Abuso Infantil

Imponen nuevos cargos y una fianza de casi $500,000 a la madre acusada de torturar a sus hijos en California

Ina Rogers compareció este miércoles en corte y el juez agregó a las acusaciones por negligencia en el cuidado de 10 menores nueve cargos más por tortura y abuso infantil. Los fiscales revelaron escabrosos detalles del caso: los padres de los niños los quemaban con agua hirviendo usando el método de tortura de 'waterboarding'.

LOS ÁNGELES, California.– Ina Rogers, de 31 años y madre de 10 menores, se presentó este miércoles en la Corte Superior del condado de Solano en California para enfrentar nuevos cargos de abuso infantil por las deplorables condiciones en que fueron encontrados los niños el pasado 31 de marzo, cuando ella y su esposo fueron arrestados.

Rogers ya había sido acusada de negligencia en el cuidado de sus hijos, basado en las circunstancias en que estaba su casa cuando fue registrada por la Policía y logró salir en libertad tras el pago de una fianza de 10,000 dólares. Pero después de semanas de investigaciones y entrevistas con los menores, un juez le impuso nueve cargos más por tortura y abuso infantil, por lo que la acusada tendrá que regresar a prisión.

"Creemos que podemos probar más allá de cualquier duda infundada las acusaciones de que ella cometió nueve delitos de abuso infantil", dijo Sharon Henry, fiscal del condado.

El juez William J. Pendergast aceptó el pedido de la Fiscalía de imponerle una fianza a Rogers de 495,000 dólares tras afirmar que seguía representando un peligro para sus hijos, que tienen edades de los 4 meses a los 12 años.

"Tal vez no represente un peligro para el público en general, pero los cargos establecen claramente que es peligrosa para los niños", dijo el juez.

La mujer no respondió a los cargos ni hizo ninguna declaración ante el tribunal.

La investigación empezó el pasado 31 de marzo cuando el hijo mayor de la pareja se desapareció y su madre llamó a la Policía. El niño estaba dormido debajo de un arbusto en el patio de un vecino y al parecer había escapado porque sus padres le quitaron una tableta. Cuando los agentes lo encontraron escondido, lo llevaron de regreso a su hogar y descubrieron las sorprendentes condiciones en las que vivían el menor y sus hermanos: basura, alimentos en descomposición y excrementos en toda la vivienda.

Los quemaban con agua hirviendo

Los fiscales aseguraron que Rogers y su esposo, Jonathan Allen, de 29 años, pusieron a los menores en una situación susceptible de causarles daños graves y la muerte.

Allen, padre biológico de algunos de los niños, enfrenta siete cargos por tortura y nueve por abuso infantil. Él se ha declarado inocente y está preso en la cárcel del condado de Solano con una fianza de 5.2 millones de dólares.

Ambos han negado las acusaciones en su contra, aunque la Policía y los fiscales dicen que los niños fueron rescatados de la casa familiar donde vivían entre excrementos y basura, además presentaban quemaduras, moretones y heridas como las que causaría un arma de balines o perdigones.

La vicefiscal del condado, Sharon Henry, señaló que los torturaron "con fines de sadismo". Los niños eran maltratados, les disparaban con armas de aire comprimido o ballestas y los quemaban tirándoles encima agua hirviendo a través del método de tortura conocido como 'waterboarding'.

Otra de las fiscales, Verónica Juárez, escribió en una declaración que la madre "asistía" al padre en estos abusos. Además, dijo que ella intentaba convencer a los menores de no reportar sus heridas, que incluían brazos rotos, con el fin de proteger a su esposo.

Su reporte también declara que cuando la Policía llegó a la casa de Fairfield a buscar al niño de 12 años que fue reportado como desaparecido por su madre (razón por la que descubrieron el caso), encontraron nueve pequeños acurrucados juntos entre la basura.

Jonathan Allen fue acusado de violencia doméstica en 2011, según documentos de corte del condado de Solano que muestran que se le imputaron cargos por herida corporal, ataque con un arma de fuego y amenazas criminales. Por esos delitos fue condenado a 180 días de cárcel y tres años de libertad condicional.

Sin embargo, el acusado insiste en que es inocente y que la evidencia lo probará. En una entrevista desde la cárcel dijo a reporteros: "No soy 100% perfecto, no soy perfecto, nadie es perfecto. Pero no soy un animal, no soy un torturador ni un monstruo, simplemente no lo soy".