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En una entrevista con el senador demócrata de Nueva Jersey.

El color de una reforma migratoria

El color de una reforma migratoria

Ramón de Campoamor escribió: “En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.

En una entrevista con el senador demócrata de Nueva Jersey.
En una entrevista con el senador demócrata de Nueva Jersey.

Por Raúl Peimbert

HOUSTON, Texas- Ramón de Campoamor escribió: “En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.

Y para sus intérpretes, la frase supone: “una pesimista pero bella manera de expresar y admitir que nada vale, que ningún valor es inmutable y que inevitablemente impera el subjetivismo, la arbitrariedad y el relativismo en todas las facetas de nuestro mundo, por ello “traidor”, según el poeta”.

Yo simplemente añadiría que un elemento vital a la hora de mirar por ese cristal tiene que ver con el significado de la palabra interés, es decir, el valor o utilidad que en la mente de cada quien tiene el escenario observado.

La referencia me pareció válida en momentos cruciales de la discusión de la Reforma Migratoria por que, sin duda, cada uno de los actores que participan en las propuestas, en el análisis y en las discusiones para hacerla una realidad o, de plano, para tirarla a la basura, maneja su propia visión, su propio interés más allá de la autentica intención de regularizar la vida de más de 11 millones de indocumentados.

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He insistido que la aprobación de una Reforma Migratoria está muy lejos de ser una decisión humanitaria y que más bien el interés político y económico de este tema sigue condenando la vida de quienes viven en este país sin documentos y con el yugo permanente de la deportación y la separación familiar.

Hoy por hoy, no es el drama humano del fenómeno el que mueve las cosas, sino más bien la ambición por quedarse con un botín de enorme valor electoral y de incalculable riqueza económica.

Los republicanos, a pesar de los obstáculos que han puesto en el camino, no pueden negar que los votos latinos son determinantes en todo proceso electoral y que sin ellos están destinados al fracaso, tal y como sucedió en las pasadas elecciones presidenciales. Claro que también hay kamikazes como Ted Cruz y John Cornyn pero, a ellos, ni cómo ayudarlos.

Por otra parte, también en el terreno republicano, no puede soslayarse el interés económico que se esconde detrás de una condición a ultranza que han impuesto para avanzar en esta reforma. La intención de reforzar la frontera con 20 mil nuevos efectivos de la Patrulla Fronteriza y elevar los niveles tecnológicos de vigilancia como núnca antes en la historia, costarían al país casi 40 mil millones de dólares que bien podrían terminar beneficiando a empresas de seguridad y tecnología identificadas con este sector político. Halliburton entre otras.

La otra cara de la moneda está por supuesto en el terreno de los demócratas quienes  también tienen sus uñas bien afiladas.

Para ellos el pago de una factura electoral es impostergable luego de que el voto latino permitiera la reelección de su Presidente, pero tampoco se oculta, según la Oficina del Presupuesto del Congreso, que lograr la reforma migratoria recortará el déficit de Estados Unidos en más de 175 mil millones de dólares en los próximos 10 años.

Lo cierto para mí es que la Reforma Migratoria tiene tantos matices como el espectro visible para el ojo humano. Ojalá pudiéramos volverla incluyente, es decir blanca porque es el resultado de la superposición de todos los colores, mas núnca negra que significa la ausencia, la carencia de los mismos.

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