null: nullpx
Así se Vive Mejor

¿Madre por segunda vez?

Ser madre es hermoso y desafiante, pero cada embarazo es único. Descubre cómo cambiamos las mamás entre la llegada del primogénito y los que le siguen.
29 Abr 2015 – 08:00 AM EDT
¡Nuevo!

Presiona aquí para reaccionar

Reacciona
Comparte

Texto: Cintia Saporito

Durante el embarazo del primero, no veías la hora de ser mamá. Fuiste a las clases de preparto, te sentabas en el parque a ver a los niños jugar, mientras te imaginabas arrullando al tuyo, lo planeaste todo (armaste su habitación, lo inscribiste en el mejor jardín de infantes, le avisaste a tu jefe que no volvías en un año), y hasta te hiciste el tiempo de leer toda la sección de maternidad de la librería.  

Cuando llegó el segundo, incluso si fue igual de esperado, tu energía estaba dividida. En los paseos por el ‘playground’ corrías detrás del primero y, ya sin tanto tiempo para leer, confiaste en la mejor maestra: la práctica. ¿De qué otras maneras cambiamos las mamás entre el primer hijo y los siguientes integrantes de la familia?

Las fotos. Cuando confirmaste el atraso, lo decidiste: "Quiero que conozca cada detalle de su niñez". Iniciaste el álbum con la prueba de embarazo y, desde entonces, sumaste muchísimas tomas del crecimiento de tu vientre. Hasta te divertiste dibujándolo y simulando pruebas de vestuario para cada ‘outfit’ que comprabas. Era tu primer hijo, ¿quién podía reprochártelo?

Ya con el segundo, especialmente si fueron muy próximos, tu comportamiento fue más parecido al de una ‘celebrity’ escondiéndose de la prensa. De pronto, se te habían pasado los nueve meses: "No me saqué una sola foto en todo el embarazo. ¡Va a pensar que es adoptado!", cuenta Virginia (35 años), mamá de dos. Así, en medio del trabajo de parto, se encontró ensayando una pose feliz para su marido.


Actividades extra. Como toda primeriza, estabas convencida de que tu ‘newborn’ era el más inteligente: "¡Mira, hace burbujas con la saliva!"; "te juro que me habló y dijo maaa", se ríe hoy Analía (33 años), mamá de una nena y con otro en camino. Lo inscribiste en natación antes de que supiera caminar y, apenas pudo articular dos palabras, sumaste piano, fútbol, danza o actuación.

Con el tiempo, llegaron el segundo, el tercero, ¿el cuarto? y empezaste a hacer cuentas: "¿Dejo la carrera y me dedico a hacer de taxi de mis hijos? Los extras suman más que el alquiler… Si lo llevo a natación tengo que pagar una ‘babysitter’... Mejor, me quedo jugando con ellos en casa y, cuando empiecen la escuela, los inscribo en  ‘extracurriculars’ ".

La "burbuja". Después del primer parto, estuviste cerca de desarrollar un TOC hacia la limpieza. Tu casa era más aséptica que un quirófano y esperaste a que el bebé cumpliera un mes para que tus amigas pudieran conocerlo. A las abuelas y tías no te quedó otra que recibirlas enseguida pero, por las dudas, les ofreciste un cubre bocas y las obligaste a colocarse alcohol en gel cada 10 minutos.

Con el tiempo, te fuiste relajando. Asumiste que es cosa de niños ensuciarse y comerse alguna que otra miga del suelo. El segundo te encontró más tranquila; dejaste que las ‘nonnas’ lo besaran cuanto quisieran, y te autoconsolaste con la idea de que, algunos gérmenes, lo inmunizan para el futuro.

Reacciona
Comparte
RELACIONADOS:Así se Vive Mejor
Publicidad