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Por qué no todas deberíamos adoptar el método de Marie Kondo

Publicado 23 Ene 2019 – 09:06 AM EST | Actualizado 23 Ene 2019 – 09:06 AM EST
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Desde la publicación de su libro The Life-Changing Magic of Tidying Up ( La magia transformadora de ordenar en español), en 2014, el método de Marie Kondo se ha vuelto un fenómeno viral. El libro llegó a la cima de la lista de best sellers del diario The New York Times en el género autoayuda, y allí se ha mantenido hasta ahora. La popularidad de Kondo alcanzó su punto más alto cuando Netflix la contrató para la serie ¡A ordenar con Marie Kondo!, que va acumulando gran éxito en la pequeña pantalla.

El método de Kondo se diferencia de otros métodos para ordenar el hogar en que lo hace por categorías en lugar de por espacios. Se van revisando los objetos en un cierto orden: primero la ropa y luego los libros, para pasar a los papeles, después a los artículos varios y por último a los objetos de valor sentimental. Haciéndolo en este orden, es más fácil desprenderse de algunos objetos para los que ya no tenemos lugar, según afirma la experta.

La popularidad que llegó a alcanzar la gurú del orden ha inspirado a millones de personas alrededor del mundo a transmutar su desorden y deshacerse de todo aquello que ya no quieren más. ¿Pero es un método que todas deberíamos seguir?

El método KonMari no es para todo el mundo: ¿por qué?

Los libros reflejan nuestros pensamientos y valores

Las primeras críticas vienen de la frase que a muchas personas les despertó alarmas: «idealmente, no deberías conservar más de 30 libros». Si bien Kondo, en su método, muestra un respeto profundo por lo que a las personas les parece valioso y no obligaría a nadie a tirar algo que lo hace feliz, muchos ávidos lectores salieron a defender a capa y espada su rebosante biblioteca.

Sin embargo, muchos amantes de los libros, viendo que quizá estaban acumulando demasiado, decidieron adoptar el método de Kondo, quizá con un resultado no muy favorable. «Me arrepiento mucho de haber adoptado el método de Marie Kondo para mis libros hace algunos años, por si alguien está pensando en hacer lo mismo», publicó en Twitter la escritora D. L. Mayfield‏. «Me he estado encontrando con el deseo de releer o de citar ciertos libros, solo para recordar que los doné muy alegremente», explicó en otro tuit.

«Los libros reflejan nuestros pensamientos y valores», dice Kondo en su programa de televisión. «¿Serán beneficiosos estos libros para tu vida de aquí en adelante?», pregunta para que el espectador reflexione. Anakana Schofield, escritora y crítica literaria, dice para The Guardian que eso es imposible saberlo. Y en cuanto a la pregunta de si despiertan felicidad, Schofield opina que no todos los libros deberían. «La literatura no existe solo para provocar sentimientos de felicidad o para apaciguarnos con su placer; el arte debería también desafiarnos y perturbarnos.»

Nos da ansiedad perder posesiones

Daniel Levitin, neurólogo y autor del libro The Organized Mind, habló para Insider sobre cómo, para algunas personas, deshacerse de sus posesiones más preciadas puede desencadenar sentimientos de ansiedad. Si bien liberar ciertos espacios disminuye el estrés en algunas personas, otras se consuelan pensando que están más seguras con todas estas posesiones.

«Me mantengo cauteloso ante una receta para todo el mundo, porque todos somos diferentes y necesitamos diferentes cosas», dice Levitin. Para algunos, saber que tienen, por ejemplo, un martillo (aunque siempre contraten a alguien más para que haga los arreglos del hogar), es un símbolo de seguridad: «Si alguna vez necesito un martillo, está ahí», ejemplifica el doctor. El método de Kondo se enfoca solo hacia las personas a quienes no les molesta deshacerse de sus pertenencias.

La infelicidad de unos es el lujo de otros

Vivimos en una sociedad que impulsa el consumo frenético y sin límites. Todo el tiempo, nuevos artículos salen a la venta para ser mejores que los anteriores y traernos, según prometen, más felicidad. Este hábito de consumir y seguir consumiendo es lo que lleva a muchas personas a tener guardarropas en los que no cabe una prenda más, bolsos rebosantes de maquillaje, armarios llenos de especias y cubertería, muebles en todo el hogar en los que hay objetos variados que ni sus dueños saben qué son... Cada objeto que compras te promete la felicidad. Cada objeto se guarda en algún lugar de la casa. Muchos no vuelven a tocarse.

Esta es la realidad de las familias de clase media o alta: ¿para qué voy a conservar esto, si no creo que lo use? Y, si lo llego a necesitar, puedo comprar otro. Para las familias que no tienen un poder adquisitivo tan alto, hacerse la pregunta de si este objeto o este otro les da felicidad no tiene sentido. Las cosas que están en sus hogares son una necesidad y nada más. En un artículo de The Atlantic, titulado The Privilege of Clutter (El privilegio del desorden), la escritora Arielle Bernstein dice:

Es particularmente irónico que el método KonMari se ha quedado establecido ahora, durante una crisis migratoria grave, cuando las noticias constantemente muestran escenas de personas escapando de sus hogares, dejando atrás todo lo que tienen.

Acumular y acumular cuando más lo permiten los tiempos es la historia de los inmigrantes y refugiados, de todas las personas que viajaron desde un país que no les ofrecía oportunidades económicas a otro que sí, de todos quienes pasaron por tiempos difíciles antes de tocar suelo más firme.

Bernstein recopila sus propias experiencias para ilustrar esta necesidad. Sus padres, habiendo escapado de dos conflictos políticos grandes durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, llegaron a Estados Unidos a acumular cantidades enormes de ropa y armarios llenos de latas. «Yo tiraba los últimos residuos de shampoo o de pasta de dientes, que mi madre rescataría meticulosamente de la basura antes de regañarme por ser tan despilfarradora», cuenta.

Para una persona que se ha criado y ha vivido en la abundancia, deshacerse de varios objetos no es una acción dolorosa. La riqueza sigue estando ahí, en una cuenta de banco, y la abundancia no tardará en volver a llenar los cajones si no se presta la debida atención al orden. Para otra que ha tenido que luchar en el campo de batalla de la vida, esta tarea no es tan sencilla.

Aunque todo esto sea cierto para algunas personas, es verdad también que otras tienen más de lo que usan. Un método como el de Marie Kondo puede animar a las personas a donar objetos en buen estado que puedan ser útiles para los que lo necesitan menos; así, es una iniciativa que haría mucho por mejorar la desigualdad en la distribución de los bienes.

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