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Fernando Savater reflexionó sobre el valor de la educación

Fernando Savater reflexionó sobre el valor de la educación

El filósofo español Fernando Savater reflexionó sobre la educación, el papel del maestro y la lección del valor de la vida.

Fernando Savater reflexionó sobre el valor de la educación 2768daa373744...

La transmisión de humanidad

Es imposible no prestarle atención a Fernando Savater, el escritor y pensador español que tiene por costumbre bajar a la filosofía de su trono para iluminados y ponerla al alcance de todos, con humor, profundidad y una sabrosa actitud irreverente.Ha escrito sobre la estupidez o el deporte, pero también sobre la intolerancia y el nacionalismo, especialmente el vasco, contra el que se ha enfrentado abiertamente. De hecho, Savater es el único filósofo del mundo que camina con escolta gracias a amenazas de muerte de la ETA.Además, como maestro —enseñó muchos años en la Universidad Complutense de Madrid—, le ha dedicado largas horas al tema de la educación. Univision.com lo entrevistó. Esto fue lo que nos dijo el maestro.

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En los últimos años ha aumentado enormemente la deserción escolar en Estados Unidos, sobre todo entre los hispanos. ¿A qué cree que pueda deberse esto?

En líneas generales, suele considerarse la educación sólo por los fines que se pueden alcanzar con ella: laborales, de estatus social, etcétera. Entonces si la educación no produce resultados o un rendimiento inmediato, quien tiene esa idea de la educación la abandonará, porque la educación no es vista como un fin en sí mismo sino como una herramienta. Eso yo creo que es un error. No se considera la educación por su valor intrínseco, que no tiene que ver con su función meramente laboral.

¿Cuál es ese valor intrínseco?

Primero, lo valioso es la educación como transmisora de humanidad, lo mismo si se estudia literatura que matemáticas, porque tan humano es lo uno como lo otro. La formación de la humanidad es la transmisión de una herencia de pensamiento, de valores, de interpretación del mundo, incluso de sentimientos, que eso es lo que se transmite con la educación y eso es lo que humaniza. El objetivo fundamental de la educación es cultivar la humanidad.

Eso pone casi todo el éxito de la educación en el maestro...

El maestro es la pieza esencial de la educación. En contra de lo que se da a entender hoy, lo importante no son los instrumentos, que los chicos manejen un ordenador o naveguen en Internet. Lo importante es el maestro. La transmisión de la humanidad sólo se puede hacer desde un ser humano, que encarne de alguna manera esa herencia que se quiere transmitir.

¿Usted como maestro siente que los alumnos llegan cada vez menos preparados?

No, esas son supersticiones.

Aquí el maestro tiene el problema de que no puede tocar siquiera al alumno, ni siquiera cuando se trata de disciplinarlo de la manera más justa.

Eso también es un problema en España y en Europa en general. Sin autoridad no hay enseñanza. La enseñanza se basa en que hay una jerarquía dentro del aula. En el aula no todos son iguales, no es un grupo de animación cultural. Los demás tienen de alguna manera que someterse a esa disciplina. Sin disciplina no puede haber enseñanza.

Pareciera que el alumno cada vez más entiende al maestro como un igual. ¿Qué está pasando en la mentalidad de los adolescentes?

Creo que es un problema de la sociedad. Si hace unos años ibas a tu casa y decías que el maestro te había castigado por algo, lo primero que hacía tu padre era darte otro castigo por haber transgredido las normas de la escuela. [Risas] Hoy, en cambio, el padre va a la escuela y le pega al maestro por haber castigado al niño. No es una percepción de los niños sino que realmente el maestro es visto como una figura sin autoridad, que tiene que ejercer una especie de arte como de seducción, de hipnosis.

¿Qué opinas de lo que dice Savater? ¿Estás de acuerdo?

Armas en las escuelas

Una de las cosas que recuerdo más de su libro El valor de educar es que decía que los maestros y los padres tienen que caer un poco antipáticos...

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Es que es necesario: toda labor de educación es frustrante. Educar es frustrar, en cierta medida: el niño, el adolescente tiene una gama de expectativas amplísimas porque todavía no sabe adónde va. El maestro tiene que decir "por ahí no, por aquí sí". Por lo tanto, en unas ocasiones tropieza con una resistencia porque el niño no entiende por qué tiene que hacereso en vez de lo otro, por qué hay una elección justificada y unos caminos que son mejores que otros. Al principio no lo ve, porque precisamente para eso está siendo educado.

En Estados Unidos hay una incidencia enorme de muertes por armas de fuego, no pocas en escuelas. ¿Qué puede hacer el maestro frente a esta realidad?

Pues, parapetarse [risas], es lo más seguro. Es lógico que Estados Unidos tenga el mayor porcentaje de muertos por armas de fuego, porque hay armas de fuego sueltas. Si en España se tuviera un libre acceso a las armas de fuego, viviríamos una situación parecida.

¿Pero no existiría alguna forma, tal vez, de educar sobre el valor de la vida?

Yo creo que somos todo lo malos que nos dejan ser. La primera señal de que se valora la vida humana es que las armas no estén al alcance de los ciudadanos. Porque: ¿qué explicación hay a que solamente algunos cuerpos especializados, con entrenamiento y autorizaciones especiales, tengan armas? Pues, precisamente, el valor de la vida humana. Si todos vamos armados, quiere decir que todos podemos disponer de la vida de los demás a poco que nos apetezca. La primera lección para apreciar la vida humana es que los seres humanos no vayamos armados unos contra otros, sino que tengamos la protección del estado, de los gobiernos.

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Ahora más que nunca, se tiene la idea de que el mundo está peor que nunca. ¿Es cierto?

Sí, vivimos en una época de muchos sobresaltos, no sólo en los Estados Unidos. Vamos, hay muchas razones para pensar que el mundo está muy mal, pero siempre las ha habido. No digo que está injustificada nuestra aprehensión de que las cosas están muy mal, sino que está injustificada la aprehensión de que es la primera vez que las cosas están muy mal.

Aquí en Estados Unidos, donde abundan las minorías nacionales, se suele hablar del orgullo nacional con mucha vehemencia. ¿Sirve para algo ese orgullo?

Es que el orgullo, cuando es sobre condiciones involuntarias, es ridículo. Está bien que alguien tenga un orgullo cívico, el orgullo de respetar leyes, de intervenir políticamente en la mejora de la vida de sus conciudadanos, porque esos son empeños que uno voluntariamente juega frente a otras personas que se dejan corromper, o que simplemente se dejan llevar por la abulia. Ahora, en cambio, enorgullecerse de cosas involuntarias como ser español o ser peruano, es que es absurdo, porque no tenemos ningún mérito. Las personas que se enorgullecen de esas condiciones involuntarias son porque no tienen ningún mérito personal de que enorgullecerse. ¡Es como enorgullecerse de medir 1.80!

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