Política de Trump hacia Venezuela: cubanos a la izquierda, cubanos a la derecha

Los cubanos juegan un papel clave en la crisis venezolana, en ambos lados.
Opinión
Exembajador de Estados Unidos en Panamá y es analista político de Univision.
2019-02-19T12:31:04-05:00

El presidente Trump llevó este lunes el espectáculo itinerante de Venezuela a Miami con el propósito de mantener la presión sobre Nicolás Maduro. Repitió las críticas contra los demócratas que expresó en su discurso sobre el Estado de la Unión, donde se refirió al espectro del socialismo en ese sufrido país y lo vinculó con su oposición política interna. Al igual que lo hizo en su discurso ante el Congreso, Trump aseguró que “Estados Unidos nunca será un país socialista".

La verdad es que Maduro es un dictador corrupto a la antigua. No es marxista ni socialista. Pero es un mensaje que tiene buena acogida, especialmente entre los cubanos de Miami.

Maduro, su alto mando militar y sus compinches políticos han desatado el terrorismo de estado contra la oposición democrática. Los venezolanos sufren niveles espantosos de depravación como resultado de la mala gestión económica y la corrupción del régimen.

Al detectar la oportunidad que ofrecía una estrategia constitucional hecha en Venezuela para restablecer la democracia, el mes pasado, Estados Unidos tomó medidas para reconocer inmediatamente al presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, como presidente interino legítimo.

Estados Unidos ha tomado la iniciativa de concentrar la muy necesaria ayuda humanitaria junto a la frontera de Colombia con Venezuela. Además de ser lo que parece, la ayuda es también un esfuerzo coordinado multilateralmente para convencer a los militares venezolanos de distanciarse del régimen de Maduro. El mensaje nada discreto para las tropas y los mandos intermedios es que "se pongan del lado correcto de la historia con el gobierno de Guaidó y sus propias familias sufridas". Es una estratagema sin garantías, pero creativa.

Resulta alentador que el Representante Especial de Estados Unidos para Venezuela, el astuto Elliott Abrams, ha descartado prácticamente la opción de una invasión militar estadounidense, mientras se involucra diligentemente en las actividades de diplomacia pública e insiste en que "todas las opciones permanecen sobre la mesa". Eso es diplomacia básica y no se le deben quitar puntos por ofuscación intencional. Lo que puedo leer entre líneas es que los marines no llegarán a las playas de Maiquetía a corto plazo.

Así que ahora la especulación cambia a cuánto tiempo puede aguantar Maduro. Definitivamente no lo sé, y sospecho que nadie lo sabe realmente. Sin embargo, si y cuando haya un desenlace de la crisis venezolana, apuesto que los cubanos y los cubano-estadounidenses serán los principales actores.

El nexo entre La Habana y Caracas se ha conocido y estudiado durante mucho tiempo. Hugo Chávez era uno de los favoritos de Fidel, aunque Raúl y otros altos dirigentes cubanos lo consideraban un idiota pomposo. Pero el idiota llevaba un salvavidas bajo la forma de PetroCaribe. Según Oilprice.com, una fuente en línea de la industria del petróleo y el gas, a mediados de 2008, en la cúspide del poderío de Chávez, el oro negro de Venezuela alcanzó los 130 dólares por barril. Cuba recibió envíos de más de 100,000 barriles por día durante más de una década. Le dedicaba aproximadamente la mitad a operar su anticuada red eléctrica y satisfacer las necesidades domésticas de petróleo y vendía el resto en los mercados internacionales.

En un giro psicológico fascinante, Chávez "tenía la ventaja" –pues tenía un mayor poder en la relación entre Caracas y La Habana por las vastas reservas de PDVSA a su disposición–, sin embargo, Fidel siempre fue el líder entre los dos. A cambio del acuerdo petrolero preferencial, los cubanos dependían cínicamente de su mayor exportación como garantía: los cubanos. Enviaron médicos, enfermeras y maestros en condiciones de servidumbre por contrato para dotar de personal las famosas misiones del chavismo en los barrios. Estos planes de acción social representaban una verdadera prestación de servicios gubernamentales a poblaciones que nunca habían recibido muchos beneficios de las administraciones democráticas de Venezuela.

Sin embargo, junto con los trabajadores de servicios sociales procedentes de Cuba, llegaron una gran cantidad de agentes de inteligencia y seguridad que se metieron en el aparato de seguridad de Venezuela. Durante años ha habido reportes comprobados de que comisarios políticos cubanos realizan sesiones de adoctrinamiento ideológico para la policía, fuerzas militares y paramilitares venezolanos, y su temida agencia de espionaje, el SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional). Cuando la situación empeoró recientemente, Cuba envió un destacamento de 300 miembros de las fuerzas especiales bien entrenados para vigilar a Maduro y su círculo de allegados y asegurarse de que no cedan a las presiones.

Pero no son los únicos cubanos que juegan en Venezuela. En el exterior, los opositores al régimen de Caracas que viven en el exilio en Miami han encontrado paladines en la comunidad cubano-estadounidense aquí y en otras partes de Estados Unidos. Los dos defensores más conocidos del cambio de régimen en Venezuela son los senadores Bob Menéndez (Demócrata de Nueva Jersey) y Marco Rubio (Republicano de Florida). Como representantes del genuino apoyo bipartidista del que goza la administración Trump en cuanto al tema de Venezuela, estos dos agitadores anticastristas de habla hispana han caído en el juego de Nicolás Maduro, pues los menciona frecuentemente como responsables de los planes de invasión de los gringos; o, más probablemente, se han alineado con sus principios (y políticas electorales) e intentan hacer todo lo posible para que tenga éxito la política de Trump de apoyar a la oposición democrática de Venezuela.

Rubio ha puesto a Mauricio Claver-Carone, un veterano miembro del personal del Congreso y detractor del régimen cubano, a cargo de los asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional. Está subordinado a John Bolton, otro ferviente detractor del régimen cubano e importante responsable en la toma de decisiones. Otro cubano del sur de la Florida, John Barsa, está esperando la confirmación del Senado como jefe para América Latina en la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional.

Hasta ahora, todo bien. La acumulación de ayuda estadounidense en Cúcuta junto a la frontera entre Colombia y Venezuela, unida a una agresiva diplomacia multilateral con el Grupo de Lima, las Naciones Unidas y la Unión Europea, y un régimen de sanciones intensificado son elementos de una política inteligente y estricta. Indiscutiblemente, esta estrategia conlleva riesgos manifiestos, pero logra el equilibrio correcto entre una invasión y el enfoque de diálogo ad infinitumque favorecía la administración Obama.

La pregunta más allá de cuánto tiempo puede Maduro mantenerse en el poder es si los cubano-estadounidenses ven a Caracas como un destino o una estación de paso hacia el cambio de régimen en Cuba.


Más contenido de tu interés