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En los Zapatos de un recolector: Ceci Bogran aprendio de la basura

En los Zapatos de un recolector: Ceci Bogran aprendio de la basura

Los reporteros de Univision 34 escribieron sobre sus experiencias poniéndose en los zapatos de diversos trabajadores en LA.

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Más difícil de lo anticipado

Como parte de la serie "En los Zapatos De...", los reporteros y conductores de Noticias Univision 34 se dieron cada uno a la tarea de escribir un breve testimonial sobre sus experiencias realizando durante un día entero el trabajo de una persona común en el área de Los Ángeles.

En este caso, el sorteo al azar que se realizó en los estudios de Univision Los Ángeles determinó que Francisco Pinto se pondría en lo zapatos de un recolector de basura. Estas fueron algunas de sus experiencias:

Ser, o mejor dicho, intentar ser un mariachi por un día resultó una de las mejores experiencias de mis ya 13 años de carrera en televisión. Les debo confesar que llegué con algo de inseguridad y tal como dije en el reportaje, sintiendo una importante dósis de responsabilidad y nervios. Yo quería pasarla bien durante todo el proceso, pero por sobre todo, quería que saliera bien. Y si antes le tenía respeto a los mariachis, ahora les tengo aún más.

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Cuando saqué de la tómbola el papel que decía “Mariachi”, de inmediato me di cuenta que ante mi se encontraba una oportunidad única, de mucho potencial para lograr algo especial, pero que esto iba a depender en gran parte de mi capacidad para aprovechar al máximo lo que el tema me ofrecía. En otras palabras, me iba a tener que soltar y relajar, o si no, esto no funcionaria, pues terminaría "matando" lo que pudo ser muy bueno y lo dejaría en algo mediocre.

Afortunadamente creo que en gran parte de la experiencia si lo conseguí, y mucho me ayudó haber cantado de niño, pues aunque las cuerdas vocales sean como un músculo que si no lo ejercitas se te atrofia, en mi caso, algo quedaba escondido por ahí.

Pero ante todo debo agradecer a mi camarógrafo Miguel Gutiérrez, a mi editor Arturo Quezada y todos los mariachis que me ayudaron en el proceso. Este reportaje es de ellos, no mío. Ellos me hicieron ver bien.

Para José Cervantes venga toda mi gratitud, su guía, consejos y contactos que fueron claves. A los muchachos integrantes del Mariachi Latino, gracias por tocar su linda música para un simple principiante que, por muy presentador de noticias que sea, estaba nadando en aguas totalmente desconocidas y necesitaba de un salvavidas permanentemente. Ustedes lo fueron para mi.

Para el dueño del Puerto Escondido de Whittier, gracias por permitirme presentarme en su restaurante y arriesgar la reputación de su establecimiento con este mariachi chileno que cantó “Estos Celos” (¡imagínese usted!) A todas las chicas meseras, gracias por su buena onda y por aplaudir en el mini-concierto que les dimos.

Y como no agradecerle a Antonio y a los Mariachis de La Plaza del Mariachi en Boyle Heights. Cuando llegue, el día ya se acababa y ellos me regalaron el último toque que la historia necesitaba, la picardía de la calle, donde realmente se hace el mariachi.

Espero que ustedes disfruten viendo esta pieza tanto como yo disfrute haciéndola. Ser mariachi es mucho mas que saber cantar y tocar un instrumento musical, o aprenderte 200 canciones y vestirte como tal. Ser mariachi es ser parte de una familia, de una fraternidad, que en muchos casos se extiende por décadas y en donde se comparten penas, alegrías, aplausos, silbidos, viajes, comidas, uno que otro macetero en la cabeza y sobre todo, muchas anécdotas y muchas risas -- por eso yo pienso que siempre están felices.

Es claro que esta vida no es para cualquiera, es muy sacrificada. Y es mentira que todos son una bola de borrachos y holgazanes, como los nefastos prejuicios a veces los describen. Los que yo conocí son muy trabajadores, dedicados y profesionales. La gran mayoría pasa penurias y son muy pocos los mariachis que están establecidos a tal nivel que se pueden dar el gusto de vivir solamente de esto. La triste realidad es que muchos viven en condiciones muy precarias y trabajando larguísimas horas (solo cuando hay suerte). Además, en estos tiempos de dificultad económica, su profesión también se ha visto duramente golpeada.

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Sin embargo, esto no les quita el sueño y las ganas de seguir viviendo así: libres y contentos, compartiendo sus días con amigos en el total y más completo sentido de la palabra. Sólo me queda disculparme ante todos los mariachis a quienes no les hice justicia, que son todos. Y para todos ustedes también, vaya mi más profundo respeto y mi eterna admiración.

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