Refugiados

"Mi corazón está herido": las historias de tres familias que venían en la caravana migrante

Poco se sabe de los más de 220 integrantes que lograron entrar a la garita de San Ysidro, California, la semana pasada. Mientras las autoridades federales no ofrecen detalles, sus familiares en Estados Unidos se preparan para recibirlos. Univision Noticias compartió con estas familias que ahora se dirigen a California, Texas y Florida.
9 May 2018 – 11:23 PM EDT

LOS ÁNGELES, California.- Crescencia Villatoro vive en Los Ángeles y ha pasado los últimos días “pegada al teléfono”, esperando que le den más información sobre su cuñada María Guinac y sus tres hijos. Todos formaron parte de la caravana de migrantes centroamericanos que ingresó a Estados Unidos la semana pasada. Un cuarto de su casa ya está listo para recibirlos.

Funcionarios de inmigración se han comunicado con ella para confirmar que puede recibir a sus parientes. El viernes la llamaron para darle detalles del caso de su sobrino José Ignacio Villatoro, de 20 años, quien se presentó solo a la garita fronteriza de San Ysidro. Un día después le avisaron que estaban revisando la solicitud de asilo de su cuñada y sus dos hijos menores, Jean Carlos y Wilson, de 6 y 13 años. Esta familia entró separada por recomendación de los abogados que analizaron sus procesos en Tijuana, México.

“Me pidieron mi información, mis datos, si soy residente (permanente) y si me iba a hacer cargo de ellos”, dijo a Univision Noticias Crescencia, quien vive en Reseda, en el norte de Los Ángeles. “Me sentí contenta porque, primero Dios, los van a dejar en este lado”, agregó.

Esta familia de Guatemala entró el viernes a EEUU con el último grupo de la caravana, sumando más de 220 personas que piden refugio con el argumento de que huyeron de sus países debido a la violencia. Ni la Oficina de Aduanas y Control Fronterizo (CBP), la primera agencia que verificó sus trámites, ni el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE), que los tendrá bajo su custodia, han informado sobre la caravana. Ambas aseguran que no tienen datos disponibles porque no los agrupan por eventos específicos.


David Abud, organizador de la Red Nacional de Jornaleros (NDLON) y coordinador del campamento improvisado en el que vivieron estos migrantes en Tijuana, dijo que “la mayoría sigue en cárceles migratorias”. Según él, “algunos estarán ahí hasta que les den una fianza o concluyan sus casos”.

Crescencia indicó que sus familiares están en un centro migratorio en San Diego y afirmó que su cuñada no ha sido separada de sus hijos. Se lo dijo en una llamada el sábado por la tarde. “La escuché un poco triste porque está ahí con sus niños. No me dijo nada, pero lo pude sentir. Le dije: ‘No estés triste. Le das un abrazo a los niños. No se preocupen, Dios está con ustedes; ya están en un lugar seguro’”.

“Al colgar sentí ganas de llorar por lo que están pasando ahí”, agregó.

Antes habló con su sobrino José Ignacio, quien tenía una actitud distinta. “Lo escuché feliz”, contó.

Separados en la frontera

Cuando María y sus dos hijos menores se formaron para entrar a la garita de San Ysidro, su expresión era de tristeza. Y es que allí se separaron del padre, Ignacio Villatoro, quien se quedó en Tijuana. Lo deportaron en 2011 luego de pasar un año en una cárcel del estado de Missouri por robo de identidad. Por eso, decidió quedarse a trabajar en México y solicitar asilo en ese país.

“Estoy más tranquilo”, dijo Ignacio en una entrevista telefónica sobre el hecho de que ya sabe de su familia. “Pero aún me siento muy triste por mis niños. Mi corazón está herido porque los más pequeños están más acostumbrados a mí”, comentó este hombre que ha pasado los últimos días en un refugio de Tijuana.

Allá su principal temor es que la Policía local lo arreste por no tener autorización para estar en México. “La Policía te para y te pide documentos. Por eso no salgo del albergue”, indicó.


Al retornar a su natal Guatemala hace siete años, Ignacio puso un negocio para sacar a su familia adelante. Le fue bien hasta que llegaron pandilleros a cobrarle ‘derecho de piso’. “No puedo regresar a mi país, por eso me quedé en Tijuana”, comentó él.

Poco antes de darles un fuerte abrazo a los suyos, Ignacio reflexionaba y deseaba que les esperara algo mejor en Los Ángeles. “Quiero que mis hijos tengan un futuro”, expresó con pesar.

Su cuñado, Encarnación Cifuentes Estrada, lamenta que el éxodo de sus parientes se haya vuelto una cuestión de vida o muerte. “Le cayeron los extorsionadores a mi cuñado y lo forzaron a que pagara. Él cerró el local, pero lo balearon y amenazaron. Allá si no das dinero matan a tu familia, eso ya es normal”, dijo.

Encarnación espera que las autoridades migratorias acepten estas pruebas y permitan que sus parientes hagan una nueva vida en California. “Los niños van a tener un mejor futuro aquí que en Guatemala”, dijo. “Estamos preparados para recibirlos, con la alegría de que estén aquí”, señaló.

“Mataron a mi hermano”

La última vez que Douglas Mejía supo sobre su medio hermano Marvin Ordoñes, este avanzaba hacia la garita de San Ysidro durante la mañana del viernes. Le mandó mensajes de texto para decirle que estuviera pendiente y que esperaba verlo pronto en Houston, Texas. Lleva cinco días sin saber de él, su cuñada y sus cuatro sobrinos.

“Aún no me han llamado, estoy pendiente”, dijo Douglas, quien ingresó a este país en una caravana de migrantes centroamericanos que llegó a la frontera en octubre pasado. Él relató que venía con su hijo y que estuvo dos días en una “hielera” en Arizona, como llaman despectivamente a los refugios improvisados de ICE debido a sus bajas temperaturas.


“No sufrí mucho, lo normal, estuve dos días esperando la entrevista de ‘miedo creíble’ y cuidando a mi hijo. Tuve suerte porque me soltaron rápido”, indicó Douglas. Él, sin embargo, duda que su hermano sea puesto en libertad pronto, debido al tamaño del grupo con el cual llegó a Tijuana.

“Me escribió antes de separarse de su esposa. Me dijo que se iba a entregar y que estuviera pendiente”, recordó Douglas, cuyo proceso migratorio aún no ha concluido. Ahora él porta un dispositivo en el tobillo que monitorea su ubicación y debe acudir a citas migratorias regularmente.

En Tijuana, Marvin, de 28 años y originario de El Salvador, contó a Univision Noticias que venía huyendo de las pandillas que lo obligaron a dejar su casa. Trajo a su esposa y a sus cuatro hijos de entre 1 y 15 años.

Su hermano contó que la situación de sus parientes se volvió tan peligrosa que no tenían más opción que huir hacia el norte. “Tenemos un caso muy fuerte porque mataron a mi hermano y a muchos familiares. Las pandillas nos amenazaron. Presentando eso esperen que acepten el caso”, dijo Douglas.

¿Dónde está Kenia?

El teléfono de Alex García, quien vive en Florida, estaba escrito con plumón en el estómago de su hermana Kenia Ávila, cuando ella estaba en el refugio instalado en Tijuana. Alex dijo que por el momento las autoridades migratorias no le han llamado respecto al caso de su familiar.


“No se han comunicado conmigo”, aseguró este originario de Honduras, quien escuchó por última vez la voz de su pariente cuando ella estaba a punto de presentarse ante oficiales del CBP en San Diego. “Me dijo que se iba a entregar a Migración y que venía a pedir asilo”, comentó.

Kenia, de 35 años, viene huyendo de su marido que la golpeaba y cuya familia está ligada a la Mara Salvatrucha (MS-13). Vino en la caravana migrante con sus tres hijos, de entre 4 y 9 años. Ella contó que también ellos fueron víctimas de la violencia del padre. Como prueba, ella trajo los reportes de violencia doméstica que interpuso en Honduras cuando le pegó su esposo.

“Un día, ya separados, entró al cuarto y nos aventó a los cuatro a la cama, agarró unos fósforos y dijo que nos iba a quemar”, relató el pasado jueves, cuando seguía en el campamento en Tijuana.

Mientras avanzaba hacia la garita de San Ysidro, ella se veía inquieta, sabiendo que su destino dependía de una entrevista con oficiales migratorios. “Tenemos los nervios revueltos”, expresó.

En fotos: La vida de los migrantes entre carpas a las afueras de la garita de San Ysidro

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