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El estrés es contagioso, según especialista de Princeton: cómo impedir que nuble tu vida

Cuando hay una crisis política, parece que el mundo enloquece. A pesar de que el evento que la desencadenó haya ocurrido al otro lado del globo, hay chance de que los medios se llenen de noticias negativas de tu región y de que la gente se proteja innecesariamente de otras amenazas, lo que incrementa el estrés en la población en un círculo vicioso. Esto sucede porque el estrés es contagioso, según los investigadores Tali Sharot y Neil Garrett, expertos en neurociencia de la Universidad de Princeton.

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Cuando el panorama es tranquilo tanto a nivel mundial como personal, y las personas están en calma, las investigaciones han demostrado que normalmente son más optimistas: “ignoran las malas noticias y aceptan las buenas”, explica Tali Sharot en una nota de Aeon, una organización sin fines de lucro dedicada a la difusión de noticias científicas.

El estrés afecta la información que recibimos

Uno de sus estudios más recientes en el tema comprobó que la información es procesada de manera diferente en estos dos estados, calmado y estresado. Si estamos tranquilos, ignoramos las malas noticias. Pero, en un estado de estrés, tenemos mucha mejor capacidad para procesarlas, y dejamos de lado las buenas.

Los investigadores de la prestigiosa universidad llegaron a este descubrimiento trabajando con bomberos como sujeto de estudio, que suelen tener días agotadores llenos de situaciones estresantes, en las que deben, entre otras tareas, salvar vidas. Sin embargo, otros días son tranquilos. Esta fluctuación entre calma y estrés daba el escenario perfecto para llevar a cabo el experimento.

Se pidió a los bomberos que estimaran la probabilidad de vivir una situación desagradable, como ser víctima de un accidente de tránsito o de una estafa a su tarjeta de crédito. En estado de calma, ignoraban completamente las malas noticias. Pero si estaban estresados, pasaban a un estado extremadamente alerta al enterarse de algo negativo, aunque no tuviera nada que ver con la situación que los estaba estresando en primer lugar (por ejemplo, una estafa en su tarjeta de crédito).

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Este patrón se repitió con algunos estudiantes de grado a los que se comunicó que debían hacer una presentación que sería no solo juzgada por un tribunal, sino también grabada y subida a internet. “Sus niveles de cortisol se dispararon, al igual que su frecuencia cardíaca, y [...] repentinamente se volvieron mejores procesando información no vinculada, y sin embargo alarmante, sobre las tasas de enfermedades y violencia”, escribe Sharot.

Una posible explicación a la depresión y la ansiedad

De ahí se desprende una nueva interpretación de cómo procesamos la información bajo estados de estrés y ansiedad, que podría tener una razón de ser evolutiva. “Cuando vives eventos estresantes, tanto personales (esperar por un diagnóstico médico) o públicos (agitación política), se dispara un cambio fisiológico que te hace interiorizar cualquier tipo de amenaza y desarrollar una fijación en todo lo que podría ir mal.”

Es decir, tenemos una especie de “interruptor”, en palabras de Sharot, que enciende un mecanismo cerebral asociado al aprendizaje. Esta señal depende de la dopamina, un neurotransmisor del cerebro, que se ve alterada en situaciones de estrés. Toda esta “ingeniería neural” tiene que haber servido al ser humano primitivo a sobrevivir. En una situación de peligro, es beneficioso activar este mecanismo para poder pensar y aprender el mejor camino para escapar. Cuando el peligro pasó, no tiene sentido mantener activada la alerta.

En casos de depresión y ansiedad, las personas parecen incapaces de mover el interruptor hacia el otro lado y salir de una situación que les hace absorber toda la información negativa a su alrededor. Aunque en realidad sucede un poco al revés también: otro estudio de Sharot y Garrett sugiere que la habilidad de crear una pequeña ilusión positiva hacia las noticias negativas en general es una señal de salud mental.

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“Se ha sugerido que las personas crean ilusiones positivas sobre su vida para habilitarlos a afrontar la incertidumbre y la ansiedad que pueden generar futuros eventos críticos”, escriben los autores en sus conclusiones. Es decir, tener el interruptor generalmente en estado de calma es característico de quienes gozan de una buena salud mental.

El estrés es contagioso

“Es importante darse cuenta de que el estrés viaja rápidamente de una persona a la siguiente”, escribe Sharot. Esto es, si tus compañeros de trabajo están estresados, probablemente tú también te sientas así. Por tanto, es muy necesario que las empresas se den cuenta de esto para mejorar la productividad a través de tácticas que no induzcan estrés en sus empleados.

La conexión entre una madre y su bebé es tan fuerte que un estudio de la Universidad de California en San Francisco comprobó que el estrés se comparte desde una madre a su bebé a través de los latidos del corazón, que indican peligro al niño. Así, en el estudio, cuando las madres habían pasado un evento social estresante y tomaban a sus infantes en brazos, estos evitaban también el contacto con otras personas.

Pero no tienes que conocer a otra persona para sentir su estrés. Es más, ni siquiera tienes que estar cerca. De acuerdo con Sharot, varios estudios demuestran que las redes sociales son la principal vía contagiosa de emociones: si ves publicaciones positivas, es más probable que también produzcas contenido de este tipo; si todo lo que ves son noticias nefastas o quejas (el investigador pone el ejemplo de algo tan inocente como “quejas sobre una fila larga en una cafetería”), tienes más probabilidades de reproducirlas.

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Muchos de nosotros, escribe el neurólogo, vivimos como si estuviéramos en un peligro real: nuestros cuerpos reaccionan hacia un tuit igual que lo hacían en épocas prehistóricas ante un depredador hambriento. ¿No lo crees? Se ha demostrado que chequear tu teléfono a cada minuto es una señal de estrés. Además, las reacciones fisiológicas hacia las publicaciones de redes sociales se han medido: tuitear, por ejemplo, eleva el pulso, aumenta el tamaño de las pupilas y te hace sudar más que otras actividades diarias, según el investigador.

Imagen Shutterstock

¿Cómo puedes combatir el estrés?

El hecho de que el estrés nos haga retener solo la información negativa, combinado con su capacidad de esparcirse como una ola, puede generar estados de alerta colectivos y, debido a la facilidad para compartir noticias en internet, hasta masivos, de alcance mundial, que no siempre son útiles.

El resultado de esto es un ciclo de noticias negativas que se van alimentando entre sí y crecen en los medios y en las redes sociales, lo que causa más estrés en la población, que genera más publicaciones dañinas. Pero podemos parar todo esto si tomamos conciencia.

Solo mira por un momento las páginas o personas que sigues en las redes que utilizas. Quizá algunas de ellas publiquen demasiadas quejas, o compartan todos los días muchas noticias negativas… y probablemente debas considerar dejar de seguirlas. A muchos jóvenes nos gusta mirar contenido que nos identifica pero no tiene ningún aporte positivo. Hay otras personas que, por el solo hecho de mantenerse informadas, aumentan su estrés con noticias desagradables, que abundan en los medios masivos.

Imagen Unsplash

También se ha comprobado que el excesivo uso de redes sociales puede desencadenar sentimientos de envidia, y las publicaciones que la provocan son justamente positivas. Es importante darse cuenta de todo lo que estamos consumiendo, porque eso modela nuestras emociones y la manera en que nos relacionamos con los demás.

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La buena noticia, dice Sharot, es que las emociones positivas también son contagiosas, y, además de eso, poderosas, ya que inclinan a las personas a buscar soluciones. Por eso es que los premios y la retroalimentación positiva funcionan mejor en un ambiente de trabajo que los castigos.

Por esto, las estrategias para combatir el estrés (como, por ejemplo, los ejercicios de respiración) no funcionan solas, si lo próximo que haces es leer varias noticias sobre delitos o enfermedades. Rodearte de contenido que mantenga tu buen humor, hasta donde sea posible, es un buen primer paso para comenzar a cambiar. Todos tenemos derecho a estar informados, pero también existe la sobrecarga de información.

Procura comenzar tu día en una buena nota: puede que inspires a alguien más.

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