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La sostenibilidad en el sector automotriz

El sector automotriz no es la excepción en la tendencia actual de producción y consumo sustentable.
9 Oct 2015 – 10:25 PM EDT
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El sector automotriz, por supuesto, no es la excepción en la tendencia actualmente experimentada de Producción y Consumo Sustentable. Y es un aspecto relevante, pues nuestro actual sistema de movilidad nos impacta en la calidad de vida a través de las emisiones contaminantes y la congestión.

Ante esto, podemos preguntarnos:

¿Qué se entiende por un “vehículo sustentable”?

¿Es un vehículo eléctrico? ¿Es un vehículo que incorpora materias primas recicladas? ¿Es un vehículo que se reciclará completamente cuando termine su vida útil?

Intentando responder la pregunta inicial comencemos con el postulado de que hay tres niveles de “sustentabilidad” que pueden aplicarse en el sector automotriz:

El primer nivel lo denominaremos “Diseño Verde”. Implica incorporar “detalles” verdes y/o sustentables en el vehículo. Y estos detalles generalmente se aprovechan en la estrategia de mercadeo del vehículo.

El segundo nivel lo denominaremos “Diseño Sustentable”. Implica considerar TODO el ciclo de vida del vehículo, buscando minimizar el impacto ambiental de la unidad motorizada en toda su vida útil. La etapa de ciclo de vida con mayor impacto ciertamente es la del USO. Las emisiones generadas por los combustibles fósiles son un problema de alcances locales y globales, con costos potencialmente estratosféricos. Por tanto aquí el vehículo eléctrico gana buenos puntos. Aunque ojo, no olvidemos la fuente de la energía eléctrica que consume. Un vehículo eléctrico alimentado con “electricidad sucia” simplemente traspasa el problema de las emisiones de un lugar a otro.

En cuanto al impacto de la producción del vehículo, gracias al auge del enfoque “Green and Lean”, a través del cual la minimización de impactos ambientales va de la mano de la rentabilidad, este viene disminuyendo sostenidamente.

La disposición final es un tema que incomoda al vehículo eléctrico. ¿Qué hacer con las enormes baterías, con un alto potencial contaminante, que utiliza este automóvil? Todo un reto para los expertos tecnológicos de esta área.

También es un tema sensible en muchos países latinoamericanos, donde la debilidad institucional hace que no se cumplan las normas y procedimientos, generando un potencial foco de impacto ambiental. Es un aspecto relevante para políticas públicas.

El tercer nivel ya implica una ruptura. Un cambio de paradigma. Generalmente gatillado por la explosión de las nuevas tecnologías.

En este aspecto se pueden vislumbrar dos rupturas o cambios de paradigmas.

El primero es la utilización del hidrógeno como combustible. Con este combustible los vehículos generarían como emisiones ¡agua! Imaginará el lector la brusca caída en el impacto ambiental de la movilidad…

Además el hidrógeno es un recurso abundante y de libre disposición. Prácticamente un bien público. Por tanto no costaría. Esto terminaría con el “negocio” de la venta de combustible. Paradójicamente esta fortaleza puede ser su principal debilidad. Hay demasiados (demasiadísimos, si se permite la expresión) intereses asociados a la venta del combustible a los que no conviene la introducción del hidrógeno como combustible principal.

El segundo es el vehículo autónomo. Aquel controlado por todo este “sistema inteligente” que se está creando en la nube virtual (el “internet de las cosas”). Este sistema inteligente optimiza trayectos y consumo de combustible. Quita el “factor emocional” de la conducción y por tanto minimiza la posibilidad de accidentes (solo quedarían los “verdaderos” accidentes, todos los accidentes “evitables” desaparecerían). Técnicamente el vehículo autónomo estará disponible masivamente en unos años. Muy posiblemente es esta década. Sin embrago, tampoco estará exento de polémica. Seguramente muchos dirán que es un atentado a libertad individual, entre otros argumentos atendibles.

Así son los cambios de paradigma. Nunca exentos de polémica….

Este post fue publicado originalmente en el Blog Hablemos de Cambio Climático del Banco Interamericano de Desarrollo
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