Condenas

Jurado recomienda pena de muerte para asesino serial que se libró dos veces de la condena capital

Andrew Urdiales fue acusado por el asesinato de ocho mujeres entre 1986 y 1996, entre ellos cinco que confesó haber cometido en el sur de California, donde será enviado al corredor de la muerte. Para intentar salvarlo de la pena capital, sus abogados argumentaron en el juicio que su conducta criminal era producto de la tortura que sufrió en la infancia y de que fue víctima de 'bullying' tanto en la escuela como en la Marina.

LOS ÁNGELES, California.- Un jurado del sur de California recomendó este miércoles la pena de muerte para Andrew Urdiales, de 54 años, por la muerte de cinco mujeres entre los años 1986 y 1996, la tercera condena capital que este exmarine recibe tras librarse de dos previas.

"Tomó mucho tiempo, pero nosotros estamos ahora aquí y este caso es el mejor ejemplo de por qué la pena de muerte se debe mantener", dijo Matt Murphy, fiscal del condado de Orange, tras la decisión del jurado.

En 2002 Urdiales fue sentenciado en un juzgado de Chicago, Illinois, a la pena capital por el asesinato a puñaladas de dos mujeres de esta ciudad, aunque el condenado se salvó por una conmutación masiva realizada en 2003 por el entonces gobernador George Ryan.

Un año más tarde, el acusado se convirtió en el primer reo en regresar al corredor de la muerte en Illinois cuando un jurado en Chicago lo condenó a la pena máxima por el asesinato de otra mujer, no obstante se volvió a salvar de la condena capital en 2009 cuando ese estado abolió la pena de muerte.

Urdiales fue condenado en ese entonces a pasar el resto de su vida en la cárcel, sin posibilidad de pedir libertad condicional, por la muerte de estas tres mujeres en Chicago.

Poco después, en 2011, fue extraditado a California para que enfrentara a la justicia por las muertes de otras cinco víctimas en los condados de Orange, San Diego y Riverside, por los que fue hallado culpable el pasado 23 de mayo.

Las autoridades lograron establecer que el sujeto se había radicado en el Sur de California en 1984, cuando hacía parte de la Marina de EEUU y durante su estancia en este estado mató a cuatro de las víctimas. Posteriormente, Urdiales pasó unas vacaciones en la ciudad de Palm Springs en 1995, donde mató a una quinta víctima.

Una sexta víctima, Jennifer Asbenson, fue secuestrada pero logró escapar con vida, según documentos judiciales.

Las pruebas recolectadas tras su arresto en Chicago permitieron a las autoridades californianas vincular a Urdiales con los crímenes cometidos en el sur de este estado.

Víctima del 'bullying' y los abusos

Para intentar salvarlo de la pena capital, sus abogados argumentaron durante el juicio que la conducta criminal de su cliente es producto del trauma que los padres le causaron por las golpizas y el abuso sexual por parte de otros familiares.

Esto sumado a que sufre del síndrome de alcoholismo fetal parcial, una condición que se produce debido a que durante el embarazo la madre abusa de las bebidas alcohólicas.

También señalaron que Urdiales padece daño cerebral, que escucha voces, que creció con ira, que padece del síndrome de Tourette, un trastorno del sistema nervioso que genera una conducta obsesiva compulsiva, y que por ello sus acciones no fueron frías y calculadoras.

"Nunca siente alegría, satisfacción, ni emoción ni felicidad", dijo Morrison sobre los sentimientos que describió Urdiales después de los asesinatos. "Él dice no sentir nada en absoluto. Las cosas se vuelven tranquilas, pacíficas, una sensación de calma".

El acusado vivió su niñez en Burnham, Illinois, una comunidad predominantemente blanca donde los hispanos como él eran víctimas de ataques racistas, como las varias ocasiones que estrellaron huevos y colocaron heces fecales en la casa y el automóvil de la familia.

De niño fue víctima de acoso escolar o 'bullying', era golpeado casi a diario en la escuela y no podía defenderse, según uno de sus abogados. Luego ingresó a la Marina estadounidense, donde también padeció de humillaciones por parte de sus compañeros que lo apodaban 'El Cabo Urinales'.

Sin embargo nada de esto lo libró de la pena de muerte. En las audiencias de sentencia, el fiscal Murphy lo describió como un "monstruo misógino y sádico", que confesó sus delitos y no mostró ningún signo de arrepentimiento por matar a las víctimas, la mayoría de ellas prostitutas con las que tuvo relaciones sexuales antes de cometer los crímenes.

"Nunca mostró remordimiento, esta es la condena correcta", dijo en una rueda de prensa tras la audiencia Steve Wells, hermano de Maryann Wells, asesinada por el acusado en 1988. Wells manifestó que su familia había encontrado justicia tras 30 años.

La sentencia será dictada el próximo 31 de agosto.


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