Reencuentra tus raíces al viajar

Cada viaje es una búsqueda, un intento de experimentar una nueva forma de vivir y ver el mundo.

Por Marcela Salazar

Volver a la patria de mis padres después de varios años fue una excursión a los escondites más deliciosos de mi memoria. Los olores a leña y maíz del campo mexicano eran tales como los recordaba, como también el canto del grillo en las noches estrelladas de mi infancia. El paisaje no había cambiado, pero yo sí.

Ahora, como una profesional urbana y trotamundos, volví a encontrarme durante mis vacaciones con el humilde rancho de mi padre en Zacatecas. “¡Vénganse a comer unas gorditas recién horneadas!”, grité a los niños que rondaban la puerta de la casa, atraídos por el sabroso olor del pan dulce. Un hecho simple, pero significativo.

Sin miedo a unos padres juzgadores o a malos entendidos, pasé una tarde fresca amasando y untando masa en hojas de roble para después meterlos a la leña. En compañía de los chiquillos y algunos vecinos, hasta ese momento desconocidos, me sentí protegida del frío gracias al calorcito de las nuevas relaciones forjadas al lado del horno. Pienso que convivir es compartir.

Sin televisión para distraerme o teléfono para comunicarme con el mundo exterior, mi experiencia en México me brindó la oportunidad de contemplar mi interior, donde la risa de un niño se había convertido en un ruido más, un accidente de carretera en tráfico agobiante.

Cada viaje es una búsqueda, un intento de experimentar una nueva forma de vivir y ver el mundo. Pero también es una oportunidad para volver a las raíces, y apreciar esos placeres universales que en esta época de preocupaciones individualistas, se van olvidando.