesibilidad en las carreteras y a la escasez de mano de obra de camioneros, realidad que contrasta con el deseo de varios transportistas.

Denisse Pérez es vicepresidenta de EYRC Transport y cuenta con una pequeña flota de camiones que ha puesto al servicio del gobierno. Sin embargo, indica que ni de forma gratuita aceptan la ayuda de decenas de transportistas.

Tras el huracán, una certeza: Puerto Rico es una larga fila de espera. E...
Tras el huracán, una certeza: Puerto Rico es una larga fila de espera. En la imagen, la fila del pasado jueves frente a una tienda Walmart.

Al personarse al Centro de Operaciones de Emergencia (COE), la respuesta fue desalentadora. “Cuando los necesitemos, tal vez los llamamos. Yo fui a brindar mis servicios gratuitamente. Ahora mismo no tenemos trabajo y queremos regalar de nuestro tiempo, de lo poco que tenemos”, añadió. Su frustración crece a cada hora. “Estoy viendo a mi país con hambre, con sed, estoy desesperada”. Como el de Denisse, se han reportado varios casos similares. “Hay gente dispuesta a ayudar a este país, pero el gobierno nos tiene trancados. La disposición está, necesitamos que nos digan: ‘sí’, vayan”, insiste.

Un hospital en Bayamón opera a media capacidad, aunque por su fachada parece que estuviera cerrado. Tras varios intentos, no nos permiten el paso. “La directora está rush”, advierte una empleada. Tampoco obtuvimos respuesta del Secretario de Salud, Rafael Rodríguez, en torno al funcionamiento hospitalario y suministro de combustible y medicamentos.

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Julio, nombre ficticio, es médico en varios hospitales de la zona metropolitana y prefiere no divulgar su identidad. El día del huracán trabajaba como de costumbre, hasta que empezaron los ruidos. Hubo cristales rotos, pisos inundados, paredes y techos caídos y, al final, un fallo en el generador eléctrico que obligó al personal a ofrecer oxígeno a pacientes de forma manual. “Desafortunadamente, hubo 3 pacientes que murieron durante el huracán”. Sin embargo, aclara que no fue a causa del ciclón, sino que estaban desde antes en estado crítico. “El freezer de la morgue no funcionaba y hubo que ponerles hielo para mantenerlos”, dice, con la voz más delgada.

Días posteriores al huracán, confiesa, vándalos robaron diésel del generador eléctrico que mantiene operando el centro hospitalario. Aunque dice que los suministros de combustible donde trabaja afortunadamente son estables, ese no es el panorama en otros centros de salud ni mucho menos en varios refugios de pueblos del interior. El Centro de Periodismo Investigativo (CPI) cuestionó la cifra de muertos a causa del huracán María que ofrece el gobierno y halló testimonios brutales. En un refugio en el pueblo de Lajas, por ejemplo, Leovigildo Cotté falleció por falta de un generador eléctrico que lo ayudara a respirar. Como el desenlace de Cotté, hay decenas y hasta cientos de historias, concluyó el medio.

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En un trayecto por distintos puntos del área metropolitana, el desconcierto y malestar son la orden del día. Ángel Sosa es uno de miles que hoy en día viven en una fila. Lleva siete horas esperando un turno para cargar su carro de gasolina. “Si esto sigue así, me pueden botar (despedir) del trabajo”, dice. El día anterior le tocó buscar hielo y, el anterior, medicamentos. “Es un abuso. El gobierno tenía un plan A, que es un desastre, pero no tenía un plan B ni un plan C”, teoriza, mientras le hace señas a una mujer que vende comida a los que esperan.

El sargento de la policía municipal Nelson Sierra entre comida y agua a...
El sargento de la policía municipal Nelson Sierra entre comida y agua a residentes afectados por el huracán María en Toa Baja, Puerto Rico.

Al final de la semana, precisamente, llegó al país ayuda desde los Estados Unidos de la mano del teniente general Jeffrey S. Buchanan, responsable de las operaciones militares en la isla. Este ayudará a la distribución de suministros junto a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA).

A su vez, se espera la llegada del buque hospital USNS Comfort y refuerzos médicos del Departamento de Salud federal. Esto tras encarnizadas críticas a la indiferencia del gobierno del presidente Donald Trump quien, mientras Puerto Rico vivía los estragos de un huracán más fuerte que Katrina, en 2005, este tuiteaba sobre jugadores de football americano.

En la semana el propio presidente derogó por un término de 10 días las Leyes de Cabotaje en una movida que a muchos les pareció una broma, pues a la crisis humanitaria se suma una deuda que ronda los 73,000 millones de dólares. Trump visitará la isla la próxima semana. Vecinos como Venezuela y Cuba han ofrecido ayuda. Este último puso a disposición médicos (39 en total) y cuatro brigadas de especialistas en el sector eléctrico. A esta ayuda, sin embargo, se impone el embargo estadounidense al vecino país.

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Ángel Sosa, uno de los miles que esperan, avanza un palmo en su vehículo. “Esto no acaba”, grita desde adentro del carro. El huracán María tampoco.

Fotos: Puerto Rico manda un grito de alerta por la difícil recuperación tras el huracán
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