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11 de Septiembre

Están vivos de milagro. La historia de algunos sobrevivientes del once de septiembre

Estos son los increíbles relatos de tres de los sobrevivientes del martes más trágico en la historia de Estados Unidos. Son historias que muestran que la fe, la tenacidad y el valor humano son mucho más poderosos que el acto de terror que estremeció al mundo el 11/09.
11 Sep 2021 – 10:56 AM EDT
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El 20 aniversario de los atentados de los ataques terroristas del 11 de septiembre, estremece de dolor a las familias de las 2,753 víctimas que perdieron su vida en el WTD y al país entero. Pero también, es una fecha de mucho dolor para aquellos que quedaron vivos de milagro.

Uno de ellos es Jehú Matos, un dominicano que trabajaba de auditor en el Asahi Bank en la Torre Norte del World Trade Center. Él tenía que llegar a las 8:40 a.m a su trabajo, pero ese día se entretuvo unos minutos más en la lavandería. Gracias a Dios que no le dio por apurar a la persona que lo atendía porque, de haber llegado un par de minutos antes, quizás no estaría contando esta historia.

“Cuando salí de la estación de tren”, le dijo a Univision Nueva York, “me di cuenta de que el edificio en el que trabajaba estaba en llamas. La gente no sabía explicar qué es lo que estaba pasando. Todos estábamos como en shock viendo escombros caer. No supimos que era algo intencional hasta que vimos cómo frente a nosotros se estrellaba otro avión en la segunda torre. De repente, entre los escombros comenzaron a caer cuerpos humanos, y algunas personas que estaban al lado mío se desmayaron”.

Casi al mismo tiempo, el oficial de la policía Will Jimeno, quien estaba en la Terminal de Buses de la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey, recibió instrucciones de emergencia para dirigirse a la Zona Cero pare evacuar lo que, en un principio era un solo edificio. Sin embargo, cuando llegó, la segunda torre también estaba en llamas.

Mientras algunas personas corrían escapando de la zona, el oficial colombiano y tres de sus compañeros se abrían paso para ingresar a uno de los edificios. Y, como relató al diario El Tiempo, mientras buscaban unas escaleras, de repente escucharon un espantoso estruendo.

“Me doy la vuelta", recuerda Jimeno. "Miro hacia la segunda torre y veo una bola de fuego tan grande como una casa. Todo se empezó a mover como un terremoto. Y mi sargento (McLoughlin) nos dijo que corriéramos hacia el hueco del ascensor. Corrimos mientras todo se movía. Vi partes del edificio desmoronándose y el concreto estaba cayendo sobre nosotros. Agarré mi radio y grité: ‘¡Ayúdennos!’, pero algo golpeó mi mano y perdí el aparato. Traté de cubrirme y empecé a oír como si un millón de trenes cayeran sobre nosotros”.

No todos los sobrevivientes estuvieron cerca de la zona. Como Marisol Arreola, quien trabajaba en el piso 93 del World Trade Center, justo donde pegó el avión. Pero ese día pidió permiso para faltar.

En una programa con La Voz de America, Arreola contó que sobrevivió debido a que a las 9:00 de la mañana tuvo una cita para monitorear a su bebé, pues ella tenía 7 meses de embarazo.

A pesar del importante compromiso, tuvo que hacer una llamada a su jefa: “ Estábamos hablando porque teníamos una reunión, cuando de repente se colgó la llamada y se me hizo bien raro. La volví a llamar para atrás y no contestaba, la línea seguía ocupada, ocupada…"

El servicio se había cortado a las 8:46 de la mañana, el instante en el que el primer avión golpeó la torre norte.

Además de la sensación de haber nacido de nuevo, la historia de algunos sobrevivientes del 09/11, tiene otros factores en común: es un dolor que nunca los deja y que se agudiza alrededor de cada aniversario.

"Uno de mis compañeros estaba preparándose para la boda de su hijo... esas cosas que no pudieron hacer... me los quitaron de la vida mía, como quien dice, les robaron la vida a ellos. Todavía duele, aunque son 20 años... sí duele", dice Arreola.

Y todos tuvieron que poner mucho de su parte para superar el trauma que ese evento dejó en su vida.

Tras trece horas soterrando entre escombros, los rescatistas lograron sacar a Jimeno quien, al llegar al hospital sufrió dos infartos. En las próximas dos semanas fue operado ocho veces. Así mismo, los médicos tuvieron que extirpar músculos muertos y parte de su pierna izquierda quedó “como si la hubiera mordido un tiburón”. Sin embargo, ahora comparte lindas experiencias de su vida en sus redes sociales.

A Matos, le costó mucho volver a dormir. “Yo vivía cerca del Empire State. Desde mi dormitorio podía ver el edificio y me levantaba en las noches, pensando que a ese edificio también lo iban a derrumbar". Las escenas de lo visto ese martes de terror, no se quitaban de su mente: "Fue muy traumatizante. Quedé muy nervioso. La escena del segundo avión entrando en el segundo edificio y la bola de fuego saliendo de él, pensando en la cantidad de personas que estaban ahí (y que yo conocía a algunas de ellas), era algo constante en mi mente".

Las secuelas que dejaron los atentados en la ciudad, eran muy fuertes: "Además del humo que quedó sobre las calles y que era muy desagradable, era muy difícil ir de un lado a otro: cada vez que uno iba a pasar un puente te tenían que revisar el carro para ver que no tuviera una bomba, una vez a la semana teníamos que evacuar el edificio a donde se trasladó mi trabajo, todo nos recordaba que nuestra vida había cambiado para siempre".

A pesar de los pesares, la enorme fortaleza del espíritu de los sobrevivientes, los ha ayudado a seguir de pie. Entre la dura batalla por su recuperación Jimeno escribió dos libros y ahora da conferencias motivacionales: “Yo tuve que aprender a vivir otra vez y esta experiencia es una cosa con la que vivo todos los días. Quiero ser un ejemplo de que de una tragedia pueden salir cosas buenas”.


Por su parte Matos, quien ahora vive en Miami con su esposa y dos hijos, descubrió que ayudar a los demás era su mayor consuelo: “Aunque siempre había sabido la importancia de la fe en mi vida, ahora la aprecié incluso más. Como soy testigo de Jehová, me concentré en predicar, visitar y escuchar a otros que estaban sufriendo más que yo. Al buscar textos de la Biblia con lo que pudiera consolar a otros, me estaba ayudando a mi mismo también. Fue (y sigue siendo) mi mejor terapia”.


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