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China

Un nuevo emperador: cómo Xi Jinping se volvió el hombre más poderoso de China

Xi Jinping fue nombrado este fin de semana para continuar al frente de China por un nuevo término…y, probablemente, de por vida. ¿Cómo se explica su súbito ascenso al poder?
Publicado 23 Oct 2022 – 08:53 AM EDT | Actualizado 23 Oct 2022 – 08:53 AM EDT
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El final del XX Congreso del Partido Comunista (PCCh) ha confirmado los pronósticos: Xi Jinping será “el nuevo emperador” de China.

Pese a la tradición no escrita en el país asiático de que los líderes abandonen el cargo tras el segundo término, el presidente chino fue nombrado este fin de semana para continuar al frente de la segunda potencia global por un nuevo mandato…y, probablemente, de por vida.

Como ha sido tradición tras el final de cada congreso quinquenal, Xi encabezó este domingo el desfile de los principales líderes, el grupo selecto de los siete hombres más poderosos encargados de gobernar China.

Ha sido la conclusión de un largo proceso de consolidación del poder de más de una década en la que el presidente chino ha barrido a sus principales oponentes dentro del PCCh y ha fomentado un culto a su personalidad que no se veía desde los tiempos de Mao Zedong.

Es, de hecho, la persona que más poder ha concentrado desde la revolución comunista de 1949.

“Xi es sin dudas la persona que más poder ha tenido en China desde los tiempos de Mao”, dice a Univision Noticias Susan Shirk, presidenta del Centro de China en el siglo XXI de la Escuela de Política y Estrategia Global de Universidad de California en San Diego.

“Se ha vuelto el ´presidente de todo´ y creo que nadie nunca imaginó cuando llegó al poder en 2012 que lograría crear una especie de dictadura personal y ascética como la que ha creado Xi Jinping en China”, agrega.

Pero ¿quién es líder chino? Y ¿cómo logró ascender al poder y consolidarse como el hombre más poderoso del mundo después del presidente de EEUU?

De cuna de oro a una cueva

Según explica a Univision Noticias Jeremy Paltiel, uno de los principales expertos en China y profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Carleton, en Canadá, los antecedentes de Xi Jinping son “únicos”.

“Su padre era un líder revolucionario comunista veterano que ayudó a construir la base del partido en el noroeste de China, desde donde logró la victoria nacional en 1949. Y Xi creció en el complejo central del Partido y del gobierno en la Ciudad Prohibida de Beijing”, dice.

Sin embargo, en 1964, justo antes de la llamada Revolución Cultural de 1966-76, cuando Mao Zedong movilizó a los estudiantes para purgar el Partido, el padre de Xi Jinping, Xi Zhongxun, que era viceprimer ministro, fue también purgado.

“Durante la Revolución Cultural, apenas Xi había terminado la escuela secundaria, a la edad de 15 años, fue enviado a trabajar como campesino en un pueblo pobre en el noroeste”, recuerda Paltiel.

Xi pasó siete años viviendo en una cueva excavada en la ladera de una colina.

Pero su trabajo como campesino, lo llevó a que se le otorgara la membresía del Partido Comunista, incluso cuando su padre seguía en el exilio.

Fue elegido finalmente como líder del Partido de su pueblo, lo que le permitió volver a la universidad en Beijing.

“Después de la muerte de Mao, el padre de Xi Jinping fue rehabilitado (exonerado) y restaurado en el poder, esto favoreció las conexiones de Xi Jinping entre la élite política de China”, dice Paltiel.

Xi, sin embargo, optó por tener una base en áreas rurales, lo que lo llevó después a una cerrara como secretario provincial del Partido de tres provincias diferentes que culminó en Shanghái, antes de regresar a Beijing como vicepresidente de China en 2007.

Fue en este momento cuando, según Shirk, fue presentado como el posible heredero para gobernar el país cuando se realizara el Congreso del Partido en 2012.

“Cuando fue elegido para ser el sucesor aparente en 2007, pensaron que era alguien con quien todo el mundo podía llevarse bien”, dice Shirk, quien se desempeñó como subsecretaria de Estado Adjunta durante el gobierno de Clinton.

“Luego, cuando asumió el poder en 2012, había cierto consenso entre las élites de que necesitaban un líder algo más fuerte, pero no imaginaban que iban a tener una especie de dictadura personalista, algo que cierta partes de las elites chinas no estaban muy conformes en volver a tener”, agrega.

El hombre fuerte

Los expertos coinciden en que dos factores permitieron el rápido ascenso y la consolidación de Xi en el poder.

“Es evidente la relativa inestabilidad política económica de Occidente después de la invasión estadounidense a Irak y la crisis financiera mundial de 2008 durante la cual China se mantuvo estable y siguió creciendo rápidamente”, dice Paltiel.

Shirk, por su parte, considera que otro elemento, a nivel interno, fue la débil autoridad del líder anterior del PCCh, Hu Jintao, quien permitió que se desarrollaran luchas internas entre facciones y una rampante corrupción, que debilitó la dirección centralizadora del Partido Comunista.

“La época de Hu Hintao fue un período en el que China estaba gobernada por un liderazgo colectivo. Y luego, la elite y el público consideraron que estos diez años de liderazgo colectivo no tuvieron mucho éxito, que fueron de mucha inercia: las reformas no avanzaron y el sistema se volvió muy corrupto”, comenta.

Fue entonces, tras ser nombrado para la secretaría del Partido, cuando Xi implementó una inteligente estrategia para centralizar en él todo el poder.

“No fue que simplemente entrara y tomara el poder, sino que una vez que llegó a la cima, fue un verdadero tomador de riesgos”, explica Shirk.

“Terminó con la delegación de funciones del Partido en el gobierno de la mayor parte del trabajo administrativo de liderar la economía. Y el Partido se hizo cargo de todo. También puso a sus compinches en cargos diferentes y se quitó de encima a todos los que le podían hacer oposición. Tomó el control muy directo del ejército y, lo que es más importante, el control directo de la policía de seguridad interna”, añade.

Luces y sombras

Durante su gobierno, Xi reforzó el ejército e impulsó medidas económicas centralizadoras que, a su vez, llevaron a una mejora en las condiciones de vida de la población.

“Los niveles de corrupción ciertamente han disminuido. Esto ha significado que algunas organizaciones, en particular las militares, se han vuelto más eficientes y efectivas, y algunas políticas, como la de planificación familiar del hijo único, que había dejado de ser útil durante mucho tiempo, han sido abandonadas”, señala Paltiel.

“Una mejor disciplina partidaria ha significado que la contaminación se controle mejor y que se castigue a los que contaminan. El aire en Beijing es notablemente más limpio”, sostiene.

Sin embargo, organizaciones de derechos humanos han señalado que la represión y el estado de vigilancia en China han aumentado y numerosos reportes dan cuenta de presuntos crímenes de lesa humanidad contra minorías uigures en el occidente de China.

“China se ha vuelto mucho más autoritaria y obsesionada con la seguridad nacional bajo Xi Jinping. Si bien China apenas era liberal antes, la libertad personal se ha reducido bajo su gobierno y la autoridad del partido y la vigilancia masiva han aumentado”, opina Paltiel.

El experto agrega que los impulsos autoritarios de Xi y su profunda desconfianza hacia el liberalismo han llevado a la subordinación de Hong Kong y al abandono efectivo de la fórmula de “ un país, dos sistemas”, bajo la cual la isla permaneció relativamente libre y como una sociedad capitalista dinámica.

La permanencia en el poder de Xi hace temer también a Taiwán, sobre todo luego de que durante el Congreso del Partido la pasada semana el líder chino ratificara su compromiso de someter a la “isla rebelde”.

“Los esfuerzos de Beijing para recuperar el control de Taiwán se han militarizado cada vez más y las tensiones en el Estrecho de Taiwán amenazan con llevar a China y EEUU a una confrontación directa”, dice Paltiel.

Y es que, irónicamente, según afirma el académico, mientras Xi busca continuidad y estabilidad con un tercer mandato, la extensión de su gobierno puede generar mayor inestabilidad e incertidumbre, tanto a nivel interno como internacional.

“A medida que Xi Jinping ingresa a su octava década (cumplirá 70 años en 2023), su salud se convierte en un signo de interrogación indiscutible bajo su gobierno”, dice.

"El autoritarismo y la obsesión de Xi Jinping por la seguridad y el rejuvenecimiento nacional amenazan con hacer que el mundo se deslice aún más por el camino de una nueva Guerra Fría. Los riesgos de una confrontación global aumentan cuanto más se aferra Xi Jinping al poder”, añade.

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