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Donald Trump

El voto clave no está en el campo ni en las grandes ciudades sino entre las mujeres de los suburbios

El voto en los suburbios llevó a Donald Trump al poder en 2016. Hoy, las mujeres blancas de la periferia, muchas de ellas hartas de lo que consideran un caótico mandato, podrían ser una de las claves de su posible derrota.
21 Oct 2020 – 01:59 PM EDT
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“¿Les puedo pedir un favor, mujeres de los suburbios? ¿Pueden votar por mí? He salvado sus malditos suburbios y no tengo mucho tiempo para ser políticamente correcto”, dijo Donald Trump en uno de sus actos de campaña en la recta final hacia las elecciones del 3 de noviembre.

En la periferia de las ciudades, esa zona donde las preferencias de voto no están definidas, a diferencia de lo que ocurre con el ámbito rural (que vota republicano) y metropolitano (que se decanta por lo demócrata), los candidatos tratan de arañar votos a toda costa.

Algunos observadores de la campaña de Trump señalan que al presidente se le acabó el tiemplo para atraer a este sector. Señalan que las mujeres blancas de los suburbios ya no se van a tragar el anzuelo de su retórica extrema.

Y los números parecen no favorecerlo. Su oponente, el candidato presidencial demócrata Joe Biden, le saca una ventaja de 23 puntos entre las mujeres que viven en los suburbios en estados clave, según una encuesta reciente de The New York Times y Siena College, entre otros sondeos que reflejan resultados similares.

La pandemia y sus efectos en cascada en la educación o la economía parecen haber profundizado la oposición a Trump entre las votantes residentes en suburbios. La promesa de “ley y orden” de Trump no ha funcionado y tampoco su estrategia de echar gasolina a los conflictos raciales y retratar los suburbios como un coto cerrado para las familias blancas y pudientes.

Biden, en cambio, apuesta por un tono empático con este electorado: "La compasión importa, el respeto importa", decía Biden en un acto de campaña reciente. "Y no solo la de un político, importa porque somos seres humanos, convivimos todos juntos", señalaba. El demócrata se refiere con frecuencia a la muerte de su primera esposa y su hija en un accidente de automóvil hace décadas, así como a su hijo Beau , fallecido de cáncer cuando ocupaba la vicepresidencia en la administración Obama. Este relato, el de la superación de sus tragedias personales, es un potente trampolín para presentarse como una persona resiliente que puede sacar adelante un país con profundas heridas.

Fems for Dems

Entre las voces que más se hacen oir en el electorado femenino de la periferia destaca la de Lori Goldman, una agente inmobiliaria madre de trillizos que lanzó Fems for Dems a principios de 2016. Lo que comenzó como un email a amigos en el que expresaba su deseo de ayudar a elegir a la primera mujer presidenta, ya cuenta con miles de interesadas y podría convertirse en una fuerza política no desdeñable.

Goldman se convirtió simultáneamente en el estereotipo de una mujer de los suburbios y su antítesis: “Vive en una casa de 6,400 pies cuadrados con siete baños, pero también condimenta casi todas las frases con insultos y ya no le importa lo que la gente piense”, señala este artículo de AP.

Goldman cree que mujeres como ella, blancas y residentes en los suburbios, podrían salvar al país de otros cuatro años de caos. En un tiempo crucial, en el que se fraguó el movimiento #MeToo y las victorias de un número récord de candidatas en 2018, la estrategia de Trump argumentando que las protestas de Black Lives Matter traen violencia y crimen y echan por tierra el valor de las propiedades en los suburbios no ha funcionado.

“Trump no se ha hecho ningún favor a sí mismo colocándose por detrás del espíritu de los tiempos en cuanto a las minorías, la inmigración y el acceso a la salud y todas las cosas a las que se opone. Nos ha ayudado inmensamente”, señala Goldman en esta entrevista con la periodista Christiane Amanpour.

El mantra del presidente —que viene a ser “Biden detrozará tu vecindario y el sueño americano”— para atraer el electorado femenino de la periferia está tremendamente anticuado. Como dijo la socióloga de la Universidad de Michigan Karyn Lacy en declaraciones a AP: “Creo que si estuviéramos en 1950, este mensaje sería perfecto. El problema es que no estamos en 1950”.


A ese discurso agresivo se suma un acto extremadamente polémico: Trump quitándose la mascarilla tras recibir un tratamiento experimental y exclusivo, fuera del alcance del ciudadano de a pie, y el menosprecio y la falta de respeto constantes a la amenaza del coronavirus, que ya ha costado la muerte a 215,000 personas, y sumando.

Para algunos, la estrategia que mejor encaja entre las votantes podría ser la del sentido común. “Las mujeres son votantes pragmáticas”, dijo la gobernadora de Michigan, la demócrata Gretchen Whitmer. “Nos importan nuestros hijos. Nos importan nuestros padres. Nos importa la seguridad económica. Así que los candidatos que apoyan estos valores y que muestran que son seres humanos decentes y buenos es algo que resuena. Y en este momento, con esta Casa Blanca, esto es más relevante que nunca”.

Madres enfadadas

El enfado de las mujeres queda reflejado en las encuestas. Ellas salieron a protestar más que los hombres estos dos últimos años, según los datos de Kaiser Family Foundation, y a la cabeza se encuentran las madres con hijos en la casa.

“Soy una madre enfadada”, dijo la senadora Patty Murray, la mujer con más alto rango en ese estamento. “Bueno, una abuela enfadada, qué diría mi nieta”. Madre o abuela, el caso es que millones de familias se las ven y se las desean peleándose para sacar adelante el cuidado de los hijos y educación en un entorno de grave inestabilidad económica.

“Esto está dando lugar a una revuelta política, que se apoya en la ira de mujeres que se encuentran a sí mismas constante e indefinidamente obligadas a hacer de maestras, cuidadoras, empleadas y madres”. En los suburbios y fuera de ellos.

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