null: nullpx

Razones insuficientes

"Las poblaciones a las que les toca abandonar su tierra para hacerse de una vida casi siempre son marginales en el sentido literal de la palabra: han quedado al margen: de la economía, de sus propiedades, de la educación, de la bancarización. Por una guerra cruenta, por una dictadura miserable, por una pobreza estructural que lo deja sin horizonte".
Opinión
Periodista/especialista en narrativas de ficción y no ficción.
2022-10-24T15:28:35-04:00
Comparte
Default image alt
"Muchas veces se trata de migrar o nada".

Uno puede entender las causas políticas que dan razón a las fronteras: los colectivos organizan su vida de acuerdo a su cultura, su presupuesto y sus necesidades, y los flujos inesperados de otros ciudadanos en busca de mejores oportunidades afectan sus servicios y su seguridad.

La solidaridad es organizada en visas especiales para distintas modalidades de residentes, asilos, trabajos, planes para refugiados, procedimientos familiares. Pero no alcanza. Y la necesidad de los seres humanos de huir de donde está en peligro, de proveer a sus hijos, de encontrar una vida mejor, no pide permiso.

Migrar es poner la vida ante un panorama que será un horizonte infinito de incertidumbres por el resto de los días. Cada quien lo hace desde la ocasión que la circunstancia le ha dado: el que tiene poco con poco se va y se pone en movimiento con los recursos que tiene. ¿A pie? ¿Sin ropa? ¿Sin papeles? Qué más da.

El que ha tenido educación, soporte económico, cosmovisión, encuentra otras formas: estudiando, trabajando, tramitando procedimientos consulares.

Obtener un documento, tener el dinero para una cita en una embajada, comprar el ticket de un avión, incluso saber hacer esas diligencias implica una serie de condiciones que no necesariamente tiene quien lo ha dejado todo por encontrar donde vivir: una cuenta bancaria, una manera de ganarse la vida, y un mínimo de educación. Son haberes con los que casi nunca cuenta quien se va caminando, sin saber si va a comer o no, arriesgando la vida y muchas veces las de sus hijos, con tal de encontrar en un ambiente que les permita tomar alguna oportunidad para sacar adelante una nueva vida: trabajar, producir, hacer que sus hijos estudien sin que les falte de comer, techo, ropa y salud. No importa que tengan que empezar de cero, o desde negativo, siempre que puedan empezar.

Las poblaciones a las que les toca abandonar su tierra para hacerse de una vida casi siempre son marginales en el sentido literal de la palabra: han quedado al margen: de la economía, de sus propiedades, de la educación, de la bancarización.

Por una guerra cruenta, por una dictadura miserable, por una pobreza estructural que lo deja sin horizonte.

Muchas veces se trata de migrar o nada.

Por eso cuando uno se entera de una deportación, de la reactivación que el gobierno de Biden está haciendo del Título 42 que implementaba Trump, de los cientos o miles de venezolanos, centroamericanos y de otras nacionalidades que cruzaron la selva de Darién para llegar a la frontera entre México y Estados Unidos, y ahora serán devueltos, las razones políticas, económicas, legales, se quedan cortas.

La manera en que nuestras sociedades se organizan siguen siendo injustas. Al que nace sin opciones, está mucho más lejos y obstaculizado de hacerse de oportunidades para sí mismo y para los suyos.

Y muchas veces cuando parecen estar cerca de encontrarlas, les son arrebatadas, como acaba de ocurrir. Entonces entender las razones políticas, económicas y de seguridad de la frontera se hace insuficiente. Hay algo que, simplemente, no está bien.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

Comparte

Más contenido de tu interés