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Drogas

Era un millonario caritativo en su pueblo: la DEA lo capturó por transportar cocaína de los Beltrán Leyva

Luis Eduardo González García fue sentenciado a 30 años de prisión por mover miles de libras de cocaína del clan de los Beltrán Leyva. Usó su flotilla de camiones, empresas y bodegas en Estados Unidos para obtener de manera ilícita más de 56 millones de dólares, de acuerdo con la Fiscalía federal.
Publicado 3 Dic 2022 – 10:38 AM EST | Actualizado 3 Dic 2022 – 11:01 AM EST
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“¿Qué haces aquí? Este no es tu lugar, tú no eres como estas personas”. El saludo le cayó como balde de agua fría a Luis Eduardo González García. Su tío materno lo veía por primera vez con un uniforme de reo color naranja en una prisión de Chicago. Allí se derrumbaba su imagen de empresario intachable que conducía un auto de lujo, vestía trajes de diseñador y tenía varias residencias y un yate en Cancún.

González García, de 55 años, había hecho hasta lo posible por mantener sus actividades ilícitas en secreto y evitar la deshonra de su familia, ligada a la ganadería, la política y organizaciones caritativas en Cerralvo, un poblado a 93 kilómetros de Monterrey, en el estado fronterizo de Nuevo León.

Pero el largo brazo de la justicia lo alcanzó el 24 de mayo de 2018. Agentes de la DEA lo interceptaron en un aeropuerto en la Ciudad de Guatemala, cuando volvía a México luego de comprar becerros en una subasta. Los policías federales le pidieron que los acompañara hasta Chicago para hablar sobre su acusación en su contra por narcotráfico y lavado de dinero, y allá lo pusieron bajo custodia.

Llevaba más de cinco años transportando droga del clan de los Beltrán Leyva, una escisión del Cartel de Sinaloa. Uno de sus principales socios era Martín Villegas Navarrete, con quien movió miles de libras de cocaína desde la Ciudad de México a la frontera, para luego llevarlos a bodegas de negocios legítimos en varias ciudades de EEUU, describe un memorando de sentencia del Departamento de Justicia.

Algunos cargamentos provenían de Ecuador y los llevaban a México ocultos en cajas de pescado molido.

Villegas Navarrete terminó delatándolo ante las autoridades, buscando una sentencia reducida.


Un informe de la DEA que forma parte del expediente judicial indica que este narcotraficante reveló en una entrevista todo lo que sabía sobre el empresario neoleonés. Contó que se conocieron en 1997 en Chicago y que le ayudó a transportar más de 220 libras (100 kilos) de cocaína de 2013 a 2015.

Le pagaba con una parte del envío y 1,500 dólares por cada kilo suyo. Por traficar las ganancias ilícitas de vuelta a México, le cobraba el 6% del total.

Gracias a esa sociedad criminal, el empresario traficó droga a través de “una sofisticada red de almacenes y empresas fachada” de muebles, botanas mexicanas y detergente.

Sus camiones llevaban narcóticos y dinero en efectivo en cajas apiladas sobre paletas, que pasaban por las garitas fronterizas como si se tratara de productos legítimos. Una de esas paletas podía llevar hasta 220 libras (100 kilos) de cocaína, valorados en 1.5 millones de dólares.

Los paquetes de los Beltrán Leyva llegaban hasta almacenes en Chicago, Naperville, Arlington Heights y Plainfield, en el estado de Illinois; en McAllen, Laredo, Houston y Dallas, en Texas; Atlanta, Georgia, y en otras ciudades. La DEA cree que generó más de 56 millones de dólares de 2012 a 2017.

“El acusado trata de describirse como un modesto ganadero en lugar del prolífico narcotraficante internacional que realmente es… El acusado es un hombre muy rico, lo que no sorprende dados sus años de participación en la distribución de enormes cantidades de cocaína”, señala la Fiscalía federal.

Un negocio peligroso de González García

El cartel lo veía, sobre todo, como un hombre de negocios al que apodaban ‘El Flaco’ y ‘El Primo’.

Aun así, González García tuvo experiencias de alto riesgo. Villegas Navarrete le contó a la DEA que, cuando aquel trabajó para Los Zetas, de 2008 a 2009, su primo Armando Haro Gallegos fue secuestrado porque las autoridades decomisaron 12 millones de dólares transportados en un tráiler que llevaba ganado. Siete millones de dólares eran de los jefes de Los Zetas: Heriberto Lazcano Lazcano, apodado ‘El Z-3’, y Miguel Ángel Treviño, alias ‘El Z-40’. El resto del dinero era de otro narco.

“Eso se convirtió en un problema porque González García solamente tenía que transportar dinero de Los Zetas”, indica el reporte de la DEA, que fue desclasificado. “Eventualmente, Armando fue liberado”.


Según el Departamento de Justicia, no hay evidencia de que este empresario ordenó actos violentos. Advierte, sin embargo, que después de que la policía incautó 220 libras (100 kilos) de cocaína en una de sus bodegas en Atlanta en 2015, este habló abiertamente con uno de sus lugartenientes sobre asesinar en México al encargado del almacén para evitar que cooperara con las agencias del orden.

Esta es parte de la conversación:

No deben delatar, sino me deshago de aquel tipo.

¿Y si te delata y se convierte en un problema? Si quieres… yo puedo sacarlo (matarlo) allá (en México).

La empresa (el cartel) no tolera pendejadas.

“La voluntad del acusado de usar la violencia para promover su operación de narcotráfico también es un agravante”, indicó la Fiscalía federal. “Además, incluso si no está directamente involucrado, cualquiera que participe en los niveles más altos de distribución de drogas tiene una responsabilidad significativa por la horrible violencia que inevitablemente acompaña al tráfico de drogas”.

“Trabajar para el acusado era un negocio peligroso”, agrega.

Residencias y un yate en Cancún

Una parte de la fortuna que este neoleonés hizo en el narcotráfico quedó registrada en su celular. Al revisarlo, la DEA encontró fotos del yate ‘Tourbillion’, anclado en Cancún, que su socio del clan de los Beltrán Leyva le vendió en 400,000 dólares. En mayo de 2019, esa embarcación fue puesta a la venta en un sitio de internet especializado a un precio de $450,000, señala el Departamento de Justicia.


También fotografió con su teléfono un lujoso reloj ‘Hublot’ de 20,000 dólares y una yegua española que costaba 12,000 dólares, que Villegas Navarrete le regaló en su cumpleaños para coronar su sociedad.

La DEA le encontró varias propiedades, incluyendo dos casas en Monterrey, un rancho en Cerralvo y un condominio en Cancún. El barco y la finca fueron identificados por informantes del gobierno.


En marzo de 2015, agentes antinarcóticos interceptaron una conversación en la que usó el alias de ‘El Primo Venansio’ para ofrecerle un auto BMW X-4 modelo 2015 a uno de sus socios narcotraficantes en México. El coche valía más de 45,000 dólares. “Es nuevo”, le escribió.


Sus gastos a manos llenas también quedaron reflejados en un pago mensual de más de 20,000 dólares a una tarjeta de crédito que este realizó en mayo de 2018.

Así como derrochaba, llegaba dinero sucio. Un almacén suyo en Arlington Heights recaudó 12 millones de dólares de la venta de droga y en una bodega en Naperville obtuvo $32 millones, estima el gobierno.

“Al lavar con éxito decenas de millones de ganancias de drogas para sí mismo y sus socios del cartel en México, el acusado no solo se enriqueció indudablemente, sino que también enriqueció a los carteles mexicanos, algunas de las organizaciones criminales más peligrosas del mundo”, dice la Fiscalía.

Cómo lo reclutaron los Beltrán Leyva

A través de sus abogados, González García relató en un memorando de sentencia que las circunstancias lo empujaron a unirse al clan de los Beltrán Leyva. Según él, fue reclutado por su amplio conocimiento en la importación de mercancía cruzando la frontera. Necesitaba dinero “para mantener a su familia y (por) su sueño de convertir el rancho de su familia en un proyecto de ecoturismo”, dice el documento.

“Él fue utilizado como un recurso para abrir empresas fachada y alquilar almacenes en Estados Unidos, porque sus empresas comerciales anteriores le enseñaron esas habilidades”, asegura.

Sus defensores legales dijeron que su cliente no tiene las características de “los narcotraficantes retratados en las películas” y lo describieron como un “hombre de familia con fuertes lazos en su comunidad y una necesidad insaciable de ayudar a los demás”.

González García nació en Monterrey y la mayor parte de su vida la pasó en el municipio de Cerralvo, donde su madre fue la primera alcaldesa. Ella también operó un negocio de decoración de interiores. Su padre fue dueño de varios negocios, incluyendo una empresa que transportaba maíz a Texas y tenía una productora de huevos en su rancho.

Desde su juventud, González García tuvo un restaurante que no funcionó, se dedicó a comprar autos en EEUU para venderlos en México, tuvo una constructora y una empresa de diseño, y vendió productos a restaurantes en Chicago. En ese tiempo incursionó indirectamente en el narcotráfico comprando productos agrícolas en descuento que habían sido usados para ocultar cargamentos de marihuana.

Cuando se mudó a Puebla, en el centro de México, para cultivar tomates de invernadero se le acercaron operadores de los Beltrán Leyva, relatan sus abogados. “El señor González García cedió al encanto del dinero fácil y prestó su experiencia a esos traficantes”, señala el memorando.

Sus familiares enviaron cartas al juez que revisó el caso afirmando que el acusado era un donador frecuente a organizaciones caritativas. Un sacerdote escribió que lo becó para estudiar en el seminario. “Me dijo que él se encargaría de cumplir mi sueño… Deseo de todo corazón que pronto pueda estar de regreso”, expresó el cura.

Incluso el alcalde de Cerralvo, Baltazar Martínez, redactó una carta diciendo que “fue una verdadera sorpresa” enterarse del arresto de, quien dijo, era su amigo desde la infancia.

“Sé la ilusión que él tiene de regresar al lado de sus hijitos, de verlos crecer, y de apoyarlos y guiarlos en su camino de vida”, escribió su hermana gemela, refiriéndose a sus sobrinos de 6 y 7 años.

Pedían el menor castigo posible, después de que el empresario cooperó con la DEA y se declaró culpable a principios de este año de conspiración para traficar droga y lavar dinero.

Esa segunda oportunidad que tanto pidieron no la otorgó un juez federal de Chicago, que lo sentenció a 30 años de prisión, lo triple de lo que pedía la defensa legal. También le ordenó que pague una multa de 1.5 millones de dólares. Ahora está en una prisión de Chicago y aún no se fija su fecha de liberación.

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